Octubre del 2006
Se llama Alejandra tiene veintiséis años y está casada con Roberto, ambos tienen un hijo llamado Agustín.
Alejandra no terminó el Liceo, al principio la panza no le impedía seguir yendo a clases, pero al nacer Agustín se dedicó completamente a él y después nunca se dio la ocasión para retomar, ni las ganas de antes estaban ahí.
Ella cuida de los chicos del barrio o sea niñera y a la mañana trabaja de camarera en un bar familiar.
Roberto había terminado la facultad y ya trabajaba en su vocación, como asistente de abogado comenzó y ahora el mismo es el abogado. Tiene treinta y cuatro años y siempre está de vieja de negocios.
Agustín tiene nueve años y va a la escuela, está en cuarto y saca buenas notas, salvo en matemáticas que no le gusta.
Viven en una casita cerca de la terminal de omnibuses, tienen un almacén a dos cuadras, la escuela a cuatro cuadras y el centro a diez minutos.
A las vecinas les encanta meterse en su casa a cotillear.
-Ay Ale, que lindo que está tu nene –decía una chillona.
-Gracias, Blanca – respondía la madre.
-Sí Blanca y mira estas fotos - dijo Carmela
-Eh … - suspiró - … son de mi casamiento – afirmó Alejandra.
-Ay Ale ¡que figura! Mujer , claro que ahora se nota el paso del tiempo.
-Muy amable, Blanca – replicó la mujer a la anciana.
-Ay mujer, pero no lo decía por vos – contestó simulando.
-A propósito de matrimonio … - dijo Carmela.
-¿Quién habló de matrimonio? – preguntó Blanca.
-Señoras tengo que irme a buscar a Agus … - dijo interrumpiéndolas Alejandra.
-Ya nos vamos, pero antes decime nena … ¿Cuándo piensa volver el Beto? – preguntó Carmela.
-No sé, ni él lo sabía al irse.
-Ay qué lástima que la gente tan joven esté separada tanto tiempo ¿pasan mucho tiempo separados ustedes dos, verdad? … Ay nena, no dejes que se enfríe la relación. La distancia es la muerte de un matrimonio. ¡Tenés que llamarlo y decirle lo mucho que lo extrañas, mi hijita!
-Bueno, gracias por sus consejos, señoras, ahora en serio me tengo que ir, hasta luego – dijo cerrando la puerta - … ¡Por dios! Que viejas hinchas pelotas.
Agarró su campera, la cartera (con las llaves del auto) y el paraguas, y antes de salir miro por la ventana.
Llovía bastante afuera y se subió al auto. El motor tardó un rato en encender porque se había enfriado bajo la lluvia, hasta que se puso en marcha como sólo eran cuatro cuadras llegó en seguida.
-Hola, mi amor ¡subí rápido! – gritó al verlo.
-¿Por qué venís en auto? – preguntó el chico.
-Porque llueve y te voy a invitar a comer ¿tenés hambre?
-¡Sí! – dijo pegando un grito y después le dio un beso a la madre.
-Bueno ¡átate! ¿Cómo te fue? – preguntó la madre.
-Bien … ¿no deberías estar trabajando, mamá?
-Hoy cerraron la cocina por control general y me dieron libre.
-Ah ¿y a dónde vamos? – preguntó ansioso.
-A donde quieras, mi amor.
-¿Podemos ir a comer rabioles a lo de “La Nona” (restaurante de pasta casera)?
-Claro – afirmó Alejandra poniendo en marcha el motor.
Después de comer pasaron por la heladería y compraron cuatro bolitas con cucuruchos y así volvieron a casa.
-Tenes que ir a buscarme más seguido a la escuela che – dijo Agustín sonriendo.
-¿Por qué? – preguntó Alejandra distraída.
-Así se repite éste día.
-Ay perdóname, ratón, si no paso mucho tiempo con vos.
-No pasa nada, mamá.
A la media hora después ya estaban con los pijamas puestos y Agustín se iba a ir al baño a lavarse los dientes, pero en el pasillo se cruzó con la madre.
-¡Mamá! – la llamó.
-¿Sí, mi amor? – preguntó acariciándole el pelo.
-¿Cuándo vuelve papá? – preguntó.
-No sé, ratón. Mañana lo llamamos y se lo preguntamos ¿sí? Bueno anda a lavarte los dientes y a dormir, que mañana hay escuela.
El muchacho ya estaba en su cama y al darse la vuelta se quedó dormido. Alejandra que había ido a su cuarto a ver si ya dormía se quedó junto a él y al rato se fue al living.
Se sentó en el sillón y en seguida apareció Linco (el gato de Agustín) y se le acomodó en las piernas. Ella lo acariciaba y las lágrimas corrían por sus mejillas. Todas las luces estaban apagadas, sólo oía la voz de Joaquín Sabina (que ella había encendido).
La luz del corredor se prendió y Alejandra se dio la vuelta pasándose las mangas de buzo por la cara, para secar las lágrimas.
-¿Qué paso, ratón, estaba muy alta la música? – preguntó con la voz un poco ahogada.
-¡No! … no sé no puedo dormirme – dijo tirándose a los brazos de la madre.
-Ay ratón, está bien, tranquilo … yo tampoco puedo.
-Mamá … ¿por qué llorabas … te duele la panza?
-¿Quién te dijo que yo lloraba?
-Lo veo en tus ojos … ¿y … por qué? – insistió Agustín.
-Extraño a papá.
-Yo también, pero no llores, mamá. Vas a ver cómo todo volverá a ser como antes.
-Ay ratón, te quiero – dijo abrazándolo y besándolo.
Se quedaron abrazados sobre el sillón mientras que Alejandra lo hamacaba el chico se quedó dormido y la mujer se levantó llevándolo en brazos hasta su cuarto, lo recostó en la cama y dándole un beso en la frente se marchó a su habitación.
A la mañana siguiente el sol entraba radiante por su (Alejandra) ventana.
-Mamá, mamá, mamá despertate! Vamos a llamar a papá – gritó Agustín .
-Buen día, tranquilo … me visto y voy para adelante, un segundito nomás.
-No, dale mamá.
-Está bien, ya me desperté – dijo sentándose.
-¡Apúrate! – dijo yéndose del cuarto.
-Sí, si, en cinco minutos voy.
El chico se fue a la cocina y preparó el desayuno
-Bueno ya estoy. Wow qué desayuno! Gracias, ratón.
