martes, 11 de octubre de 2011

El viaje de Nadia

Septiembre 2011

El corazón le galopeaba fuertemente, la transpiración le caía a chorros y las piernas casi no se le veían, de lo rápida que corría.
Era de noche, en la calle no se veía a nadie, ni los gatos que siempre solían estar rondando a esas horas.
Ella corría sin saber a dónde estaba corriendo, ni se daba vuelta para ver si aquello que la hacía huir había quedado atrás o seguía ahí. Al ver una esquina, después de tremenda huída, dobló y se tiró de espaldas contra el edificio. Pero en el momento en que creyó poder respirar vió a un chico, que le cubría la boca con su mano. Con la otra le hizo una señal de que mantenga la calma. La chica soltó lágrimas que le llenaban los ojos. Al controlarse un poco, logró ver que el chico no estaba sólo y supo entonces que el peligro no había pasado.
De repente llega corriendo otro individuo y la chica pega un salto para atrás, pero el chico la sostenía. El individuo recién llegado dijo entonces – “Ah… veo que la atraparon… - recobrando el aliento - … ¿Entonces?... . El chico le contestó con otra pregunta - ¿Entonces qué? – A lo cual el recién llegado contestó de forma perversa - ¿Nos divertimos todos un poco?. Pasaron unos segundos que le bastaron a la chica para que su corazón volviera a acelerarse y su respiración a agitarse.
El hombre que la sostenía miró a sus amigos, después a la chica y contestó - Porque no… - En eso los amigos se le fueron arriba al extraño y le bajaron los sumos. La chica estaba como petrificada y el la tomó del brazo diciendo - ¡Vení, vamonos de acá! - , - pero tus amigos… - dijo ella. – ¡No les va a pasar nada, tranquila! Además te tenés que calmar, ellos se las arreglarán, no te preocupes- dijo él ante su duda . La chica aun incrédula lo miró con cierto miedo - ¿Qué te creías, que íbamos a actuar como ése degenerado? – ella bajó la mirada diciendo – Lo siento… – Él le sonrió y la invitó a hacer lo mismo.
A las dos cuadras, él le señala la rasgadura del vestido, con cierto miedo de hacer que su sonrisa se desvaneciera nuevamente y la miró a los ojos, dando por entendida la pregunta - ¡No, no llegó a hacerlo! – contestó mientras las lágrimas volvían a llenarle los ojos y una sombra le cubría la mirada.
Se metieron en el restauran, él se sentó en una mesa y ella se fue al baño. Al verse en el espejo se horrorizó de la cara de susto que tenía. Se lavó la cara, pero su cara seguía pálida, los ojos brillosos y los labios pálidos también. Se peinó y se ató el pelo. Volvió a la mesa y se sentó.
-Perdona que haya tardado tan… - él la interrumpió – No es nada, pero opaaa… qué cambio! – dijo levantándose. – No sabes cómo te agra… - empezó a decir ella – ¡Nada de eso! Cualquiera lo hubiera hecho, corazón, perdón… es que no sé tu nombre… - dijo rápidamente. –Cierto, me llamo Nadia - contestó sonriendo – Un gusto, Nadie, mi nombre es Ro… Rolo, me dicen Rolo – ella asintió con una sonrisa. Él le acercó un vaso lleno de agua con limón, el cual ella tomó sin pestañear. Si le hubiera dado litros también se los hubiera bebido. Hablaron durante un buen rato. Pidieron algo para cenar y siguieron hablando. Más tarde el hombre la acompañó a su casa, pero antes de marcharse le pidió su número de teléfono.

