Junio 2008
Jennifer se sentía destruida por dentro y por fuera, pensaba en irse a vagar por el mundo. Su mente era un torbellino que no tenía pausa, sus nervios vivían a flor de piel, el llanto nocturno no le permitía dormir. Tenía una angustia muy grande.
Era delgada y mediana de estatura. Tenía el pelo larguísimo y oscuro como el carbón, los ojos de color marrón. Nunca se maquillaba, pero sus ojos parecían estar siempre perfilados. Tenía una sonrisa contagiosa y usaba ropa floja, nada que le marcara la figura a pesar de tener un cuerpo hermosamente moldeado.
Estaba arreglando las cosas de su cuarto. Iba del armario hacia la valija que estaba sobre la cama y en ella depositaba la ropa, acomodándola.
Tenía una sonrisa de oreja a oreja con sólo pensar en su retorno.
Hacía casi ocho años que vivía en el extranjero y aquel lugar la recibió de una manera hostil y brusca. Lo único que consiguió alimentar espiritualmente fue a la tristeza que crecía día a día en ella. Al irse de su tierra pensó positivamente en encontrar otro mundo y soñaba con tirar un cacho de asado sobre las brasas, pero sólo se chocó contra un muro de agua fría. El mundo que creyó conocer no existía y la carne con la que soñaba seguía siendo un sueño.
Y aquel gran amor del cual se había separado años atrás reclamaba nuevamente su presencia y ella no podía resistirse a aquel llamado.
Con toda la alegría de volver a pesar de saber que le esperaban tiempos duros y nefastos tal vez ella ya salía del departamento en un taxi con dirección al aeropuerto.
Jennifer se encontraba en el Check-in dejando sus dos valijas y al alejarse del mostrador lo hacía con un bolso de mano y una mochila.
Un muchacho se le acercó tocándole el hombro llamándole la atención, ella giró sonriendo
Y le oyó decir “-¿Llegaste recién?”, ella le proclamó con mucho entusiasmo “-¡No, me vuelvo a mi tierra!”. El chico enmudeció y parecía turbado por la desilusión “-¿Embarcas ahora?” le preguntó. “-¡No, recién dentro de dos horas … ¿Y vos qué haces acá?” dijo relajada y feliz como hacía tiempo no lo sentía. “-No sé … ¡Te invito a tomar algo al bar del aeropuerto!” respondió casi suplicando “-Está bien, acepto” respondió sonriendo. El chico le agarró amablemente la mochila y empezaron a caminar en dirección al bar.
Se sentaron en una mesita que quedaba junto al ventanal que a su vez daba a la pista. Jennifer buscó la mirada del joven y le preguntó su nombre y el motivo del porqué se había venido “-Juan Pablo … me vine quemado, no conseguía trabajo allá y la situación está muy mal allá … Me sorprende que vuelvas … ¿Tenes problemas acá?” dijo bajando la voz. Ella suspiró y mirando hacia la pista dijo “-Sólo el de la tristeza y para vivir así prefiero morir … ¡Decilo! Te parece que exagero, pero no lo hago … me encantaría que sea así, pero realmente siento estar muriendo y eso sólo quiero hacerlo allá en “mi” tierra … No tengo nada acá que me retenga y por más que allá me vaya como el culo no me importa, porque sé que al menos de esa manera voy a sentir algo” terminó la frase con emoción en los ojos. El chico asintió afligido con la mirada y le mostró un esbozo de sonrisa.
Y así pasaron casi las dos horas de espera charlando, riendo como viejos amigos y hasta llegaron a soltar un par de lágrimas tras sentirse plenamente en confianza.
De repente se paralizaron ambos corazones al oír la llamada “-El vuelo 338 anuncia su partida para dentro de diez minutos, repito … El vuelo 338 anuncia su partida …”
Jennifer se levantó del asiento metiendo la mano en su bolsillo y el chico frenó su intención diciéndole que fue él el que la invitó. Pagó y volvió junto a la chica acompañándola hasta la puerta de abordo.
Al llegar frente a una larga cola dónde la gente entraba sin frenar, Juan Pablo le dio nuevamente la mochila “-Jennifer” dijo él llamándole la atención, ella se dio la vuelta mirándolo y él siguió su discurso “-¡No te vayas por favor! Suplicó agarrándole una de las cuerdas de la mochila. Jennifer no comprendía su reacción y se quedó mirándolo extrañada “-Por favor … sé que estoy siendo egoísta, no puedo ni creer lo que estoy haciendo … sólo sé que te quiero” Ella le agarró las manos con ternura y pasando una de sus manos por la mejilla del chico le dijo “-Me hubiera gustado conocerte, Juan Pablo, pero ahora que decidí otro camino no lo voy a cambiar, tal vez mañana me arrepienta … Esperé tanto un día así, pero ¿sabes qué? …¡Sabía que no sería perfecto!”
FIN.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario