jueves, 14 de agosto de 2008

Ángel ensuciado

Agosto 2008

* Ésta historia trata de cómo una jovencita volvió a creer en sí misma después de haber atravesado la peor experiencia de su existencia. Vivía confiada en la dulce felicidad que creía haber alcanzado, pero la vida por alguna extraña razón que desconozco se empeña en hacernos vivir los lados de la amargura y la congoja constante.
Se llama igual a su madre y es hija única. Ella la crió sola y con todas las angustias que tuvo que pasar por ser madre soltera en una sociedad en la que si tenes “un defecto” (según dice la gente) te machacan y te hacen imposible la vida dentro de lo posible.
A ésta altura ya se terminó su historia “su gran historia” por decirle de alguna manera. Acá no se termina aún, pero el futuro es incierto y me abstengo a hurgar en el. Ella era muy joven y muy ingenua. Esto sucedió hace unos años ya, fue un día en el que mantuvo una fuerte discusión con su madre, simplemente por pensar de otra manera y a esa manifestación le debe su desgracia.
Vivió cosas realmente duras y dolorosas, pero se sobrepuse a ellos. Creía que jamás sería capaz de lograr tal hazaña, pero no fue así.
Tuvo un pasado cómo todo el mundo, pero un pasado que la marcó muy hondo.
El nudo de esta historia se trenzó cuando se fue de su casa (como dije anteriormente), vagaba sin dirección por las calles, se sentía perdida y confundida. Un desgraciado abusó de ella y la tiró aturdida en un callejón oscuro.
De esa mezquina relación surgió un embarazo…
* -No, no lo voy a pensar otra vez ¡Quiero que arranquen a esto que llevo dentro! – decía con la mirada fría y distante, con los ojos llenos de un espanto imposible de explicar.
-Como tu médico no puedo aprobar tal deseo, Teresa… ¡Piénsalo otra vez! Ese niño no tiene la culpa de lo que te hizo ese desgraciado, es un ser inocente que te necesita, no le des la espalda! – contestó el hombre mirándola a los ojos.
-No me diga… Nadie se preocupó por mí como ser inocente y ahora le pide a una mujer con la mente perturbada que piense en brindarle una mano al fruto del hijo de puta que me destrozó – respondió ella a las palabras del médico.
-Pero Teresa… - insistió.
-Mire no vine para que me sermonee, sólo buscaba un poco de comprensión y pensé que usted era de mi confianza, pero veo que me equivoqué…
- ¡Teresa! Estás embarazada de cuatro meses ya y si estuviera de acuerdo con tu decisión no podría operarte de todos modos porque a esta altura implica un riesgo grande para la madre…
-Y qué me importa a mí si salgo viva, sólo quiero que haga que esto deje de crecer en mí y deje de provocarme asco de mí misma – dijo con una lágrima que le resbalaba por la mejilla.
* Teresa despertaba con el rayo del sol iluminándole las lumbares, se encontraba en la cama de un hospital. Se inclinó sobre la cama y se miró las muñecas, las vio vendadas y de repente se le vinieron todos los recuerdos de la noche anterior a la mente, se levantó de la cama y caminó hacia la puerta.
Un oficial la frenó al querer salir de la habitación sujetándola del brazo la llevó a la cama de nuevo, una enfermera oyó los gritos de la muchacha y acudió en seguida.
-¿Qué está pasando acá? – preguntó la mujer. Era una señora de unos treinta años.
-Ésta mujer quiere abandonar el hospital y me dieron órdenes de no permitirle la salida.
-Mire soldadito, aquí nadie va a tratar a una persona como lo está haciendo, asique ¡Suelte a esa muchacha! – dijo firmemente la mujer.
-Pero yo sólo acato órdenes de…
-Ahora las recibe de mí, asique ¡salga ya mismo de ésta habitación!
El hombre bajó la cabeza, soltó el brazo de Teresa y salió del cuarto. La enfermera la ayudó a volver a la cama y trataba de taparla.
-Niña por favor recuéstate, necesitas descanso en tu estado – dijo dulcemente.
-No, usted no entiende… ¡Tengo que irme de acá! – dijo desesperada.