-¿Llamamos? – preguntó con los ojos brillosos y ansioso.
-Pasame el teléfono por favor y la agenda del escritorio – pidió Alejandra.
El muchacho se fue corriendo al comedor a buscar el teléfono y la agenda.
-Acá están … dale llama!!! – dijo excitado.
La mujer empezó a discar y esperaba respuesta.
-Buenos días ¿me puede comunicar con la habitación 283 por favor? Sí, espero… - tapó el tubo - … Van a ver si está tu papá en el cuarto, ratón… – destapó el tubo -… ¿Qué no está? Bueno no no deje gracias. Lo llamo más tarde, adiós. … – colgó - … Cuando vuelvas de la escuela lo llamamos de nuevo, ¿sí Agus? No pongas esa carita, ratón.
-Bueno entonces me voy … chau mamá – dijo dándole un beso.
-Nos vemos después, anda con cuidado y pórtate bien. Te quiero, ratón ¡que te diviertas!
-¿En la escuela? Como si eso fuera posible – dijo resoplando.
Alejandra despidió a su hijo en el jardín y el chico se fue con la cabeza gacha. Y como Agustín se iba, Blanca y Carmela venían.
-Hola – dijeron en un chillido al unísono.
-Hola, señoras. Temo no poder atenderlas, pero tengo mucho qué hacer.
-Encontraras tiempo para un cafecito – dijo Carmela desafiante.
-Lo lamento, Carmela.
-Ah bueno – dijeron ofendidas.
-No me lo tomen a mal, vuelvan otro día en serio <
-Bueno mi hijita, entonces te dejamos, chau chau – dijeron otra vez al unísono.
La muchacha se metió en su casa y llamó una y otra vez a Roberto.
Se pasó toda la mañana tratando de localizarlo, pero la respuesta era siempre la misma “lo siento, pero el Señor Rivero aun no ha regresado al hotel”.
Esas palabras cada vez la desesperaban más.
Y volvió a discar, ésta vez el número que discaba era diferente.
-Hola ¿Matilde? – le temblaban las sílabas.
-Hola Ale, si soy yo – dijo con voz clara y gentil.
-Que bueno que te encuentro, Matilde.
-¿Qué te pasa .. pasó algo con Agus? – preguntó alarmada.
-No, no es él, Agus está bien, está en la escuela ahora.
-¿Y entonces por qué te noto nerviosa? – preguntó insistiendo.
-Llamé toda la mañana y no estaba, Mati – contestó finalmente.
-¿A dónde llamaste y a quién … quién no estaba, Ale?
-A España, Roberto no atiende – dijo como con la mente perdida.
-Pero mujer estará trabajando.
-Algo me dice que no, Mati – contestó Alejandra.
-¡Tranquilízate, Ale! ¿pensás que está con otra?
-¿Qué? ¡no!
-Entonces acláramelo porque no entiendo nada.
-Es que no sé, estoy que camino por las paredes, Mati ¿y si le pasó algo?
-Bueno bueno primero bajá a la tierra, hay diez mil razones por las que no lo puedas haber encontrado que no terminan directamente en una tragedia
-Tenes razón, pero entonces decime porque siento como que tengo ácido en el corazón
-No hagas ninguna locura, en seguida voy para allá ¿me oíste? ¡quieta! – ordeno Matilde.
-Sí, Mati, te espero.
Al rato Matilde golpeaba la puerta, era una mujer de estatura media, pelo enrulado, gordita y nariz graciosa. Golpeaba insistentemente.
-Ya voy … tranquila Matilde que no pienso suicidarme.
-Bueno, nunca se sabe. Te tenías que haber oído para darme la razón, eras un llanto vivo ¿Estás mejor? – dijo respirando hondo.
-No sigo llamando y nada.
-Bue … además que sigue sin importar que no esté ahora ¿sos consciente de que te estás gastando la guita loca, llamando al exterior como decis que lo estás haciendo, no?
-Queres que me quede con los brazos cruzados entonces
- Ey que estoy de tu lado, no me ataques.
-Perdón Mati, pero sólo quiero oír su voz.
-Ya sé, Ale, pero tenes que calmarte. Voy un segundo al baño y después te preparo un te.
El agua hervía y Matilde preparó dos tes y los llevó en una bandejita al living.
-¿Cuántas cucharaditas de azúcar queres, Ale? – preguntó con el azucarero en la mano.
-Tres por favor – contestó nerviosa con el tubo en la mano.
-Bueno listo ¡toma! … ¿tenés miel? – preguntó Matilde.
-Sí, arriba de la heladera – dijo revolviendo su te.
-Bueno voy a buscarlo – tras unos segundos - …acá estoy, también busque la leche jeje.
-¿Y si tuvo un accidente, Mati? – dijo repentinamente.
-No lo creo, pero de ser así podemos averiguarlo – afirmó.
-¿Cómo? – preguntó en un grito.
-¿Tenes el número de teléfono del jefe o la agencia?
-Sí ¿y con eso qué? – preguntó confusa.
-Tontita la gente que trabaja con él tiene que saber donde esta “si supuestamente es un viaje de negocios” ¿no te parece?
-Ah … a ver acá está el número de Ismael, se fue con él a España.
-Viste, ahora vamos a saber qué paso … ¡yo llamo! –aclaró Matilde agarrando el tubo- … Buenas , señorita ¿me puede comunicar por favor con el señor Ismael Schiffer? … de parte de Matilde, gracias … Hola ¿Ismael? Soy atilde una amiga de Roberto y Alejandra, esto suena a quilombo ahora, pero estoy con Alejandra y ella está loca porque no se puede comunicar con Beto y cree lo peor, ¿me sabrías decir dónde lo puedo encontrar?
-Eh … sí, está acá conmigo, espérame un momento que ya te lo llamo.
-Gracias… Hola, pará que te paso con alguien – dijo dándole el tubo a Alejandra.
-¿Beto? Ay mi amor estaba desesperada. Te estuve llamando toda la mañana y no te encontraba ¿estás bien? Sí, bueno. No … que hoy te llamé con Agus y no estabas y al irse él a la escuela intenté otra vez para asegurarme de encontrarte cuando él volviera, porque te quería hablar y ahora te oigo … y y ¿en serio estás bien, Beto? – pregunto llorando.
