domingo, 29 de junio de 2008

Magia o casualidad

Julio 2007

1º Parte
Se sentía mareada y tenía nauseas, se agarró la frente entreabriendo la boca y de a poco los ojos, pero veía todo borroso y los volvió a entornar. Trató de recostarse en el asiento, pero no pudo mantener la posición y volvió a inclinarse.
De repente un muchacho que se sentaba junto a ella le preguntó si quería un vaso de agua y ella asintió con la cabeza. La azafata se acercó con un vaso y la chica lo agarró bebiéndoselo en seguida, tras preguntar si quería algo más negó con la cabeza sonriendo y se recostó cerrando los ojos. Al pasar cinco minutos volvió a abrir los ojos y giró la cabeza mirando al muchacho.
-¿Embarazada? – preguntó el sonriendo.
-¡No!, la panza la tengo sólo por la comida – respondió seria la mujer.
-¡Perdón! No lo decía por su apariencia, sino por los síntomas que … - dijo disculpándose.
-¿Es que tengo a un médico a mi lado?.
-Aun no me recibí, pero dentro de unos meses lo haré – contestó.
-Ah ¡qué bueno! – dijo ella .
-¿Comió algo desde que despertó, señorita? – insistió el muchacho.
-¿Qué? ah … lo de recién, si, pero es otro el problema. Le tengo pánico a viajar en avión, por eso fue el malestar .
-No tiene de qué preocuparse, yo viajo siempre y acá me ve – dijo señalándose.
-Agradezco sus palabras, doctor, pero no es mi primer vuelo y viví de todo. Una vez se le rompió una turbina al avión, en otro vuelo un rayo pegó en el ala y “acá me ve”- dijo riendo.
-Pero con todas esas experiencias debería ser inmune al miedo – respondió.
-No es algo que pueda manejar ¡vio! Ante la gente no tengo miedo a volar ¿sabe? – dijo mirándolo a los ojos.
-¿Y por qué a mí me lo dice? – preguntó extrañado.
-Porque usted es un desconocido al cual nunca volveré a ver y no le importa mi miedo, por eso una vía de escape a la continua cara de acero que uno finge tener … ¿No me va a decir que usted no guarda secretos, verdad? – dijo la mujer inclinándose.
-La verdad es que no, no tengo secretos. No se vaya a creer que soy un santo, simplemente que el estudio de medicina me ocupa las veinticuatro horas del día y por ello no me relaciono con nadie, consecuencia de eso es no tener la necesidad de mentir – concluyó el muchacho.
-Parece que tu historia superó la mía – dijo ella.
-Ni tanto, yo no tengo miedo a volar, pero te aseguro que si un rayo hubiese acariciado … ¡no tocado! Como lo hizo contigo, sino que acariciado el ala se me hubiese parado el corazón … ¿Quién te espera? – preguntó repentinamente.
-Creo que una amiga, si es que sale a tiempo del trabajo ¿Y a vos quién te espera?
-Mi hermano mayor – contestó él.
-Y cuando … - la charla se interrumpió por las turbulencias.
Sus uñas estaban clavadas en los posa brazos, la cara le quedó blanca como el papel. Las turbulencias eran un poco fuertes, el hombre se giró hacia ella y le agarró las manos.
-¡Tranquila! Ya van a pasar … ¡agárrame fuerte! A lo mejor te ayuda … ¡trata de pensar en otra cosa, háblame … me estabas diciendo algo ¿qué era? Che … Señorita, mira empiece por decirme su nombre – dijo el chico agarrándole la mano.
El avión pasaba a través de algo más que nubes, pasaba a través de una tormenta eléctrica la cual se dejo sentir un poco.
-No puedo – dijo ella finalmente con lágrimas en los ojos.
-Claro que podes ¡dame tu mano! … así está bien … Me llamo Andrés y ¿vos? ¡Mírame a los ojos! – insistió el chico.
-Bettina – dijo frotándose los ojos.
-¿Qué deseas en éste mismo momento, Bettina? A parte de bajarte del avión … - dijo sonriendo.
-Abrazarme a mi padre – dijo tapándose la cara y sonriendo.
-Bueno … no soy él, pero ¡abrázame! – dijo el muchacho estrechando los brazos.
-¿Cómo? – dijo sorprendida - … ¡Mira que abrazo fuerte!
-Puedo soportarlo – respondió al desafío que le lanzó la chica.
Lo abrazó y efectivamente abrazaba fuertemente, con el paso de unos minutos el abrazo se tornó a calmado, pero sus brazos seguían temblando. Otros minutos más pasaron y la chica se quedó dormida entre los brazos de Andrés.
Tras dos horas más de vuelo, empezó a abrir los ojos y miró a su alrededor viendo a Andrés junto a ella.
-¡Buenos días, Bettina! – dijo sonriendo con una revista entre las manos.
-¿Buenos días? – preguntó.
-¡Sí! ya dejamos atrás la tormenta y hace hora y media que amaneció ¿Cómo se siente? – preguntó alegremente el chico.
-Creo que bien, me duele un poco la columna, pero sino … bien –respondió la chica acomodándose.
-Debe ser por la postura ¿quiere desayunar?
-¡Sí, eso debe ser! … y sí me muero de hambre ¿ya sirvieron la comida?
-Aun no, pero ya vi como preparaban las bandejitas.
A los quince minutos pasó una azafata con dos bandejitas, uno para él y otro para ella. La muchacha traía una sonrisa de oreja a oreja.
-Señorita … ¿té o café? – preguntó con un acento muy marcado.
-Café, gracias – respondió la mujer agarrando la bandeja y depositándola en la mesita.
-¿Usted caballero … té o café? – volvió a preguntar la muchacha.
-Café también por favor – dijo sonriendo.
La muchacha ya le había servido entre otras dos azafatas más el desayuno a toda la gente del avión. Casi la mitad del mismo acababa de despertar y comían con cara de dormidos.
-Tengo que pedirle una disculpa por el comportamiento de anoche, doctor. No me puedo controlar ¿sabe? Siempre me traigo mil calmantes y pido alcohol para distraerme, pero me olvidé de meter las pastillas en la cartera y con el alcohol que dan acá no alcanza …
-Está bien, no hace falta ningún perdón, Bettina.
-Pero sé que pierdo la cabeza y digo mil estupideces sin darme cuenta, si en algún momento lo ofendí con lo que dije le pido perdón.
-Realmente está bien. Ahora no me puedo acordar de algo que me ofendiera, pero por si acaso y para que se quede tranquila la perdono ¿Se siente mejor?- pregunto y ella asintió.
El tiempo pasaba muy lento. Andrés leía un libro y Bettina miraba las nubes por la ventana, después se recostó nuevamente y respiro profundamente.
El chico poniéndole su mano encima del brazo le hablo.
-¿Por qué si sabe que le hace mal mira por la ventana? – preguntó intrigado.
-La vida hace lo mismo, pero por tener miedo no me la quiero perder.
-¡Buena respuesta! … ¿Puedo hacerte una pregunta?
-Ahora que me tuteas sí – dijo sonriendo.
-¿Por qué no me decís Andrés? – preguntó él.
-Ah ¡esa era fácil! …
-No no, es otra … ¿Por qué viajas tanto? Antes lo habías mencionado, pero no dijiste el motivo ¿Es por asuntos personales o laborales?
-Un poco de ambas … trabajo en una empresa tecnológica de exportación y vivo lejos de mi familia por lo cual cada año los visito.
-Aha ¿y te gusta tu trabajo? –preguntó cerrando el libro.
-Para nada … lo odio. Tampoco es un laburo que valga por el sueldo, más bien es porque fue lo único que conseguí. Nunca quise hacer una carrera universitaria. Mis padres en el fondo querían que hiciese una, aunque tratan de ocultarlo, pero dicen haber aceptado mi decisión y así conforme fue pasando el tiempo aumentaba la presión de alrededor, de la misma sociedad y el trauma inculcado crecía. Me busqué un trabajo que odiaba, por un sueldo que me alcanzaba a duras penas y un pasaje que me liberaba de esa presión … ¿Y vos? – preguntó.
-Bueno yo realmente lo hago porque me gusta la idea de ayudar. Cuando termine quiero irme por toda América Latina o a África. Mi padre siempre quiso que siguiera el legado de la familia o sea pescador y mi madre no era muy comunicativa que digamos, pero siempre me ayudo en “mis locuras” como siempre me decía.
-¿No me los queres cambiar? – preguntó ella de súbito.
-La verdad que no, por más que mi padre sea un poco seco es un buen tipo y aunque mi madre sea de pocas palabras es igual ¿Cómo son los tuyos? – preguntó mirándola.