-¿Es que te vas a ir por ahí sin tener un techo… y cómo protegerás a ese niño? Aprovecha que el gobierno se hará cargo de todos los gastos, mihjita. Tu hijo tendrá una buena bienvenida, no lo dudes…
-¡No… no! – se rascaba perturbada la frente.
-Niña… tranquila – la sujeto de los hombros y la apretó contra ella manteniéndose así un rato. La hamacaba en un abrazo y ella sin fuerzas ya se dejaba caer en un sueño.
* Pasó un mes y la muchacha estaba sentada junto a la ventana, mirando sin mirar y sintiendo cómo el viento le movía el pelo sin sentirlo. Se paró y caminó hacia el baño dónde se detuvo para observarse en el espejo, las lágrimas no paraban de emanar. Tenía tanta desilusión pintada en los ojos que era dañino mirarla.
Tiene ese aura que inspira abrazarla y querer protegerla de todo mal, tan frágil y quebrada al mismo tiempo.
Comía porque la obligaban a hacerlo y cuando no lo lograban la sedaban y le daban suero. Hacia ejercicio porque la enfermera se la llevaba cada mañana casi a rastras al jardín y dormía únicamente bajo sedantes. A pesar de su estado nadie se percató del daño que podrían estar causando al embarazo.
El día estaba nublado y la enfermera estaba agarrando a Teresa por la cintura, obligándola a caminar…
-Pero niña… Tienes que caminar, no le estás haciendo ningún bien a tu hijo… Por favor, Teresa… Hace un mes ya que estás aquí y nunca haces nada por ti misma.
-Igualmente no logré nada… - contestó con la mirada perdida
-¿Es que no quieres tener a tu niño? – preguntó la enfermera al ser la primera vez que la oyó hablar.
-Hasta que alguien lo entendió… - dijo sin mirarla.
-Niña no digas eso… ¿Cómo vas a pensar si quiera en algo así? Un niño es un regalo que Dios te ha concedido…
-¡Qué benevolente que es el hijo de puta!
-¡Teresa… !
-¿Por qué se escandaliza si estoy diciendo la verdad… no me quería oír hablar, no trataba todo éste tiempo de sacarme algún sonido de la boca? Bueno… a quién todos los cristianos le estuvieron predicando y alabando era el Diablo en verdad, Dios sólo es un pobre estúpido que no sabe ni atarse los cordones… Ahora hablo y tampoco le gusta…
-¡Ay por Dios, hija!
-Por Dios, no! Por el Diablo – dijo con los ojos rojos.
-¡Cállate… Ramón… Ramón ven inmediatamente!
Un hombre de seguridad se acercó a la enfermera y tras las órdenes que recibió se llevó a Teresa que seguía gritándole cosas a la mujer.
* El hombre entraba en la habitación de Teresa con ella en los brazos, porque en el pasillo la muchacha se había desmayado. La dejó sobre la cama y le retiró el pelo de la cara. Agarró un paño y mojándolo en un tacho con agua tibia se lo pasó por la frente, suavemente la chica recobró el sentido y miró a su alrededor…
-Ramón… ¿Qué pasó? – preguntó bajito. Era con el único con quién hablaba.
-Te me desmayaste en el corredor cuando la señora Consuelo me ordenó traerte a tu habitación… No me gusta esa mujer, nena.
-Ni a mí… ¿Te puedo pedir un favor, Ramón?
-Lo que quieras, sabes que te quiero.
-No, Ramón… no por favor…
-Perdón, señorita – dijo bajando la cabeza.
-No me tenes que pedir perdón, es que… No me siento capaz de algo así, entendeme por favor… - dijo con los ojos llenos de lágrimas.
-Pero yo no seré como ese cobarde que te abandonó, Teresa, jamás sería capaz de algo así.
-¿Abandonó… por qué dijiste abandonó? – preguntó de repente.
-Es lo que dice la señora Consuelo y los médicos… - la chica se agarró la frente reprimiendo un grito - … ¿Estás bien, Teresa?
Entre lágrimas y sollozo la muchacha le contó cómo llegó a quedar embarazada.