-¿Hola Roberto seguís ahí? No, está bien. Sí, Ale se había preocupado por eso llamamos … Bueno … ta, se lo digo, chau chau cuídate – dijo colgando - … Bueno, Ale ¿más tranquila? Dice que llama de noche para hablar con Agus. Viste que no era nada – dijo sonriéndole.
-Gracias por haber venido, Mati.
-No hay de qué, hoy por ti mañana por mí – dijo guiñando.
-Pero mañana tengo todo el día ocupado.
-¡Aj! Sólo es una manera de … pará! Me estas tomando el pelo, pero acá a una que se recupera rápido de la depresión.
-Una jodita nada más, pero en serio gracias por todo.
-Cuídate nena, ahora me voy que tengo que ir a buscar a Janina.
-Bueno, saludos, chau chau.
Eran las doce del mediodía y el muchacho cruzaba el umbral de la puerta con la túnica embarrada y una tremenda tristeza en la cara.
-¿Qué te pasó, ratón? – preguntó la madre arrodillándose frente a él.
-Los chicos en la escuela me dijeron que papá se había ido por mi culpa, que era un bastardo y te dejo viuda ¿es cierto, mamá?
-No, nada de eso. Tu padre ni te dejo, ni sos un bastardo, ni yo soy viuda. Veni, vamos a tu cuarto a buscarte ropa para que te duches.
-Aha – dijo asintiendo y arrastrando la mochila entraron a la casa.
Buscaron ropa y fueron al baño, Alejandra le sacó la ropa embarrada y el chico se metió en la ducha.
-Bueno, ratón . Te tengo una noticia para que te laves bien y con entusiasmo, tu papá llama ésta noche.
-¿En serio? – pregunto ilusionado y la cara le cambió en seguida.
-Sí, asique báñate que voy a preparar la cena.
-Ta – dijo cantando y riendo.
Al finalizar la ducha el muchacho se fue al living y se sentó junto a la madre a mirar una película, de la cual sólo se rió él.
-Ay ratón … éstas preguntas que te gustan – dijo resoplando.
-Estan buenísimas, mamá… - sonó el teléfono - …¡voy yo, voy yo! – gritó - …¿Quién es? …Hola papá ¿cómo estás? Bien … ¿Cuándo volves?. Mamá lloró porque te extraña, papá.
-¡Agus! – protestó Alejandra.
-Uh metí la pata, ella no quería que te dijera nada, pero papá yo también te extraño. Sí, bueno ¿En serio, pero no lo decís nada más, no? Ta, te paso con mamá, chau.
-Hola, Beto ¿cómo estás? Sí, el ratón está bien. Tiene muchas ganas de verte … aha … ¿cómo te está yendo? Me alegro ¿Sí? que bueno, ta. Bueno cuídate y llama cuando puedas che, mira que el nene te extraña ¿Sí? … aha, ta … chau Beto – dijo colgando - … ¿qué te dijo tu papá?
-Que si no viene ésta semana, viene a fin de mes – salto contento.
-Que bueno. Ahora si ratón … ¡a la cama! – dijo ella.
-¿Puedo un ratito más por fa? – suplico el nene.
-Por mí sí, te lo decía para que durmieras unas horas antes de ir a la escuela nada más.
-Sólo media hora, dale mamá – Alejandra asintió y se fue a su cuarto.
El chico prendió la Play Station y agarrando el control empezó a jugar.
Era fin de mes y alguien golpeaba la puerta de la casa de Alejandra y Agustín. El chico pegó saltos de alegría al verlo, era Roberto (el padre). Alejandra lo abrazó y lloraba contra su pecho.
Paso una semana en la que estuvieron juntos los tres.
Alejandra y Roberto estaban junto a la puerta, las valijas ya estaban preparadas y todo tenía ambiente de partida.
-¡Ale, tengo que irme! – dijo sosteniéndole la mano.
-No ¿por qué?, ¿es que no tienen a otros abogados? – contestó la mujer.
-Ale, tengo un cliente en España y paga muy bien. Ismael viene conmigo otra vez … yo se lo digo al nene, tranquila.
-¡No! Déjame a mí decírselo ¿Cuándo vas a dejar de viajar tanto?
-Ale es por trabajo, entendelo por favor.
-Perdón, pero lo único que entiendo es que te volves a ir y no me importa el motivo, te vas dejándonos como siempre lo haces últimamente… Te quiero, Beto y no lo voy a soportar y así y todo Agustín me va a hacer sacar fuerzas de no sé dónde y seguir adelante por él.
-Volveré pronto – dijo él.
-Es lo que siempre decís y después somos nosotros los que lloramos meses de ausencia, si no es por mí volvé por él, tu hijo te necesita Beto.
-Lo haré, Ale, volveré pronto. Mañana a la mañana sale mi vuelo.
-Buenas noches – dijo Alejandra.
Apagó las luces, salvo la del comedor porque Roberto se quedó leyendo una revista. Agustín salió de su cuarto y salto junto a su padre.
-Hola, papá.
-Hola, campeón! ¿qué haces a ésta hora despierto?
-Tu hijo no tiene límites para ir a dormir, sólo recomendaciones si estuvieras acá lo sabrías. Chau ratón que descanses. Buenas noches… - dijo alejándose.
-¿Se pelearon mamá y vos?
-No, no. Sólo una opinión distinta, campeón.
-¿Te vas a quedar ahora, papá, así no me tiran más al barro?
-¿Cómo … te tiraron al barro, quién?
-Sí, en la escuela, dijeron que abandonaste a mamá por mi culpa y que era un bastardo y mamá viuda. Mamá me dijo que eran todas mentiras.
-Y lo son, campeón. Mírame, acá estoy – dijo sonriendo.
-¿Y … te quedas entonces? – preguntó ilusionado Agustín.
-Eh … mañana a la mañana tengo que viajar de nuevo, campeón, por el trabajo ¿entendes?
-¿Y por cuánto tiempo ésta vez? – preguntó resoplando.
-Todavía no lo sé, pero trataré de acelerarlo lo más que pueda, te lo prometo, campeón. Veni dame un abrazo … ¿te quedás un rato más como dice mamá o te vas a acostar?
-Me desperté por un vaso de agua ahora que lo tomé, me vuelvo a la cama, chau ... ¿me acompañas, papá?
-Claro … ¿cómo te va en la escuela? – preguntó tapándolo.
-Bien, pero la profesora de matemática es insoportable.
-¿Ya tienen profesoras en la escuela?
-No, me equivoqué, la maestra se transforma en un ogro cuando habla de números.