A las dos semanas sonó el teléfono y Nadia atendió. Luego se arregló y fue a la estación del ómnibus.
Rolo la vio y fue hacía ella, se bajo de la bici y caminaron juntos, hacia un parque y una vez ahí siguieron caminando, hasta que se sentaron junto a un canal. Ella se acomodaba el pelo, tras la oreja, que el viento le despeinaba, mientras que él tiraba piedritas al agua. – No terminaste de hablar, me podes seguir con… - dijo él, pero ella lo interrumpió diciendo -Mejor que no, sino empiezo a llorar otra vez y no quiero que me veas así, otra vez… - ¿Así, cómo? – insistió él – Así… con lágrimas, como el día en que me conociste- Él la miró a los ojos y le dijo – No deberías acostumbrar a esos ojos a llorar, son demasiado lindos, como para empañarlos con lágrimas – ella se puso colorada y contestó - gracias… ahora parezco una idiota - ¿Por? – Pero Nadia no encontraba respuesta – Cuando alguien me hace un piropo, tiendo a creer cosas que no son, como siempre me pasa, pero solo hasta darme contra la pared lo entiendo. Nunca le gusté a nadie y la culpa de eso me la hecho a mí misma, por volar tanto – y calló al darse cuenta de que habló más de la cuenta, de cosas que nunca mencionaba. – No digas eso, de que nunca le gustaste a nadie, no es cierto. En estas dos semanas que me permitiste conocerte, pude ver que vales más de lo que decís y el que no ve eso es ciego, sordo e insensible y alguien así no vale la pena- terminó de contestar él. - Es difícil ver las cosas, como lo decís - - ¡Difícil, sí, pero no imposible! Persona que no te vea el alma es una persona que no vale la pena conocer.- dijo él sosteniéndole la mano – Estoy de acuerdo, por eso mi amigo es la soledad – dijo ella mirando fijo el canal - ¡Por ahora! – contestó Rolo levantándose y ayudándola a ella a pararse. Agarró la bici y caminaron otro trecho.
Pasaron junto a un auto policial y a él se le ocurrió preguntarle - ¿Y de los milicos qué pensas?- ¡Que los gorilas de la guita! No les importa quien caiga, hombre, mujer o niño. Con lo cual en mí se ganan a una enemiga – contestó Nadia. -¿Y de la vida qué pensas? – prosiguió él – Que es demasiado hermosa como para dejar que la estropeemos, como lo hacemos a diario – dijo ella agarrándose el hombro izquierdo - ¿En qué sentido? O sea… entiendo a lo que vas, pero expláyate más por favor – volvió a insistir él. –El sistema que tiene a todas las personas del mundo sometidas es diabólico. Es un sistema que se basa en mantener las cosas tal cual son, los pobres, pobres y los ricos cada vez más ricos a costillas de los pobres. Éste sistema y la gente que lo sigue siempre corre atrás de la guita. Y asi busca mantener las injusticias, para que el capitalismo siga existiendo tiene que haber gente sufriendo por él. Más guerras para financiar sus economías, porque así es como se desarrolla ésta historia... las guerras le sirven a los “ricos” para reforzar a sus economías. ¡Ellos… los ricos, que en verdad son pobres… pobres de alma! ¿Sabes cuánta gente hambrienta hay en el mundo? No lo queres saber… ¿Cómo es posible que en un mundo rico, como éste, haya gente muriendo de hambre? La actual producción de alimentos es capaz de cubrir las necesidades de todo habitante, pero hay quienes tienen el “poder” y no lo quieren largar, aun sabiendo que en sus manos está el acabar con el hambre, asique te podrás hacer una idea de que a lacayos que le cuidan la espalda a éste sistema solo merecen mi desprecio. – terminó su monólogo con las mejillas encendidas. – ¡Tenes razón! Nunca había hablado antes de tal tema con nadie, bueno… tampoco es que yo haya hablado, pero estoy de acuerdo con todo lo que dijiste – concluyó Rolo.
Al entrar la noche, la volvió a acompañar a su casa.