* A los meses llegó el día en que Teresa diera a luz.
El parto se complicó, pero después salió todo dentro de lo planeado.
El médico puso al niño junto a Teresa en la cama, pero ella se fue bien al lado opuesto de la cama y ni le regalaba una mirada al bebé. La enfermera se acercó.
-Teresa ¡es tu hijo! ¿Es que no lo vas a mirar? – quiso decir algo más, pero el médico la agarró del brazo sacándola del cuarto para dejarla a solas con el recién nacido.
El niño lloraba con toda la fuerza de sus pulmones, aunque la chica se resistía a evitarlo cedió finalmente ante la tentación y echó un vistazo a su lado, el niño continuaba gritando y ella para callarlo le toco la mejilla suavemente de repente se oyó un silencio, pero inmediatamente volvió a llorar con todas sus fuerzas. Teresa notaba que algo dentro de ella crecía, se sentía atraída por aquel niño y ya no pudo evitarlo más, era algo más fuerte a su voluntad.
El niño de repente detuvo el llanto y acudieron varios médicos en seguida a ver qué ocurría. El parto se complicó de manera que el cordón umbilical le rodeo el cuello al bebé lo cual provocó daños mentales y de respiración.
Se lo quitaron de al lado y lo metieron en una incubadora…
-Consuelo ¿Crees que me dejen ver a mi hijo nuevamente? – preguntó la mujer afligida.
-Yo no te entiendo, hija. Primero no lo quieres y ahora de repente cambias de opinión.
-Es que… - se dio la vuelta en la cama para evitar ver a la enfermera. Se sentía sola y abandonada a su suerte y nada podía evitar que pensara en su hijo.
* Las horas pasaban y no le decían nada, en un momento no resistió más y se durmió profundamente. Al despertar nuevamente tres horas más tarde preguntó por su hijo y la enfermera Consuelo le dijo que estaba muy delicado y que no tenían ninguna esperanza.
-¡Quiero verlo, Consuelo! – dijo llorando.
-Es mejor que no molestes ahora a los médicos están haciendo lo que pueden para salvarle la vida – contestó sin la menor preocupación.
-Consuelo por favor…
-Está bien. ¡Ponte la bata! – la agarró con desgano del brazo y la llevó hasta el cuarto de las incubadoras.
-¿No puedo entrar? – preguntó apoyada en el vidrio.
-¡No! ¡Está prohibida la entrada a todo el que no sea médico o enfermera. Míralo por aquí, es aquel de la izquierda… Vuelvo en quince minutos! – dijo y se dio la vuelta.
Ramón la vio junto a las incubadoras y se acercó a ella maravillándose de verla más delgada, porque no se había enterado de que dio a luz.
-¿Qué haces acá, Teresa?
-¿No es hermoso, Ramón?... – preguntó con las lágrimas secas - … El chiquito que está junto a la ventana… ¡Es mi hijo, Ramón, mi hijo!
-Es muy lindo, ¡sí!... ¿Y… - dijo queriendo preguntarle algo.
-Está grave, no me dejan estar con él … Dicen que sólo médicos y enfermeras pueden entrar…
-Nada de eso… yo siempre veo como entran padres, cuñados, amigos de la familia del bebé, cualquiera entra acá. Siempre y cuando entres con un enfermero o médico.
-¿Estás seguro? – preguntó ella ilusionada.
El hombre desapareció y volvió con una muchacha vestida de enfermera.
-Teresa, ella es Macarena, es enfermera como ves y dice que no tiene problemas con que entres a ver a tu hijo, ella te acompaña.
-¿En serio? – preguntó emocionada.
-Claro, vení… Sólo te tenes que poner ésta bata, un gorro y ésta mascarita… Es que está delicado y no lo queremos exponer a ningún peligro – dijo la chica.
Al entrar se sentó junto a la incubadora y acercó su rostro al niño.
* -Lo que no entiendo es cómo Consuelo te dijo que no podías venir a ver a tu hijo… ¿Te sentís mal? – preguntó la chica confusa.
-¡No! Sólo quería venir a verlo, pero me negó hacerlo – dijo abrazada a la pecera.
