Septiembre 2011
El corazón le galopeaba fuertemente, la transpiración le caía a chorros y las piernas casi no se le veían, de lo rápida que corría.
Era de noche, en la calle no se veía a nadie, ni los gatos que siempre solían estar rondando a esas horas.
Ella corría sin saber a dónde estaba corriendo, ni se daba vuelta para ver si aquello que la hacía huir había quedado atrás o seguía ahí. Al ver una esquina, después de tremenda huída, dobló y se tiró de espaldas contra el edificio. Pero en el momento en que creyó poder respirar vió a un chico, que le cubría la boca con su mano. Con la otra le hizo una señal de que mantenga la calma. La chica soltó lágrimas que le llenaban los ojos. Al controlarse un poco, logró ver que el chico no estaba sólo y supo entonces que el peligro no había pasado.
De repente llega corriendo otro individuo y la chica pega un salto para atrás, pero el chico la sostenía. El individuo recién llegado dijo entonces – “Ah… veo que la atraparon… - recobrando el aliento - … ¿Entonces?... . El chico le contestó con otra pregunta - ¿Entonces qué? – A lo cual el recién llegado contestó de forma perversa - ¿Nos divertimos todos un poco?. Pasaron unos segundos que le bastaron a la chica para que su corazón volviera a acelerarse y su respiración a agitarse.
El hombre que la sostenía miró a sus amigos, después a la chica y contestó - Porque no… - En eso los amigos se le fueron arriba al extraño y le bajaron los sumos. La chica estaba como petrificada y el la tomó del brazo diciendo - ¡Vení, vamonos de acá! - , - pero tus amigos… - dijo ella. – ¡No les va a pasar nada, tranquila! Además te tenés que calmar, ellos se las arreglarán, no te preocupes- dijo él ante su duda . La chica aun incrédula lo miró con cierto miedo - ¿Qué te creías, que íbamos a actuar como ése degenerado? – ella bajó la mirada diciendo – Lo siento… – Él le sonrió y la invitó a hacer lo mismo.
A las dos cuadras, él le señala la rasgadura del vestido, con cierto miedo de hacer que su sonrisa se desvaneciera nuevamente y la miró a los ojos, dando por entendida la pregunta - ¡No, no llegó a hacerlo! – contestó mientras las lágrimas volvían a llenarle los ojos y una sombra le cubría la mirada.
Se metieron en el restauran, él se sentó en una mesa y ella se fue al baño. Al verse en el espejo se horrorizó de la cara de susto que tenía. Se lavó la cara, pero su cara seguía pálida, los ojos brillosos y los labios pálidos también. Se peinó y se ató el pelo. Volvió a la mesa y se sentó.
-Perdona que haya tardado tan… - él la interrumpió – No es nada, pero opaaa… qué cambio! – dijo levantándose. – No sabes cómo te agra… - empezó a decir ella – ¡Nada de eso! Cualquiera lo hubiera hecho, corazón, perdón… es que no sé tu nombre… - dijo rápidamente. –Cierto, me llamo Nadia - contestó sonriendo – Un gusto, Nadie, mi nombre es Ro… Rolo, me dicen Rolo – ella asintió con una sonrisa. Él le acercó un vaso lleno de agua con limón, el cual ella tomó sin pestañear. Si le hubiera dado litros también se los hubiera bebido. Hablaron durante un buen rato. Pidieron algo para cenar y siguieron hablando. Más tarde el hombre la acompañó a su casa, pero antes de marcharse le pidió su número de teléfono.
A las dos semanas sonó el teléfono y Nadia atendió. Luego se arregló y fue a la estación del ómnibus.
Rolo la vio y fue hacía ella, se bajo de la bici y caminaron juntos, hacia un parque y una vez ahí siguieron caminando, hasta que se sentaron junto a un canal. Ella se acomodaba el pelo, tras la oreja, que el viento le despeinaba, mientras que él tiraba piedritas al agua. – No terminaste de hablar, me podes seguir con… - dijo él, pero ella lo interrumpió diciendo -Mejor que no, sino empiezo a llorar otra vez y no quiero que me veas así, otra vez… - ¿Así, cómo? – insistió él – Así… con lágrimas, como el día en que me conociste- Él la miró a los ojos y le dijo – No deberías acostumbrar a esos ojos a llorar, son demasiado lindos, como para empañarlos con lágrimas – ella se puso colorada y contestó - gracias… ahora parezco una idiota - ¿Por? – Pero Nadia no encontraba respuesta – Cuando alguien me hace un piropo, tiendo a creer cosas que no son, como siempre me pasa, pero solo hasta darme contra la pared lo entiendo. Nunca le gusté a nadie y la culpa de eso me la hecho a mí misma, por volar tanto – y calló al darse cuenta de que habló más de la cuenta, de cosas que nunca mencionaba. – No digas eso, de que nunca le gustaste a nadie, no es cierto. En estas dos semanas que me permitiste conocerte, pude ver que vales más de lo que decís y el que no ve eso es ciego, sordo e insensible y alguien así no vale la pena- terminó de contestar él. - Es difícil ver las cosas, como lo decís - - ¡Difícil, sí, pero no imposible! Persona que no te vea el alma es una persona que no vale la pena conocer.- dijo él sosteniéndole la mano – Estoy de acuerdo, por eso mi amigo es la soledad – dijo ella mirando fijo el canal - ¡Por ahora! – contestó Rolo levantándose y ayudándola a ella a pararse. Agarró la bici y caminaron otro trecho.
Pasaron junto a un auto policial y a él se le ocurrió preguntarle - ¿Y de los milicos qué pensas?- ¡Que los gorilas de la guita! No les importa quien caiga, hombre, mujer o niño. Con lo cual en mí se ganan a una enemiga – contestó Nadia. -¿Y de la vida qué pensas? – prosiguió él – Que es demasiado hermosa como para dejar que la estropeemos, como lo hacemos a diario – dijo ella agarrándose el hombro izquierdo - ¿En qué sentido? O sea… entiendo a lo que vas, pero expláyate más por favor – volvió a insistir él. –El sistema que tiene a todas las personas del mundo sometidas es diabólico. Es un sistema que se basa en mantener las cosas tal cual son, los pobres, pobres y los ricos cada vez más ricos a costillas de los pobres. Éste sistema y la gente que lo sigue siempre corre atrás de la guita. Y asi busca mantener las injusticias, para que el capitalismo siga existiendo tiene que haber gente sufriendo por él. Más guerras para financiar sus economías, porque así es como se desarrolla ésta historia... las guerras le sirven a los “ricos” para reforzar a sus economías. ¡Ellos… los ricos, que en verdad son pobres… pobres de alma! ¿Sabes cuánta gente hambrienta hay en el mundo? No lo queres saber… ¿Cómo es posible que en un mundo rico, como éste, haya gente muriendo de hambre? La actual producción de alimentos es capaz de cubrir las necesidades de todo habitante, pero hay quienes tienen el “poder” y no lo quieren largar, aun sabiendo que en sus manos está el acabar con el hambre, asique te podrás hacer una idea de que a lacayos que le cuidan la espalda a éste sistema solo merecen mi desprecio. – terminó su monólogo con las mejillas encendidas. – ¡Tenes razón! Nunca había hablado antes de tal tema con nadie, bueno… tampoco es que yo haya hablado, pero estoy de acuerdo con todo lo que dijiste – concluyó Rolo.
Al entrar la noche, la volvió a acompañar a su casa.
A los tres días Nadia lo llamó (a Rolo) por teléfono, para invitarlo a pasar una semana de acampada. Él aceptó. La misma noche quedaron en verse para organizar bien el viaje.
Sonó el timbre de la puerta y ella acudió al llamado, abrió la puerta – Hola, pasa por favor. ¿Te traigo algo para tomar? – dijo sonriendo, el hombre pasó. – Hola, bueno, gracias, agua está bien - y se puso cómodo en el living.
Arreglaron para irse ese mismo viernes de tarde. El destino sería México, en la zona de Sonora. Nadia siempre tuvo el deseo de ir a México y así se lo había dicho varias veces a él, motivo por el cual Rolo accedió.
Eran las ocho de la noche y ambos se encontraban en un ómnibus con rumbo a Sonora. Nadia dormía profundamente, mientras que Rolo iba leyendo un libro sobre la cultura maya.
-¡Es preciosa ésta vista!... – dijo Nadia suspirando y sentándose sobre una roca - … La paz que se respira acá es única. No molestan los ruidos de los autos, ni las luces de la ciudad, el aire es puro y limpio – concluyó. – Sí, es precioso. Pero ya hay que hablar de la vuelta, hace ocho días que estamos por esta hermosa zona, me encantaría quedarme más, pero no me puedo tomar más días libres del laburo. ¿Nos volvemos mañana o pasado? – Nadia interrumpiéndolo dijo - ¿Por qué no ya mismo? Yo aprendí a cortar algo que sale bien a tiempo. Todo es tan perfecto que no quisiera que algo externo lo estropeara. ¡Vámonos ahora! – dijo poniéndose de pie. - ¿Ahora? Pero no tenemos nada recogido y… - contestó casi sin habla – No tranqui, nos vamos mañana – dijo Nadie riendo – No, si querés nos vamos ahora, solo que tenemos que juntar todo – contestó Rolo – No, perdoná, nos vamos mañana, tranquilos, planeando bien cada paso, como a vos te gusta – dijo ella con una sonrisa de oreja a oreja y la mirada limpia, los ojos le brillaban. Rolo aceptó que la marcha sería recién la mañana siguiente, después de que Nadie le haya insistido un rato más.
En la noche se acostaron en sus respectivas carpas. La noche estaba fresca y se oían los diferentes voces de los animales a lo largo de las siguientes horas.
Habían pasado unas cuatro horas cuando Nadia pegó un grito de queja y se incorporó. Rolo despertó y acudió enseguida preguntándole- ¿Qué pasó, estás bien? – ella se miraba el vientre, como en busca de un rastro. Rolo la alumbró con la linterna y vio que tenía a panza colorada y ella se rascaba – Mejor no te toques, Nadie, dejame ver si encuentro el bicho que te picó – dijo alumbrando el piso en busca de lo que la pico, se fijó entre la frazada – No veo otra cosa que no sea esa polilla que se da contra el farol a gas y unas hormigas que no provocan una reacción como esa ¿Cómo te sentís? – preguntó inclinándose a su lado. -Me arde mucho… pero ya pasará – al verle la cara de preocupación agregó – Igual mañana estamos en casa, tranquilo. Voy a tratar de dormir. – ¡Dale, cualquier cosa llamame! – insistió Rolo antes de apartarse de su lado.
A las dos horas Rolo se volvió a despertar y llamó a Nadia, al ver que no respondía, abrió la carpa y se metió. La encontró retorciéndose en el piso, estaba transpirando y tenía los ojos vidriosos y la mirada lejana. – ¡Nadia, hablame! – la levantó poniendo sus piernas bajo su torso y la volvió a bajar apoyando su espalda contra ellas – ¡Por favor hablame, corazón! ¿Qué sentís, qué te duele?- preguntó secándole la transpiración con la manga. Ella movió los labios diciendo muy bajito - Frío… - Él la tapo con una manta, que estaba doblada en una esquina. Al tocarle el vientre para taparla, Nadia se quejó y él le descubrió la panza y vio que la zona de la picadura estaba más colorada aun e hinchada y también la notó temblar entre sus brazos, volaba de fiebre y le preguntó - ¿Mejor con la frazada, Nadia? - - No, sigo con frío y me duele el pecho, me cuesta respirar… dijo ella agitada. Rolo se sacó la campera y le cubrió los hombros a la chica, la volvió a recostar sobre sus piernas y la miró deseando con todo su corazón que se le pasara el malestar y le sonriera como antes, pero algo le decía que no lo haría. - ¿Queres agua? – preguntó agarrando una botella de agua. La muchacha tomó bastante y se volvió a recostar sobre él, que a pesar de decirle que se fuera a dormir para salir mañana de mañana, no quiso dejarla sola.
De repente sintió cómo que Nadia se desvanecía en sus brazos, pero su cuerpo se seguía moviendo. Ahí supo que era más grave de lo que había pensado en un principio y se asustó mucho. A la media hora la chica recobró el sentido – Rolo… - Rolo la miró a los ojos- … ¿por qué está tan oscuro… Queres que termine esos documentos? – preguntó mirándolo a los ojos. Él tuvo que tragarse las lágrimas y le sonrió diciendo – Los haré yo mismo, tranquila – ya se olía el desenlace de la historia, aun sin quererlo y sin saber la causa. Pero uno se da cuenta cuando “ella” anda cerca. Todo cambia; el olor del ambiente, los colores que se ven, la sensación que se tiene, el sabor que reposa sobre la lengua cambia y el corazón anuncia… .
-Aaa… aahh… aah… - eran los sonidos que emitía la chica – Tranquila, Nadia ¡estoy acá! – dijo Rolo agarrándole la mano – ¡No tengo miedo! – contestó ella sujetándose el vientre. Dejó de temblar y su cuerpo puso fin a las convulsiones, como si ya no peleara más. – Nadia… por favor ¡no te des por vencida! – dijo alarmado, sacudiéndola – Veo cosas brillantes… siento el veneno propagándose en mi vientre… moriré, pero no importa – dijo tras la sacudida - ¡No digas eso por favor, quedate conmigo! – dijo él conteniendo las lágrimas. – Está bien… lo único en que pienso ahora es que me muero sin haber sentido jamás un beso en los labios… Nunca besé a alguien… ¿lo sabías?. Él hombre la oía sin pestañear, ella hablaba con una claridad, que dejaba poca credibilidad al hecho de que se estaba enfrentando a la muerte.
Rolo se le acercó a los labios y la besó – Gracias, sos un dulce – dijo ella sonriendo. Él dejó caer algunas lágrimas - ¡No llores, Rolo… tengo frío… - El hombre la abrazó más fuerte y junto a su boca oyó la debilidad de su respiración - ¡No te des por vencida, Nadia, te necesito… – La chica volvió a abrir los ojos por un instante – Estoy acá… – dijo tocándole el pecho - … y seguiré en tu corazón si queres - - ¡Claro que quiero, pero… - respondió callándose al instante al ver que ella volvía a mover los labios – ¡Gracias por hacer mi muerte hermosa, amigo mío!.
Las últimas fuerzas abandonaron su cuerpo, Nadia caía entre los brazos de su amigo y él rodeado de las paredes del llanto desahogó su penar y lloró por ese amor que se le acabó de ir, sin que él se diera cuenta de que ella seguía con él, velando por él, brillando en cada una de sus sonrisas.
Fin.
martes, 11 de octubre de 2011
viernes, 30 de septiembre de 2011
El viaje de Nadia
Septiembre 2011
El corazón le galopeaba fuertemente, la transpiración le caía a chorros y las piernas casi no se le veían, de lo rápida que corría.
Era de noche, en la calle no se veía a nadie, ni los gatos que siempre solçian estar rondando a esas horas.
Ella corría sin saber a dónde estaba corriendo, ni se daba vuelta para ver si aquello que la hacía huir había quedado atrás o seguía ahí. Al ver una esquina, después de tremenda huída, dobló y se tiró de espaldas contra el edificio. Pero en el momento en que creyó poder respirar vió a un chico, que le cubría la boca con su mano. Con la otra le hizo una señal de que mantenga la calma. La chica soltó lágrimas que le llenaban los ojos. Al controlarse un poco, logró ver que el chico no estaba sólo y supo entonces que el peligro no había pasado.