A los tres días Nadia lo llamó (a Rolo) por teléfono, para invitarlo a pasar una semana de acampada. Él aceptó. La misma noche quedaron en verse para organizar bien el viaje.
Sonó el timbre de la puerta y ella acudió al llamado, abrió la puerta – Hola, pasa por favor. ¿Te traigo algo para tomar? – dijo sonriendo, el hombre pasó. – Hola, bueno, gracias, agua está bien - y se puso cómodo en el living.
Arreglaron para irse ese mismo viernes de tarde. El destino sería México, en la zona de Sonora. Nadia siempre tuvo el deseo de ir a México y así se lo había dicho varias veces a él, motivo por el cual Rolo accedió.
Eran las ocho de la noche y ambos se encontraban en un ómnibus con rumbo a Sonora. Nadia dormía profundamente, mientras que Rolo iba leyendo un libro sobre la cultura maya.
-¡Es preciosa ésta vista!... – dijo Nadia suspirando y sentándose sobre una roca - … La paz que se respira acá es única. No molestan los ruidos de los autos, ni las luces de la ciudad, el aire es puro y limpio – concluyó. – Sí, es precioso. Pero ya hay que hablar de la vuelta, hace ocho días que estamos por esta hermosa zona, me encantaría quedarme más, pero no me puedo tomar más días libres del laburo. ¿Nos volvemos mañana o pasado? – Nadia interrumpiéndolo dijo - ¿Por qué no ya mismo? Yo aprendí a cortar algo que sale bien a tiempo. Todo es tan perfecto que no quisiera que algo externo lo estropeara. ¡Vámonos ahora! – dijo poniéndose de pie. - ¿Ahora? Pero no tenemos nada recogido y… - contestó casi sin habla – No tranqui, nos vamos mañana – dijo Nadie riendo – No, si querés nos vamos ahora, solo que tenemos que juntar todo – contestó Rolo – No, perdoná, nos vamos mañana, tranquilos, planeando bien cada paso, como a vos te gusta – dijo ella con una sonrisa de oreja a oreja y la mirada limpia, los ojos le brillaban. Rolo aceptó que la marcha sería recién la mañana siguiente, después de que Nadie le haya insistido un rato más.
En la noche se acostaron en sus respectivas carpas. La noche estaba fresca y se oían los diferentes voces de los animales a lo largo de las siguientes horas.

Habían pasado unas cuatro horas cuando Nadia pegó un grito de queja y se incorporó. Rolo despertó y acudió enseguida preguntándole- ¿Qué pasó, estás bien? – ella se miraba el vientre, como en busca de un rastro. Rolo la alumbró con la linterna y vio que tenía a panza colorada y ella se rascaba – Mejor no te toques, Nadie, dejame ver si encuentro el bicho que te picó – dijo alumbrando el piso en busca de lo que la pico, se fijó entre la frazada – No veo otra cosa que no sea esa polilla que se da contra el farol a gas y unas hormigas que no provocan una reacción como esa ¿Cómo te sentís? – preguntó inclinándose a su lado. -Me arde mucho… pero ya pasará – al verle la cara de preocupación agregó – Igual mañana estamos en casa, tranquilo. Voy a tratar de dormir. – ¡Dale, cualquier cosa llamame! – insistió Rolo antes de apartarse de su lado.
A las dos horas Rolo se volvió a despertar y llamó a Nadia, al ver que no respondía, abrió la carpa y se metió. La encontró retorciéndose en el piso, estaba transpirando y tenía los ojos vidriosos y la mirada lejana. – ¡Nadia, hablame! – la levantó poniendo sus piernas bajo su torso y la volvió a bajar apoyando su espalda contra ellas – ¡Por favor hablame, corazón! ¿Qué sentís, qué te duele?- preguntó secándole la transpiración con la manga. Ella movió los labios diciendo muy bajito - Frío… - Él la tapo con una manta, que estaba doblada en una esquina. Al tocarle el vientre para taparla, Nadia se quejó y él le descubrió la panza y vio que la zona de la picadura estaba más colorada aun e hinchada y también la notó temblar entre sus brazos, volaba de fiebre y le preguntó - ¿Mejor con la frazada, Nadia? - - No, sigo con frío y me duele el pecho, me cuesta respirar… dijo ella agitada. Rolo se sacó la campera y le cubrió los hombros a la chica, la volvió a recostar sobre sus piernas y la miró deseando con todo su corazón que se le pasara el malestar y le sonriera como antes, pero algo le decía que no lo haría. - ¿Queres agua? – preguntó agarrando una botella de agua. La muchacha tomó bastante y se volvió a recostar sobre él, que a pesar de decirle que se fuera a dormir para salir mañana de mañana, no quiso dejarla sola.
De repente sintió cómo que Nadia se desvanecía en sus brazos, pero su cuerpo se seguía moviendo. Ahí supo que era más grave de lo que había pensado en un principio y se asustó mucho. A la media hora la chica recobró el sentido – Rolo… - Rolo la miró a los ojos- … ¿por qué está tan oscuro… Queres que termine esos documentos? – preguntó mirándolo a los ojos. Él tuvo que tragarse las lágrimas y le sonrió diciendo – Los haré yo mismo, tranquila – ya se olía el desenlace de la historia, aun sin quererlo y sin saber la causa. Pero uno se da cuenta cuando “ella” anda cerca. Todo cambia; el olor del ambiente, los colores que se ven, la sensación que se tiene, el sabor que reposa sobre la lengua cambia y el corazón anuncia… .
-Aaa… aahh… aah… - eran los sonidos que emitía la chica – Tranquila, Nadia ¡estoy acá! – dijo Rolo agarrándole la mano – ¡No tengo miedo! – contestó ella sujetándose el vientre. Dejó de temblar y su cuerpo puso fin a las convulsiones, como si ya no peleara más. – Nadia… por favor ¡no te des por vencida! – dijo alarmado, sacudiéndola – Veo cosas brillantes… siento el veneno propagándose en mi vientre… moriré, pero no importa – dijo tras la sacudida - ¡No digas eso por favor, quedate conmigo! – dijo él conteniendo las lágrimas. – Está bien… lo único en que pienso ahora es que me muero sin haber sentido jamás un beso en los labios… Nunca besé a alguien… ¿lo sabías?. Él hombre la oía sin pestañear, ella hablaba con una claridad, que dejaba poca credibilidad al hecho de que se estaba enfrentando a la muerte.
Rolo se le acercó a los labios y la besó – Gracias, sos un dulce – dijo ella sonriendo. Él dejó caer algunas lágrimas - ¡No llores, Rolo… tengo frío… - El hombre la abrazó más fuerte y junto a su boca oyó la debilidad de su respiración - ¡No te des por vencida, Nadia, te necesito… – La chica volvió a abrir los ojos por un instante – Estoy acá… – dijo tocándole el pecho - … y seguiré en tu corazón si queres - - ¡Claro que quiero, pero… - respondió callándose al instante al ver que ella volvía a mover los labios – ¡Gracias por hacer mi muerte hermosa, amigo mío!.