-A mí tampoco me gustaban … ¿estás abrigado o queres que te traiga otra frazada?
-No, estoy bien – Roberto apagó la luz - … ¡Papá! – gritó.
-¿Qué pasa, campeón? – dijo girándose hacía él.
-¿Te quedas hasta que me duerma?
-Está bien, campeón.
El hombre se sentó junto al niño y Agustín lo abrazó. Todas las luces estaban apagadas salvo la lucecita de la mesa de luz.
-Che … papá – dijo el niño mirándolo.
-¿Sí, campeón? – respondió Roberto.
-Hablame de España.
-Mmm … no sé qué decirte, a ver … . El Norte tiene mucho verde y es muy lindo, el Sur es lo contrario la tierra es muy seca. Tienen linda música los gallegos. Siempre hace calor en el Sur …
-¿Te gusta estar más allá que acá (Argentina)? – preguntó Agustín.
-Nunca me lo plantee, pero ¿por qué esa pregunta?
-Porque creo que te gusta más aquello y por eso tardas en volver … nosotros no te bastamos para que vuelvas …
-No, campeón, yo los adoro.
Pero el niño ya se dio la vuelta para entonces y no le respondió. Roberto se levantó y lo miró durante largo tiempo, cerró la puerta y entro al cuarto de Ale y de él mismo.
-¿Seguís despierta, Ale? … <
Se acostó sin tocarla, sólo le dio un beso en la mejilla y cerró los ojos.
A las cinco de la mañana sonó el despertador y Alejandra abrió los ojos. Apagó el despertador y vio junto a ella a Roberto dormido. Se levantó y se vistió con un pantalón y un buzo (con la cara de un tigre).
Preparó café y cocoa y el resto del desayuno. Plancho la túnica y su ropa del trabajo.
A las seis de la mañana despertó a los dos hombres para que pasaran un rato juntos antes de despedirse.
-Ratoncito despertate, son las seis y la cocoa ya está lista, dale, mi amor, que quiero contarte algo – dijo acariciándole la frente.
Fue a su cuarto y miro a Roberto dormir, se acercó a él y hundió su mano en el pelo de Roberto. Pasaron unos minutos hasta que el hombre se despertó.
-Oh … buen día, Ale – dijo bostezando.
-Ho hola … tu hijo te está esperando para desayunar – dijo poniéndose de pie contra la pared.
-Ta bien … ahora voy – contestó dormido.
-Tengo que ir a la cocina – dijo cerrando la puerta.
Para ese entonces Agustín ya había comenzado el desayuno, se comía sus tostadas y la cocoa.
-Hola, campeón ¿cómo dormiste? – preguntó el padre al sentarse junto a él.
-Bien, apúrate que se enfría el café, papá.
La mujer se sentó junto a ellos y sonreía con tristeza.
-En Agosto jugamos por el campeonato, papá – dijo el nene con entusiasmo.
-¿Ah sí? Qué bueno che! – contestó tomando un sorbo del café.
-Sí, Agustín es el goleador del equipo, le trajo varias copas a la escuela … juega muy lindo – dijo ella sonriendo y acariciándole la cabeza al niño.
-Me gustaría verte, campeón – dijo su padre.
-Es en Agosto, faltan dos meses todavía ¿no va a estar acá entonces? – preguntó Agustín.
-Creo que sí – contestó sonriendo.
-Ah ...- resopló.
-Ratón … tengo que decirte algo, bueno queremos decirte algo – dijo la mujer.
-No hace falta, Ale, ya se lo dije ayer – continuó Roberto.
-¿Cómo? Pero si te dije … - protestó Alejandra.
-Ya sé, pero él me lo pregunto ¿preferías que le mintiera? – dijo él.
-Nadie habla de mentir, pero … - contestó enojada.
-¿De qué hablan, mamá? – preguntó Agustín.
-De que a las siete me voy a España, campeón – contestó el padre.
-Ah … pero no se peleen – protestó.
-Si no nos peleamos, campeón ¿verdad Ale? – dijo Roberto.
-Eh … no no, no peleamos, ratón. …Los dejo solos ahora, perdónenme.
-¿Qué le pasa a mamá, papá, por qué se fue tan triste?
-Todos tenemos nuestra propia manera de desarrollar una situación, ella necesita espacio para pensar ¿entendes? … vos cuando recibís una noticia ¿cómo reaccionas? – preguntó Roberto.
-Llorando o riendo – respondió el chico.
-Es una buena respuesta y bien sincera, pero los “adultos” son más de ocultar sus sentimientos, creyendo así proteger a quienes nos rodean ¿entendés?
-Sí, pero me gusta ver llorar a mamá – dijo Agustín.
-¿Cómo? – preguntó sorprendido.
-Porque cuando llora veo que es igual a mí, papá.
-Sí, claro, pero decime ¿la vez llorar asiduamente? – preguntó tomando otro sorbo de café.
-¿Asidua … Qué? – preguntó confundido.
-Sí la vez llorar a menudo … regularmente … mucho.
-Ahh sí, sólo la vi unas pocas veces, sé que llora todas las noches, papá, lo siento, pero no le digo nada porque si no se comería las lágrimas y eso es peor.
-Ay chiquito – lo agarro – veni acá! Prométeme por favor que la vas a cuidar.
-Sí, papá, siempre lo hago.
-Bueno, llegó la hora, ya me tengo que ir, campeón.
-Yo voy a buscar tu mochila al cuarto – dijo gritando yéndose el chiquito.
-¡Ale! – llamó - … Ya me voy – dijo yendo al living acomodando las valijas.
-Ya veo – resopló ella.
-Perdóname, flaca … ¡mírame! – dijo agarrándola.
-¿Qué? – dijo mirando sus ojos.
-Te quiero, vos y el nene son lo más importante que tengo.
-Entonces no me pidas que no llore.
-Ta bien, cuídense, yo ni bien llegue los llamo.
-¡Llama más seguido, Beto! – ordenó ella
-Cuídate, papá.
-Ta bien, campeón. Así lo haré, los adoro, chau – dijo metiéndose en el taxi.
Roberto se subió al auto y mientras se alejaba saludaba con la mano.
La mujer volvió con el niño adentro a terminar el desayuno.
-¿Queres que te acompañe a la escuela, ratón? – preguntó agarrando una tostada.
-¿Hoy no tenes que cuidar a nadie? – preguntó Agustín.
-Sí, el hijo de Lola, pero lo puedo llevar ¿queres o no? – respondió la madre.