De repente llega corriendo otro individuo y la chica pega un salto para atrás, pero el chico la sostenía. El individuo recién llegado dijo entonces – “Ah… veo que la atraparon… - recobrando el aliento - … ¿Entonces?... . El chico le contestó con otra pregunta - ¿Entonces qué? – A lo cual el recién llegado contestó de forma perversa - ¿Nos divertimos todos un poco?. Pasaron unos segundos que le bastaron a la chica para que su corazón volviera a acelerarse y su respiración a agitarse.
El hombre que la sostenía miró a sus amigos, después a la chica y contestó - Porque no… - En eso los amigos se le fueron arriba al extraño y le bajaron los sumos. La chica estaba como petrificada y el la tomó del brazo diciendo - ¡Vení, vamosnos de acá! - , - pero tus amigos… - dijo ella. – ¡No les va a pasar nada, tranquila! Además te tenés que calmar, ellos se las arreglarán, no te preocupes- dijo él ante su duda . La chica aun incrédula lo miró con cierto miedo - ¿Qué te creías, que íbamos a actuar como ése degenerado? – ella bajó la mirada diciendo – lo siento – Él le sonrió y la invitó a hacer lo mismo.
A las dos cuadras, él le señala la rasgadura del vestido, con cierto miedo de hacer que su sonrisa se desvaneciera nuevamente y la miró a los ojos, dando por entendida la pregunta - ¡No, no llegó a hacerlo! – contestó mientras las lágrimas volvían a llenarle los ojos y una sombra le cubría la mirada.
Se metieron en el restauran, él se sentó en una mesa y ella se fue al baño. Al verse en el espejo se horrorizó de la cara de susto que tenía. Se lavó la cara, pero su cara seguía pálida, los ojos brillosos y los labios pálidos también. Se peinó y se ató el pelo. Volvió a la mesa y se sentó.
-Perdona que haya tardado tan… - él la interrumpió – No es nada, pero opaaa… qué cambio! – dijo levantándose. – No sabes cómo te agra… - empezó a decir ella – ¡Nada de eso! Cualquiera lo hubiera hecho, corazón, perdón es que no sé tu nombre… - dijo rápidamente. –Cierto, me llamo Nadia- contestó sonriendo – Un gusto, Nadie, mi nombre es Ro… Rolo, me dicen Rolo – ella asintió con una sonrisa. Él le acercó un vaso lleno de agua con limón, el cual ella tomó sin pestañear. Si le hubiera dado litros también se los hubiera bebido. Hablaron durante un buen rato. Pidieron algo para cenar y siguieron hablando. Más tarde el hombre la acompañó a su casa, pero antes de marcharse le pidió su número de teléfono.
A las dos semanas sonó el teléfono y Nadia atendió. Luego se arregló y fue a la estación del ómnibus.
Rolo la vio y fue hacía ella, se bajo de la bici y caminaron juntos, hacia un parque y una vez ahí siguieron caminando, hasta que se sentaron junto a un canal. Ella se acomodaba el pelo, tras la oreja, que el viento le despeinaba, mientras que él tiraba piedritas al agua. – No terminaste de hablar, me podes seguir con… - dijo él, pero ella lo interrumpió diciendo - … Mejor que no, sino empiezo a llorar otra vez y no quiero que me veas así, otra vez… - ¿Así, cómo? – insistió él – Así… con lágrimas, como el día en que me conociste- Él la miró a los ojos y le dijo – No deberías acostumbrar a esos ojos a llorar, son demasiado lindos, como para empañarlos con lágrimas – ella se puso colorada y contestó - gracias… ahora parezco una idiota - ¿Por? – Pero Nadia no encontraba respuesta – Cuando alguien me hace un piropo, tiendo a creer cosas que no son, como siempre me pasa, pero solo hasta darme contra la pared lo entiendo. Nunca le gusté a nadie y la culpa de eso me la hecho a mí misma, por volar tanto – y calló al darse cuenta de que habló más de la cuenta, de cosas que nunca mencionaba. – No digas eso, de que nunca le gustaste a nadie, no es cierto. En estas dos semanas que me permitiste conocerte, pude ver que vales más de lo que decís y el que no ve eso es ciego, sordo e insensible y alguien así no vale la pena- terminó de contestar él. - Es difícil ver las cosas, como lo decís - - ¡Difícil, sí, pero no imposible! Persona que no te vea el alma es una persona que no vale la pena conocer.- dijo él sosteniéndole la mano – Estoy de acuerdo, por eso mi amigo es la soledad – dijo ella mirando fijo el canal - ¡Por ahora! – contestó Rolo levantándose y ayudándola a ella a pararse. Agarró la bici y caminaron otro trecho.
Pasaron junto a un auto policial y a él se le ocurrió preguntarle - ¿Y de los milicos qué pensas?- ¡Que los gorilas de la guita! No les importa quien caiga, hombre, mujer o niño. Con lo cual en mí se ganan a una enemiga – contestó Nadia. -¿Y de la vida qué pensas? – prosiguió él – Que es demasiado hermosa como para dejar que la estropeemos, como lo hacemos a diario – dijo ella agarrándose el hombro izquierdo - ¿En qué sentido? O sea… entiendo a lo que vas, pero expláyate más por favor – volvió a insistir él. –El sistema que tiene a todas las personas del mundo sometidas es diabólico. Es un sistema que se basa en mantener las cosas tal cual son, los pobres, pobres y los ricos cada vez más ricos a costillas de los pobres. Éste sistema y la gente que lo sigue siempre corre atrás de la guita. Y asi busca mantener las injusticias. Más guerras para financiar sus economías. ¡Ellos… los ricos, que en verdad son pobres… pobres de alma! ¿Sabes cuánta gente hambrienta hay en el mundo? No lo queres saber… ¿Cómo es posible que en un mundo rico, como éste, haya gente muriendo de hambre? La actual producción de alimentos es capaz de cubrir las necesidades de todo habitante, pero hay quienes tienen el “poder” y no lo quieren largar, aun sabiendo que en sus manos está el acabar con el hambre, asique te podrás hacer una idea de que a lacayos que le cuidan la espalda a éste sistema solo merecen mi desprecio – terminó su monólogo con las mejillas encendidas. – ¡Tenes razón! Nunca había hablado antes de tal tema con nadie, bueno… tampoco es que yo haya hablado, pero estoy de acuerdo con todo lo que dijiste – concluyó Rolo.
Al entrar la noche la volvió a acompañar a su casa.
A los tres días Nadia lo llamó (a Rolo) por teléfono, para invitarlo a pasar una semana de acampada. Él aceptó. La misma noche quedaron en verse para organizar bien el viaje.
Sonó el timbre de la puerta y ella acudió al llamado, abrió la puerta – Hola, pasa por favor. ¿Te traigo algo para tomar? – dijo sonriendo, el hombre pasó. – Hola, bueno, gracias, agua está bien - y se puso cómodo en el living.
Arreglaron para irse ese mismo viernes de tarde. El destino sería México, en la zona de Sonora. Nadia siempre tuvo el deseo de ir a México y así se lo había dicho varias veces a él, motivo por el cual Rolo accedió.
Eran las ocho de la noche y ambos se encontraban en un ómnibus con rumbo a Sonora. Nadia dormía profundamente, mientras que Rolo iba leyendo un libro sobre la cultura maya.
-¡Es preciosa ésta vista!... – dijo Nadia suspirando y sentándose sobre una roca - … La paz que se respira acá es única. No molestan los ruidos de los autos, ni las luces de la ciudad, el aire es puro y limpio – concluyó. – Sí, es precioso. Pero ya hay que hablar de la vuelta, hace ocho días que estamos por esta hermosa zona, me encantaría quedarme más, pero no me puedo tomar más días libres del laburo. ¿Nos volvemos mañana o pasado? – Nadia interrumpiéndolo dijo - ¿Por qué no ya mismo? Yo aprendí a cortar algo que sale bien a tiempo. Todo es tan perfecto que no quisiera que algo externo lo estropeara. ¡Vámonos ahora! – dijo poniéndose de pie. - ¿Ahora? Pero no tenemos nada recogido y… - contestó casi sin habla – No tranqui, nos vamos mañana – dijo Nadie riendo – No, si querés nos vamos ahora, solo que tenemos que juntar todo – contestó Rolo – No, perdoná, nos vamos mañana, tranquilos, planeando bien cada paso, como a vos te gusta – dijo ella con una sonrisa de oreja a oreja y la mirada limpia, los ojos le brillaban. Rolo aceptó que la marcha sería recién la mañana siguiente, después de que Nadie le haya insistido un rato más.
En la noche se acostaron en sus respectivas carpas. La noche estaba fresca y se oían los diferentes animales a lo largo de las siguientes horas.
Habían pasado unas cuatro horas cuando Nadia pegó un grito de queja y se incorporó. Rolo despertó y acudió enseguida preguntándole- ¿Qué pasó, estás bien? – ella se miraba el vientre, como en busca de un rastro. Rolo la alumbró con la linterna y vio que tenía a panza colorada y ella se rascaba – Mejor no te toques, Nadie, dejame ver si encuentro el bicho que te picó – dijo alumbrando el piso en busca de lo que la pico, se fijó entre la frazada – No veo otra cosa que no sea esa polilla que se da contra el farol a gas y unas hormigas que no provocan una reacción como esa ¿Cómo te sentís? – preguntó inclinándose a su lado. -Me arde mucho… pero ya pasará – al verle la cara de preocupación agregó – Igual mañana estamos en casa, tranquilo. Voy a tratar de dormir. – ¡Dale, cualquier cosa llamame! – insistió Rolo antes de apartarse de su lado.
A las dos horas Rolo se volvió a despertar y llamó a Nadia, al ver que no respondía, abrió la carpa y se metió. La encontró retorciéndose en el piso, estaba transpirando y tenía los ojos vidriosos y la mirada lejana. – ¡Nadia, hablame! – la levantó poniendo sus piernas bajo su torso y la volvió a bajar apoyando su espalda contra ellas – ¡Por favor hablame, corazón! ¿Qué sentís, qué te duele?- preguntó secándole la transpiración con la manga. Ella movió los labios diciendo muy bajito - Frío… - Él la tapo con una manta, que estaba doblada en una esquina. Al tocarle el vientre para taparla, Nadia se quejó y él le descubrió la panza y vio que la zona de la picadura estaba más colorada aun e hinchada y también la notó temblar entre sus brazos, volaba de fiebre y le preguntó - ¿Mejor con la frazada, Nadia? - - No, sigo con frío y me duele el pecho, me cuesta respirar… dijo ella agitada. Rolo se sacó la campera y le cubrió los hombros a la chica, la volvió a recostar sobre sus piernas y la miró deseando que se le pasara el malestar, pero algo le decía que no lo haría. - ¿Queres agua? – preguntó agarrando una botella de agua. La muchacha tomó bastante y se volvió a recostar sobre él, que a pesar de decirle que se fuera a dormir para salir mañana de mañana, no quiso dejarla sola.
De repente sintió cómo que Nadia se desvanecía en sus brazos, pero su cuerpo se seguía moviendo. Ahí supo que era más grave de lo que había pensado en un principio y se asustó mucho. A la media hora la chica recobró el sentido – Rolo… ¿por qué está tan oscuro… Queres que termine esos documentos? – preguntó mirándolo a los ojos. Él tuvo que tragarse las lágrimas y le sonrió diciendo – Los haré yo mismo, tranquila – ya se olía el desenlace de la historia, aun sin quererlo y sin saber la causa. Pero uno se da cuenta cuando “ella” anda cerca. Todo cambia; el olor del ambiente, los colores que se ven, la sensación que se tiene, el sabor que reposa sobre la lengua cambia y el corazón anuncia… .
-Aaa… aahh… aah… - eran los sonidos que emitía la chica – Tranquila, Nadia ¡estoy acá! – dijo Rolo agarrándole la mano – No tengo miedo – contestó ella sujetándose el vientre. Dejó de temblar y su cuerpo puso fin a las convulsiones, como si ya no peleara más. – Nadia… por favor ¡no te des por vencida! – dijo alarmado, sacudiéndola – Veo cosas brillantes… siento el veneno propagándose en mi vientre… moriré, pero no importa – dijo tras la sacudida - ¡No digas eso por favor, quedate conmigo! – dijo él conteniendo las lágrimas. – Está bien… lo único que recuerdo ahora es que me muero sin haber sentido jamás un beso en los labios… Nunca besé a alguien… ¿te lo había dicho?. Él hombre la oía sin pestañear, ella hablaba con una claridad, que dejaba poca credibilidad al hecho de que se estaba enfrentando a la muerte.
Rolo se le acercó a los labios y la besó – Gracias, sos un dulce – dijo ella sonriendo. Él dejó caer algunas lágrimas - ¡No llores, Rolo… tengo frío… - El hombre la abrazó más fuerte y junto a su boca oyó la debilidad de su respiración - ¡No te des por vencida, Nadia, te necesito – La chica volvió a abrir los ojos por un instante – Estoy acá… – dijo tocándole el pecho - … y seguiré en tu corazón si queres - - ¡Claro que quiero, pero… - respondió callándose al instante al ver que ella volvía a mover los labios – Gracias por hacer mi muerte hermosa, amigo mio.
Las últimas fuerzas abandonaron su cuerpo, Nadia caía entre los brazos de su amigo y él rodeado de las paredes del llanto desahogó su penar y lloró por ese amor que se le acabó de ir, sin que él se diera cuenta de que ella seguía con él, velando por él, brillando en cada una de sus sonrisas.
Fin.
El corazón le galopeaba fuertemente, la transpiración le caía a chorros y las piernas casi no se le veían, de lo rápida que corría.
Era de noche, en la calle no se veía a nadie, ni los gatos que siempre solçian estar rondando a esas horas.
Ella corría sin saber a dónde estaba corriendo, ni se daba vuelta para ver si aquello que la hacía huir había quedado atrás o seguía ahí. Al ver una esquina, después de tremenda huída, dobló y se tiró de espaldas contra el edificio. Pero en el momento en que creyó poder respirar vió a un chico, que le cubría la boca con su mano. Con la otra le hizo una señal de que mantenga la calma. La chica soltó lágrimas que le llenaban los ojos. Al controlarse un poco, logró ver que el chico no estaba sólo y supo entonces que el peligro no había pasado.
De repente llega corriendo otro individuo y la chica pega un salto para atrás, pero el chico la sostenía. El individuo recién llegado dijo entonces – “Ah… veo que la atraparon… - recobrando el aliento - … ¿Entonces?... . El chico le contestó con otra pregunta - ¿Entonces qué? – A lo cual el recién llegado contestó de forma perversa - ¿Nos divertimos todos un poco?. Pasaron unos segundos que le bastaron a la chica para que su corazón volviera a acelerarse y su respiración a agitarse.
El hombre que la sostenía miró a sus amigos, después a la chica y contestó - Porque no… - En eso los amigos se le fueron arriba al extraño y le bajaron los sumos. La chica estaba como petrificada y el la tomó del brazo diciendo - ¡Vení, vamosnos de acá! - , - pero tus amigos… - dijo ella. – ¡No les va a pasar nada, tranquila! Además te tenés que calmar, ellos se las arreglarán, no te preocupes- dijo él ante su duda . La chica aun incrédula lo miró con cierto miedo - ¿Qué te creías, que íbamos a actuar como ése degenerado? – ella bajó la mirada diciendo – lo siento – Él le sonrió y la invitó a hacer lo mismo.