Las últimas fuerzas abandonaron su cuerpo, Nadia caía entre los brazos de su amigo y él rodeado de las paredes del llanto desahogó su penar y lloró por ese amor que se le acabó de ir, sin que él se diera cuenta de que ella seguía con él, velando por él, brillando en cada una de sus sonrisas.

Fin.





viernes, 30 de septiembre de 2011

El viaje de Nadia

Septiembre 2011

El corazón le galopeaba fuertemente, la transpiración le caía a chorros y las piernas casi no se le veían, de lo rápida que corría.
Era de noche, en la calle no se veía a nadie, ni los gatos que siempre solçian estar rondando a esas horas.
Ella corría sin saber a dónde estaba corriendo, ni se daba vuelta para ver si aquello que la hacía huir había quedado atrás o seguía ahí. Al ver una esquina, después de tremenda huída, dobló y se tiró de espaldas contra el edificio. Pero en el momento en que creyó poder respirar vió a un chico, que le cubría la boca con su mano. Con la otra le hizo una señal de que mantenga la calma. La chica soltó lágrimas que le llenaban los ojos. Al controlarse un poco, logró ver que el chico no estaba sólo y supo entonces que el peligro no había pasado.
De repente llega corriendo otro individuo y la chica pega un salto para atrás, pero el chico la sostenía. El individuo recién llegado dijo entonces – “Ah… veo que la atraparon… - recobrando el aliento - … ¿Entonces?... . El chico le contestó con otra pregunta - ¿Entonces qué? – A lo cual el recién llegado contestó de forma perversa - ¿Nos divertimos todos un poco?. Pasaron unos segundos que le bastaron a la chica para que su corazón volviera a acelerarse y su respiración a agitarse.
El hombre que la sostenía miró a sus amigos, después a la chica y contestó - Porque no… - En eso los amigos se le fueron arriba al extraño y le bajaron los sumos. La chica estaba como petrificada y el la tomó del brazo diciendo - ¡Vení, vamosnos de acá! - , - pero tus amigos… - dijo ella. – ¡No les va a pasar nada, tranquila! Además te tenés que calmar, ellos se las arreglarán, no te preocupes- dijo él ante su duda . La chica aun incrédula lo miró con cierto miedo - ¿Qué te creías, que íbamos a actuar como ése degenerado? – ella bajó la mirada diciendo – lo siento – Él le sonrió y la invitó a hacer lo mismo.
A las dos cuadras, él le señala la rasgadura del vestido, con cierto miedo de hacer que su sonrisa se desvaneciera nuevamente y la miró a los ojos, dando por entendida la pregunta - ¡No, no llegó a hacerlo! – contestó mientras las lágrimas volvían a llenarle los ojos y una sombra le cubría la mirada.
Se metieron en el restauran, él se sentó en una mesa y ella se fue al baño. Al verse en el espejo se horrorizó de la cara de susto que tenía. Se lavó la cara, pero su cara seguía pálida, los ojos brillosos y los labios pálidos también. Se peinó y se ató el pelo. Volvió a la mesa y se sentó.
-Perdona que haya tardado tan… - él la interrumpió – No es nada, pero opaaa… qué cambio! – dijo levantándose. – No sabes cómo te agra… - empezó a decir ella – ¡Nada de eso! Cualquiera lo hubiera hecho, corazón, perdón es que no sé tu nombre… - dijo rápidamente. –Cierto, me llamo Nadia- contestó sonriendo – Un gusto, Nadie, mi nombre es Ro… Rolo, me dicen Rolo – ella asintió con una sonrisa. Él le acercó un vaso lleno de agua con limón, el cual ella tomó sin pestañear. Si le hubiera dado litros también se los hubiera bebido. Hablaron durante un buen rato. Pidieron algo para cenar y siguieron hablando. Más tarde el hombre la acompañó a su casa, pero antes de marcharse le pidió su número de teléfono.