-Los causantes de todos los traumas que me acompañaron en ésta vida. A mi padre de chica lo veía poco, todas las promesas que me hacía las rompía. Es un autoritario asqueroso y re frío. Mi madre es igual, trabaja todo el día en una agencia de turismo, parecía como que su lema era “Cualquier cosa es más importante que mi hija” Ella directamente no me dejo sentir si era fría, porque nunca estaba en casa al volver yo de la escuela. A raíz de eso conocí a muchas niñeras y fueron muchas porque ellos las espantaban. Me acuerdo que siempre me pedían perdón antes de irse y yo me volvía a quedar sola con ellos, hasta que caía la siguiente …
-Lo siento – dijo él un poco dubitativo.
-No pasa nada, ya pasó aunque llevó tiempo asimilarlo no creas …
-¿Y ahora cómo te sentís frente a todo eso? – preguntó analítico.
-¿Qué casualidad que me haya tocado un psiquiatra de compañía, no? – dijo sonriendo.
-Bueno yo no creo en casualidades … Seguramente recordas a un rubio con lentes de sol y campera de cuero rojo bordó en el aeropuerto ¿no?
-¿Sí? – dijo dubitativa.
-Bueno, le cambié el asiento junto a la ventana por éste – dijo esperando su respuesta.
-¿Se me está insinuando, doctor? – preguntó bajando un poco los parpados.
-No, no, no me malentienda por favor, primero soy un perro para ese tipo de “insinuaciones”.
-Bue … a mí no me pareció muy perro a decir verdad – afirmó ella.
-No te me rías en la cara por favor – dijo él poniendo cara de lástima.
-Bueno … ¿qué quiere decir? – insistió Bettina.
-Es mi primera vez – contestó sin vacilar.
-¿Qué se lo cuenta a una mujer? – preguntó desconcertada.
-También … mi madre pondría el grito en el cielo, pero siempre viaje en tren … ¡Sí, soy un pueblerino!
-¿Qué tiene que ver ahora que sea pueblerino? – preguntó repentinamente.
-¿Es que acaso no le da risa que un hombre de veintiocho años le mienta a sus padres por una tontería así?
-Ya que estamos con esto de las edades, tengo treintaicuatro años y nunca les hable desde la verdad a los míos.
-Aha … otra cosa … ¡no soy psiquiatra! – dijo riendo.
-¿Y qué médico serás al recibirte? – preguntó ella peinándose.
-¡Cirujano! Por eso quiero aprovechar el estudio al mango y emplearlo donde no tienen recursos.
-¡Qué bueno! … Volviendo repentinamente a lo anterior no me dijo al final porque decidió sentarse junto a mí.
-Bueno … no soy de dar vueltas y se me da muy mal el arte de las palabras, no tengo la sutileza que se requiere en éstos casos. Su cara me transmitió franqueza y amabilidad y quise conocerte – dijo el chico rascándose la cabeza.
-Para no ser bueno le sacas las palabras de la boca a una.
-No era mi intensión. ¿Sabía … sabes que respiras con dificultad mientras dormís? Seguro que sí, pero …
-No, no lo sabía, no tengo a nadie a mi alrededor que me lo diga, pero ¿ronco? – preguntó susurrando.
-No, haces una pausa como que te costase respirar y a cada cinco segundos hinchas el pecho y ahí soltas una respiración de alivio … - dijo enumerando cada cosa.
-Me hiciste la radiografía – dijo cubriéndose la cara con la mano.
-Sí – dijo sonriendo - … pero lo podes corregirlo con un calmante si queres.
-¡Gracias! – Andrés sonrió como con vergüenza - … y contestándote a como estoy ahora … Mas o menos, vivo sola, no tengo amigos, ni conocidos, ni siquiera mascotas o plantas. Mi vida se convirtió en una marioneta que va y viene del trabajo a casa.
-¿No conservas el contacto con tus padres? – preguntó curioso.
-No, desde hace diez años que no les hablo más.
-¿Y es el mismo el trabajo que tenes ahora al que tenías entonces?
-¡Sí! Seguramente estarás pensando … y sabiendo dónde poder localizarme no lo intentaron ¿verdad? – dijo ella suspicas.
-Debe ser duro vivir algo así. No me podría imaginar lo que sería perder a los míos.
-Yo lo prefiero así. El tenerlos sólo me hacía peor y ahora por lo menos esa parte ya es historia, pero dejando el drama familiar, contame ¿Tenes alguna muchacha esperándote en casa?
-No – respondió sintiéndose un poco acosado.
-¿Vivís sólo o con tu hermano? – preguntó nuevamente.
-Sólo con dos gatos – respondió sonriendo.
-¡Qué lindo! ¿cómo se llaman? – preguntó bostezando.
-Malé y Sindra aun son cachorritos, bueno … a mis ojos.
-Lindos nombres ¿se te ocurrieron a vos? – preguntó apoyando la cabeza en las manos.
-En un principio sí, pero si después sale uno diciendo que Sindra lo inventó él, le dejo el placer.
-¿Te describirías como alguien sumiso, Andrés?
-A veces sí – respondió.
Pasaron tres horas más Bettina dormía nuevamente y su cabeza se había deslizado del almohadón al hombro de Andrés que no dijo nada al gustarle verla dormir y así dejó nuevamente el libro (que había reanudado tiempo atrás) sobre sus piernas y recostó la cabeza para descansar un poco y a los minutos se quedó dormido.
Bettina despertó sobre aquel hombro ya familiar y se quedó mirándolo.
La azafata les acercó la comida y ella despertó al chico preguntándole si quería comer.
-¿Cuánto faltará para llegar? – preguntó impaciente.
-Creo que un par de horas todavía – respondió él.
-¿Para qué pregunté? – dijo llevándose las manos a la cara.
-¡Vamos, Bettina! Que ya hicimos la mitad del recorrido y estás aguantando bárbaro, hasta opacaste mi pequeña inseguridad de la primera vez.
-¡Anda …! Lindo consuelo – respiró profundamente cerrando los ojos y sonrió.
-Tenes que pensar en otra cosa … ¿Dónde te gustaría veranear? – preguntó.
-En una playa de arena blanca y médanos … agua verde, muchas olas y olvidarme de todo … ¿Y vos? – preguntó de repente abriendo los ojos.
-Me emocionó tanto tu relato que opto por el – dijo sonriendo.
-¿Por qué viajas? – preguntó cambiando de tema.
-Ya te lo dije, vine a visitar a mis padres y vuelvo a mi casa (dónde estudio) y mi hermano aprovecha para romperme la paciencia cada media hora, porque vive a tres cuadras.
-¿Él también estudia medicina? – preguntó jugando con un botón.
-Sí, pero se fue por otra rama de la medicina. Él se recibió hace unos años y ya es practicante. Es el doctor de Malé y Sindra “El veterinario “- calló al darse cuenta que contaba cada detalle.
-Me imagino la reacción de tu padre – dijo ella.
-Me acuerdo de cuando Alejandro (mi hermano)salió con sus planes a mi padre no le gustaba nada, creía que su propio hijo lo estaba traicionando y mi sólo me hizo más difícil salir con los míos, pero bue …
-Al menos los tuyos por más enojados que estuviesen con tu decisión siempre estuvieron junto a vos – dijo mirando por la ventana.
-No te creas, bueno sí estuvieron conmigo, a lo que me refiero es a eso que llamas “decisión”, estuve tiempo maquinándome mientras salía a pescar con el viejo pensando en qué es lo que quiero de la vida. El click definitivo llegó cuando me olvidé del resto y sus opiniones, fue entonces dónde me di cuenta que quería ayudar a la gente y a partir de eso lo que ya te conté … ¿Qué te pasa, Bettina? – preguntó al ver sus ojos rojos.
-¿Qué haces si nunca te llega un momento en dónde sentís que tu vida se resuelve y tiene sentido?
-¡No permitir que eso te derrumbe! – respondió.
-Es más fácil decirlo que hacerlo.
-Nunca dije que fuera fácil. Algo que no podes olvidar es que muchos de los “oficios” son expectativas vacías de una sociedad que está podrida.
-Tener tan presente eso es lo que me hace alejar de todo y aun así estoy metida en uno de esos “oficios” …
-¿Cuál es el momento en el qué haces algo con ganas y pasión? – preguntó él.
-¿Me lo preguntas en serio? – su mirada insistente se lo afirmó – bueno, cuando pinto, los fines de semana. Como estoy sola en casa salgo a la terraza y empiezo a dibujar.
-¡Una artista! – dijo sonriendo.
-No para tanto – respondió.
-Eso lo pueden juzgar mejor ojos que no se juzguen a sí mismos ¿Qué es exactamente lo que pintas? – preguntó.
-Dibujo con óleo en grandes telas y a veces dibujo con acuarela aunque eso ya es más como un pasa tiempo.