A las dos cuadras, él le señala la rasgadura del vestido, con cierto miedo de hacer que su sonrisa se desvaneciera nuevamente y la miró a los ojos, dando por entendida la pregunta - ¡No, no llegó a hacerlo! – contestó mientras las lágrimas volvían a llenarle los ojos y una sombra le cubría la mirada.
Se metieron en el restauran, él se sentó en una mesa y ella se fue al baño. Al verse en el espejo se horrorizó de la cara de susto que tenía. Se lavó la cara, pero su cara seguía pálida, los ojos brillosos y los labios pálidos también. Se peinó y se ató el pelo. Volvió a la mesa y se sentó.
-Perdona que haya tardado tan… - él la interrumpió – No es nada, pero opaaa… qué cambio! – dijo levantándose. – No sabes cómo te agra… - empezó a decir ella – ¡Nada de eso! Cualquiera lo hubiera hecho, corazón, perdón es que no sé tu nombre… - dijo rápidamente. –Cierto, me llamo Nadia- contestó sonriendo – Un gusto, Nadie, mi nombre es Ro… Rolo, me dicen Rolo – ella asintió con una sonrisa. Él le acercó un vaso lleno de agua con limón, el cual ella tomó sin pestañear. Si le hubiera dado litros también se los hubiera bebido. Hablaron durante un buen rato. Pidieron algo para cenar y siguieron hablando. Más tarde el hombre la acompañó a su casa, pero antes de marcharse le pidió su número de teléfono.
A las dos semanas sonó el teléfono y Nadia atendió. Luego se arregló y fue a la estación del ómnibus.
Rolo la vio y fue hacía ella, se bajo de la bici y caminaron juntos, hacia un parque y una vez ahí siguieron caminando, hasta que se sentaron junto a un canal. Ella se acomodaba el pelo, tras la oreja, que el viento le despeinaba, mientras que él tiraba piedritas al agua. – No terminaste de hablar, me podes seguir con… - dijo él, pero ella lo interrumpió diciendo - … Mejor que no, sino empiezo a llorar otra vez y no quiero que me veas así, otra vez… - ¿Así, cómo? – insistió él – Así… con lágrimas, como el día en que me conociste- Él la miró a los ojos y le dijo – No deberías acostumbrar a esos ojos a llorar, son demasiado lindos, como para empañarlos con lágrimas – ella se puso colorada y contestó - gracias… ahora parezco una idiota - ¿Por? – Pero Nadia no encontraba respuesta – Cuando alguien me hace un piropo, tiendo a creer cosas que no son, como siempre me pasa, pero solo hasta darme contra la pared lo entiendo. Nunca le gusté a nadie y la culpa de eso me la hecho a mí misma, por volar tanto – y calló al darse cuenta de que habló más de la cuenta, de cosas que nunca mencionaba. – No digas eso, de que nunca le gustaste a nadie, no es cierto. En estas dos semanas que me permitiste conocerte, pude ver que vales más de lo que decís y el que no ve eso es ciego, sordo e insensible y alguien así no vale la pena- terminó de contestar él. - Es difícil ver las cosas, como lo decís - - ¡Difícil, sí, pero no imposible! Persona que no te vea el alma es una persona que no vale la pena conocer.- dijo él sosteniéndole la mano – Estoy de acuerdo, por eso mi amigo es la soledad – dijo ella mirando fijo el canal - ¡Por ahora! – contestó Rolo levantándose y ayudándola a ella a pararse. Agarró la bici y caminaron otro trecho.
Pasaron junto a un auto policial y a él se le ocurrió preguntarle - ¿Y de los milicos qué pensas?- ¡Que los gorilas de la guita! No les importa quien caiga, hombre, mujer o niño. Con lo cual en mí se ganan a una enemiga – contestó Nadia. -¿Y de la vida qué pensas? – prosiguió él – Que es demasiado hermosa como para dejar que la estropeemos, como lo hacemos a diario – dijo ella agarrándose el hombro izquierdo - ¿En qué sentido? O sea… entiendo a lo que vas, pero expláyate más por favor – volvió a insistir él. –El sistema que tiene a todas las personas del mundo sometidas es diabólico. Es un sistema que se basa en mantener las cosas tal cual son, los pobres, pobres y los ricos cada vez más ricos a costillas de los pobres. Éste sistema y la gente que lo sigue siempre corre atrás de la guita. Y asi busca mantener las injusticias. Más guerras para financiar sus economías. ¡Ellos… los ricos, que en verdad son pobres… pobres de alma! ¿Sabes cuánta gente hambrienta hay en el mundo? No lo queres saber… ¿Cómo es posible que en un mundo rico, como éste, haya gente muriendo de hambre? La actual producción de alimentos es capaz de cubrir las necesidades de todo habitante, pero hay quienes tienen el “poder” y no lo quieren largar, aun sabiendo que en sus manos está el acabar con el hambre, asique te podrás hacer una idea de que a lacayos que le cuidan la espalda a éste sistema solo merecen mi desprecio – terminó su monólogo con las mejillas encendidas. – ¡Tenes razón! Nunca había hablado antes de tal tema con nadie, bueno… tampoco es que yo haya hablado, pero estoy de acuerdo con todo lo que dijiste – concluyó Rolo.
Al entrar la noche la volvió a acompañar a su casa.
A los tres días Nadia lo llamó (a Rolo) por teléfono, para invitarlo a pasar una semana de acampada. Él aceptó. La misma noche quedaron en verse para organizar bien el viaje.
Sonó el timbre de la puerta y ella acudió al llamado, abrió la puerta – Hola, pasa por favor. ¿Te traigo algo para tomar? – dijo sonriendo, el hombre pasó. – Hola, bueno, gracias, agua está bien - y se puso cómodo en el living.
Arreglaron para irse ese mismo viernes de tarde. El destino sería México, en la zona de Sonora. Nadia siempre tuvo el deseo de ir a México y así se lo había dicho varias veces a él, motivo por el cual Rolo accedió.
Eran las ocho de la noche y ambos se encontraban en un ómnibus con rumbo a Sonora. Nadia dormía profundamente, mientras que Rolo iba leyendo un libro sobre la cultura maya.
-¡Es preciosa ésta vista!... – dijo Nadia suspirando y sentándose sobre una roca - … La paz que se respira acá es única. No molestan los ruidos de los autos, ni las luces de la ciudad, el aire es puro y limpio – concluyó. – Sí, es precioso. Pero ya hay que hablar de la vuelta, hace ocho días que estamos por esta hermosa zona, me encantaría quedarme más, pero no me puedo tomar más días libres del laburo. ¿Nos volvemos mañana o pasado? – Nadia interrumpiéndolo dijo - ¿Por qué no ya mismo? Yo aprendí a cortar algo que sale bien a tiempo. Todo es tan perfecto que no quisiera que algo externo lo estropeara. ¡Vámonos ahora! – dijo poniéndose de pie. - ¿Ahora? Pero no tenemos nada recogido y… - contestó casi sin habla – No tranqui, nos vamos mañana – dijo Nadie riendo – No, si querés nos vamos ahora, solo que tenemos que juntar todo – contestó Rolo – No, perdoná, nos vamos mañana, tranquilos, planeando bien cada paso, como a vos te gusta – dijo ella con una sonrisa de oreja a oreja y la mirada limpia, los ojos le brillaban. Rolo aceptó que la marcha sería recién la mañana siguiente, después de que Nadie le haya insistido un rato más.
En la noche se acostaron en sus respectivas carpas. La noche estaba fresca y se oían los diferentes animales a lo largo de las siguientes horas.
Habían pasado unas cuatro horas cuando Nadia pegó un grito de queja y se incorporó. Rolo despertó y acudió enseguida preguntándole- ¿Qué pasó, estás bien? – ella se miraba el vientre, como en busca de un rastro. Rolo la alumbró con la linterna y vio que tenía a panza colorada y ella se rascaba – Mejor no te toques, Nadie, dejame ver si encuentro el bicho que te picó – dijo alumbrando el piso en busca de lo que la pico, se fijó entre la frazada – No veo otra cosa que no sea esa polilla que se da contra el farol a gas y unas hormigas que no provocan una reacción como esa ¿Cómo te sentís? – preguntó inclinándose a su lado. -Me arde mucho… pero ya pasará – al verle la cara de preocupación agregó – Igual mañana estamos en casa, tranquilo. Voy a tratar de dormir. – ¡Dale, cualquier cosa llamame! – insistió Rolo antes de apartarse de su lado.
A las dos horas Rolo se volvió a despertar y llamó a Nadia, al ver que no respondía, abrió la carpa y se metió. La encontró retorciéndose en el piso, estaba transpirando y tenía los ojos vidriosos y la mirada lejana. – ¡Nadia, hablame! – la levantó poniendo sus piernas bajo su torso y la volvió a bajar apoyando su espalda contra ellas – ¡Por favor hablame, corazón! ¿Qué sentís, qué te duele?- preguntó secándole la transpiración con la manga. Ella movió los labios diciendo muy bajito - Frío… - Él la tapo con una manta, que estaba doblada en una esquina. Al tocarle el vientre para taparla, Nadia se quejó y él le descubrió la panza y vio que la zona de la picadura estaba más colorada aun e hinchada y también la notó temblar entre sus brazos, volaba de fiebre y le preguntó - ¿Mejor con la frazada, Nadia? - - No, sigo con frío y me duele el pecho, me cuesta respirar… dijo ella agitada. Rolo se sacó la campera y le cubrió los hombros a la chica, la volvió a recostar sobre sus piernas y la miró deseando que se le pasara el malestar, pero algo le decía que no lo haría. - ¿Queres agua? – preguntó agarrando una botella de agua. La muchacha tomó bastante y se volvió a recostar sobre él, que a pesar de decirle que se fuera a dormir para salir mañana de mañana, no quiso dejarla sola.
De repente sintió cómo que Nadia se desvanecía en sus brazos, pero su cuerpo se seguía moviendo. Ahí supo que era más grave de lo que había pensado en un principio y se asustó mucho. A la media hora la chica recobró el sentido – Rolo… ¿por qué está tan oscuro… Queres que termine esos documentos? – preguntó mirándolo a los ojos. Él tuvo que tragarse las lágrimas y le sonrió diciendo – Los haré yo mismo, tranquila – ya se olía el desenlace de la historia, aun sin quererlo y sin saber la causa. Pero uno se da cuenta cuando “ella” anda cerca. Todo cambia; el olor del ambiente, los colores que se ven, la sensación que se tiene, el sabor que reposa sobre la lengua cambia y el corazón anuncia… .
-Aaa… aahh… aah… - eran los sonidos que emitía la chica – Tranquila, Nadia ¡estoy acá! – dijo Rolo agarrándole la mano – No tengo miedo – contestó ella sujetándose el vientre. Dejó de temblar y su cuerpo puso fin a las convulsiones, como si ya no peleara más. – Nadia… por favor ¡no te des por vencida! – dijo alarmado, sacudiéndola – Veo cosas brillantes… siento el veneno propagándose en mi vientre… moriré, pero no importa – dijo tras la sacudida - ¡No digas eso por favor, quedate conmigo! – dijo él conteniendo las lágrimas. – Está bien… lo único que recuerdo ahora es que me muero sin haber sentido jamás un beso en los labios… Nunca besé a alguien… ¿te lo había dicho?. Él hombre la oía sin pestañear, ella hablaba con una claridad, que dejaba poca credibilidad al hecho de que se estaba enfrentando a la muerte.
Rolo se le acercó a los labios y la besó – Gracias, sos un dulce – dijo ella sonriendo. Él dejó caer algunas lágrimas - ¡No llores, Rolo… tengo frío… - El hombre la abrazó más fuerte y junto a su boca oyó la debilidad de su respiración - ¡No te des por vencida, Nadia, te necesito – La chica volvió a abrir los ojos por un instante – Estoy acá… – dijo tocándole el pecho - … y seguiré en tu corazón si queres - - ¡Claro que quiero, pero… - respondió callándose al instante al ver que ella volvía a mover los labios – Gracias por hacer mi muerte hermosa, amigo mio.
Las últimas fuerzas abandonaron su cuerpo, Nadia caía entre los brazos de su amigo y él rodeado de las paredes del llanto desahogó su penar y lloró por ese amor que se le acabó de ir, sin que él se diera cuenta de que ella seguía con él, velando por él, brillando en cada una de sus sonrisas.
Fin.
miércoles, 3 de septiembre de 2008
Horrores de la burocracia
Presento aquí la tercer y última parte de ésta trilogía de escritos-blogs. Cuyo suceso prometo no volver a cometer ya que no me causó ninguna satisfacción el escribirlos realmente.
He aquí me desquité de mi ferviente odio y repulsión en contra de la burocracia.
Hasta el momento no he experimentado nada que se asemeje a lo que despierta ésta mezcla de estupidez, incompetencia y “pelotas” en mí como ésta “ayuda” al cliente.
Lo digo sin pelos en la lengua… ODIO LOS PUTOS BUROCRATAS QUE TE HACEN PERDER EL TIEMPO PARA JUSTIFICAR SU SUELDO!!!
No puede ser que en pleno siglo veintiuno sigamos dejando que una manada de ineptos se hagan cargo de cagarnos la corta existencia.
Para cada justificante de la sociedad nos tenemos que enfrentar al horrendo hecho de encontrarnos frente a una tarada/o que no entiende lo que le decimos (a pesar de repetírselo más de tres veces).
Bueno, después de descargar un poco les cuento…
Hoy llegué a la hora de la cita y COSA INSÓLITA me atendieron a tiempo, cosa que no sucedió la vez anterior que acudí a otra cita. Me hicieron esperar más de una hora.
Al atenderme me cantaron la misma canción desde hace dos meses atrás y me querían convencer de darme otra cita, pero dije que si las cosas no salían como yo lo quería la llamaría yo misma para pedir otra cita. Obvio que no llamaré!!!
Me fui de ahí sonriendo y agradeciendo para nunca más volver.
FIN.
He aquí me desquité de mi ferviente odio y repulsión en contra de la burocracia.
Hasta el momento no he experimentado nada que se asemeje a lo que despierta ésta mezcla de estupidez, incompetencia y “pelotas” en mí como ésta “ayuda” al cliente.
Lo digo sin pelos en la lengua… ODIO LOS PUTOS BUROCRATAS QUE TE HACEN PERDER EL TIEMPO PARA JUSTIFICAR SU SUELDO!!!
No puede ser que en pleno siglo veintiuno sigamos dejando que una manada de ineptos se hagan cargo de cagarnos la corta existencia.
Para cada justificante de la sociedad nos tenemos que enfrentar al horrendo hecho de encontrarnos frente a una tarada/o que no entiende lo que le decimos (a pesar de repetírselo más de tres veces).
Bueno, después de descargar un poco les cuento…
Hoy llegué a la hora de la cita y COSA INSÓLITA me atendieron a tiempo, cosa que no sucedió la vez anterior que acudí a otra cita. Me hicieron esperar más de una hora.
Al atenderme me cantaron la misma canción desde hace dos meses atrás y me querían convencer de darme otra cita, pero dije que si las cosas no salían como yo lo quería la llamaría yo misma para pedir otra cita. Obvio que no llamaré!!!
Me fui de ahí sonriendo y agradeciendo para nunca más volver.