-Pero van a ver qué voy con mi mamá – dijo bajando la mirada.
-Ni que eso fuera algo malo, pero ya entendí – dijo levantando las cosas de la mesa-… Che recién son las siete, todavía faltan tres cuartos de hora para que empiece la clase ¿no te queres ir a acostar un rato más y yo después te despierto? – preguntó arreglándole la camisa.
-Bueno – dijo yéndose a su cuarto.
En ese momento tocaron en la puerta de calle y la mujer fue a atender y al abrir la puerta vio a Lola con el hijo en brazos; era un nene gordito y sonriente de trece meses.
-Hola Ale, acá te dejo al bebe – dijo Lola.
-Hola José ¿cómo estás? … hola Lola – respondió Alejandra.
-Le traje la mochila con ropa, pañales y otras cosas – dijo dándosela.
-Ta bien, gracias – contestó agarrando al nene.
-Gracias a vos, te pago cuando lo paso a buscar ¿sí? Es que no traigo la plata ahora – se disculpo la vecina.
-No te preocupes, Lola – dijo Alejandra.
-Bueno, yo me voy mamá … chau señora Lola – dijo despidiéndose Agustín.
-Chau, Agus – saludó la mujer.
-Cuídate, ratón … ¡beso! – dijo la madre.
Alejandra se quedó saludando con el nene en los brazos a Lola que se alejaba de la casa. Linco esperaba su comida sobre la mesa de la cocina.
-Ahora voy, Linco – dijo la mujer yendo a la cocina.
- brauu brauuu – maullaba el gato.
-Acá tenes ¡provechito! – dijo poniéndole un tachito delante.
Dejo a José gateando en el piso del living y fue a calentarle la leche, porque lloraba sin parar y los pañales los tenía limpios.
Lola le había dicho que en cualquier momento podía empezar a pedir el “biberón” (la mamadera … es que es gallega Lola, por eso).
Alejandra salió al patio para apagar la canilla que regaba el pasto y al oír el pito de la caldera, corrió adentro y se tropezó con el escalón. José al verla caer empezó a llorar (había ido gateando hasta la cocina).
-Ah … ¡la puta madre que me parió! … vos no escuchaste nada eh … Carajo como duele. ¿Dónde estará el teléfono? – dijo quejándose y buscándolo - … ¡acá está! – discó y esperó - … Hola, llamo de la calle Araguarez 3781, me puede mandar una ambulancia por favor ¿En seguida? Bueno, sí, me tropecé y creo haberme esguinsado el pie. Sí, ya me puse hielo, pero duele horrores, sí … sí, estoy tranquila … ya oigo las sirenas le cuelgo así puedo atenderlos, gracias, adiós – colgó y miraba a José que se mantenía tranquilito en el mismo lugar.
-¡Permiso! … - grito un hombre.
-Sí, adelante … pasen! Sigan derecho … acá estoy! Hola … el pie derecho, ay duele mucho …
-Es un esguince, señora – dijo uno de los hombres.
-¿Un esguince? Me lo temía – dijo Alejandra agarrándose la frente.
-Necesita descanso y se repondrá pronto – dijo el otro.
-Pero no puedo quedarme quieta con un hijo de nueve años …
-¿Éste niño tiene nueve años? – dijo el primer hombre bromeando.
-No, no, mi hijo. Éste es José el hijo de una vecina que cuido.
-Señora, necesita descanso, no debe mover mucho el pie – ordeno el segundo.
-Está bien, así lo haré. ¿Me podría hacer un favor, señor? – pidió mirando a uno.
-Sí puedo, señora – dijo gentilmente el enfermero.
-¿Me traería la mamadera con leche que calenté en una olla que esta sobre la cocina por favor? – Preguntó poniendo cara de drama.
Mientras que el enfermero iba a la cocina a cumplir el pedido de la mujer, el otro levantó a Alejandra del suelo y la acomodó en el sillón, bajo el pie lastimado le puso un almohadón y le dio una inyección para reducir el dolor.
-Gracias … gracias – dijo Alejandra con cara de alivio por la inyección y al otro que le trajo la mamadera.
-No se preocupe, señora – dijo el segundo.
-¡José … vení chiquito! – llamó al bebé.
-Tome, señora – dijo el primero tomando a José en brazos y dándoselo a Alejandra.
-Gracias …? – dijo esperando oír su nombre.
-Mauricio – dijo el hombre.
-Gracias, Mauricio, gracias por todo.
-De nada, bueno nos retiramos entonces, que se reponga, señora – dijo el segundo.
-Adios – dijo despidiéndose Mauricio.
Alejandra se estiró hasta agarrar el teléfono y discó.
-Hola Matilde … sí, todo bien ¿podrías venir a casa por favor? Me lastime un pie y … sí, todo bien, ya vinieron a verme unos médicos, sí ya me atendieron, tranquila, ta, gracias … es que tengo a José a mi cargo, gracias, chau – dijo y colgó.
Al rato Matilde golpeó la puerta y la mujer le gritó que entrara.
-Ay mujer, mírate con la pata para arriba … ¡qué horror! – grito al verla.
Se fue a la cocina y preparó el mate, después se sentó junto a Alejandra y agarró a José poniéndolo sobre su falda. Ambas se quedaron charlando varias horas.
Eran las doce y cuarto del mediodía, Agustín volvía de la escuela.
Entró corriendo y gritando lanzándose sobre la madre.
-Hola mamááá … - pero al verla le cambió la cara - ¿qué pasó?
-Nada, ratón. Estoy bien, sólo es un esguince – contestó calmándolo.
-¿Sólo? Yo la cuido ahora, tía Mati. Gracias por cuidarla cuando estaba en la escuela.
-Bueno, señorito, lo hice con gusto. Te dejo con tu caballerito, Ale – dijo Matilde.
-Ta bien, gracias Mati.
-Bueno, familia, cualquier cosa me llaman por teléfono ¿ta? Cuídense! – dijo yéndose.
-Chau, tía – dijo acompañándola a la puerta.
Ya era de noche, la luna estaba llena y no había nube que empacara al cielo, el viento arrastraba la dulce fragancia de unas flores silvestres.
Agustín no se le había despegado ni un segundo a la madre.
De repente sonó el teléfono y el muchacho que cocinaba la cena en ese momento sintió a la madre hablar con Roberto y se fue corriendo junto a ella.