-Mira vos … ¿y no te gustaría dedicarte de lleno al arte? – preguntó.
-No sabría por dónde empezar, ni cómo encararlo y si lo conseguiría dudo de que mis pinturas gusten – dijo finalmente.
-Bueno lo primero rastrillando los rincones es posible solucionarlo, lo de cómo encararlo es cuestión de encararlo y lo de tu baja autoestima ya lo había notado, pero todo salvo la muerte tiene solución, Bettina – respondió sonriendo.
Ella bajó la mirada asintiendo.
Estuvieron charlando el resto del viaje, las horas pasaron como “volando” y cuando quisieron darse cuenta por los altos parlantes les comunicaban que ya estaban llegando por lo cual les pidieron enderezar los asientos, plegar las mesitas y atarse el cinturón.
-¿Qué tal el aterrizaje con tu …? – preguntó Andrés.
-¡Horrible! No importa cuántas veces haya volado, ese miedo está pegado a mi subconsciente – dijo interrumpiendo su pregunta.
-¡Tranquila, respira hondo y cerra los ojos! – dijo agarrándole la mano.
Bettina siguió sus instrucciones, hasta que la máquina aterrizó y bajando del avión fueron juntos a buscar sus valijas.
Él en seguida encontró sus cosas; una valija azul y un bolso de cuero marrón. Ella tuvo que esperar más hasta obtener sus cosas; una valija vieja del color violeta y una mochila negra, el muchacho se quedó haciéndole compañía hasta que finalmente bajaron de la cinta sus cosas.
Agarraron un carrito del aeropuerto para subir sus valijas y se fueron a chequear algo de los pasajes. Al finalizar dieron vueltas mirando alrededor, pero no habían rastros ni de Gustavo, ni de Julia.
-Y otra vez que éste sorete me deja plantado – dijo riendo Andrés.
-No sos el único, aunque yo ya lo intuía, como estaba trabajando mi amiga a lo mejor le pidieron horas extras.
-Bueno … ¿queres tomar un café? ¡Yo invito! – dijo él caballerosamente.
-Bueno, acepto ¿pero dónde? – preguntó pasándose la mano por el pelo.
-Acá mismo junto a las vidrieras hay una cafetería – dijo señalándole.
Fueron caminando con el carrito hasta ella, se sentaron en una mesa en donde podían estar junto a sus valijas. Pidieron dos cafés y dos sanguches calientes y así continuaron su charla.
Habían llegado a las cinco de la tarde y ya eran las diez, cuando miraron el reloj se quedaron mudos. Se pusieron de pie, mientras que Andrés pagaba la cuenta Bettina aprovechó para ir al baño.
Al salir del baño se dirigió a la mesa dónde estaba Andrés y agarrando el carrito se fueron hasta la salida.
-¿Tenes dónde quedarte? Lo digo por… porque tu amiga no vino – preguntó el chico.
-Tengo sí, ella sólo me iba a hacer de taxi – respondió sonriendo.
-Ah ta … - dijo él.
-Es ahora o nunca – susurró.
-¿Qué? – preguntó sin haberla oído.
La mujer se puso de puntitas de pie y le dio un beso sobre los labios, cuando volvió a abrir los ojos, vio que los de él estaban cerrados.
-Nunca me voy a olvidar de haber conocido al mejor doctor del mundo – dijo mientras subía sus cosas a un taxi y éste arrancaba.

2ª Parte
Se estaba lavando las manos tras una operación que demoró tres horas dónde logró extirparle el tumor a una joven que se encontraba en su estómago y al terminar salió a la sala de espera comunicándole a sus familiares la buena noticia.
Después se dirigió a un cuarto de descanso y se recostó en la cama. De repente se abre la puerta y se enciende la luz. El hombre se tapo los ojos irritado por la luz y oye decir a una enfermera …
-¡Tenes teléfono, Andrés, es tu hermano! – y salió del cuarto.
Andrés se enderezó y bostezó, se puso nuevamente la túnica blanca y salió al pasillo hasta llegar a recepción y atender el llamado.
-Hola, gracias – atendió el tubo - … ¿Sí? hola, bien … aha. ¿Qué? no no, no sé hasta cuando estaré acá. Bueno … quedamos así … Si Martínez te llamo y te aviso … ¡ta! … chau.
-¿Buenas noticias, Dr. Binoche? – preguntó alegre la enfermera.
-Yo que sé, era mi hermano que me invitó a una exposición de pintura. No quería ir, bueno … no quiero, pero ta me habló tanto que termino por convencerme y le dijo que si llega Martínez para suplantarme lo llamaba.
-¡Qué bueno! Va a ver como Carlos lo hace sin problemas, me acaba de llamar para avisarme que estaba en su casa por cualquier cosa.
-No … y yo que había confiado en que ésta noche no vendría … ¿por qué no le di otro nombre? – dijo lamentándose en broma – Estoy bromeando, Ana. Me voy a recostar un poco, cualquier cosa avísame y otra cosa, ¿me harías un favor … llamarías a mi hermano para decirle que venga cuando quiera? … ¡Gracias!
Media hora más tarde siente como alguien lo zarandea y al abrir los ojos ve a su hermano, se pone (como puede) de pie y trata de arreglarse. Caminó hasta el baño y se lavó la cara, al volver a la habitación se cambió de ropa y se disponían dejar el hospital saludando a Ana cuando en la puerta vieron a una mujer ensangrentada. Ana se acercó con dos enfermeras y Andrés quiso quedarse a ayudar.
-Flaco no sos el único médico que existe. ¡Ya está por hoy … nos vamos y te vas a calmar un poco de todo éste circo! – dijo Gustavo.
-¡Vaya Dr. Binoche! Nosotros nos encargamos – dijo la enfermera.
-Gracias, Ana – respondió Gustavo agarrando a su hermano.
Se subieron al auto y el hermano mayor arrancó el motor.
-¿En qué pensas, hermanito? – preguntó el conductor.
-En que debí haberme quedado para ayudar a esa mujer – dijo reprochándose.
-Hermano … moribundo como estás no le servís a nadie – dijo Gustavo.
-¡Gracias! – dijo sarcásticamente.
-Lo digo en serio, flaco, estás hecho una piltrafa. Tenes que tomártelo con calma, por eso quiero que te despejes un cacho – dijo mirando a la calle y mirándolo a él.
-Sé que lo hace en una buena, Gus … ¡allá vamos! – dijo mirando por la ventana.
Habían recorrido tres kilómetros y Andrés de repente le comentó al hermano si se acordaba de aquella vez hace cinco años ya de cuando lo dejó plantado en el aeropuerto y rieron al recordar qué lo había retrasado.
-¿Viste el partido anoche? – preguntó Gustavo.
-No, al llegar a casa eran las tres de la matina y ni bien me acosté quedé frito, perdiendo la noción de todo – contestó con los ojos entornados.
-¡Mejor! Te ahorraste el dolor de cabeza que yo me agarré viéndolo. Mira que con la guita que ganan podrían meterle más motivación eh, esos zanguangos. No sabes la cantidad de goles desperdiciados. Estoy seguro de que juega papá y les gana a todos y mira que él odia el futbol y no sabe ni cómo son las reglas – rieron - … Lo de ayer fue el arte del bochorno lo que obró en la cancha ¿Y vos qué me contas? – preguntó de repente.
-Nada , lo de todos los días, me levantó voy al laburo y a la noche vuelvo a casa y ya está.
-Uh … “cuanto sentimiento” – respondió el hermano.
-¿Y qué queres que te diga? – preguntó un poco mal humorado.
-No sé, hermano … que conociste a una minita, que saliste del armario, que tenes planeado de hacer un viaje en moto como hizo el Che. Alguna emoción, flaco, sólo vivís para el laburo y especialmente en tu trabajo lo respeto y admiro, pero no podes vivir toda tu vida enfocado en eso nada más, Andrés.
-¿Estás buscando que te invente una mina? Porque vos mejor que nadie sabe como soy, sabes que no se me da ese terreno y por eso me voy más dentro de la medicina y me vuelco en mi trabajo ¿tan mal está eso? – dijo sintiendo la obligación de defenderse.
-Primero que nada quiero que quede claro que no te estoy atacando y si digo esto es porque es lo que veo, flaco, acordate de que vos también sólo vivís una vez. Che sabes bien que mi intensión no es ser pesado, lo digo porque te quiero y veo como dejas que pase la vida sin hacer otra cosa, no quiero que te pierdas de la vida por estar dentro de un libro.
-Lo sé y te agradezco, pero ya me conoces – dijo levantando los hombros.
-¿Qué hora es? – preguntó.
-Las diez de la noche ¿por? – contestó y preguntó Andrés.
-Llegamos justito, es “premier” lo que vas a ver, flaco.