A las dos semanas sonó el teléfono y Nadia atendió. Luego se arregló y fue a la estación del ómnibus.
Rolo la vio y fue hacía ella, se bajo de la bici y caminaron juntos, hacia un parque y una vez ahí siguieron caminando, hasta que se sentaron junto a un canal. Ella se acomodaba el pelo, tras la oreja, que el viento le despeinaba, mientras que él tiraba piedritas al agua. – No terminaste de hablar, me podes seguir con… - dijo él, pero ella lo interrumpió diciendo - … Mejor que no, sino empiezo a llorar otra vez y no quiero que me veas así, otra vez… - ¿Así, cómo? – insistió él – Así… con lágrimas, como el día en que me conociste- Él la miró a los ojos y le dijo – No deberías acostumbrar a esos ojos a llorar, son demasiado lindos, como para empañarlos con lágrimas – ella se puso colorada y contestó - gracias… ahora parezco una idiota - ¿Por? – Pero Nadia no encontraba respuesta – Cuando alguien me hace un piropo, tiendo a creer cosas que no son, como siempre me pasa, pero solo hasta darme contra la pared lo entiendo. Nunca le gusté a nadie y la culpa de eso me la hecho a mí misma, por volar tanto – y calló al darse cuenta de que habló más de la cuenta, de cosas que nunca mencionaba. – No digas eso, de que nunca le gustaste a nadie, no es cierto. En estas dos semanas que me permitiste conocerte, pude ver que vales más de lo que decís y el que no ve eso es ciego, sordo e insensible y alguien así no vale la pena- terminó de contestar él. - Es difícil ver las cosas, como lo decís - - ¡Difícil, sí, pero no imposible! Persona que no te vea el alma es una persona que no vale la pena conocer.- dijo él sosteniéndole la mano – Estoy de acuerdo, por eso mi amigo es la soledad – dijo ella mirando fijo el canal - ¡Por ahora! – contestó Rolo levantándose y ayudándola a ella a pararse. Agarró la bici y caminaron otro trecho.
Pasaron junto a un auto policial y a él se le ocurrió preguntarle - ¿Y de los milicos qué pensas?- ¡Que los gorilas de la guita! No les importa quien caiga, hombre, mujer o niño. Con lo cual en mí se ganan a una enemiga – contestó Nadia. -¿Y de la vida qué pensas? – prosiguió él – Que es demasiado hermosa como para dejar que la estropeemos, como lo hacemos a diario – dijo ella agarrándose el hombro izquierdo - ¿En qué sentido? O sea… entiendo a lo que vas, pero expláyate más por favor – volvió a insistir él. –El sistema que tiene a todas las personas del mundo sometidas es diabólico. Es un sistema que se basa en mantener las cosas tal cual son, los pobres, pobres y los ricos cada vez más ricos a costillas de los pobres. Éste sistema y la gente que lo sigue siempre corre atrás de la guita. Y asi busca mantener las injusticias. Más guerras para financiar sus economías. ¡Ellos… los ricos, que en verdad son pobres… pobres de alma! ¿Sabes cuánta gente hambrienta hay en el mundo? No lo queres saber… ¿Cómo es posible que en un mundo rico, como éste, haya gente muriendo de hambre? La actual producción de alimentos es capaz de cubrir las necesidades de todo habitante, pero hay quienes tienen el “poder” y no lo quieren largar, aun sabiendo que en sus manos está el acabar con el hambre, asique te podrás hacer una idea de que a lacayos que le cuidan la espalda a éste sistema solo merecen mi desprecio – terminó su monólogo con las mejillas encendidas. – ¡Tenes razón! Nunca había hablado antes de tal tema con nadie, bueno… tampoco es que yo haya hablado, pero estoy de acuerdo con todo lo que dijiste – concluyó Rolo.
Al entrar la noche la volvió a acompañar a su casa.