-Hola, ¡sí! … justo acá vino corriendo, ya te lo paso … chau chau, un beso – dijo Alejandra.
Hola, papá. Sí … ¿te contó mamá que tiene el pie vendado y está pata pa arriba? y yo soy quién la cuida … - Alejandra le hacía señas de que callara con el dedo, pero fue demasiado tarde – … Perdón, mamá … - La madre le sacudió la cabeza diciendo que no importaba, pero para ese entonces Agustín hablaba avergonzado – … No, se va a mejorar pronto, no sé. Ta! Le digo, chau – colgó y miró a la madre - … perdón, mamá, no sabía que no querías decírselo.
-No pasa nada, ratón. Era para que no se preocupara nada más, pero no me molesta que lo sepa – dijo sonriéndole – Se te van a pasar los fideos, ratoncito – adjuntó.
-Ah …sí – y corrió a la cocina.
Sacó los spaguettis y los coló, los metió en una fuente y le agregó un chorrito de aceite.
Arrimó la mesita ratona del living al sillón y puso los platos y cubiertos sobre ella. Por último fue a buscar la fuente con los fideos y una salsita de morón y zanahorias que había preparado y las puso sobre la mesa del comedor. Agarró los platos de la mesita del living los sirvió con fideos y la salsa (él se puso abundante salsa) y regresó al living junto a Alejandra con los dos platos servidos. Corrió a la cocina a buscar dos vasos y una botella de Fanta.
En mitad de la cena golpearon la puerta y Agustín se fue a fijar quién era.
-¿Quién es? – grito aún con la puerta cerrada.
-Lola – dijo la mujer.
-Hola pasa por favor – dijo invitándola al abrirle la puerta.
-Gracias, chiquillo … buenas noches Oh! ¿qué ha ocurrido, illa? – Preguntó tapándose la boca.
-Me tropecé y ahora lo estoy pagando con un esguince – dijo sonriendo.
-Uy que feo … ¿Puedo hacer algo por vos, niña?
-No, gracias, mi hijo me está cuidando como si fuera un bebé … José acaba de comer.
-Vale, gracias, illa. Toma aquí el dinero que te debía … ahora me despido y cuídate Alejandra, hasta luego, illo – dijo agarrando a José en brazos y acompañado por Agustín a la puerta.
Pasó una semana y todo seguía igual. Agustín atendía a la madre que seguía con el vendaje en el pie y aunque la hinchazón ya había retrocedido, el chico no dejó que se moviera aún y la trataba como si fuera una princesa.
Durante esa semana no cobró nada en el bar porque no pudo ir, pero sí cuidaba de los chicos del barrio con la ayuda de Matilde.
El muchacho se le acercó con dos platos y le puso uno delante suyo.
-La cena está lista … ¡sanguches calientes! – proclamó con una sonrisa.
-Que bueno. ¡Dame un beso, ratón! . pidió poniendo la cara de lado y recibió el beso.
-¿Estas triste, mamá? – preguntó después de dárselo.
-No, estoy feliz por tenerte a mi lado, ratón – dijo agarrándolo de la mano.
Otro mes transcurrió y con el se llevó todo recuerdo del esguince de Alejandra. Ella regresó a trabajar en el bar por la mañana y cuidar de los vecinos por la tarde. Agustín cumplía otro mes escolar sin ningún sobresalto y Roberto … él seguía ausente y sus llamadas telefónicos a pesar de haber aumentado se alejaban bastante de las expectativas del niño que las esperaba siempre ansioso.
Una tarde estaban sentados en la mesa del comedor los dos y mientras que Agustín hacía los deberes, Alejandra revisaba las cuentas de la casa.
-Mamá … ¿vendrá para el partido? – preguntó un poco desilusionado.
-No lo sé, ratón, pero yo sí voy a estar – dijo tratando de confortarlo.
-Lo sé, mamá, vos siempre cumplís lo que decís, no como papá – dijo desengañado.
-Che ratón … no es que tu padre no quiera, es que a veces no se lo permite el trabajo ¿entendes? – dijo sin saber porqué lo defendía - … Ey … Ratón ¿Estás bien?
-Sí … - resopló el niño.
-Bueno vamos a comer ¿no? – dijo ella levantándose y yendo a la cocina.
Otros treintaiún días pasaron y todo seguía su curso.
El día del partido llegó y no había ni rastro de Roberto, ni siquiera una llamada.
El chico estaba desilusionado, triste y nervioso y Alejandra trataba de animarlo.
-Epa ratón ¡alegra esa cara! que todavía falta para que empiece y puede que llegue.
Pero Roberto no llegó y el partido ya había terminado. El equipo de Agustín ganó tres a cero, dos hechos por el mismo y el tercero fue un pase lindísimo de él.
Lo festejaron lanzándolo sobre los hombros, pero en su cara se veía una enorme mezcla de alegría por un lado y tristeza por el otro; por un padre que no cumplió con su palabra.
Así llegaron de noche a la casa, Agustín no había mencionado palabra alguna, más que una sonrisa dedicada a la madre cuando ésta trataba de animarlo felicitándolo.
El chico se fue al cuarto a buscar ropa para darse una ducha y Alejandra cocinó un pollo al horno con arroz.
El teléfono sonó y la mujer lo atendió.
-¡Agus! … tu papá al teléfono – gritó.
-No quiero hablar con él – dijo determinante.
-Agus por favor – dijo cuando lo tenía en frente.
-Hola – dijo tras atender por pedido de la madre - … aha, aha, sí … 3-0. Dos. Si hubieras estado como lo prometiste lo sabrías … - dijo dejando el tubo sobre la mesa y se fue.
-¡Agus! – dijo tratando de retenerlo, pero no insistió y levantó el tubo - …¿Hola?
-Hola, Ale ¿qué pasó? – preguntó el hombre.
-¿Qué te parece, Roberto? Que le prometiste algo que era importante para tu hijo y sin embargo lo olvidaste – dijo enojada.
-Pero si sólo es un partido, lo veré en otros, pronto volveré y entonces …
-¡Basta, no quiero oírte más! Diciendo eso demostras no conocerlo para nada y me partís el alma, Roberto, doy gracias a San Puta porque no se lo hayas dicho a él ¿o lo hiciste?
-No, pero ¿por qué te enojas? – preguntó sorprendido.
-Haceme un favor, Roberto, ¡madura! Sos padre hace nueve años y tu responsabilidad deja bastante que desear, no quiero oírte más, chau – dijo colgando dejándolo hablar sólo.