-¿Premier de qué? – preguntó.
-Una exposición de pintura, ya te lo dije … “Tuttodino” presenta sus nuevas obras … pensé que te gustaría por eso te invité …
-Está bien, no hace falta que te disculpes – sonrió - … ¿Qué tal dibuja el loco, abstracto … no soy muy ducho en esto?
-El loco es una mujer y sus obras tienen varios estilos, ya los vas a ver déjate sorprender, hermano.
-Está bien sólo preguntaba.
Encontraron un lugar para estacionar el auto a unos pasos del museo.
Entraron a la sala y Andrés se quedó como embrujado ante el primer cuadro; era la silueta de una mujer desnuda y al mismo tiempo con óleo tenía pintado el cuerpo, se podían ver las huellas de dedos sobre su cuerpo, tenía el pelo suelto y salvaje, y su mirada le era tan familiar que no le pudo sacar ojo de encima. Gustavo se acercó a él golpeándole suavemente la espalda, para hacerlo reaccionar.
-¿Te embrujaron, flaco? –dijo.
-¿Qué? Ah sí … ¡mírate éste dibujo! – dijo anonadado.
-¡Está hermoso, la verdad! –dijo Gustavo al verlo.
-¿No sentís algo familiar en él? – preguntó dudando de su pregunta.
-Familiar no, es muy expresivo y salvaje a la vez, pero no me resulta familiar.
-Debo estar alucinando entonces – dijo desilusionado.
-Bueno … ¡veni a ver el resto de las obras! – dijo tirando de su brazo.
Y así vagaron por el museo y vieron las veinticinco nuevas obras junto a algunos clásicos de la artista.
-¡Tenías razón, Gustavo! – dijo Andrés.
-Como siempre … - dijo riendo - …¿con qué? – preguntó mirando un dibujo.
-Con la pintura, ahora entiendo que te guste tanto, yo nunca me había salido de los márgenes de la medicina, no ¡pará! … Una vez hace tiempo ya compré varios libros de grandes pintores, pero por el trabajo los fui dejando de lado.
-¿Vos tenes libros de pintura? – preguntó burlón.
-¡Sí! … dibuja hermoso la chica ésta … ¿Tuttodino? ¡Mira ese dibujo! – Era un paisaje de una playa de arena blanca con altos médanos, un par de gaviotas rondando sobre el mar y olas que acariciaban la orilla - …¿Sonaría estúpido decir que transmite tranquilidad?
-¿Sentís tranquilidad al verlo? – preguntó Gustavo.
-¡Sí! – respondió.
-Entonces no suena estúpido. Es un dibujo muy pasivo … mira la técnica con la que está hecha y los trazos delicados … - dijo entusiasmado.
-Me hablas en ingles si empezas con tus técnicas – reprochó Andrés.
-Está bien me callo – dijo levantando los hombros.
-¿Crees que la venderán? – preguntó interesado.
-¿Éste? Mmm no lo creo, pero podemos averiguarlo.
Al terminar de ver todo el museo se dirigieron a una muchacha ( detrás de un mostrador) y le preguntaron acerca de las obras.
-¡Buenas noches, señorita! – dijo Gustavo.
-¡Buenas noches, señores! ¿En qué puedo ayudarlos? – preguntó la chica con voz aguda.
-Nos preguntábamos si éstos cuadros están a la venta – esperó respuesta.
-Algunos … ¿Cuál le interesa? – preguntó la chica sacando un catálogo.
-Uno que se llama “La calma ante mis ojos” – dijo Andrés sumándose a la conversación.
-Ah … ya sé cuál es, es muy hermoso si … pero lamento decirle que ese no está a la venta, si quiere ¡acá! En éste catálogo encuentra las pinturas que sí lo están y si así lo desea puede comprar una – dijo sonriendo la muchacha.
-¿Y la pintura de la entrada? – preguntó insistente.
-¿Cómo se titula? – pregunta jugando con una lapicera.
-No sé, es una mujer pintada sobre la piel con el pelo alborotado …
-Déjeme ver … - dijo hojeando el catálogo -… Lo lamento, señor.
-Está bien, gracias igual ¡Buenas noches! – dijo frustrado Andrés se le leía la desilusión en la mirada.
-¡Pará! … yo quiero éste, señorita – dijo señalando uno en el catálogo.
Saliendo del museo y subiéndose al auto, Gustavo le muestra al hermano el cuadro que compró. Era una mujer amamantando a un bebé.
-¡Éste es para la colección! – dijo orgulloso.
-¿Colección de pinturas o todas las que tenes son de ésta Tuttoboni? – preguntó Andrés.
-¡Tuttodoni, bestia! Y ¡sí! tengo una gran colección de cuadros de Tuttodoni, cuando quieras podes pasar por casa a verlos … ¿ta? – dijo sonriendo.
El auto frenó en la puerta del edificio de Andrés, éste bajo agarrando su bolso de cuero negro y la campera y saludando desde la puerta se metió en el hall.
Esperó al ascensor y mientras lo hacía entraba Gloria (una vecina anciana) con su perro.
-Buenas noches, doña Gloria – dijo el muchacho.
-Buenas, nene. ¿Me haces más vieja de lo que soy con ese “doña” eh?
-Disculpe – respondió.
-Y ahora encima me pedís perdón – dijo riendo a carcajadas.
-¿Todo bien, “Gloria”? – preguntó acentuando el nombre.
-Sí, nene. Las nanas de siempre, pero bien.
-¿Y vos Negro, cómo estás? – dijo agachándose para acariciar al perro.
-El veterinario me dijo que no tenía nada, pero esa falta de pelo que tiene en el lomo me dice otra cosa … ¿Vos no tenías un hermano que es veterinario? ¡Sí! ¿Me podrías dar su número de teléfono? – preguntó la anciana apoyándose en la pared.
-¡Qué lástima que no nos hayamos encontrado afuera! Me acaba de dejar con el auto y a lo mejor lo podía haber visto ya, pero claro que le doy su número.
Se metió la mano en el bolsillo interno de la campera y sacó una tarjetita del hermano dándosela.
-Gracias, nene – dijo agarrando la tarjeta y después se metió en su casa saludándolo (Vivía en planta baja).
Al llegar el ascensor salió Raúl con sus dos Rotweilers y Andrés les dejó paso saludando a Raúl y a sus perros, se metió y apretó el octavo piso. Al llegar al piso caminó hacia su puerta y abrió, se encontró con Malé jugando en medio de sus piernas, tiró las cosas sobre el café y levantó al gato.
Fue a la cocina y lo bajo al piso, abrió la heladera; solo había un tomate, un queso casi acabado, un tetrabrick de jugo de manzana y uno de leche y sacó la leche para servirle en un tachito y para él se sirvió un vaso de jugo.
Al rato se metió a la ducha y tras el baño, se puso calzoncillos y se encaminó a la cama, vio que Malé estaba dormido sobre su almohada y decidió no joderlo apoyando la cabeza en la esquina de la misma.
El sol entraba con todo su esplender por la ventana del cuarto de Andrés y éste entreabrió los ojos, al ver el reloj saltó de la cama.
-¡Mierda … mierda, mierda, mierda! – puteó - …¿Dónde deje los pantalones? … -encontró los pantalones y sacó una camisa del ropero, se terminó de arreglar y después salió volando derecho al hospital.
Se tomó un taxi, porque el ómnibus ya se lo había perdido, así que llegó en cinco minutos después al hospital. Dónde Ana lo recibió con una sonrisa y un ¡Buenos días!
-Hola hola … ¿llego muy tarde? – preguntó agitado y casi sin aliento.
-No, Dr. Binoche, bue … una hora tarde, pero yo lo cubrí con el jefe – dijo sonriendo.
-¿Cómo? – preguntó tragando aire y atragantándose.
-¿Está bien, doctor? – preguntó la muchacha levantándose y dándole un vaso de agua.
-Sí, gracias ¿qué me decía? - preguntó.
-Acaba de venir el Dr. Wood y preguntó por usted y le dije que usted pasó por aquí diciendo que iba a ir al cuarto 448 a ver el paciente recién ingresado y que como todo estaba tranquilo aprovechaba después para ir al restaurante del hospital a tomarse un café, porque no había dormido bien – dijo sonriendo.
-No sé cómo darte las gracias, Ana, ¡sos un ángel! -
-De nada, doctor – dijo poniéndose un poco colorada.
-¿Qué hizo Ana para ganar el agradecimiento del Dr. Binoche? – preguntó un pelado de lentes con túnica y cara bonachona que se acercaba al mostrador.
-Dr. Wood, nada nada, ya sabe cómo es el Dr. Binoche que agradece todo – atinó a responder Ana.
-¡Tiene razón, señorita! Se pasa de atento éste muchacho ¿Se siente mejor, Dr. Binoche?