A los tres días Nadia lo llamó (a Rolo) por teléfono, para invitarlo a pasar una semana de acampada. Él aceptó. La misma noche quedaron en verse para organizar bien el viaje.
Sonó el timbre de la puerta y ella acudió al llamado, abrió la puerta – Hola, pasa por favor. ¿Te traigo algo para tomar? – dijo sonriendo, el hombre pasó. – Hola, bueno, gracias, agua está bien - y se puso cómodo en el living.
Arreglaron para irse ese mismo viernes de tarde. El destino sería México, en la zona de Sonora. Nadia siempre tuvo el deseo de ir a México y así se lo había dicho varias veces a él, motivo por el cual Rolo accedió.

Eran las ocho de la noche y ambos se encontraban en un ómnibus con rumbo a Sonora. Nadia dormía profundamente, mientras que Rolo iba leyendo un libro sobre la cultura maya.
-¡Es preciosa ésta vista!... – dijo Nadia suspirando y sentándose sobre una roca - … La paz que se respira acá es única. No molestan los ruidos de los autos, ni las luces de la ciudad, el aire es puro y limpio – concluyó. – Sí, es precioso. Pero ya hay que hablar de la vuelta, hace ocho días que estamos por esta hermosa zona, me encantaría quedarme más, pero no me puedo tomar más días libres del laburo. ¿Nos volvemos mañana o pasado? – Nadia interrumpiéndolo dijo - ¿Por qué no ya mismo? Yo aprendí a cortar algo que sale bien a tiempo. Todo es tan perfecto que no quisiera que algo externo lo estropeara. ¡Vámonos ahora! – dijo poniéndose de pie. - ¿Ahora? Pero no tenemos nada recogido y… - contestó casi sin habla – No tranqui, nos vamos mañana – dijo Nadie riendo – No, si querés nos vamos ahora, solo que tenemos que juntar todo – contestó Rolo – No, perdoná, nos vamos mañana, tranquilos, planeando bien cada paso, como a vos te gusta – dijo ella con una sonrisa de oreja a oreja y la mirada limpia, los ojos le brillaban. Rolo aceptó que la marcha sería recién la mañana siguiente, después de que Nadie le haya insistido un rato más.
En la noche se acostaron en sus respectivas carpas. La noche estaba fresca y se oían los diferentes animales a lo largo de las siguientes horas.