FIN.
jueves, 14 de agosto de 2008
Ángel ensuciado
Agosto 2008
* Ésta historia trata de cómo una jovencita volvió a creer en sí misma después de haber atravesado la peor experiencia de su existencia. Vivía confiada en la dulce felicidad que creía haber alcanzado, pero la vida por alguna extraña razón que desconozco se empeña en hacernos vivir los lados de la amargura y la congoja constante.
Se llama igual a su madre y es hija única. Ella la crió sola y con todas las angustias que tuvo que pasar por ser madre soltera en una sociedad en la que si tenes “un defecto” (según dice la gente) te machacan y te hacen imposible la vida dentro de lo posible.
A ésta altura ya se terminó su historia “su gran historia” por decirle de alguna manera. Acá no se termina aún, pero el futuro es incierto y me abstengo a hurgar en el. Ella era muy joven y muy ingenua. Esto sucedió hace unos años ya, fue un día en el que mantuvo una fuerte discusión con su madre, simplemente por pensar de otra manera y a esa manifestación le debe su desgracia.
Vivió cosas realmente duras y dolorosas, pero se sobrepuse a ellos. Creía que jamás sería capaz de lograr tal hazaña, pero no fue así.
Tuvo un pasado cómo todo el mundo, pero un pasado que la marcó muy hondo.
El nudo de esta historia se trenzó cuando se fue de su casa (como dije anteriormente), vagaba sin dirección por las calles, se sentía perdida y confundida. Un desgraciado abusó de ella y la tiró aturdida en un callejón oscuro.
De esa mezquina relación surgió un embarazo…
* -No, no lo voy a pensar otra vez ¡Quiero que arranquen a esto que llevo dentro! – decía con la mirada fría y distante, con los ojos llenos de un espanto imposible de explicar.
-Como tu médico no puedo aprobar tal deseo, Teresa… ¡Piénsalo otra vez! Ese niño no tiene la culpa de lo que te hizo ese desgraciado, es un ser inocente que te necesita, no le des la espalda! – contestó el hombre mirándola a los ojos.
-No me diga… Nadie se preocupó por mí como ser inocente y ahora le pide a una mujer con la mente perturbada que piense en brindarle una mano al fruto del hijo de puta que me destrozó – respondió ella a las palabras del médico.
-Pero Teresa… - insistió.
-Mire no vine para que me sermonee, sólo buscaba un poco de comprensión y pensé que usted era de mi confianza, pero veo que me equivoqué…
- ¡Teresa! Estás embarazada de cuatro meses ya y si estuviera de acuerdo con tu decisión no podría operarte de todos modos porque a esta altura implica un riesgo grande para la madre…
-Y qué me importa a mí si salgo viva, sólo quiero que haga que esto deje de crecer en mí y deje de provocarme asco de mí misma – dijo con una lágrima que le resbalaba por la mejilla.
* Teresa despertaba con el rayo del sol iluminándole las lumbares, se encontraba en la cama de un hospital. Se inclinó sobre la cama y se miró las muñecas, las vio vendadas y de repente se le vinieron todos los recuerdos de la noche anterior a la mente, se levantó de la cama y caminó hacia la puerta.
Un oficial la frenó al querer salir de la habitación sujetándola del brazo la llevó a la cama de nuevo, una enfermera oyó los gritos de la muchacha y acudió en seguida.
-¿Qué está pasando acá? – preguntó la mujer. Era una señora de unos treinta años.
-Ésta mujer quiere abandonar el hospital y me dieron órdenes de no permitirle la salida.
-Mire soldadito, aquí nadie va a tratar a una persona como lo está haciendo, asique ¡Suelte a esa muchacha! – dijo firmemente la mujer.
-Pero yo sólo acato órdenes de…
-Ahora las recibe de mí, asique ¡salga ya mismo de ésta habitación!
El hombre bajó la cabeza, soltó el brazo de Teresa y salió del cuarto. La enfermera la ayudó a volver a la cama y trataba de taparla.
-Niña por favor recuéstate, necesitas descanso en tu estado – dijo dulcemente.
-No, usted no entiende… ¡Tengo que irme de acá! – dijo desesperada.
-¿Es que te vas a ir por ahí sin tener un techo… y cómo protegerás a ese niño? Aprovecha que el gobierno se hará cargo de todos los gastos, mihjita. Tu hijo tendrá una buena bienvenida, no lo dudes…
-¡No… no! – se rascaba perturbada la frente.
-Niña… tranquila – la sujeto de los hombros y la apretó contra ella manteniéndose así un rato. La hamacaba en un abrazo y ella sin fuerzas ya se dejaba caer en un sueño.
* Pasó un mes y la muchacha estaba sentada junto a la ventana, mirando sin mirar y sintiendo cómo el viento le movía el pelo sin sentirlo. Se paró y caminó hacia el baño dónde se detuvo para observarse en el espejo, las lágrimas no paraban de emanar. Tenía tanta desilusión pintada en los ojos que era dañino mirarla.
Tiene ese aura que inspira abrazarla y querer protegerla de todo mal, tan frágil y quebrada al mismo tiempo.
Comía porque la obligaban a hacerlo y cuando no lo lograban la sedaban y le daban suero. Hacia ejercicio porque la enfermera se la llevaba cada mañana casi a rastras al jardín y dormía únicamente bajo sedantes. A pesar de su estado nadie se percató del daño que podrían estar causando al embarazo.
El día estaba nublado y la enfermera estaba agarrando a Teresa por la cintura, obligándola a caminar…
-Pero niña… Tienes que caminar, no le estás haciendo ningún bien a tu hijo… Por favor, Teresa… Hace un mes ya que estás aquí y nunca haces nada por ti misma.
-Igualmente no logré nada… - contestó con la mirada perdida
-¿Es que no quieres tener a tu niño? – preguntó la enfermera al ser la primera vez que la oyó hablar.
-Hasta que alguien lo entendió… - dijo sin mirarla.
-Niña no digas eso… ¿Cómo vas a pensar si quiera en algo así? Un niño es un regalo que Dios te ha concedido…
-¡Qué benevolente que es el hijo de puta!
-¡Teresa… !
-¿Por qué se escandaliza si estoy diciendo la verdad… no me quería oír hablar, no trataba todo éste tiempo de sacarme algún sonido de la boca? Bueno… a quién todos los cristianos le estuvieron predicando y alabando era el Diablo en verdad, Dios sólo es un pobre estúpido que no sabe ni atarse los cordones… Ahora hablo y tampoco le gusta…
-¡Ay por Dios, hija!
-Por Dios, no! Por el Diablo – dijo con los ojos rojos.
-¡Cállate… Ramón… Ramón ven inmediatamente!
Un hombre de seguridad se acercó a la enfermera y tras las órdenes que recibió se llevó a Teresa que seguía gritándole cosas a la mujer.
* El hombre entraba en la habitación de Teresa con ella en los brazos, porque en el pasillo la muchacha se había desmayado. La dejó sobre la cama y le retiró el pelo de la cara. Agarró un paño y mojándolo en un tacho con agua tibia se lo pasó por la frente, suavemente la chica recobró el sentido y miró a su alrededor…
-Ramón… ¿Qué pasó? – preguntó bajito. Era con el único con quién hablaba.
-Te me desmayaste en el corredor cuando la señora Consuelo me ordenó traerte a tu habitación… No me gusta esa mujer, nena.
-Ni a mí… ¿Te puedo pedir un favor, Ramón?
-Lo que quieras, sabes que te quiero.
-No, Ramón… no por favor…
-Perdón, señorita – dijo bajando la cabeza.
-No me tenes que pedir perdón, es que… No me siento capaz de algo así, entendeme por favor… - dijo con los ojos llenos de lágrimas.
-Pero yo no seré como ese cobarde que te abandonó, Teresa, jamás sería capaz de algo así.
-¿Abandonó… por qué dijiste abandonó? – preguntó de repente.
-Es lo que dice la señora Consuelo y los médicos… - la chica se agarró la frente reprimiendo un grito - … ¿Estás bien, Teresa?
Entre lágrimas y sollozo la muchacha le contó cómo llegó a quedar embarazada.
* A los meses llegó el día en que Teresa diera a luz.
El parto se complicó, pero después salió todo dentro de lo planeado.
El médico puso al niño junto a Teresa en la cama, pero ella se fue bien al lado opuesto de la cama y ni le regalaba una mirada al bebé. La enfermera se acercó.
-Teresa ¡es tu hijo! ¿Es que no lo vas a mirar? – quiso decir algo más, pero el médico la agarró del brazo sacándola del cuarto para dejarla a solas con el recién nacido.
El niño lloraba con toda la fuerza de sus pulmones, aunque la chica se resistía a evitarlo cedió finalmente ante la tentación y echó un vistazo a su lado, el niño continuaba gritando y ella para callarlo le toco la mejilla suavemente de repente se oyó un silencio, pero inmediatamente volvió a llorar con todas sus fuerzas. Teresa notaba que algo dentro de ella crecía, se sentía atraída por aquel niño y ya no pudo evitarlo más, era algo más fuerte a su voluntad.
El niño de repente detuvo el llanto y acudieron varios médicos en seguida a ver qué ocurría. El parto se complicó de manera que el cordón umbilical le rodeo el cuello al bebé lo cual provocó daños mentales y de respiración.
Se lo quitaron de al lado y lo metieron en una incubadora…
-Consuelo ¿Crees que me dejen ver a mi hijo nuevamente? – preguntó la mujer afligida.
-Yo no te entiendo, hija. Primero no lo quieres y ahora de repente cambias de opinión.
-Es que… - se dio la vuelta en la cama para evitar ver a la enfermera. Se sentía sola y abandonada a su suerte y nada podía evitar que pensara en su hijo.
* Las horas pasaban y no le decían nada, en un momento no resistió más y se durmió profundamente. Al despertar nuevamente tres horas más tarde preguntó por su hijo y la enfermera Consuelo le dijo que estaba muy delicado y que no tenían ninguna esperanza.
-¡Quiero verlo, Consuelo! – dijo llorando.
-Es mejor que no molestes ahora a los médicos están haciendo lo que pueden para salvarle la vida – contestó sin la menor preocupación.
-Consuelo por favor…
-Está bien. ¡Ponte la bata! – la agarró con desgano del brazo y la llevó hasta el cuarto de las incubadoras.
-¿No puedo entrar? – preguntó apoyada en el vidrio.
-¡No! ¡Está prohibida la entrada a todo el que no sea médico o enfermera. Míralo por aquí, es aquel de la izquierda… Vuelvo en quince minutos! – dijo y se dio la vuelta.
Ramón la vio junto a las incubadoras y se acercó a ella maravillándose de verla más delgada, porque no se había enterado de que dio a luz.
-¿Qué haces acá, Teresa?
-¿No es hermoso, Ramón?... – preguntó con las lágrimas secas - … El chiquito que está junto a la ventana… ¡Es mi hijo, Ramón, mi hijo!
-Es muy lindo, ¡sí!... ¿Y… - dijo queriendo preguntarle algo.
-Está grave, no me dejan estar con él … Dicen que sólo médicos y enfermeras pueden entrar…
-Nada de eso… yo siempre veo como entran padres, cuñados, amigos de la familia del bebé, cualquiera entra acá. Siempre y cuando entres con un enfermero o médico.
-¿Estás seguro? – preguntó ella ilusionada.
El hombre desapareció y volvió con una muchacha vestida de enfermera.
-Teresa, ella es Macarena, es enfermera como ves y dice que no tiene problemas con que entres a ver a tu hijo, ella te acompaña.
-¿En serio? – preguntó emocionada.
-Claro, vení… Sólo te tenes que poner ésta bata, un gorro y ésta mascarita… Es que está delicado y no lo queremos exponer a ningún peligro – dijo la chica.
Al entrar se sentó junto a la incubadora y acercó su rostro al niño.
* -Lo que no entiendo es cómo Consuelo te dijo que no podías venir a ver a tu hijo… ¿Te sentís mal? – preguntó la chica confusa.
-¡No! Sólo quería venir a verlo, pero me negó hacerlo – dijo abrazada a la pecera.
-No lo entiendo la verdad… Bueno sin darme cuenta ya pasó media hora, mejor volvemos a tu habitación ¿Si? Tenes que descansar, Teresa.
-Sólo un poquito más por favor – pidió afligida.
-Está bien – se alejó un poco para que se sintiera estar más en intimidad con el niño.
Pasaron veinte minutos y la muchacho volvió a acercarse a Teresa, le tocó el hombro y le dijo dulcemente que ahora ya tenía que retirarse. La mujer se levantó mirando al niño y cada paso le pesaba más que el anterior.
Al llegar casi a su habitación un hombre casi la tira al piso, venía corriendo y sin querer la empujó a un lado…
-Perdone… ¡Qué animal! ¿Está bien? – preguntó atolondrado el joven.
-¡Benjamín! Por dio… no cambias más y después queres ser médico… Teresa, él es mi hermano – dijo Macarena ayudando a la chica a arreglarse tras haber sido “atropellada” por Benjamín.
-Hola, Teresa, perdóname por lo de recién…
-No pasa nada – dijo bajando la cabeza. El chico quedó fascinado con su mirada.
-¿Teresa…? – Macarena le hizo una señal al hermano para que se callara - … Nos vemos en otra oportunidad entonces, fue un gusto. Adiós – dijo viendo como se iba con la hermana.
* A la mañana siguiente, Teresa abandonó su habitación para toparse otra vez con Benjamín…
-Parece que está en nuestro destino chocarnos – dijo queriendo provocar la risa en su labios - … Teresa, soy Benjamín, nos conocimos ayer ¿Te acordás?
-Creo que sí, pero tengo que ir a…
-¿A dónde… A tomar un café? ¡Te invito! – dijo risueño.
-¡No!… Tengo que ir a ver a mi hijo – contestó aturdida.
-Ah… tenes un hijo eh…
-Sí y está en la incubadora grave… por eso me tengo que ir…
-¡Pará! Tenes que entrar con un médico… voy a buscar a mi hermana, espera un poco.
A los cinco minutos volvió sólo…
-Lo siento, no la encontré, pero le preguntamos a cualquier enfermera que te acompañe y ya está ¿Si?
-¡No, por favor, no le avise a nadie! – suplicó Teresa.
-Tranquila ¿Por qué no queres que le pregunte a alguna enfermera que te acompañe?
-No me quieren dejar entrar, no quieren por eso…
-Ta shshsh, ¡tranquila!... ¡Vení, entrá! – Benjamín se puso una bata de médico y le puso a ella una bata verde para entrar a las incubadoras.
-¿Sos médico? – preguntó ella.
-No, pero estoy estudiando para ser uno. Si me agarran me cuelgan, pero actuemos normalmente ¿si?
Ella se perdió mirando al niño que parecía estar durmiendo.
-Estoy estudiando para ser pediatra… ¿Qué te dijeron qué tenía el niño?
-Problemas mentales y respiratorios, pero no sé más.
-Cuando volvamos a tu habitación me gustaría ver tu tabla de evolución, tu tabla médica si no te molesta…
-¿Por… pensas que fue mi culpa?
-¡No! ¿Quién te quiere meter eso en la cabeza?
-Es que como… no lo quería tener… - su llanto se hizo más duradero y él decidió sacarla del cuarto y regresar a la habitación.
* -¡Descansa un poco! – dijo Benjamín tras ayudarla a recostarse.