-Sí, Dr.Wood … el café me hizo bien – respondió acobardado.
-Bueno … lo andaba buscando para saber su opinión acerca de las placas de un paciente … acompáñeme por favor – dijo yéndose por un pasillo.
-Como no … ¡hasta luego, Ana! – respondió Andrés guiñándole el ojo.
Se quedaron un tiempo reunidos y discutiendo acerca de teorías que tenían. Uno de los casos era una sombra extraña que se había detectado en uno de los pacientes, al que dijeron que tenían que operar para ver a qué se enfrentaban.
-Bueno, le agradezco, muchacho – dijo el viejo médico retirándose de la habitación.
-De nada, doctor … Me voy a pasar por el cuarto 448
-¿No es qué ya había ido? – preguntó extrañado.
-Sí, pero estaba dormido y no quería despertarlo, ya ve que es mejor que descanse en su condición – dijo arreglando la mentira en seguida.
Así se separaron y el día transcurrió como otro cualquiera.
Sonó el timbre de la puerta y Andrés se levantó del sillón, dónde estaba leyendo un libro, mientras que Malé observaba por la ventana a los pájaros que estaban como locos.
-¿Quién? – preguntó bostezando.
-¡Gustavo! – gritaron del otro lado de la puerta.
-¡Pasa … está abierto! – dijo invitándolo a pasar - … ¿Qué haces?
-Llegué recién del trabajo y me dije “Si Maoma no va a la montaña” y vine … Cada vez se te ve menos, hermano.
-Sí, lo sé, lo siento … éstos últimos meses …
-Exactamente ¡meses! Hace que no te veo y vivo a tres cuadras de tu casa, flaco ¿Qué estás haciendo? – preguntó sentándose.
-¿Cómo? – preguntó desconcertado.
-¿Qué te mantuvo ocupado desde la última vez que nos vimos? – preguntó .
-Lo de siempre … el trabajo y ahora me metí más en la literatura y las ciencias, me leí un par de libros buenísimos – respondió embalado.
-¡Estás loco! – dijo riendo.
-Es otra manera de llamarlo … ¿Queres un café? – preguntó levantándose yendo a la cocina..
-Dale … - aceptó y acarició al gato - … hola Malé ¿Cómo te trata éste zombi? … ¡pobrecito!
-¡Toma! – dijo Andrés volviendo con una tasa y se sentó con otra para él.
-Gracias ¿Cuál es éste libro … de qué va? – preguntó Gustavo agarrando un libro rojo que estaba sobre la mesa.
-Lo estaba leyendo … - dijo acariciando al gato que se había sumado a la reunión.
-Pero nene no paras nunca. Un día de descanso y seguís leyendo cosas de medicina, bue … a lo que venía Tamara y Raquel me pidieron que venga a invitarte para ir ésta noche al cine ¿Y … qué decís? – dijo mirándolo a los ojos.
-No, gracias me quedo mejor acá en casa, voy a seguir con el … - dijo cruzándose de brazos.
-Si terminas esa palabra grito, ¡nada de eso! A las ocho te esperamos abajo, no le vayas a fallar a tu sobrina … Riquísimo tu café che.
Se levantó y se fue saludándolo. Andrés que quería huir otra vez de las garras del hermano, se quedo en el molde al oír “no le falles a tu sobrina”.
Al acercarse la hora determinada por el hermano se pegó una ducha y se puso unos jeans y un buzo rayado. Se peinó y se perfumó un poco con una colonia que le había regalado Tamara.
Se sentó en la mesa de la cocina esperándolos, mientras miraba al gato jugar con un hilito de la cortina, empezó a cabecear al sentir de repente el timbre y oyó una bocina insistente que lo obligó a enderezarse. Bajó de la mesa y se lavó la cara, atendió el portero eléctrico avisando que estaba en camino. Y así agarró la campera y las llaves y cerró la puerta al salir.
-Hola, pensé que ya no venían – dijo al acercarse al auto.
-¿De qué hablas? Te dije que a las ocho y son las siete y media, es más pensé que aun no habías vuelto del laburo, pero Tamara insistió tanto … - respondió Gustavo.
-Ah … no me di cuenta, debo tener adelantado el reloj entonces – dijo mirándolo.
-¡Subite! – dijo el hermano.
-Gracias, hola Raquel – saludó Andrés.
-Hola ¿Cómo estás? – preguntó la mujer.
-Bien bien y ¿por acá cómo anda todo … cómo anda mi princesita? – dijo al ver a Tamara.
-Hecha una atrevida, solo quería verte … desde ayer que nos tiene como locos.
-Así que andamos autoritarias eh – dijo mirando a la cuatro añera.
El auto arrancó y se puso en marcha hacia el cine.
Vieron una película animada. La nena se rió mucho durante toda la cinta, los padres pasaban el tiempo de otra manera y Andrés miraba los dibujitos con su sobrina.
A la salida del cine la nena lloraba para que Andrés la llevara en brazos, la madre insistió en no darle el gusto, pero Andrés la convenció y la levantó.
Se subieron al auto y volvieron a casa.
Entraron en el apartamento de Gustavo y familia. Raquel preparó café e intentó acostar a la hija, pero ésta sólo quería al tío.
-Che muchachos – dijo Raquel interrumpiendo la charla de Gustavo y Andrés.
-¿Qué pasa, amor? – preguntó Gustavo.
-Tu hija que no quiere dormir a menos que sea su tío el que le cuente un cuento … ¿Te molestaría, Andrés? – preguntó mirándolo de soslayo.
-Para nada … aguántame un cacho, Gus – se levantó y se fue al cuarto de Tamara y le empezó a leer un cuento (de un gran libro) que tenía sobre la cómoda, hasta que la nena se quedó dormida en sus brazos.
Delicadamente la metió en la cama mirando, la tapo y le apagó la luz. Se acercó al comedor y vio a Gustavo mirando la tele con las luces apagadas.
-Hola, la nena ya duerme – dijo sentándose en el sillón individual.
-Ah bueno, gracias – contestó.
-No es nada ¡es una divina! ¿Dónde está Raquel? – preguntó mirando alrededor.
-Se fue a dormir – dijo apagando la televisión.
-Bueno me voy yendo entonces.
-Nada de eso, ahora te venís a ver los cuadros que hice – dijo poniéndose de pie.
-¡Bueno! – dijo siguiéndolo.
Gustavo lo llevó a un cuarto junto a su dormitorio, mirara donde mirara veía cuadros colgados en la pared o apilados en el suelo. Un montón de diferentes tacho con pinceles dentro y retazos de tela.
-¿Son todos tuyos? – preguntó mirándolos.
-No, los de ésa pared son de Bettina … - de repente el nombre lo mareó un poco - … Tuttodino los que te había dicho hace tiempo atrás y …
-¿Cómo dijiste que era su nombre? – preguntó intrigado.
-Bettina Tuttodino – respondió extrañado de su cara.
-¿La conoces? – preguntó repentinamente.
-Personalmente no, pero ¿por qué te interesa tanto? – preguntó inclinándose.
-Solamente curiosidad ¿Es joven? – preguntó.
-Yo que sé … bueno no pongas esa cara … Me parece que tiene entre treintaiséis y treintainueve. Ya que te interesa tanto puedo hacer una cosa … A ver … - dijo revolviendo unos papeles - … ¡Acá está … tomá! – dijo alcanzándole un papel.
-¿Qué es esto? – preguntó agarrándolo.
-El número de teléfono de una agencia que trabaja con ella y te pueden dar más información, pero una cosa no entiendo ¿Por qué recién ahora despertó tu interés y aquella vez (hace seis meses) en que fuimos al museo ni te interesó?
-La verdad es que sabía su apellido, pero no me fijé en el nombre – respondió.
-¿Y quién crees (o sabes) que es? – preguntó interesado.
-No sé nada, Gus, es sólo que el nombre … no sé, se me vino a la cabeza el cuadro de la mujer, la mirada y creo que vincule algo, pero ¡deja! … - dijo dándose por vencido.
-Deja deja, ya es tarde ¿Dónde la conociste? – insistió el hermano olfateando algo.
-Es que no sé si es la que pienso que es – dijo tratando de escabullirse.
-¡Pará! … - abrió un cajón del escritorio con una revista y se la entregó - ... ¿Es ésta mujer la que tenes en mente?
-No sé – respondió.
-Pero mírala, boludo – dijo abriendo la revista, hasta la página dónde había una nota a la mujer.
Andrés agarró la revista y se sentó mirándola, se quedó callado observando a aquel rostro, Gustavo al ver la cara del hermano le dijo ...
- ¿No me digas que realmente la conoces? – Andrés asintió - … pero contame cómo, cuándo y qué pasó después – insistió Gustavo.