-No lo entiendo la verdad… Bueno sin darme cuenta ya pasó media hora, mejor volvemos a tu habitación ¿Si? Tenes que descansar, Teresa.
-Sólo un poquito más por favor – pidió afligida.
-Está bien – se alejó un poco para que se sintiera estar más en intimidad con el niño.
Pasaron veinte minutos y la muchacho volvió a acercarse a Teresa, le tocó el hombro y le dijo dulcemente que ahora ya tenía que retirarse. La mujer se levantó mirando al niño y cada paso le pesaba más que el anterior.
Al llegar casi a su habitación un hombre casi la tira al piso, venía corriendo y sin querer la empujó a un lado…
-Perdone… ¡Qué animal! ¿Está bien? – preguntó atolondrado el joven.
-¡Benjamín! Por dio… no cambias más y después queres ser médico… Teresa, él es mi hermano – dijo Macarena ayudando a la chica a arreglarse tras haber sido “atropellada” por Benjamín.
-Hola, Teresa, perdóname por lo de recién…
-No pasa nada – dijo bajando la cabeza. El chico quedó fascinado con su mirada.
-¿Teresa…? – Macarena le hizo una señal al hermano para que se callara - … Nos vemos en otra oportunidad entonces, fue un gusto. Adiós – dijo viendo como se iba con la hermana.
* A la mañana siguiente, Teresa abandonó su habitación para toparse otra vez con Benjamín…
-Parece que está en nuestro destino chocarnos – dijo queriendo provocar la risa en su labios - … Teresa, soy Benjamín, nos conocimos ayer ¿Te acordás?
-Creo que sí, pero tengo que ir a…
-¿A dónde… A tomar un café? ¡Te invito! – dijo risueño.
-¡No!… Tengo que ir a ver a mi hijo – contestó aturdida.
-Ah… tenes un hijo eh…
-Sí y está en la incubadora grave… por eso me tengo que ir…
-¡Pará! Tenes que entrar con un médico… voy a buscar a mi hermana, espera un poco.
A los cinco minutos volvió sólo…
-Lo siento, no la encontré, pero le preguntamos a cualquier enfermera que te acompañe y ya está ¿Si?
-¡No, por favor, no le avise a nadie! – suplicó Teresa.
-Tranquila ¿Por qué no queres que le pregunte a alguna enfermera que te acompañe?
-No me quieren dejar entrar, no quieren por eso…
-Ta shshsh, ¡tranquila!... ¡Vení, entrá! – Benjamín se puso una bata de médico y le puso a ella una bata verde para entrar a las incubadoras.
-¿Sos médico? – preguntó ella.
-No, pero estoy estudiando para ser uno. Si me agarran me cuelgan, pero actuemos normalmente ¿si?
Ella se perdió mirando al niño que parecía estar durmiendo.
-Estoy estudiando para ser pediatra… ¿Qué te dijeron qué tenía el niño?
-Problemas mentales y respiratorios, pero no sé más.
-Cuando volvamos a tu habitación me gustaría ver tu tabla de evolución, tu tabla médica si no te molesta…
-¿Por… pensas que fue mi culpa?
-¡No! ¿Quién te quiere meter eso en la cabeza?
-Es que como… no lo quería tener… - su llanto se hizo más duradero y él decidió sacarla del cuarto y regresar a la habitación.
* -¡Descansa un poco! – dijo Benjamín tras ayudarla a recostarse.
Agarró la tabla y empezó a leer, no pudo evitar sentir espanto. Teresa que no había cerrado los ojos lo vio y le preguntó…
-¿Qué pasa?
-Nada ¡tranquila!... Mejor contame… porque dijiste que era tu culpa…
- Me violaron y de ahí nació… ¡ay no! no tiene nombre… - dijo comiéndose las uñas.
-Lo siento… no te preocupes… ¿Qué te parece Tomás? – dijo haciéndola pensar en otra cosa.
-¿Tomás? Es lindo, me gusta. ¡Sí, Tomás!
El chico siguió hablando con ella hasta que Teresa se quedó dormida.