Agarró la tabla y empezó a leer, no pudo evitar sentir espanto. Teresa que no había cerrado los ojos lo vio y le preguntó…
-¿Qué pasa?
-Nada ¡tranquila!... Mejor contame… porque dijiste que era tu culpa…
- Me violaron y de ahí nació… ¡ay no! no tiene nombre… - dijo comiéndose las uñas.
-Lo siento… no te preocupes… ¿Qué te parece Tomás? – dijo haciéndola pensar en otra cosa.
-¿Tomás? Es lindo, me gusta. ¡Sí, Tomás!
El chico siguió hablando con ella hasta que Teresa se quedó dormida.
Benjamín salió del cuarto en busca de su hermana y al encontrarla le empezó a hacer una serie de preguntas que la descolocaron y juntos buscaron a un médico de total confianza de Macarena y le hizo las mismas preguntas que a su hermana, Benjamín.
-Usted me está diciendo que cuando el paciente se encuentra en estado de embarazo no se le puede ni suministrar calmantes, ni anestesias bajo ninguna condición ¿verdad? – dijo el hombre alterado.
-Ya le dije que no, joven. Está estrictamente en contra de la salud del paciente, mire si a una embarazada le dieron calmantes y más si son tan fuertes como los que me acaba de nombrar… podrían ocasionarle un…
-¿Si… un qué? – insistió Benjamín.
-Podrían ocasionarle daños irreversibles a la criatura, desde mentales hasta respiratorios, enfermedades crónicas y un sinfín más de cosas, hasta para la madre mismo es peligroso, pero ¿Por qué tanta pregunta en base a éste tema? Ya le dije… sería como cometer un homicidio…
-¡Éste hospital acaba de cometerlo entonces! – dijo sin la menor vacilación.
-¿A qué se refiere? – preguntó preocupado el hombre.
-A que una mujer está llorando porque su hijo está en la incubadora con problemas mentales y respiratorios…
-Pero esos no son síntomas que se deben solamente a calmantes y anestesias… pero de ser de otro modo tendría que tener pruebas, joven.
-No me cree, es eso ¿No? – dijo Benjamín desafiante.
-Benja por favor – dijo Macarena agarrándolo del brazo.
-No es eso, pero para levantar una demanda contra el hospital se necesitan pruebas…
-¡Ahí los tiene! – dijo tirándole los papeles en la mesa, con la lista de todo lo que le habían suministrado a lo largo del embarazo a Teresa.
El médico leía y no podía creer lo que estaba leyendo. Dejó los papeles sobre la mesa y levantó el tubo del teléfono…
-Hola, llamo para levantar una demanda contra el Hospital Bellas Flores…
* Pasaron tres días desde la denuncia. Teresa se encontraba junto a Tomás mirándolo a través de un vidrio. Una enfermera gordita de rulos se le acercó y le puso una mano sobre l hombro…
-Lo siento, nena… Tu hijo está peor, te tenes que preparar para cualquier cosa…
-¿Cómo hace uno para prepararse para cualquier cosa?... ¿Me permite tocarlo?
-Pero… - El doctor que puso la demanda entró en la incubadora.
-¡Por supuesto! – dijo el hombre acercándose y mostrándole a Teresa por dónde podía meter la mano para tocar a su hijo.
-Perdoname chiquito por haberte odiado desde que supe de tu existencia en mí, no me juzgues por favor por el miedo que sentí… Ahora al verte así te juro que daría mi vida entera por que vos siguieras viviendo. ¡Tomás… por favor viví! – lloraba aferrada a la manito del niño.
-¿No quiere volver a su cuarto mejor? – preguntó casi susurrando.
-No… por favor déjeme acá con él – dijo sollozando.
-Está bien, mujer, tranquila… Podes quedarte todo el tiempo que desees – contestó.
Teresa estaba con los brazos metidos en la incubadora sintiendo cómo el pechito de su hijo aumentaba y disminuía. Se quedó dormida en un momento.
Benjamín entraba en la sala de incubadoras y se agachó para acariciarle la cabeza a Teresa, ésta despertó en seguida y se giró a mirar.
-Buenas… ¿Cómo sigue? – preguntó señalando al niño con la mirada. La muchacha agachó la cabeza con los ojos llenos de lágrimas - … ¡Acompañame a tomar un café, te hace mal estar sólo acá!
-¡No…! ¿Cuándo se van a dar cuenta de que lo que me hace mal es que me vivan queriendo alejar de él? – dijo como defendiéndose.
-No pretendo alejarte de él, Teresa… Creeme por favor. Acompañame ¿Sí?
Se resistió al principio, pero cedió ante la mirada de Benjamín.
* Estaban sentados tomando café y dos sándwiches…
-¿No te gusta en sanguche? – preguntó el joven.
-No es eso… - dijo con dolor en la mirada.
-Tomate el café al menos, Teresa por favor – La chica se tomó hasta la última gota de café y también se comió los dos sándwiches.
-¿Podemos volver ahora junto a Tomás por favor? – dijo suplicándole.
-Perdona mi estupidez, Teresa. No pretendí que estuvieras nerviosa mientras que comieras, pero… me di cuenta de que fui un egoísta y me siento un idiota al querer hacerte pasar acá el rato cuando de lejos se puede ver que tu mente está allá. Perdoname una vez más – pagó y la tomó del brazo guiándola al ascensor .
Al llegar fueron hasta la incubadora y vieron a varios médicos dentro de la sala. Benjamín le preguntó a una enfermera que salía de la sala qué había ocurrido y la respuesta hizo sumergir a Teresa en un mar de amargura.
-Teresa… está vivo, no se murió… - decía Benjamín.
-¡Todavía…! – lloraba sin consuelo.
Uno de los médicos se acercó a ella y le dijo si quería pasar al cuarto. Ella se levantó sin decir ninguna palabra y entró a la habitación, una enfermera le quería poner la bata para la visita y el hombre la apartó. Teresa seguía sus pasos hasta la cuna de Tomás y al llegar metió una mano para sentir al niño. Una mujer que estaba a cargo de vigilarlo la miró…
-¿Es usted la madre? – preguntó.
-¡Sí!
-Tengo que decirle que no hay ninguna esperanza, señora, lo siento profundamente. Siento que es mi deber decirle la verdad…
Teresa sin pensar operó intuitivamente y abrió la incubadora, le arrancó todos los cables del cuerpo al niño y lo agarró llevándoselo al pecho, oía los lentos latidos de su corazón y se convirtió en la mujer que nunca había conocido. Benjamín la miraba desde afuera y la vio completamente cambiada, parecía que le habían dado una inyección de fuerza.
Media hora más tarde Teresa sintió que el corazón se le había paralizado al niño y levantó la mano, Benjamín acudió en seguida y llamó al médico.
La muchacha dejó al niño en la cuna y se fue a su cuarto.
* Benjamín la siguió y vio como en el cuarto juntaba una bolsa con ropa…
-¿Qué haces, Tere? – preguntó sujetándole la mano.
-Me preparo para irme… Tengo que avisarle a…
-¡Teresa… se acaba de morir tu hijo! – dijo queriendo hacerla entrar en razón.
La muchacha cerró los ojos y se dio la vuelta, soltó un par de lágrimas y siguió empacando.
-Por amor a Dios, Teresa…
-Si queres que te vuelva a dirigir la palabra no me vuelvas a mencionar a ese hijo de la grandísima puta… ¿Es que te crees que no sé lo qué pasó… crees que perdí la razón? Gracias a mi desgracia tengo el recuerdo de cada puta cosa que me pasó en éste último tiempo, asique no vengas a darme noticias que conozco perfectamente por haberlas vivido, ¿ta?
-Perdón… ¿No queres verlo por última vez? – insistió Benjamín.
-Ya no es mi hijo lo que está en ese cuerpo… Prefiero quedarme acá.
-Está bien… te dejo sola entonces…
Era de noche ya cuando Teresa decidió cruzar el umbral de la puerta del hospital, llevaba su mochila y se cuidó de que nadie la viera salir.
Macarena entró a la habitación de la muchacha para ver cómo se encontraba y sólo encontró un papel “Macarena, Benjamín y doctor Gutiérrez… Gracias por… por haber estado. Perdonen si me voy sin despedirme, pero nunca fui buena para esas cosas, les dejo un abrazo, Chau”.
La chica corrió a la oficina del doctor Gutiérrez y golpeó entrando después.
* Los médicos implicados en el embarazo de Teresa fueron enjuiciados y tuvieron una condena de cuatro años, la enfermera cómo cómplice sólo dos años.
De Teresa no supe nunca más nada, el día que desapareció del hospital desapareció de mi vista también, pero por algo que no puedo explicar siento cómo se siente bien y en paz consigo misma. Sé que está bien y por fin se siente segura y tranquila.
No sé si lo soñé o qué, pero sé que está trabajando en un jardín de infantes como aprendiz.
FIN
* Ésta historia trata de cómo una jovencita volvió a creer en sí misma después de haber atravesado la peor experiencia de su existencia. Vivía confiada en la dulce felicidad que creía haber alcanzado, pero la vida por alguna extraña razón que desconozco se empeña en hacernos vivir los lados de la amargura y la congoja constante.
Se llama igual a su madre y es hija única. Ella la crió sola y con todas las angustias que tuvo que pasar por ser madre soltera en una sociedad en la que si tenes “un defecto” (según dice la gente) te machacan y te hacen imposible la vida dentro de lo posible.
A ésta altura ya se terminó su historia “su gran historia” por decirle de alguna manera. Acá no se termina aún, pero el futuro es incierto y me abstengo a hurgar en el. Ella era muy joven y muy ingenua. Esto sucedió hace unos años ya, fue un día en el que mantuvo una fuerte discusión con su madre, simplemente por pensar de otra manera y a esa manifestación le debe su desgracia.
Vivió cosas realmente duras y dolorosas, pero se sobrepuse a ellos. Creía que jamás sería capaz de lograr tal hazaña, pero no fue así.
Tuvo un pasado cómo todo el mundo, pero un pasado que la marcó muy hondo.
El nudo de esta historia se trenzó cuando se fue de su casa (como dije anteriormente), vagaba sin dirección por las calles, se sentía perdida y confundida. Un desgraciado abusó de ella y la tiró aturdida en un callejón oscuro.
De esa mezquina relación surgió un embarazo…
* -No, no lo voy a pensar otra vez ¡Quiero que arranquen a esto que llevo dentro! – decía con la mirada fría y distante, con los ojos llenos de un espanto imposible de explicar.
-Como tu médico no puedo aprobar tal deseo, Teresa… ¡Piénsalo otra vez! Ese niño no tiene la culpa de lo que te hizo ese desgraciado, es un ser inocente que te necesita, no le des la espalda! – contestó el hombre mirándola a los ojos.
-No me diga… Nadie se preocupó por mí como ser inocente y ahora le pide a una mujer con la mente perturbada que piense en brindarle una mano al fruto del hijo de puta que me destrozó – respondió ella a las palabras del médico.
-Pero Teresa… - insistió.
-Mire no vine para que me sermonee, sólo buscaba un poco de comprensión y pensé que usted era de mi confianza, pero veo que me equivoqué…
- ¡Teresa! Estás embarazada de cuatro meses ya y si estuviera de acuerdo con tu decisión no podría operarte de todos modos porque a esta altura implica un riesgo grande para la madre…
-Y qué me importa a mí si salgo viva, sólo quiero que haga que esto deje de crecer en mí y deje de provocarme asco de mí misma – dijo con una lágrima que le resbalaba por la mejilla.
* Teresa despertaba con el rayo del sol iluminándole las lumbares, se encontraba en la cama de un hospital. Se inclinó sobre la cama y se miró las muñecas, las vio vendadas y de repente se le vinieron todos los recuerdos de la noche anterior a la mente, se levantó de la cama y caminó hacia la puerta.
Un oficial la frenó al querer salir de la habitación sujetándola del brazo la llevó a la cama de nuevo, una enfermera oyó los gritos de la muchacha y acudió en seguida.
-¿Qué está pasando acá? – preguntó la mujer. Era una señora de unos treinta años.
-Ésta mujer quiere abandonar el hospital y me dieron órdenes de no permitirle la salida.
-Mire soldadito, aquí nadie va a tratar a una persona como lo está haciendo, asique ¡Suelte a esa muchacha! – dijo firmemente la mujer.
-Pero yo sólo acato órdenes de…
-Ahora las recibe de mí, asique ¡salga ya mismo de ésta habitación!
El hombre bajó la cabeza, soltó el brazo de Teresa y salió del cuarto. La enfermera la ayudó a volver a la cama y trataba de taparla.
-Niña por favor recuéstate, necesitas descanso en tu estado – dijo dulcemente.
-No, usted no entiende… ¡Tengo que irme de acá! – dijo desesperada.
-¿Es que te vas a ir por ahí sin tener un techo… y cómo protegerás a ese niño? Aprovecha que el gobierno se hará cargo de todos los gastos, mihjita. Tu hijo tendrá una buena bienvenida, no lo dudes…
-¡No… no! – se rascaba perturbada la frente.
-Niña… tranquila – la sujeto de los hombros y la apretó contra ella manteniéndose así un rato. La hamacaba en un abrazo y ella sin fuerzas ya se dejaba caer en un sueño.
* Pasó un mes y la muchacha estaba sentada junto a la ventana, mirando sin mirar y sintiendo cómo el viento le movía el pelo sin sentirlo. Se paró y caminó hacia el baño dónde se detuvo para observarse en el espejo, las lágrimas no paraban de emanar. Tenía tanta desilusión pintada en los ojos que era dañino mirarla.
Tiene ese aura que inspira abrazarla y querer protegerla de todo mal, tan frágil y quebrada al mismo tiempo.
Comía porque la obligaban a hacerlo y cuando no lo lograban la sedaban y le daban suero. Hacia ejercicio porque la enfermera se la llevaba cada mañana casi a rastras al jardín y dormía únicamente bajo sedantes. A pesar de su estado nadie se percató del daño que podrían estar causando al embarazo.
El día estaba nublado y la enfermera estaba agarrando a Teresa por la cintura, obligándola a caminar…
-Pero niña… Tienes que caminar, no le estás haciendo ningún bien a tu hijo… Por favor, Teresa… Hace un mes ya que estás aquí y nunca haces nada por ti misma.
-Igualmente no logré nada… - contestó con la mirada perdida
-¿Es que no quieres tener a tu niño? – preguntó la enfermera al ser la primera vez que la oyó hablar.
-Hasta que alguien lo entendió… - dijo sin mirarla.
-Niña no digas eso… ¿Cómo vas a pensar si quiera en algo así? Un niño es un regalo que Dios te ha concedido…
-¡Qué benevolente que es el hijo de puta!
-¡Teresa… !
-¿Por qué se escandaliza si estoy diciendo la verdad… no me quería oír hablar, no trataba todo éste tiempo de sacarme algún sonido de la boca? Bueno… a quién todos los cristianos le estuvieron predicando y alabando era el Diablo en verdad, Dios sólo es un pobre estúpido que no sabe ni atarse los cordones… Ahora hablo y tampoco le gusta…
-¡Ay por Dios, hija!
-Por Dios, no! Por el Diablo – dijo con los ojos rojos.
-¡Cállate… Ramón… Ramón ven inmediatamente!
Un hombre de seguridad se acercó a la enfermera y tras las órdenes que recibió se llevó a Teresa que seguía gritándole cosas a la mujer.