Andrés comenzó a contarle de aquel encuentro en el avión que tuvo con ella y el hermano se sorprendió, porque aparte de ser “Tuttodino” era la primer “relación” que mencionaba. Nunca lo había visto en compañía de una mujer, al menos no públicamente. Andrés nunca hablaba de su vida privada, pero al terminar de contarle de su encuentro con Bettina, Gustavo le preguntó si fue por ella que nunca quiso conocer a nadie y él no quiso o no supo contestar.
Los siguientes minutos transcurrieron en silencio.
-Todavía no puedo creer que conociste a Tuttodino … Che ¿qué vas a hacer? – preguntó.
-Ni idea … mira que trate de dar con ella a la semana de conocerla y estuve un tiempo buscándola, pero no había caso. Era como si la tierra se la hubiese tragado, bueno se me hizo difícil porque sólo conocía su nombre y la podía describir. Tras un tiempo de constantes negativas me hice a la idea de no verla nunca más … ya hacen casi cinco años de eso y ahora cuando creí borrar aquel recuerdo que tanto me persiguió aparece nuevamente …
-Se encuentra lo que no se busca, flaco.
-Sí … y ya es tarde para darle la espalda, porque el sólo hecho de recordarla avivó todo lo que creí apagado … y otra vez me siento como un quinceañero . Desde la vez que fuimos al museo hubo un cuadro que ahora comprendo por qué me dejo tan pensativo …
-El de la mujer .
-Sí, era su mirada, un autorretrato… Pero ni siquiera sé (no lo creo) si ella me recuerda … ¡Ves! Por eso no me gusta hablar de esos temas, sirven sólo para deprimirte. Sos el único que me conoce mejor que yo mismo, pero hay algo que nunca te dije, bue … lo estoy haciendo ahora … Bettina fue la única que logró moverme el piso y lo hizo sólo con palabras y miradas … Sabes que nunca me duraron las relaciones, bue … con decirte que nunca conociste a una novia es suficiente, nunca logré estar demasiado con una mujer. Bue … vos siempre te quejas de que sea así. Es ridículo pero al conocerla me sentí estar entre nubes y me refiero a esas nubes que dicen (porque estábamos realmente en las nubes) ¡En la vida se me hubiera pasado por la cabeza conocer a alguien así sobre el avión! No te lo puedo explicar, Gus, conforme iba transcurriendo la conversación sentí perderme en ella y ahora … reaparece …– dijo él.
Gustavo observó a su hermano como nunca antes, era más bien reservado y eludía al cien por ciento hablar sobre los sentimientos. Tenía los ojos hinchados de lágrimas y una mano sobre la frente. Gustavo se paró y sirvió vodka en dos vasos, se acercó al hermano y le dio un vaso.
-¿Qué es? – preguntó agarrar el vaso.
-¡Vodka! … - empezaron a tomar hasta bajarse la botella - … Cómo te lo tenías guardado eh … Me siento como que debería darte un abrazo.
Fue decir eso que Andrés se levantó y lo abrazó.
-¡Perdón! – dijo incorporándose.
-No pasa nada, flaco – dijo sonriéndole.
-Me voy mejor, Gustavo, gracias.
-A ninguna parte, Andrés, de acá no salís a menos que te acompañe.
-Pero sin son tres cuadras nada más, ya soy mayorcito no me van a hacer nada.
-No me preocupo de lo que otros te puedan hacer. Nunca te vi tan abatido como ésta noche, flaco y quieras o no te acompaño, más después de habernos bajado la botella.
Dicho y hecho, se pusieron las camperas y tras avisarle a Raquel que en media hora volvería, porque iba a acompañar al hermano a la casa. Salieron a la calle y empezaron a caminar. A los cinco minutos había llegado.
-¿Estás contento ahora, papá? – preguntó bromeando Andrés.
-No me cargues que te pegó mal el vodka ¿Estás mejor? – preguntó el hombre.
-Sí, sí. El aire ayudó y no te olvides que no tomo nunca … Volve a tu casa que yo ya entro … Ta, chau – dijo metiéndose en el edificio.

3ª Parte
Afuera los pájaros cantaban tan alto y el calor era tan pesado que no aguanto más estar en la cama y se levantó para irse al baño, en seguida se metió bajo la lluvia de la ducha. Se vistió y se preparó un yogur con fruta en la cocina, mientras que el ventilador le daba en la cara. Puso un poco de música y cuando puso “play” sonó el teléfono y al atender oyó la voz de una mujer con vos nasal.
Eran recién las siete de la mañana.
-¿Señora Tuttodino? – preguntó.
-¡Sí! – contestó sorbiendo el café (sin dejar que se escuchase).
-Hola … ¿acepta que la comunique con un joven que me llamó preguntando por usted, señora? – preguntó amablemente.
-Bueno – dijo un poco confusa.
-¿Hola? ¡Buenos días! – dijo la voz de un hombre.
-Hola ¿Usted quería hablar conmigo? – preguntó ella sentándose en la silla.
-¡Sí! acerca de un cuadro que no estaba a la venta cuando fui al museo en su última exposición – continuó.
-Ah lo sien …
-¡Espere por favor! – dijo interrumpiéndola - … ¿Me permitiría encontrarme con usted en el lugar que usted desee? … Me pondré un buzo naranja así si no le gusta mi pinta se va sin hablarme siquiera …
-¡Está loco! – dijo la mujer más relajada.
-Es otra forma de llamarlo – dijo él.
Y así continuaron charlando durante casi una hora.
Era de tarde, el sol seguía pegando fuerte, no corría ni una pequeña brisa.
Andrés estaba sentado en una mesa junto a la ventana de un pequeño restaurante y tenía puesto unos vaqueros y un buzo naranja. Leía la carta (menú) del lugar, sin haberse percatado de que Bettina estaba parada frente a él sin poderse creer a quién tenía sentado en frente.
-¿A … Andrés? – dijo la mujer haciendo que él dejara la carta sobre la mesa.
-¡Bettina! – dijo sonriendo al verla.
-¿Vos sabías que estabas hablando conmigo ésta mañana … por qué no dijiste nada?
-Quería ver primero si te acordabas de mí – dijo retirando una silla para que se sentara.
-¿Qué si me acordaba …? ¡Déjame abrazarte! – dijo ella estrechando los brazos.
Andrés se levantó y la abrazó.
-Pensé que sería más difícil éste encuentro – dijo al volver a sentarse.
-¿Por? – preguntó sonriendo.
-Porque soy un dramático – respondió ocultando la verdad.
-Que loco che … ¿Hace cuántos años fue lo del avión? – preguntó recostándose en el respaldo de la silla.
-Casi cinco años … ¿Seguís con miedo a volar? – preguntó llamando al mozo.
-¿Qué si sigo? … y ¡moriré con él! – ambos rieron.
-Te ves bárbara – dijo dándose cuenta después de lo que dijo.
-Y me siento así, es increíble cómo una persona influye tanto para bien en otra.
-No entiendo – dijo él.
-Aquella vez no me ayudaste sólo a olvidarme de mi miedo a volar, sino que … fuiste vos quién me empujo a atreverme a entrar en el mundo de la pintura. Me hiciste sentir esa confianza que se necesita para salir adelante y nunca pude agradecértelo … ¿Andrés? – preguntó al verlo como ido.
-¡Mi hermano se volvería loco! – dijo riendo.
-¿Por qué? – preguntó sonriendo al ver su reacción.
-Porque te adora, tiene una pared llena con tus cuadros y ni yo puedo creer que mis palabras te hayan ayudado, pero me alegro.
-¿No te dije que eras el mejor doctor del mundo? – preguntó ella sonriendo.
-Sí, me acuerdo – dijo asintiendo.
-¿Ya te recibiste seguramente, no? … ¿Y te fuiste a África o viajaste por éste continente como querías?
-¡Sí y sí! Tras ejercer una año acá, me fui a África por un año y después viaje por América.
-¡Qué lindo! Contame cómo te fue … - dijo insistente.
-Hermosas, ambas tierras, el calor con el que te recibe la gente es impresionante, la alegría que te expresan los chicos por algún regalo que le haces, por más insignificante que parezca. Experiencias únicas la verdad y lo que aprendes estando en las diferentes culturas no se puede ni comparar, con la educación cuadrada, capitalista y vacía que tenemos …
Y perdiéndose en relatos le habló de mil cosas que vivió en ambos continentes. Hizo una pausa tomando un sorbo de la bebida servida.
-Perdón, estoy hablando yo todo el tiempo, pero contame vos algo …
-No pasa nada. Me quedé pensando en algo que dijiste en el avión – respondió ella.
-¿Qué estupidez te dije? – preguntando entre sonrisas.
-Que no creías en las casualidades ¡y míranos! – dijo sonriendo.