Benjamín salió del cuarto en busca de su hermana y al encontrarla le empezó a hacer una serie de preguntas que la descolocaron y juntos buscaron a un médico de total confianza de Macarena y le hizo las mismas preguntas que a su hermana, Benjamín.
-Usted me está diciendo que cuando el paciente se encuentra en estado de embarazo no se le puede ni suministrar calmantes, ni anestesias bajo ninguna condición ¿verdad? – dijo el hombre alterado.
-Ya le dije que no, joven. Está estrictamente en contra de la salud del paciente, mire si a una embarazada le dieron calmantes y más si son tan fuertes como los que me acaba de nombrar… podrían ocasionarle un…
-¿Si… un qué? – insistió Benjamín.
-Podrían ocasionarle daños irreversibles a la criatura, desde mentales hasta respiratorios, enfermedades crónicas y un sinfín más de cosas, hasta para la madre mismo es peligroso, pero ¿Por qué tanta pregunta en base a éste tema? Ya le dije… sería como cometer un homicidio…
-¡Éste hospital acaba de cometerlo entonces! – dijo sin la menor vacilación.
-¿A qué se refiere? – preguntó preocupado el hombre.
-A que una mujer está llorando porque su hijo está en la incubadora con problemas mentales y respiratorios…
-Pero esos no son síntomas que se deben solamente a calmantes y anestesias… pero de ser de otro modo tendría que tener pruebas, joven.
-No me cree, es eso ¿No? – dijo Benjamín desafiante.
-Benja por favor – dijo Macarena agarrándolo del brazo.
-No es eso, pero para levantar una demanda contra el hospital se necesitan pruebas…
-¡Ahí los tiene! – dijo tirándole los papeles en la mesa, con la lista de todo lo que le habían suministrado a lo largo del embarazo a Teresa.
El médico leía y no podía creer lo que estaba leyendo. Dejó los papeles sobre la mesa y levantó el tubo del teléfono…
-Hola, llamo para levantar una demanda contra el Hospital Bellas Flores…
* Pasaron tres días desde la denuncia. Teresa se encontraba junto a Tomás mirándolo a través de un vidrio. Una enfermera gordita de rulos se le acercó y le puso una mano sobre l hombro…
-Lo siento, nena… Tu hijo está peor, te tenes que preparar para cualquier cosa…
-¿Cómo hace uno para prepararse para cualquier cosa?... ¿Me permite tocarlo?
-Pero… - El doctor que puso la demanda entró en la incubadora.
-¡Por supuesto! – dijo el hombre acercándose y mostrándole a Teresa por dónde podía meter la mano para tocar a su hijo.
-Perdoname chiquito por haberte odiado desde que supe de tu existencia en mí, no me juzgues por favor por el miedo que sentí… Ahora al verte así te juro que daría mi vida entera por que vos siguieras viviendo. ¡Tomás… por favor viví! – lloraba aferrada a la manito del niño.
-¿No quiere volver a su cuarto mejor? – preguntó casi susurrando.
-No… por favor déjeme acá con él – dijo sollozando.
-Está bien, mujer, tranquila… Podes quedarte todo el tiempo que desees – contestó.
Teresa estaba con los brazos metidos en la incubadora sintiendo cómo el pechito de su hijo aumentaba y disminuía. Se quedó dormida en un momento.
Benjamín entraba en la sala de incubadoras y se agachó para acariciarle la cabeza a Teresa, ésta despertó en seguida y se giró a mirar.
-Buenas… ¿Cómo sigue? – preguntó señalando al niño con la mirada. La muchacha agachó la cabeza con los ojos llenos de lágrimas - … ¡Acompañame a tomar un café, te hace mal estar sólo acá!
-¡No…! ¿Cuándo se van a dar cuenta de que lo que me hace mal es que me vivan queriendo alejar de él? – dijo como defendiéndose.
-No pretendo alejarte de él, Teresa… Creeme por favor. Acompañame ¿Sí?
Se resistió al principio, pero cedió ante la mirada de Benjamín.
* Estaban sentados tomando café y dos sándwiches…
-¿No te gusta en sanguche? – preguntó el joven.
-No es eso… - dijo con dolor en la mirada.