* El hombre entraba en la habitación de Teresa con ella en los brazos, porque en el pasillo la muchacha se había desmayado. La dejó sobre la cama y le retiró el pelo de la cara. Agarró un paño y mojándolo en un tacho con agua tibia se lo pasó por la frente, suavemente la chica recobró el sentido y miró a su alrededor…
-Ramón… ¿Qué pasó? – preguntó bajito. Era con el único con quién hablaba.
-Te me desmayaste en el corredor cuando la señora Consuelo me ordenó traerte a tu habitación… No me gusta esa mujer, nena.
-Ni a mí… ¿Te puedo pedir un favor, Ramón?
-Lo que quieras, sabes que te quiero.
-No, Ramón… no por favor…
-Perdón, señorita – dijo bajando la cabeza.
-No me tenes que pedir perdón, es que… No me siento capaz de algo así, entendeme por favor… - dijo con los ojos llenos de lágrimas.
-Pero yo no seré como ese cobarde que te abandonó, Teresa, jamás sería capaz de algo así.
-¿Abandonó… por qué dijiste abandonó? – preguntó de repente.
-Es lo que dice la señora Consuelo y los médicos… - la chica se agarró la frente reprimiendo un grito - … ¿Estás bien, Teresa?
Entre lágrimas y sollozo la muchacha le contó cómo llegó a quedar embarazada.
* A los meses llegó el día en que Teresa diera a luz.
El parto se complicó, pero después salió todo dentro de lo planeado.
El médico puso al niño junto a Teresa en la cama, pero ella se fue bien al lado opuesto de la cama y ni le regalaba una mirada al bebé. La enfermera se acercó.
-Teresa ¡es tu hijo! ¿Es que no lo vas a mirar? – quiso decir algo más, pero el médico la agarró del brazo sacándola del cuarto para dejarla a solas con el recién nacido.
El niño lloraba con toda la fuerza de sus pulmones, aunque la chica se resistía a evitarlo cedió finalmente ante la tentación y echó un vistazo a su lado, el niño continuaba gritando y ella para callarlo le toco la mejilla suavemente de repente se oyó un silencio, pero inmediatamente volvió a llorar con todas sus fuerzas. Teresa notaba que algo dentro de ella crecía, se sentía atraída por aquel niño y ya no pudo evitarlo más, era algo más fuerte a su voluntad.
El niño de repente detuvo el llanto y acudieron varios médicos en seguida a ver qué ocurría. El parto se complicó de manera que el cordón umbilical le rodeo el cuello al bebé lo cual provocó daños mentales y de respiración.
Se lo quitaron de al lado y lo metieron en una incubadora…
-Consuelo ¿Crees que me dejen ver a mi hijo nuevamente? – preguntó la mujer afligida.
-Yo no te entiendo, hija. Primero no lo quieres y ahora de repente cambias de opinión.
-Es que… - se dio la vuelta en la cama para evitar ver a la enfermera. Se sentía sola y abandonada a su suerte y nada podía evitar que pensara en su hijo.
* Las horas pasaban y no le decían nada, en un momento no resistió más y se durmió profundamente. Al despertar nuevamente tres horas más tarde preguntó por su hijo y la enfermera Consuelo le dijo que estaba muy delicado y que no tenían ninguna esperanza.
-¡Quiero verlo, Consuelo! – dijo llorando.
-Es mejor que no molestes ahora a los médicos están haciendo lo que pueden para salvarle la vida – contestó sin la menor preocupación.
-Consuelo por favor…
-Está bien. ¡Ponte la bata! – la agarró con desgano del brazo y la llevó hasta el cuarto de las incubadoras.
-¿No puedo entrar? – preguntó apoyada en el vidrio.
-¡No! ¡Está prohibida la entrada a todo el que no sea médico o enfermera. Míralo por aquí, es aquel de la izquierda… Vuelvo en quince minutos! – dijo y se dio la vuelta.
Ramón la vio junto a las incubadoras y se acercó a ella maravillándose de verla más delgada, porque no se había enterado de que dio a luz.
-¿Qué haces acá, Teresa?
-¿No es hermoso, Ramón?... – preguntó con las lágrimas secas - … El chiquito que está junto a la ventana… ¡Es mi hijo, Ramón, mi hijo!
-Es muy lindo, ¡sí!... ¿Y… - dijo queriendo preguntarle algo.
-Está grave, no me dejan estar con él … Dicen que sólo médicos y enfermeras pueden entrar…
-Nada de eso… yo siempre veo como entran padres, cuñados, amigos de la familia del bebé, cualquiera entra acá. Siempre y cuando entres con un enfermero o médico.
-¿Estás seguro? – preguntó ella ilusionada.
El hombre desapareció y volvió con una muchacha vestida de enfermera.
-Teresa, ella es Macarena, es enfermera como ves y dice que no tiene problemas con que entres a ver a tu hijo, ella te acompaña.
-¿En serio? – preguntó emocionada.
-Claro, vení… Sólo te tenes que poner ésta bata, un gorro y ésta mascarita… Es que está delicado y no lo queremos exponer a ningún peligro – dijo la chica.
Al entrar se sentó junto a la incubadora y acercó su rostro al niño.
* -Lo que no entiendo es cómo Consuelo te dijo que no podías venir a ver a tu hijo… ¿Te sentís mal? – preguntó la chica confusa.
-¡No! Sólo quería venir a verlo, pero me negó hacerlo – dijo abrazada a la pecera.
-No lo entiendo la verdad… Bueno sin darme cuenta ya pasó media hora, mejor volvemos a tu habitación ¿Si? Tenes que descansar, Teresa.
-Sólo un poquito más por favor – pidió afligida.
-Está bien – se alejó un poco para que se sintiera estar más en intimidad con el niño.
Pasaron veinte minutos y la muchacho volvió a acercarse a Teresa, le tocó el hombro y le dijo dulcemente que ahora ya tenía que retirarse. La mujer se levantó mirando al niño y cada paso le pesaba más que el anterior.
Al llegar casi a su habitación un hombre casi la tira al piso, venía corriendo y sin querer la empujó a un lado…
-Perdone… ¡Qué animal! ¿Está bien? – preguntó atolondrado el joven.
-¡Benjamín! Por dio… no cambias más y después queres ser médico… Teresa, él es mi hermano – dijo Macarena ayudando a la chica a arreglarse tras haber sido “atropellada” por Benjamín.
-Hola, Teresa, perdóname por lo de recién…
-No pasa nada – dijo bajando la cabeza. El chico quedó fascinado con su mirada.
-¿Teresa…? – Macarena le hizo una señal al hermano para que se callara - … Nos vemos en otra oportunidad entonces, fue un gusto. Adiós – dijo viendo como se iba con la hermana.
* A la mañana siguiente, Teresa abandonó su habitación para toparse otra vez con Benjamín…
-Parece que está en nuestro destino chocarnos – dijo queriendo provocar la risa en su labios - … Teresa, soy Benjamín, nos conocimos ayer ¿Te acordás?
-Creo que sí, pero tengo que ir a…
-¿A dónde… A tomar un café? ¡Te invito! – dijo risueño.
-¡No!… Tengo que ir a ver a mi hijo – contestó aturdida.
-Ah… tenes un hijo eh…
-Sí y está en la incubadora grave… por eso me tengo que ir…
-¡Pará! Tenes que entrar con un médico… voy a buscar a mi hermana, espera un poco.
A los cinco minutos volvió sólo…
-Lo siento, no la encontré, pero le preguntamos a cualquier enfermera que te acompañe y ya está ¿Si?
-¡No, por favor, no le avise a nadie! – suplicó Teresa.
-Tranquila ¿Por qué no queres que le pregunte a alguna enfermera que te acompañe?
-No me quieren dejar entrar, no quieren por eso…
-Ta shshsh, ¡tranquila!... ¡Vení, entrá! – Benjamín se puso una bata de médico y le puso a ella una bata verde para entrar a las incubadoras.
-¿Sos médico? – preguntó ella.
-No, pero estoy estudiando para ser uno. Si me agarran me cuelgan, pero actuemos normalmente ¿si?
Ella se perdió mirando al niño que parecía estar durmiendo.
-Estoy estudiando para ser pediatra… ¿Qué te dijeron qué tenía el niño?
-Problemas mentales y respiratorios, pero no sé más.
-Cuando volvamos a tu habitación me gustaría ver tu tabla de evolución, tu tabla médica si no te molesta…
-¿Por… pensas que fue mi culpa?
-¡No! ¿Quién te quiere meter eso en la cabeza?
-Es que como… no lo quería tener… - su llanto se hizo más duradero y él decidió sacarla del cuarto y regresar a la habitación.
* -¡Descansa un poco! – dijo Benjamín tras ayudarla a recostarse.
Agarró la tabla y empezó a leer, no pudo evitar sentir espanto. Teresa que no había cerrado los ojos lo vio y le preguntó…
-¿Qué pasa?
-Nada ¡tranquila!... Mejor contame… porque dijiste que era tu culpa…
- Me violaron y de ahí nació… ¡ay no! no tiene nombre… - dijo comiéndose las uñas.
-Lo siento… no te preocupes… ¿Qué te parece Tomás? – dijo haciéndola pensar en otra cosa.
-¿Tomás? Es lindo, me gusta. ¡Sí, Tomás!
El chico siguió hablando con ella hasta que Teresa se quedó dormida.
Benjamín salió del cuarto en busca de su hermana y al encontrarla le empezó a hacer una serie de preguntas que la descolocaron y juntos buscaron a un médico de total confianza de Macarena y le hizo las mismas preguntas que a su hermana, Benjamín.
-Usted me está diciendo que cuando el paciente se encuentra en estado de embarazo no se le puede ni suministrar calmantes, ni anestesias bajo ninguna condición ¿verdad? – dijo el hombre alterado.
-Ya le dije que no, joven. Está estrictamente en contra de la salud del paciente, mire si a una embarazada le dieron calmantes y más si son tan fuertes como los que me acaba de nombrar… podrían ocasionarle un…
-¿Si… un qué? – insistió Benjamín.
-Podrían ocasionarle daños irreversibles a la criatura, desde mentales hasta respiratorios, enfermedades crónicas y un sinfín más de cosas, hasta para la madre mismo es peligroso, pero ¿Por qué tanta pregunta en base a éste tema? Ya le dije… sería como cometer un homicidio…
-¡Éste hospital acaba de cometerlo entonces! – dijo sin la menor vacilación.
-¿A qué se refiere? – preguntó preocupado el hombre.
-A que una mujer está llorando porque su hijo está en la incubadora con problemas mentales y respiratorios…
-Pero esos no son síntomas que se deben solamente a calmantes y anestesias… pero de ser de otro modo tendría que tener pruebas, joven.
-No me cree, es eso ¿No? – dijo Benjamín desafiante.
-Benja por favor – dijo Macarena agarrándolo del brazo.
-No es eso, pero para levantar una demanda contra el hospital se necesitan pruebas…
-¡Ahí los tiene! – dijo tirándole los papeles en la mesa, con la lista de todo lo que le habían suministrado a lo largo del embarazo a Teresa.
El médico leía y no podía creer lo que estaba leyendo. Dejó los papeles sobre la mesa y levantó el tubo del teléfono…
-Hola, llamo para levantar una demanda contra el Hospital Bellas Flores…
* Pasaron tres días desde la denuncia. Teresa se encontraba junto a Tomás mirándolo a través de un vidrio. Una enfermera gordita de rulos se le acercó y le puso una mano sobre l hombro…
-Lo siento, nena… Tu hijo está peor, te tenes que preparar para cualquier cosa…
-¿Cómo hace uno para prepararse para cualquier cosa?... ¿Me permite tocarlo?
-Pero… - El doctor que puso la demanda entró en la incubadora.
-¡Por supuesto! – dijo el hombre acercándose y mostrándole a Teresa por dónde podía meter la mano para tocar a su hijo.
-Perdoname chiquito por haberte odiado desde que supe de tu existencia en mí, no me juzgues por favor por el miedo que sentí… Ahora al verte así te juro que daría mi vida entera por que vos siguieras viviendo. ¡Tomás… por favor viví! – lloraba aferrada a la manito del niño.
-¿No quiere volver a su cuarto mejor? – preguntó casi susurrando.
-No… por favor déjeme acá con él – dijo sollozando.
-Está bien, mujer, tranquila… Podes quedarte todo el tiempo que desees – contestó.
Teresa estaba con los brazos metidos en la incubadora sintiendo cómo el pechito de su hijo aumentaba y disminuía. Se quedó dormida en un momento.
Benjamín entraba en la sala de incubadoras y se agachó para acariciarle la cabeza a Teresa, ésta despertó en seguida y se giró a mirar.
-Buenas… ¿Cómo sigue? – preguntó señalando al niño con la mirada. La muchacha agachó la cabeza con los ojos llenos de lágrimas - … ¡Acompañame a tomar un café, te hace mal estar sólo acá!
-¡No…! ¿Cuándo se van a dar cuenta de que lo que me hace mal es que me vivan queriendo alejar de él? – dijo como defendiéndose.
-No pretendo alejarte de él, Teresa… Creeme por favor. Acompañame ¿Sí?
Se resistió al principio, pero cedió ante la mirada de Benjamín.
* Estaban sentados tomando café y dos sándwiches…
-¿No te gusta en sanguche? – preguntó el joven.
-No es eso… - dijo con dolor en la mirada.
-Tomate el café al menos, Teresa por favor – La chica se tomó hasta la última gota de café y también se comió los dos sándwiches.
-¿Podemos volver ahora junto a Tomás por favor? – dijo suplicándole.
-Perdona mi estupidez, Teresa. No pretendí que estuvieras nerviosa mientras que comieras, pero… me di cuenta de que fui un egoísta y me siento un idiota al querer hacerte pasar acá el rato cuando de lejos se puede ver que tu mente está allá. Perdoname una vez más – pagó y la tomó del brazo guiándola al ascensor .
Al llegar fueron hasta la incubadora y vieron a varios médicos dentro de la sala. Benjamín le preguntó a una enfermera que salía de la sala qué había ocurrido y la respuesta hizo sumergir a Teresa en un mar de amargura.
-Teresa… está vivo, no se murió… - decía Benjamín.
-¡Todavía…! – lloraba sin consuelo.
Uno de los médicos se acercó a ella y le dijo si quería pasar al cuarto. Ella se levantó sin decir ninguna palabra y entró a la habitación, una enfermera le quería poner la bata para la visita y el hombre la apartó. Teresa seguía sus pasos hasta la cuna de Tomás y al llegar metió una mano para sentir al niño. Una mujer que estaba a cargo de vigilarlo la miró…
-¿Es usted la madre? – preguntó.
-¡Sí!
-Tengo que decirle que no hay ninguna esperanza, señora, lo siento profundamente. Siento que es mi deber decirle la verdad…
Teresa sin pensar operó intuitivamente y abrió la incubadora, le arrancó todos los cables del cuerpo al niño y lo agarró llevándoselo al pecho, oía los lentos latidos de su corazón y se convirtió en la mujer que nunca había conocido. Benjamín la miraba desde afuera y la vio completamente cambiada, parecía que le habían dado una inyección de fuerza.
Media hora más tarde Teresa sintió que el corazón se le había paralizado al niño y levantó la mano, Benjamín acudió en seguida y llamó al médico.
La muchacha dejó al niño en la cuna y se fue a su cuarto.