-Y sigo sin hacerlo.
-¿Y cómo le llamarías a esto entonces? – preguntó el jugando con su pelo.
-Insistencia – respondió él.
-¿Cómo? – dijo ella intrigada.
-Mientras que vos ardes por encontrar magia yo me mataba para averiguar algo más de una tal Bettina Tuttodino, porque algo me decía que tras ese nombre estabas vos – respondió.
-Y ahí tenes la magia ¿O qué te decía que era yo? – dijo riendo pícaramente.
-Puede ser … bueno si soy sincero y dejo jugar a tu magia tengo que reconocer que arrastrado por mi hermano fui hace seis meses más o menos a ver una exposición tuya, pero en ese momento no me avivé porque él (mi hermano) me hablaba de vos como Tuttodoni, como no conocía tu apellido y recién antes de ayer fui a lo de mi hermano y me mostro la colección que tiene de tus pinturas y al ver tu nombre lo enlacé con un dibujo tuyo que vi en la exposición …
-¿Qué dibujo? – preguntó ella.
-Uno de una mujer de cuerpo pintado y el pelo salvaje y unos ojos que me cautivaron desde que la vi. Eran ojos familiares para mí, eran los tuyos. Entonces mi hermano me dio tu número de teléfono y te llamé – dijo Andrés.
-Vos siempre me ganas con las historias che – dijo sonriendo.
-Pero sin intención – sonrió el hombre
- … ¿Qué tal tu vida? – preguntó tras un silencio.
-Bien, soy muy feliz. Tengo a una nena de un año y medio …
La sonrisa que se había instalado en los labios de Andrés se había borrado, intentó ocultarlo poniéndose la mano delante de la cara como bostezando.
-¿Y cómo se llama? – preguntó auto controlándose.
-¡Andrea! – dijo ella dulcemente y a él le brillaron los ojos.
-¿Le pusiste así por …? – preguntó sorprendido.
-¡Vos … sí! – dijo sonriendo.
-¿Y tu marido cómo reaccionó ante la historia del nombre? – preguntó Andrés apoyándose sobre la mesa.
-Nunca se enteró … se rajó cuando le dije estar embarazada, así que soy madre soltera ¿Y vos qué tal? – preguntó.
-Ah bue … Yo no tengo hijos, ni esposa, ni novia, sólo mi trabajo en el hospital.
-¿Y tus gatos como siguen? – preguntó Bettina.
-Malé bien, tiene ocho años y Sindra murió hace tres años ya tenía quince al morir, la vieja, era una divina ...
-Ah … yo tengo un perro, es cachorro todavía, tiene seis o siete meses. Se llama Loco, mi nena le puso el nombre … como fue la primer palabra que dijo se me ocurrió en seguida y decime … ¿Estás contento con tu vida? – preguntó.
-En algunos aspectos sí … y en otras no … - contestó mirando la mesa.
-¿En cuáles no? – preguntó ella mirándole las manos y los ojos.
-Mi hermano te daría una lista …
-Pero la quiero con tus palabras y no con las de tu hermano.
-Tenés razón ¡Que imbécil! … - se rascó la nuca un poco nervioso - … Vivo solo, no hablo con nadie y a veces la soledad me pega con toda la fuerza, no me malinterpretes … soy un solitario y me gusta serlo, pero a veces me doy cuenta de que … De a momentos se me viene todo encima y noto que hace falta cierto equilibrio entre soledad y compañía que no tengo, que no logro tener y nunca tuve … Mi balanza siempre pesó más de un lado ¿entendes? Bueno … dije un montón de cosas y no sé si llegué a explicar lo que quería decir.
-Lo hiciste y no sé qué decirte. Lamento que te sientas así - dijo agarrándole la mano.
-No pasa nada, te lo conté porque me lo preguntaste y no quería mentirte … ya me manejo eh, pero decime ¿Cómo te sentís vos … Estás contenta ahora? – preguntó él.
-Y sí … tengo a la nena, las pinturas que me dan para vivir y en ese sentido me siento muy libre y agradecida, pero … por otro lado por más que tenga todo lo que desee creo que siempre habrá un hueco en mi mente y corazón insatisfechos … Pero a otra cosa ¿Vos ahora tenes unos treintaiún años, no? – preguntó.
-¡Exactamente … qué memoria che … ! – replicó Andrés.
-¿Qué … vos no te acordas de cuántos tenía yo en ese entonces? Ahora soy una vieja, pero entonces tenía treinta y …
-¡Cuatro! – dijo interrumpiéndola.
-Sí ¿Y vos te asombras de mi memoria … Ahora tengo treintainueve años.
-Y el tiempo no te acarició si quiera el rostro – recalcó Andrés.
-Pero sí el alma … vos, lo único que cambió en vos quiero decir es que te dejaste un poco la barba y ahora usas lentes, cuando antes sólo tenías de leer ¡Cómo te jodí durante ese vuelo eh! – dijo quejándose consigo misma.
-A pesar de tus constantes ataques de miedo quédate tranquila que pude terminar de leer el libro (por el cuál recordas lo de los lentes).
-No te lo dije cuando aterrizamos, pero fue el único vuelo en el que viaje tranquila, en serio lo digo.
Y así continuaron charlando, horas y horas.
Eran las doce de la noche y ellos seguían charlando en aquel restaurante, comenzaba a lloviznar y cada vez llovía más fuerte.
-¡Cómo está cayendo! – dijo ella mirando por la ventana.
-¡Soretes de punta! – dijo Andrés.
-¿Tenes auto? – preguntó Bettina.
-No, no tengo – contestó.
-Yo los odio, pero no le soy consecuente con mis palabras … ¡paga y te llevo a tu casa!
Llamó al camarero y pagó la cuenta. Después salieron del local corriendo hasta el auto.
Bettina abrió la puerta y se metió y desde adentro intentaba abrirle la puerta de acompañante a Andrés, pero ésta estaba atascada, hasta que finalmente abrió y él subió.
-No hago nunca más tratos con vos – dijo al sentarse y sacarse el buzo empapado. Por los mechones de su pelo chorreaba el agua y se ató - … Todo esto era para no mojarme y ¡mírame!.
-Perdón, estaba atascada – dijo tentada - … pero el acuerdo era llevarte solamente, nunca dije nada acerca de tu estado.
-Sí, sí ¡reite no más! – dijo con la remera pegada al cuerpo porque también estaba ensopada.
El auto arrancó tras varios minutos, porque el motor se había enfriado y no arrancaba. Después de unos minutos llegaron al edificio de Andrés y buscó un lugar para estacionar y él la invitó a subir. Bajaron del auto y se dirigieron a la puerta.
Estaban esperando el ascensor y de repente se abrió una de las puertas por la que salió Gloria a sacar la basura.
-¡A la pucha como llueve … qué barbaridad! … Hola, chicos ni los vi – dijo sonriendo.
-Hola Gloria ¿Cómo estás? – saludó Andrés.
-Gloria ella es Bettina – dijo presentándola.
-Hola, encantada, señora – dijo cortésmente la mujer.
-Ay mihijta cuánta formalidad, también es un gusto para mí … ¡Te sacaste la grande con éste chico, nena, es un pan de dios! Y …
-¡Gloria! – dijo un poco sonrojado - … Es una amiga.
-Upps ¿metí la pata, no? ay da igual, vos sos muy tímido, nene. Es un amor éste muchacho, Bettina, no te vas a arrepentir – dijo ella sosteniéndole la mano.
-¡Llegó el ascensor! – dijo en un tono un poco elevado - … gracias, Gloria, hasta luego … ¿Subimos, Bettina?.
-Pasen lo lindo – dijo la anciana pícara.
-Perdónala por favor – dijo una vez que las puertas del ascensor se cerraron.
-No pasa nada, Andrés. ¡Estás muy tenso! Pareces yo en el avión – dijo sonriendo.
Al llegar al octavo piso fueron hasta la puerta, la abrió y la invitó a pasar. Prendió las luces y le ofreció algo de tomar, mientras que Malé se fue al comedor a hacerle compañía.
-Sólo agua gracias … ¡opala! Vos debes ser Malé. Tuvieron que pasar cinco años hasta conocernos eh … ¡Qué lindo que sos! – dijo acariciando al gato.
-Ya me está sacando la popularidad éste gato dijo dándole un vaso.
-Es divino … gracias – dijo agarrándolo.
-¿Queres oír algo de música … qué estilo? ¡Claro que tengo! – dijo levantándose.
Puso un cd y volvió a sentarse junto a la mujer.
-Me encanta éste disco, me transporta a una época libre de pensamientos, prejuicios de mi misma y una alegría inocente que se convirtió en un recuero nostálgico ahora … ¡me encanta! – dijo ella tirándose el pelo hacia atrás.