Habían pasado unas cuatro horas cuando Nadia pegó un grito de queja y se incorporó. Rolo despertó y acudió enseguida preguntándole- ¿Qué pasó, estás bien? – ella se miraba el vientre, como en busca de un rastro. Rolo la alumbró con la linterna y vio que tenía a panza colorada y ella se rascaba – Mejor no te toques, Nadie, dejame ver si encuentro el bicho que te picó – dijo alumbrando el piso en busca de lo que la pico, se fijó entre la frazada – No veo otra cosa que no sea esa polilla que se da contra el farol a gas y unas hormigas que no provocan una reacción como esa ¿Cómo te sentís? – preguntó inclinándose a su lado. -Me arde mucho… pero ya pasará – al verle la cara de preocupación agregó – Igual mañana estamos en casa, tranquilo. Voy a tratar de dormir. – ¡Dale, cualquier cosa llamame! – insistió Rolo antes de apartarse de su lado.
A las dos horas Rolo se volvió a despertar y llamó a Nadia, al ver que no respondía, abrió la carpa y se metió. La encontró retorciéndose en el piso, estaba transpirando y tenía los ojos vidriosos y la mirada lejana. – ¡Nadia, hablame! – la levantó poniendo sus piernas bajo su torso y la volvió a bajar apoyando su espalda contra ellas – ¡Por favor hablame, corazón! ¿Qué sentís, qué te duele?- preguntó secándole la transpiración con la manga. Ella movió los labios diciendo muy bajito - Frío… - Él la tapo con una manta, que estaba doblada en una esquina. Al tocarle el vientre para taparla, Nadia se quejó y él le descubrió la panza y vio que la zona de la picadura estaba más colorada aun e hinchada y también la notó temblar entre sus brazos, volaba de fiebre y le preguntó - ¿Mejor con la frazada, Nadia? - - No, sigo con frío y me duele el pecho, me cuesta respirar… dijo ella agitada. Rolo se sacó la campera y le cubrió los hombros a la chica, la volvió a recostar sobre sus piernas y la miró deseando que se le pasara el malestar, pero algo le decía que no lo haría. - ¿Queres agua? – preguntó agarrando una botella de agua. La muchacha tomó bastante y se volvió a recostar sobre él, que a pesar de decirle que se fuera a dormir para salir mañana de mañana, no quiso dejarla sola.
De repente sintió cómo que Nadia se desvanecía en sus brazos, pero su cuerpo se seguía moviendo. Ahí supo que era más grave de lo que había pensado en un principio y se asustó mucho. A la media hora la chica recobró el sentido – Rolo… ¿por qué está tan oscuro… Queres que termine esos documentos? – preguntó mirándolo a los ojos. Él tuvo que tragarse las lágrimas y le sonrió diciendo – Los haré yo mismo, tranquila – ya se olía el desenlace de la historia, aun sin quererlo y sin saber la causa. Pero uno se da cuenta cuando “ella” anda cerca. Todo cambia; el olor del ambiente, los colores que se ven, la sensación que se tiene, el sabor que reposa sobre la lengua cambia y el corazón anuncia… .
-Aaa… aahh… aah… - eran los sonidos que emitía la chica – Tranquila, Nadia ¡estoy acá! – dijo Rolo agarrándole la mano – No tengo miedo – contestó ella sujetándose el vientre. Dejó de temblar y su cuerpo puso fin a las convulsiones, como si ya no peleara más. – Nadia… por favor ¡no te des por vencida! – dijo alarmado, sacudiéndola – Veo cosas brillantes… siento el veneno propagándose en mi vientre… moriré, pero no importa – dijo tras la sacudida - ¡No digas eso por favor, quedate conmigo! – dijo él conteniendo las lágrimas. – Está bien… lo único que recuerdo ahora es que me muero sin haber sentido jamás un beso en los labios… Nunca besé a alguien… ¿te lo había dicho?. Él hombre la oía sin pestañear, ella hablaba con una claridad, que dejaba poca credibilidad al hecho de que se estaba enfrentando a la muerte.
Rolo se le acercó a los labios y la besó – Gracias, sos un dulce – dijo ella sonriendo. Él dejó caer algunas lágrimas - ¡No llores, Rolo… tengo frío… - El hombre la abrazó más fuerte y junto a su boca oyó la debilidad de su respiración - ¡No te des por vencida, Nadia, te necesito – La chica volvió a abrir los ojos por un instante – Estoy acá… – dijo tocándole el pecho - … y seguiré en tu corazón si queres - - ¡Claro que quiero, pero… - respondió callándose al instante al ver que ella volvía a mover los labios – Gracias por hacer mi muerte hermosa, amigo mio.
Las últimas fuerzas abandonaron su cuerpo, Nadia caía entre los brazos de su amigo y él rodeado de las paredes del llanto desahogó su penar y lloró por ese amor que se le acabó de ir, sin que él se diera cuenta de que ella seguía con él, velando por él, brillando en cada una de sus sonrisas.

Fin.