* Benjamín la siguió y vio como en el cuarto juntaba una bolsa con ropa…
-¿Qué haces, Tere? – preguntó sujetándole la mano.
-Me preparo para irme… Tengo que avisarle a…
-¡Teresa… se acaba de morir tu hijo! – dijo queriendo hacerla entrar en razón.
La muchacha cerró los ojos y se dio la vuelta, soltó un par de lágrimas y siguió empacando.
-Por amor a Dios, Teresa…
-Si queres que te vuelva a dirigir la palabra no me vuelvas a mencionar a ese hijo de la grandísima puta… ¿Es que te crees que no sé lo qué pasó… crees que perdí la razón? Gracias a mi desgracia tengo el recuerdo de cada puta cosa que me pasó en éste último tiempo, asique no vengas a darme noticias que conozco perfectamente por haberlas vivido, ¿ta?
-Perdón… ¿No queres verlo por última vez? – insistió Benjamín.
-Ya no es mi hijo lo que está en ese cuerpo… Prefiero quedarme acá.
-Está bien… te dejo sola entonces…
Era de noche ya cuando Teresa decidió cruzar el umbral de la puerta del hospital, llevaba su mochila y se cuidó de que nadie la viera salir.
Macarena entró a la habitación de la muchacha para ver cómo se encontraba y sólo encontró un papel “Macarena, Benjamín y doctor Gutiérrez… Gracias por… por haber estado. Perdonen si me voy sin despedirme, pero nunca fui buena para esas cosas, les dejo un abrazo, Chau”.
La chica corrió a la oficina del doctor Gutiérrez y golpeó entrando después.
* Los médicos implicados en el embarazo de Teresa fueron enjuiciados y tuvieron una condena de cuatro años, la enfermera cómo cómplice sólo dos años.
De Teresa no supe nunca más nada, el día que desapareció del hospital desapareció de mi vista también, pero por algo que no puedo explicar siento cómo se siente bien y en paz consigo misma. Sé que está bien y por fin se siente segura y tranquila.
No sé si lo soñé o qué, pero sé que está trabajando en un jardín de infantes como aprendiz.
FIN
domingo, 29 de junio de 2008
Experiencias que te dejan con la boca abierta (de cita en cita)
Junio 2008
A pedido de un buen amigo que tengo voy a contar un episodio que le sigue a uno de mis últimos cuentos. Si usted no ha leído “NUNCA tuve que bajar la cabeza” es imposible que entienda del todo el relato que le presento a continuación.
Hoy es 23 de Junio, fecha que le dieron a mi hermana (¡Sí, tengo una hermana cuatro años menor que yo!) de la Consejería de empleo para acudir a una cita.
A las 13:15hs salimos camino a la Consejería de empleo. Yo iba sólo a acompañarla porque la última vez que había ido quedaron en llamarme ¿Se acuerdan? Finalmente así lo hicieron y me dieron fecha para hoy mismo (junto con la cita de mi hermana).
Resulta que más tarde vuelven a llamarme para hacer un cambio de fecha porque según la mujer que me hablaba se le hacía “imposible” atenderme ese día. Entonces recurriendo a mí sentido común respiré profundamente y oí la nueva cita que me daban.
¡Tengo fecha para el 3 de Julio!
Bueno … retorno a mi relato … Acompañé a mi hermana al establecimiento y me quedé esperándola mientras veía que se iba al fondo del lugar siendo atendida por una mujer cual apariencia no quiero dar por escrito, no sea cosa que después me haga una denuncia por contar verdades.
El día estaba demasiado pesado, el sol rajaba la tierra al igual que ahora mismo que escribo éstas líneas. La única brisa que había era la que entraba por la puerta de entrada, por lo tanto decidí permanecer junto a ella y ahí me quedé fácil … cuarenta minutos parada.
La traspiración se apodera de mí por más que de sólo un paso bajo el sol y ahí estaba yo … con un pañuelo secándome la traspiración de la frente y de debajo de los ojos, también me pasaba el pañuelo por la nuca y sentía cómo una gotita de agua bailaba en mi espalda hasta caer a un lado oscuro del cual jamás retornó.
En un momento veo que se me acerca una muchacha que me agarra del brazo y acercándose a mí rostro me comentó: -“ Me ha bajado la regla ¿se me nota?”, dio dos pasitos hacía adelante sacando cola mirándome con insistencia. Yo tratando disimuladamente de “disimular” miré y le sacudí la cabeza informándole de que no se notaba nada, ella se alejó con una sonrisa agradeciendo.
El tiempo seguía transcurriendo y ya el calor era menor, como estaba relajada con la brisita que me golpeaba la cara esperaba pacientemente.
Cuando de repente veo lo que más detesto en ésta vida … Primero me alejé y cuando estaba lo suficientemente lejos me paralicé. ¡Sí, señores … era una cucaracha de un tamaño descabellado! Fue horrible ver bajar eso por el marco de la puerta. Igualmente logré calmarme y aproveché para sentarme un rato en una silla que estaba apartada de la puerta.
Imagínense una película de terror … yo estaba sentada y de repente la vuelvo a ver (a la cucaracha) y la hija de puta apuntaba hacia mí con pánico recogí las piernas, pero la guacha encaro derecho hacia donde yo estaba y al acercarse levanté las patas (de manera que parecía estar en un esquech de Gasalla) y pasó de largo … en ese momento bajé las piernas y salí de ahí como si tuviese un cuete en el tuje y me fui nuevamente a la puerta.
Ya perseguida por aquel suceso miraba de reojo que no estuviera cerca de mí y aprovechando el estar parada nuevamente me acerqué a la mesa en dónde habían atendido a mi hermana y preguntó por ella. La mujer me contestó que la había atendido otra colega.
Volví hacia adelante y ¿qué creen? … Otra más entraba corriendo carreras de fórmula uno por la puerta, en ese entonces pensé que era el acabose. Yo seguía mirando a todos lados cuando veo que de repente los empleados que estaban en “Información” se empiezan a escandalizar y deduje que se habían encontrado con mi amiga. Observaba cómo movían los muebles para descubrirla, pero no dieron con ella.
Yo seguía dando vueltas esperando noticias de mi hermana, pero parecía que la mina que la entrevistaba se había echado a dormir la siesta (tan querida en España).
El calor aplastante continuaba hostigando el ambiente y yo veía gente entrar y salir del local. De repente mis ojos vuelven a ver a la bestia y se la señalé a uno de los empleados que se levantó y fue hacía ella, yo como se podrán imaginar me fui a la otra punta del local y me senté observando desde ahí. El hombre decía –“Que conste que es un animalito de Dios” se agachó un poco y tras un supuesto ZPLASCH! La recogió con una revista y la tiró a la basura, se dio la vuelta y volviendo a su asiento dice –“ Tenía cara de buena persona” y yo para mis adentros trataba de encontrar la paz.
Al rato veo que mi hermana me llama con la mano y me acerqué a ella, salimos por otra puerta (de un costado del edificio) y al dar la vuelta vemos la cortina bajada de la entrada de la Consejería de empleo … Se ve que no querían que entraran más bestias al lugar.
Caminando de vuelta agarrada del brazo de mi hermana me empezó a contar qué le dijeron ¿Y saben qué me contó? Les doy tres oportunidades para adivinar …
¡Exacto! Le dieron cita para el 3 de Julio. Mismo día en que me dieron fecha a mí … veremos qué sucede, pero no duden de que cuando ese día llegue no les tenga otra anécdota cómo esta que acaban de leer.
FIN.
A pedido de un buen amigo que tengo voy a contar un episodio que le sigue a uno de mis últimos cuentos. Si usted no ha leído “NUNCA tuve que bajar la cabeza” es imposible que entienda del todo el relato que le presento a continuación.
Hoy es 23 de Junio, fecha que le dieron a mi hermana (¡Sí, tengo una hermana cuatro años menor que yo!) de la Consejería de empleo para acudir a una cita.
A las 13:15hs salimos camino a la Consejería de empleo. Yo iba sólo a acompañarla porque la última vez que había ido quedaron en llamarme ¿Se acuerdan? Finalmente así lo hicieron y me dieron fecha para hoy mismo (junto con la cita de mi hermana).
Resulta que más tarde vuelven a llamarme para hacer un cambio de fecha porque según la mujer que me hablaba se le hacía “imposible” atenderme ese día. Entonces recurriendo a mí sentido común respiré profundamente y oí la nueva cita que me daban.
¡Tengo fecha para el 3 de Julio!
Bueno … retorno a mi relato … Acompañé a mi hermana al establecimiento y me quedé esperándola mientras veía que se iba al fondo del lugar siendo atendida por una mujer cual apariencia no quiero dar por escrito, no sea cosa que después me haga una denuncia por contar verdades.
El día estaba demasiado pesado, el sol rajaba la tierra al igual que ahora mismo que escribo éstas líneas. La única brisa que había era la que entraba por la puerta de entrada, por lo tanto decidí permanecer junto a ella y ahí me quedé fácil … cuarenta minutos parada.
La traspiración se apodera de mí por más que de sólo un paso bajo el sol y ahí estaba yo … con un pañuelo secándome la traspiración de la frente y de debajo de los ojos, también me pasaba el pañuelo por la nuca y sentía cómo una gotita de agua bailaba en mi espalda hasta caer a un lado oscuro del cual jamás retornó.
En un momento veo que se me acerca una muchacha que me agarra del brazo y acercándose a mí rostro me comentó: -“ Me ha bajado la regla ¿se me nota?”, dio dos pasitos hacía adelante sacando cola mirándome con insistencia. Yo tratando disimuladamente de “disimular” miré y le sacudí la cabeza informándole de que no se notaba nada, ella se alejó con una sonrisa agradeciendo.
El tiempo seguía transcurriendo y ya el calor era menor, como estaba relajada con la brisita que me golpeaba la cara esperaba pacientemente.
Cuando de repente veo lo que más detesto en ésta vida … Primero me alejé y cuando estaba lo suficientemente lejos me paralicé. ¡Sí, señores … era una cucaracha de un tamaño descabellado! Fue horrible ver bajar eso por el marco de la puerta. Igualmente logré calmarme y aproveché para sentarme un rato en una silla que estaba apartada de la puerta.
Imagínense una película de terror … yo estaba sentada y de repente la vuelvo a ver (a la cucaracha) y la hija de puta apuntaba hacia mí con pánico recogí las piernas, pero la guacha encaro derecho hacia donde yo estaba y al acercarse levanté las patas (de manera que parecía estar en un esquech de Gasalla) y pasó de largo … en ese momento bajé las piernas y salí de ahí como si tuviese un cuete en el tuje y me fui nuevamente a la puerta.
Ya perseguida por aquel suceso miraba de reojo que no estuviera cerca de mí y aprovechando el estar parada nuevamente me acerqué a la mesa en dónde habían atendido a mi hermana y preguntó por ella. La mujer me contestó que la había atendido otra colega.
Volví hacia adelante y ¿qué creen? … Otra más entraba corriendo carreras de fórmula uno por la puerta, en ese entonces pensé que era el acabose. Yo seguía mirando a todos lados cuando veo que de repente los empleados que estaban en “Información” se empiezan a escandalizar y deduje que se habían encontrado con mi amiga. Observaba cómo movían los muebles para descubrirla, pero no dieron con ella.
Yo seguía dando vueltas esperando noticias de mi hermana, pero parecía que la mina que la entrevistaba se había echado a dormir la siesta (tan querida en España).
El calor aplastante continuaba hostigando el ambiente y yo veía gente entrar y salir del local. De repente mis ojos vuelven a ver a la bestia y se la señalé a uno de los empleados que se levantó y fue hacía ella, yo como se podrán imaginar me fui a la otra punta del local y me senté observando desde ahí. El hombre decía –“Que conste que es un animalito de Dios” se agachó un poco y tras un supuesto ZPLASCH! La recogió con una revista y la tiró a la basura, se dio la vuelta y volviendo a su asiento dice –“ Tenía cara de buena persona” y yo para mis adentros trataba de encontrar la paz.
Al rato veo que mi hermana me llama con la mano y me acerqué a ella, salimos por otra puerta (de un costado del edificio) y al dar la vuelta vemos la cortina bajada de la entrada de la Consejería de empleo … Se ve que no querían que entraran más bestias al lugar.
Caminando de vuelta agarrada del brazo de mi hermana me empezó a contar qué le dijeron ¿Y saben qué me contó? Les doy tres oportunidades para adivinar …
¡Exacto! Le dieron cita para el 3 de Julio. Mismo día en que me dieron fecha a mí … veremos qué sucede, pero no duden de que cuando ese día llegue no les tenga otra anécdota cómo esta que acaban de leer.
FIN.
NUNCA tuve que bajar la cabeza
Junio 2008
A lo largo de estos años aprendí que es la gente que tanto desprecio la que me hizo ser quién soy hoy en día. Déjenme explicarles …
Hay tanto ciudadano “perdido” (como me gusta llamarlos) a mi alrededor … Gente que está más interesada en entablar una conversación telefónica que una directa. Gente que se pierde si la computadora no le acepta los datos que ingresa y basa su vida en ella. Gente que prefiere decorar la fachada en vez de hacer renovaciones del interior. Gente que aprende día a día a desaprender. Gente que se cultiva en la ignorancia. Gente que cree que tener una “supuesta estabilidad” significa tener una vida equilibrada. Gente que cree que un beso entre hombres es igual a la homosexualidad y desarrollan lo que se llama homofobia, a pesar de que ellos no lo vean de la misma manera. Gente que cree que el secreto es la frialdad. Gente que juzga sin conocer. Gente que mira de reojo a quién no tiene la misma apariencia. Gente que se preocupa más en tener cada día más y más a su alrededor que almacenar riquezas en su interior. Gente que se olvida de ser gente.
Yo considero para mí misma que no soy así y jamás quiero llegar a serlo.
Para explicarles más o menos mi estado de ánimo les voy a contar una historia que me sucedió hace unos días atrás.
Yo fui a la “Consejería de empleo” para que me orientaran y el chabón que me atendió se pasó media hora ingresando mis datos a la máquina (computadora) y tras ese tiempo de espera me da un papel impreso y me dice que el día 10 tengo una cita para volver y hablar con quién me asesoraría. Agradecí y me volví a casa. El día 10 llegó y me dispuse a ir de nuevo a aquel lugar en el que había solicitado una cita. Al llegar tuve que esperar unos minutos, luego me atendió un hombre muy amable y tras otra media hora de ingresar mis datos a la máquina y responderme una serie de preguntas que le hice me respondió que me estaba rellenando un papel para darme una cita con quién me podría asesorar.
Así que nuevamente me encontraba ante un papel en el que me daban otra cita, bueno … respiré hondo y me lo tomé con calma. A todo esto la muchacha que me daría fecha y hora para la cita no se encontraba en su puesto por lo cual me volví a casa a esperar su llamado.
Y bueno … acá estoy desde entonces.
La incompetencia de la gente cada vez es peor. Eso es algo que tengo bien metido en la cabeza y me gusta ir por la vida creyendo firmemente en eso, porque es la única manera de no salir lastimado. Es bárbaro si una persona te demuestra lo contrario, pero uno ya va amortiguado y no salta directamente dentro de un abismo.
A todo esto hay varias cosas que hoy entiendo, pero me hubiera gustado enterarme de ellas como ficción y no como una realidad que se vive día a día. Es tremendamente hiriente (para mí) ver cómo nos destruimos al destruir al único hogar que tenemos, pero para el ser humano el egoísmo es su mejor amigo. ¿Qué importa que pase después? ¡A mí no me va a afectar! Y cosas similares dicen la “gente”.