A los minutos volvía a sonar el teléfono.
-Es tu padre, Ratón ¿no querés hablar con él? – le preguntó cuando se disponían a cenar.
Agustín sacudía la cabeza diciendo que no y la mujer atendió.
-Hola … ¡pará! – tapó el tubo y le pidió al chico que la dejara un momento sola - … Acá estoy. No, no me digas “¿por qué te enojas?” si para vos éste día que para Agustín le era tan importante te importaba un pepino, ta! Puedo entender tu trabajo y todo, puedo entender las promesas que me rompiste a mí, pero a Agustín nunca oíme bien … nunca le vuelvas a prometer algo que no vas a cumplir, no me importan tus razones, Roberto. ¿Es que no te das cuenta? No me digas “dale Uruguayita” porque no lo voy a olvidar, al igual que no lo va a hacer tu hijo … Él sólo te quería ver y hacer que te sintieras orgulloso de él. No te pedía mucho y ahora gracias a vos está llorando en su cuarto en vez de estar alegre por lo que tanto lucho y consiguió hoy … No te estoy haciendo un escena, bueno a lo mejor si y la obra se llama “ El padre que le importa un pito su hijo”. Decí lo que quieras de mí, ya no me importa. Sólo te hablo como interlocutora de Agustín. No, Roberto, así como que tengas a una mina allá, no me importa, casate, se feliz, pero ya basta … no lo soporto más, Roberto … ¿qué … que yo lo aparto de vos? … no, pará ahí!!!. Es tu hijo el que no quiere hablar con vos y no porque yo se lo diga … No me vengas con estupideces, Agustín es tu hijo seas homosexual o heterosexual. Ta, no sé. Hablamos otro día, no, chau Roberto – y colgó.
A la tarde del día siguiente fue Matilde a visitarlos. La mujer tenía puesto una pollera larga color marrón y una blusa naranja.
-¿Dónde está el campeón del partido? – preguntó cuando el chico le abrió la puerta.
-Hola, tía – dijo al verla y ella lo abrazó.
-Hola, mi amor ¿cómo estás? – preguntó sonriéndole.
-Bien bien, estaba mirando la tele – adjuntó.
-Está bien … ¿y tu mamá? – preguntó al entrar a la casa.
-Está acostada en la cama, no se quiere levantar. Yo fui y volví de la escuela y no se despertó, ahora estoy desde hace cinco horas en casa, pero no se despierta – dijo finalizando el informe.
-Aha … permiso – dijo pasando hacía el cuarto de Alejandra - …¿Se puede? – preguntó.
Alejandra no reaccionaba, estaba despierta tenía los ojos abiertos de par en par con la mirada perdida. Matilde se sentó en la cama y mirando a Agustín le dijo …
-Tesoro ¿no prepararías por favor el mate? … gracias!. – miró a Alejandra - …y ahora vos me vas a contar que te pasa, Ale … Alejandra mírame! … ¿qué pasó? – insistió.
-Roberto tiene a otra persona – contestó sin vacilar.
-¿Cómo? Pero eso es imposible ese hombre no tiene más que ojos para vos.
-La otra persona es Ismael – continuó.
-¿No? – contestó asombrada.
-Sí, yo siempre sentí algo, siempre existía esa distancia entre nosotros cuando estaba acá.
- Aha – dijo afirmando - …¿y ahora que vas a hacer?
-No sé. Por ahora lo único que sé es que me duele la cabeza – dijo protegiéndose los ojos de la luz y una lágrima brotó del ojo izquierdo hasta llegar a sus labios.
-Pará … tengo aspirinas en la cartera … ¡acá! ¿tenés agua acá o te traigo un vaso de la cocina?
-Tengo acá … gracias – dijo tomándosela.
-Trata de dormir, nena – dijo tapándola y yendo al comedor vio a Agustín – Tesoro me voy a casa, le di una aspirina a tu mamá porque le dolía la cabeza, si? y le dije que durmiera un poco.
-Está bien, tía, hasta mañana – dijo saludándola.
A la mañana siguiente cantaban los pájaros y el sol brillaba radiante, un par de nubes decoraban el cielo.
Todo el vecindario estaba cotorreando y cuando Alejandra volvía del mercado y pasaba junto a Carmela y Blanca oyó “ay pobrecita”, se paró y les habló …
-¿Perdón, por qué pobrecita? – dijo alterada.
-Escuchamos lo de tu marido, nena – dijo Blanca.
-Sí, mira que abandonarte por un “hombre” que bajo cayó … - dijo Carmela.
-¡Basta! No voy a permitirles que sigan con sus palabras retrógradas. Si nos separamos es cosa nuestra y no importa con quien se haya ido ¿ta?
-Pero debe ser duro, ser plantada porque tu marido se va con otro hombre – insistía Carmela.
-Es igual de duro que si hubiera sido una mujer, ahora váyanse de mi propiedad y ni se acerquen a Agustín con esas estupideces ¿me entendieron? – dijo cerrando la puerta de un portazo y del lado de adentro se apoyo contra ella y soltó un par de lágrimas.
Al pasar dos horas llegó el chico a la casa y buscó a la madre.
-Mamá … ¿por qué los vecinos me miran con cara de velorio? – preguntó rascándose la cabeza.
-Se burlaban estúpidamente por algo respecto a tu padre, pero no les hagas caso, ratón.
-¡No …! – gritó y agregó - … Ese Pablo lo contó todo.
-¿Qué es todo … qué contó, ratón? – preguntó extrañada.
-Ayer las oí hablar a vos y a la tía, perdón. Y bue … le pregunté a Pablo qué era homosexual y heterosexual, me sacó porque se lo preguntaba y después estuvo tomándome el pelo … Mamá … ¿está tan mal que papá sea homosexual? – preguntó confundido.
-No, para nada … no te dejes decir otra cosa. Ser homosexual es algo natural y normal, ratón.
-Perdón por oír y preguntar, mamá – dijo bajando la cabeza.
-Te perdono, mi amor … Con razón hablaban en el barrio – dijo más bajito.
-¿Cómo? - preguntó sin comprender.
-Que a la gente le encanta hablar de una anécdota y mostrarla como quieren, que es lo que hicieron hoy en el barrio.
-¿Y por qué lo hacen? – preguntó mirándola.