-Tomate el café al menos, Teresa por favor – La chica se tomó hasta la última gota de café y también se comió los dos sándwiches.
-¿Podemos volver ahora junto a Tomás por favor? – dijo suplicándole.
-Perdona mi estupidez, Teresa. No pretendí que estuvieras nerviosa mientras que comieras, pero… me di cuenta de que fui un egoísta y me siento un idiota al querer hacerte pasar acá el rato cuando de lejos se puede ver que tu mente está allá. Perdoname una vez más – pagó y la tomó del brazo guiándola al ascensor .
Al llegar fueron hasta la incubadora y vieron a varios médicos dentro de la sala. Benjamín le preguntó a una enfermera que salía de la sala qué había ocurrido y la respuesta hizo sumergir a Teresa en un mar de amargura.
-Teresa… está vivo, no se murió… - decía Benjamín.
-¡Todavía…! – lloraba sin consuelo.
Uno de los médicos se acercó a ella y le dijo si quería pasar al cuarto. Ella se levantó sin decir ninguna palabra y entró a la habitación, una enfermera le quería poner la bata para la visita y el hombre la apartó. Teresa seguía sus pasos hasta la cuna de Tomás y al llegar metió una mano para sentir al niño. Una mujer que estaba a cargo de vigilarlo la miró…
-¿Es usted la madre? – preguntó.
-¡Sí!
-Tengo que decirle que no hay ninguna esperanza, señora, lo siento profundamente. Siento que es mi deber decirle la verdad…
Teresa sin pensar operó intuitivamente y abrió la incubadora, le arrancó todos los cables del cuerpo al niño y lo agarró llevándoselo al pecho, oía los lentos latidos de su corazón y se convirtió en la mujer que nunca había conocido. Benjamín la miraba desde afuera y la vio completamente cambiada, parecía que le habían dado una inyección de fuerza.
Media hora más tarde Teresa sintió que el corazón se le había paralizado al niño y levantó la mano, Benjamín acudió en seguida y llamó al médico.
La muchacha dejó al niño en la cuna y se fue a su cuarto.
* Benjamín la siguió y vio como en el cuarto juntaba una bolsa con ropa…
-¿Qué haces, Tere? – preguntó sujetándole la mano.
-Me preparo para irme… Tengo que avisarle a…
-¡Teresa… se acaba de morir tu hijo! – dijo queriendo hacerla entrar en razón.
La muchacha cerró los ojos y se dio la vuelta, soltó un par de lágrimas y siguió empacando.
-Por amor a Dios, Teresa…
-Si queres que te vuelva a dirigir la palabra no me vuelvas a mencionar a ese hijo de la grandísima puta… ¿Es que te crees que no sé lo qué pasó… crees que perdí la razón? Gracias a mi desgracia tengo el recuerdo de cada puta cosa que me pasó en éste último tiempo, asique no vengas a darme noticias que conozco perfectamente por haberlas vivido, ¿ta?
-Perdón… ¿No queres verlo por última vez? – insistió Benjamín.
-Ya no es mi hijo lo que está en ese cuerpo… Prefiero quedarme acá.
-Está bien… te dejo sola entonces…
Era de noche ya cuando Teresa decidió cruzar el umbral de la puerta del hospital, llevaba su mochila y se cuidó de que nadie la viera salir.
Macarena entró a la habitación de la muchacha para ver cómo se encontraba y sólo encontró un papel “Macarena, Benjamín y doctor Gutiérrez… Gracias por… por haber estado. Perdonen si me voy sin despedirme, pero nunca fui buena para esas cosas, les dejo un abrazo, Chau”.
La chica corrió a la oficina del doctor Gutiérrez y golpeó entrando después.
* Los médicos implicados en el embarazo de Teresa fueron enjuiciados y tuvieron una condena de cuatro años, la enfermera cómo cómplice sólo dos años.
De Teresa no supe nunca más nada, el día que desapareció del hospital desapareció de mi vista también, pero por algo que no puedo explicar siento cómo se siente bien y en paz consigo misma. Sé que está bien y por fin se siente segura y tranquila.
No sé si lo soñé o qué, pero sé que está trabajando en un jardín de infantes como aprendiz.

FIN