¿Qué pasa con todos esos niños que se están muriendo de hambre, mientras que un país planea una invasión bélica por cuestiones de dinero? ¿Qué pasa con las miles de especias que exterminamos día a día a día por el mísero interés de la codicia? Es tan sencillo de explicar, pero tan dañino que nos estruje el corazón.
Hay gente que se derrumbe ante el menor roce y muchas veces se ignoran las ganas que esa gente tiene de morir sin sincerarse ante el enorme miedo que sienten de experimentar la vida simplemente por no conocerla. Hay tanto dolor sobre el planeta que parece que no nos basta con sentirlo solamente nosotros, NO tenemos que hacer que todo el mundo lo sienta por igual.
¿Cómo es posible que a un buen hombre se de la espalda y a un graduado se le brinde una sonrisa? ¿Cómo es posible que siendo seres “inteligentes” seamos tan calculadores? ¿Cómo es posible que la desgracia ajena nos cause placer? ¿Cómo es que llegamos a perdernos de ésta manera? ¿Tanto es el poder del billete? … ¡Sí, lo es!.
Éstas son tan sólo algunas de las diferencias que siento poseer en cuanto a ésta sociedad que se sumerge cada día más en un consumismo que parece no tener vuelta atrás.
Soy feliz de ser quién soy y me enorgullece haber podido extender mi cuello cual tortuga para sacar la cabeza de toda la mierda que invade al mundo.
FIN.
A lo largo de estos años aprendí que es la gente que tanto desprecio la que me hizo ser quién soy hoy en día. Déjenme explicarles …
Hay tanto ciudadano “perdido” (como me gusta llamarlos) a mi alrededor … Gente que está más interesada en entablar una conversación telefónica que una directa. Gente que se pierde si la computadora no le acepta los datos que ingresa y basa su vida en ella. Gente que prefiere decorar la fachada en vez de hacer renovaciones del interior. Gente que aprende día a día a desaprender. Gente que se cultiva en la ignorancia. Gente que cree que tener una “supuesta estabilidad” significa tener una vida equilibrada. Gente que cree que un beso entre hombres es igual a la homosexualidad y desarrollan lo que se llama homofobia, a pesar de que ellos no lo vean de la misma manera. Gente que cree que el secreto es la frialdad. Gente que juzga sin conocer. Gente que mira de reojo a quién no tiene la misma apariencia. Gente que se preocupa más en tener cada día más y más a su alrededor que almacenar riquezas en su interior. Gente que se olvida de ser gente.
Yo considero para mí misma que no soy así y jamás quiero llegar a serlo.
Para explicarles más o menos mi estado de ánimo les voy a contar una historia que me sucedió hace unos días atrás.
Yo fui a la “Consejería de empleo” para que me orientaran y el chabón que me atendió se pasó media hora ingresando mis datos a la máquina (computadora) y tras ese tiempo de espera me da un papel impreso y me dice que el día 10 tengo una cita para volver y hablar con quién me asesoraría. Agradecí y me volví a casa. El día 10 llegó y me dispuse a ir de nuevo a aquel lugar en el que había solicitado una cita. Al llegar tuve que esperar unos minutos, luego me atendió un hombre muy amable y tras otra media hora de ingresar mis datos a la máquina y responderme una serie de preguntas que le hice me respondió que me estaba rellenando un papel para darme una cita con quién me podría asesorar.
Así que nuevamente me encontraba ante un papel en el que me daban otra cita, bueno … respiré hondo y me lo tomé con calma. A todo esto la muchacha que me daría fecha y hora para la cita no se encontraba en su puesto por lo cual me volví a casa a esperar su llamado.
Y bueno … acá estoy desde entonces.
La incompetencia de la gente cada vez es peor. Eso es algo que tengo bien metido en la cabeza y me gusta ir por la vida creyendo firmemente en eso, porque es la única manera de no salir lastimado. Es bárbaro si una persona te demuestra lo contrario, pero uno ya va amortiguado y no salta directamente dentro de un abismo.
A todo esto hay varias cosas que hoy entiendo, pero me hubiera gustado enterarme de ellas como ficción y no como una realidad que se vive día a día. Es tremendamente hiriente (para mí) ver cómo nos destruimos al destruir al único hogar que tenemos, pero para el ser humano el egoísmo es su mejor amigo. ¿Qué importa que pase después? ¡A mí no me va a afectar! Y cosas similares dicen la “gente”.
¿Qué pasa con todos esos niños que se están muriendo de hambre, mientras que un país planea una invasión bélica por cuestiones de dinero? ¿Qué pasa con las miles de especias que exterminamos día a día a día por el mísero interés de la codicia? Es tan sencillo de explicar, pero tan dañino que nos estruje el corazón.
Hay gente que se derrumbe ante el menor roce y muchas veces se ignoran las ganas que esa gente tiene de morir sin sincerarse ante el enorme miedo que sienten de experimentar la vida simplemente por no conocerla. Hay tanto dolor sobre el planeta que parece que no nos basta con sentirlo solamente nosotros, NO tenemos que hacer que todo el mundo lo sienta por igual.
¿Cómo es posible que a un buen hombre se de la espalda y a un graduado se le brinde una sonrisa? ¿Cómo es posible que siendo seres “inteligentes” seamos tan calculadores? ¿Cómo es posible que la desgracia ajena nos cause placer? ¿Cómo es que llegamos a perdernos de ésta manera? ¿Tanto es el poder del billete? … ¡Sí, lo es!.
Éstas son tan sólo algunas de las diferencias que siento poseer en cuanto a ésta sociedad que se sumerge cada día más en un consumismo que parece no tener vuelta atrás.
Soy feliz de ser quién soy y me enorgullece haber podido extender mi cuello cual tortuga para sacar la cabeza de toda la mierda que invade al mundo.
FIN.
Caminos
Junio 2008
Jennifer se sentía destruida por dentro y por fuera, pensaba en irse a vagar por el mundo. Su mente era un torbellino que no tenía pausa, sus nervios vivían a flor de piel, el llanto nocturno no le permitía dormir. Tenía una angustia muy grande.
Era delgada y mediana de estatura. Tenía el pelo larguísimo y oscuro como el carbón, los ojos de color marrón. Nunca se maquillaba, pero sus ojos parecían estar siempre perfilados. Tenía una sonrisa contagiosa y usaba ropa floja, nada que le marcara la figura a pesar de tener un cuerpo hermosamente moldeado.
Estaba arreglando las cosas de su cuarto. Iba del armario hacia la valija que estaba sobre la cama y en ella depositaba la ropa, acomodándola.
Tenía una sonrisa de oreja a oreja con sólo pensar en su retorno.
Hacía casi ocho años que vivía en el extranjero y aquel lugar la recibió de una manera hostil y brusca. Lo único que consiguió alimentar espiritualmente fue a la tristeza que crecía día a día en ella. Al irse de su tierra pensó positivamente en encontrar otro mundo y soñaba con tirar un cacho de asado sobre las brasas, pero sólo se chocó contra un muro de agua fría. El mundo que creyó conocer no existía y la carne con la que soñaba seguía siendo un sueño.
Y aquel gran amor del cual se había separado años atrás reclamaba nuevamente su presencia y ella no podía resistirse a aquel llamado.
Con toda la alegría de volver a pesar de saber que le esperaban tiempos duros y nefastos tal vez ella ya salía del departamento en un taxi con dirección al aeropuerto.
Jennifer se encontraba en el Check-in dejando sus dos valijas y al alejarse del mostrador lo hacía con un bolso de mano y una mochila.
Un muchacho se le acercó tocándole el hombro llamándole la atención, ella giró sonriendo
Y le oyó decir “-¿Llegaste recién?”, ella le proclamó con mucho entusiasmo “-¡No, me vuelvo a mi tierra!”. El chico enmudeció y parecía turbado por la desilusión “-¿Embarcas ahora?” le preguntó. “-¡No, recién dentro de dos horas … ¿Y vos qué haces acá?” dijo relajada y feliz como hacía tiempo no lo sentía. “-No sé … ¡Te invito a tomar algo al bar del aeropuerto!” respondió casi suplicando “-Está bien, acepto” respondió sonriendo. El chico le agarró amablemente la mochila y empezaron a caminar en dirección al bar.
Se sentaron en una mesita que quedaba junto al ventanal que a su vez daba a la pista. Jennifer buscó la mirada del joven y le preguntó su nombre y el motivo del porqué se había venido “-Juan Pablo … me vine quemado, no conseguía trabajo allá y la situación está muy mal allá … Me sorprende que vuelvas … ¿Tenes problemas acá?” dijo bajando la voz. Ella suspiró y mirando hacia la pista dijo “-Sólo el de la tristeza y para vivir así prefiero morir … ¡Decilo! Te parece que exagero, pero no lo hago … me encantaría que sea así, pero realmente siento estar muriendo y eso sólo quiero hacerlo allá en “mi” tierra … No tengo nada acá que me retenga y por más que allá me vaya como el culo no me importa, porque sé que al menos de esa manera voy a sentir algo” terminó la frase con emoción en los ojos. El chico asintió afligido con la mirada y le mostró un esbozo de sonrisa.
Y así pasaron casi las dos horas de espera charlando, riendo como viejos amigos y hasta llegaron a soltar un par de lágrimas tras sentirse plenamente en confianza.
De repente se paralizaron ambos corazones al oír la llamada “-El vuelo 338 anuncia su partida para dentro de diez minutos, repito … El vuelo 338 anuncia su partida …”
Jennifer se levantó del asiento metiendo la mano en su bolsillo y el chico frenó su intención diciéndole que fue él el que la invitó. Pagó y volvió junto a la chica acompañándola hasta la puerta de abordo.
Al llegar frente a una larga cola dónde la gente entraba sin frenar, Juan Pablo le dio nuevamente la mochila “-Jennifer” dijo él llamándole la atención, ella se dio la vuelta mirándolo y él siguió su discurso “-¡No te vayas por favor! Suplicó agarrándole una de las cuerdas de la mochila. Jennifer no comprendía su reacción y se quedó mirándolo extrañada “-Por favor … sé que estoy siendo egoísta, no puedo ni creer lo que estoy haciendo … sólo sé que te quiero” Ella le agarró las manos con ternura y pasando una de sus manos por la mejilla del chico le dijo “-Me hubiera gustado conocerte, Juan Pablo, pero ahora que decidí otro camino no lo voy a cambiar, tal vez mañana me arrepienta … Esperé tanto un día así, pero ¿sabes qué? …¡Sabía que no sería perfecto!”
FIN.
Jennifer se sentía destruida por dentro y por fuera, pensaba en irse a vagar por el mundo. Su mente era un torbellino que no tenía pausa, sus nervios vivían a flor de piel, el llanto nocturno no le permitía dormir. Tenía una angustia muy grande.
Era delgada y mediana de estatura. Tenía el pelo larguísimo y oscuro como el carbón, los ojos de color marrón. Nunca se maquillaba, pero sus ojos parecían estar siempre perfilados. Tenía una sonrisa contagiosa y usaba ropa floja, nada que le marcara la figura a pesar de tener un cuerpo hermosamente moldeado.
Estaba arreglando las cosas de su cuarto. Iba del armario hacia la valija que estaba sobre la cama y en ella depositaba la ropa, acomodándola.
Tenía una sonrisa de oreja a oreja con sólo pensar en su retorno.
Hacía casi ocho años que vivía en el extranjero y aquel lugar la recibió de una manera hostil y brusca. Lo único que consiguió alimentar espiritualmente fue a la tristeza que crecía día a día en ella. Al irse de su tierra pensó positivamente en encontrar otro mundo y soñaba con tirar un cacho de asado sobre las brasas, pero sólo se chocó contra un muro de agua fría. El mundo que creyó conocer no existía y la carne con la que soñaba seguía siendo un sueño.
Y aquel gran amor del cual se había separado años atrás reclamaba nuevamente su presencia y ella no podía resistirse a aquel llamado.
Con toda la alegría de volver a pesar de saber que le esperaban tiempos duros y nefastos tal vez ella ya salía del departamento en un taxi con dirección al aeropuerto.
Jennifer se encontraba en el Check-in dejando sus dos valijas y al alejarse del mostrador lo hacía con un bolso de mano y una mochila.
Un muchacho se le acercó tocándole el hombro llamándole la atención, ella giró sonriendo
Y le oyó decir “-¿Llegaste recién?”, ella le proclamó con mucho entusiasmo “-¡No, me vuelvo a mi tierra!”. El chico enmudeció y parecía turbado por la desilusión “-¿Embarcas ahora?” le preguntó. “-¡No, recién dentro de dos horas … ¿Y vos qué haces acá?” dijo relajada y feliz como hacía tiempo no lo sentía. “-No sé … ¡Te invito a tomar algo al bar del aeropuerto!” respondió casi suplicando “-Está bien, acepto” respondió sonriendo. El chico le agarró amablemente la mochila y empezaron a caminar en dirección al bar.
Se sentaron en una mesita que quedaba junto al ventanal que a su vez daba a la pista. Jennifer buscó la mirada del joven y le preguntó su nombre y el motivo del porqué se había venido “-Juan Pablo … me vine quemado, no conseguía trabajo allá y la situación está muy mal allá … Me sorprende que vuelvas … ¿Tenes problemas acá?” dijo bajando la voz. Ella suspiró y mirando hacia la pista dijo “-Sólo el de la tristeza y para vivir así prefiero morir … ¡Decilo! Te parece que exagero, pero no lo hago … me encantaría que sea así, pero realmente siento estar muriendo y eso sólo quiero hacerlo allá en “mi” tierra … No tengo nada acá que me retenga y por más que allá me vaya como el culo no me importa, porque sé que al menos de esa manera voy a sentir algo” terminó la frase con emoción en los ojos. El chico asintió afligido con la mirada y le mostró un esbozo de sonrisa.
Y así pasaron casi las dos horas de espera charlando, riendo como viejos amigos y hasta llegaron a soltar un par de lágrimas tras sentirse plenamente en confianza.
De repente se paralizaron ambos corazones al oír la llamada “-El vuelo 338 anuncia su partida para dentro de diez minutos, repito … El vuelo 338 anuncia su partida …”
Jennifer se levantó del asiento metiendo la mano en su bolsillo y el chico frenó su intención diciéndole que fue él el que la invitó. Pagó y volvió junto a la chica acompañándola hasta la puerta de abordo.
Al llegar frente a una larga cola dónde la gente entraba sin frenar, Juan Pablo le dio nuevamente la mochila “-Jennifer” dijo él llamándole la atención, ella se dio la vuelta mirándolo y él siguió su discurso “-¡No te vayas por favor! Suplicó agarrándole una de las cuerdas de la mochila. Jennifer no comprendía su reacción y se quedó mirándolo extrañada “-Por favor … sé que estoy siendo egoísta, no puedo ni creer lo que estoy haciendo … sólo sé que te quiero” Ella le agarró las manos con ternura y pasando una de sus manos por la mejilla del chico le dijo “-Me hubiera gustado conocerte, Juan Pablo, pero ahora que decidí otro camino no lo voy a cambiar, tal vez mañana me arrepienta … Esperé tanto un día así, pero ¿sabes qué? …¡Sabía que no sería perfecto!”
FIN.
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