-Haceme una pregunta más fácil, ratón. Simplemente estamos rodeados de gente que no acepta que la gente sea diferente o sea otra gente. Les da vergüenza, miedo, pudor, pero nada de eso los disculpa. Simplemente en el mundo hay gente que no “piensa” ¿entendes, ratón?
-Sí, pero … ¿pueden lastimar a papá por ser diferente, mamá?
-No creo que llegue a eso, ratón, no te preocupes.
-Es mi culpa que todos sepan que él es diferente – dijo reprochándose.
-Ey nada de eso, no es ni la tuya ni la de nadie. Y tu padre no es diferente, sólo se siente atraído por el sexo masculino, en lo demás es igual a vos.
-Aha – dijo mirándose las manos.
-¿Entendes, mi amor? – dijo acercándose a él.
-Sí, mamá – dijo sonriéndole.
Al paso de tres días un hombre golpeaba la puerta de Agustín y Alejandra.
-¿Quién es? – preguntó el muchacho.
-Soy yo, campeón … papá – dijo Roberto.
-Hola, papá – abrió y saltó a sus brazos olvidándose de su ausencia en el partido.
-Hola ¿cómo estás y tu mamá? – Preguntó cuando el niño lo hizo pasar.
-No está – contestó el chico sentándose en la silla.
-¿Dónde está? – volvió a preguntar.
-Fue a hacer un mandado ¿cómo estás? Me enteré de que sos homosexual – dijo de frente.
-Ah … - Roberto no sabía qué decir - … te lo dijo tu madre eh – tartamudeó.
-No, espié y de ahí lo saqué – dijo poniéndose colorado.
-Aha, sí lo soy. Y estoy bien ¿y vos?
-Tambien, ahora lo sabe todo el barrio por el buchón de Pablo lo de que sos homosexual.
-Ah … entiendo – dijo un poco avergonzado.
-Pero tranquilo, papá. A mamá también le gustan los hombres ¿y vos la notas nerviosa por eso? – Dijo sonriéndole.
-No, tenés razón … te quería pedir algo … ¿me perdonas por haber roto mi promesa?
- …Puede … - dijo manteniendo distancia - … ¡Te perdiste un partidazo! – afirmó.
-Estoy seguro y lo siento – contestó.
-¿Estabas con él, papá? –preguntó curioso.
-¿Cómo? <
-Con Ismael, si estabas con él-
-Ah ¡sí! – respondió dubitativo.
-Bueno en todo caso, me tenías que ver en el minuto trece cuando Gonzales me pateó la pelota por el lado derecho y la clavé en el ángulo y en el minuto cuarentaisiete meto el segundo por un cabezazo, el tercero fue un pase de Chilena que parecía más bien Boliviana, pero la cosa es que la pelota entró y …
Alejandra abrió la puerta de calle captando la atención de ambos hombres.
-Mamá mira quien está acá – dijo el chico saltando.
-Roberto … ¿cómo estás? – dijo con varias bolsas en las manos.
-Bien … te ayudo con las bolsas – dijo agarrando algunas.
-Papá me estuvo hablando de Ismael y dice que le gusta el futbol y quiere conocerme y que tienen un departamento en Punta del Este y que quieren llevarme en las vacaciones ¿puedo mamá, puedo? Dale, dale … - dijo zarandeándola de la ropa.
-Ya veremos, ratón – dijo calmada, pero la mirada la tenía rasgada de dolor.
-¡Ale! Lo quería hablar primero contigo, pero … -Alegó Roberto.
-No pasa nada, sólo que estoy cansada y quiero irme a la cama – dijo Alejandra.
-No ¡pará! … Agustín ¿nos dejas solos por favor, campeón? – le preguntó Roberto.
-Ufa siempre me echan – se fue enojado el muchacho.
-No, ratón, no te vayas, quedate con Agus, Roberto, yo me voy.
-Por favor Ale sólo un momento – dijo tomándole un brazo.
-Buenas noches, mamá … Chau, papá – dijo el chico despidiéndose.
-Que descanses, ratón.
-Chau, campeón, hasta mañana.
Agustín se fue al baño y después a su cuarto apagando la luz del corredor (pero la del baño se la olvidó encendida). Alejandra fue detrás y apagó la del baño. Después pasó por el cuarto del chico y le preguntó si necesitaba otra frazada a lo cual el chico dijo no.
-¡Ale! ¿podemos hablar ahora? – preguntó insistente el hombre.
-Está bien ¿qué pasa? – formuló la mujer al tranquilizarse.
-Me imagino que tendrás mil preguntas que hacerme, no …
-Te imaginarás mal … bue sólo una ya que estamos con ésta payasada … desde que me enteré no deja de rondarme una pregunta “¿Por qué la mentira, Roberto?”, pero después la traición termina contestándola, así que no … no tengo ninguna pregunta que hacerte.
-Me imagino que debe ser duro, pero quiero que sepas que no lo planee.
-Bue… al menos es algo.
-Ale yo te amé y hasta el día de hoy te adoro, pero …
-No hacen falta las explicaciones, Roberto.
-Agustín me dijo que en el barrio ya lo sabían – dijo casi susurrando.
-Sí, se enteraron – contestó casi fría.
-Me avergüenzo por lo que los hago pasar a Agus y a vos. Nunca quise esto … sé lo que dice la gente de que yo esté saliendo con Ismael y …
-¡Pará! A mí me importa bien poco, mejor dicho “nada” lo que opine la gente si se trata de mí o algo que me concierne y ésta separación me duele exactamente igual a que si ese Ismael se llamara María. No me importa el sexo que tenga, Roberto. Sólo me duele tu mentira, desde el día que nos casamos te dije que si llegase a venir alguien que quieras más que a mí, me lo dijeras, pero no lo hiciste, Roberto. Puedo entender que no te atrevieras porque de una extraña manera creías protegerme de la tristeza al callar, pero sin darte cuenta sos vos el que se juzga solito. Yo te sigo amando, Roberto y no me importa que no me quieras.
Hace tiempo sentí que te habías distanciado de mí, no pude ver la realidad o no quise, el caso es que siempre te querré y Agustín también. Sólo por él te pido que te comuniques más seguido – dijo haciendo un prolongado silencio.
-Lo voy a hacer, sé que me porte como un hijo de puta contigo, Ale, perdóname. Nunca quise lastimarte y tal vez tengas razón, me juzgué por la culpa, pero yo al nene y a vos los re quiero, flaca. Te quiero, Ale … perdóname – dijo abrazándola.
FIN.

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