-Conservo recuerdos parecidos relacionados con el disco. Lo oía estando en Colombia con un radiocassette y me acuerdo de que los niños que atendía reían, cantaban y bailaban con él. A mí en realidad me ponía romántico, nostálgico tal vez … una canción de él que decía “Como duele perder algo que en el momento uno no es capaz de ver lo que se está perdiendo …”
-¡Seguí! – pidió la mujer.
-“¿Cómo he de explicarte que amor como el tuyo no he de encontrar en ninguna parte? Cuando el viento calla, los árboles dejan de bailar y cuando yo callo sólo quiero oírte respirar” … ta, no recuerdo más – dijo sonriendo – pero es hermoso.
-Sí, me dejo tonta la verdad ¿Y cómo se llama la canción? – preguntó dubitativa.
-No me acuerdo, pero lo averiguaré … - dijo riendo.
Unos minutos de incertidumbre a vergonzantes invadieron la habitación, miradas que se cruzaban y al advertir la mirada del otro esquivaban la dirección. Bettina sentada en el sofá agarró todo su pelo trayéndolo hacia adelante (tenía una cantidad de pelo) dejando la nuca desnuda y con otra mano se abanico teniendo una revista en la mano.
-¡Que calor! – dijo.
-¿Queres más agua? – preguntó él.
-¡Sí por favor! – dijo la mujer sonriendo.
Andrés se levantó yendo a la cocina y volvió con una jarra llena de agua y hielo. Le sirvió el vaso hasta arriba dejando caer a propósito algunos cubitos en él. Dejó la jarra sobre la mesa y se fue en dirección de uno de los cuartos trayendo un ventilador consigo, lo enchufó y lo prendió en tres.
-¿Mejor? – preguntó sentándose nuevamente.
-Sí, gracias … Está loco el clima, primero llueve como podrido y después te morís del calor.
-La verdad que sí … ¿Dónde vivís ahora? Digo … si se puede saber … - preguntó el cruzándose de piernas.
-¿Conoces la “Plaza de la Libertad”? Bueno por ahí, a dos cuadras – respondió ella.
-Aha … yo vivo acá desde que me fui de la casa de mis padres, nunca tuve drama con la mujer que me alquila y eso que llevo unos … creo que ocho o nueve años acá. Viste que ahora todo el mundo te alquila por un corto margen de tiempo o al menos es lo que le pasa a muchos – hizo una larga pausa inhalando el aire - … ¡Qué vueltas que da la vida eh! – dijo recostándose contra el respaldo.
-Si … parece de telenovela que la primera vez que nos vimos fue en el avión y ya entonces había un onda, pero por estúpidos nos perdimos de vista y después de cinco años por “casualidad” o “insistencia” (como vos le decís) nos encontremos de vuelta … - calló viéndole los ojos abiertos de par en par - … ¿Metí la pata, no?
-No … nada que ver, es que … - dijo tartamudeando.
-¿Sí? – preguntó ella haciéndose la disimulada.
-Dijiste que hubo onda … por dios me oigo como un tarado – dijo quejándose de sí mismo.
-Por mi parte lo noté, pero ya es parte del pasado – dijo cruzándose de piernas.
-¿Qué … por qué lo decís? – preguntó yendo hacia adelante después de descruzarse de piernas.
-Porque ahora tengo cuarenta … - dijo con cierta nostalgia.
-¡Treinta y nueve! – corrigió Andrés.
-¿Es que acaso eso hace una diferencia? … No sabes las veces que me hice la cabeza imaginando que reaparecerías, entonces conocí a Manual siempre se portó muy bien conmigo, bueno … me enamoré tontamente de él y entonces paso lo del embarazo y desapareció. A los ocho meses después tuve a Andrea y ella ocupó todo mi tiempo, haciendo olvidar en parte lo que me hizo su padre y a pesar de eso … a pesar de eso seguía pensando en vos – Andrés abrió la boca como para decir algo, pero ella en seguida preguntó - … ¿Y vos … tenes novia?
-¡No! … Lo intenté dos veces, pero no funcionó – contestó como embrujado.
-Yo sólo tuve la relación que te acabo de contar que sólo duró año y medio.
Siguieron conversando y el gato celoso de que el dueño le preste más atención a alguien que no sea él no le gustaba nada. Caminaba entre las piernas de su amo y le mordía el pantalón.
Bettina se levantó y caminó hacia la ventana corriendo la cortina.
-Parece que a tu gato no le gusto para nada – dijo con una sonrisa.
-No, no te creas. Siempre es muy celoso – mintió Andrés.
-¡Cuánto verde que hay en éste barrio che! – dijo mirando hacia afuera y dándose la vuelta le preguntó - … ¿Te gusta salir a ca …? – interrumpió la pregunta topándose con una pila de libros que había en el suelo - … Veo que te gusta más pasar tu tiempo devorando libros.
-Reconozco tu sarcasmo – dijo él atento.
-¡Erróneo! Porque no soy para nada sarcástica, sólo te decía la verdad.
-Ah … - hizo una pausa - … ¿A vos te gusta pasear?
-Cuando me encuentro con ánimos sí, pero prefiero andar en bici … Está tan podrida nuestra sociedad, nuestra generación … Ahora a los pendejos los ves sobre una moto sin casco y con el celular en la mano … realmente te dan ganas de llorar cuando lo oís hablar, no tienen ninguna opinión, ni carácter o personalidad y a pesar de todo seguirán viniendo nuevas generaciones criadas por mentes retrógradas y así nuestra humanidad continuará de la misma manera, tal cual lo hizo hasta ahora … - ella seguía protestando y él la observaba.
-Opino igual, es muy triste … la historia humana es extremadamente pesimista - contestó.
-¿Cuál es tu consejo para un paciente que tiene pocas probabilidades … porque si mal no me acuerdo sos cirujano, no, y seguramente operas?
-Sí, opero … ¿y qué le digo? … Sí es mayor de edad le hablo de sus estudios y si está de acuerdo con someterse a la operación se la practico – respondió Andrés.
-¿Y dónde está el consejo… Solo le decís que tiene un tumor cerebral por ejemplo y lo operas mientras que está inquieto y deprimido tal vez? – dijo ella ladeando la cabeza.
-Si es menor no le cuento exactamente qué tiene porque podría ser contraproducente para su salud durante lo que dure la operación – dijo defendiéndose.
-O sea que a un mayor si le das la posibilidad de que sea negativo para el ¿Y ni siquiera le das ánimos? – preguntó sin pelos en la lengua.
-Las enfermeras hablan con el paciente … yo … no sirvo para esos temas de consolar … - se rascó la frente - … Me acerco a ellos cuando les doy los resultados y los opero y una vez cumplido el propósito me voy …
-“Un típico cirujano” … Pongamos que es tu hermano el que tiene que retirar unos análisis que le hiciste y la cosa está delicada para él ¿Reaccionarías igual ante él?
-Quizás no, no lo sé – dijo aturdido.
-Es lo más natural no saber la reacción ante algo que no ocurrió, fue de maldita esa pregunta que te hice … ¿Y si fuera yo? – dijo pretendiendo hacer un chiste negro.
-Me paralizaría – dijo mirándola repentinamente a los ojos - … ¿Puedo robarte un beso?
-Si pedís robármelo, no sería un robo – dijo ella mojándose los labios con la lengua.
Andrés se levantó y fue hacia ella besándole los labios, el beso fue correspondido. Bettina le sacó los lentes dejándolos sobre la mesa y agarrándole la nuca comenzó a besarlo otra vez, él deslizo la mano por su pierna y sintió que ella le desabrochaba la camisa con los últimos botones no pudo los rompió.
La agitación y la desesperación se unieron y tras algunos minutos el fuego se apaciguó.
Semi desnudos él la tomo de la mano y la llevó a su cuarto, se acostaron y entre besos y caricias volvieron a hacerlo y no sólo una vez.
-¡Fue increíble! – dijo Bettina acostada boca arriba.
-Bueno, tuvimos que esperar cinco años, así que tuvimos tiempo para practicar ¿no? – dijo sonriendo.
-Creo que sí y … Gloria tenía razón – dijo riendo - … ¿No habrás …?- dijo insinuando.
-¿Qué? no …, sólo es mi vecina che – respondió.
-¿Cómo lo supo entonces? – dijo riendo a carcajadas.
-Ah … está bien, ¡estás de viva! – dijo.
Siguieron las típicas rutinas del ritual, él le empezó a hacer cosquillas y ambos rieron mucho.
La madrugada ya había asomado en el horizonte. Algunos pájaros cantaban alegremente y en casa de Andrés Binoche todo estaba silencioso, ambos cuerpos se encontraban acostados en la cama, él estaba abrazado al vientre de Bettina, ésta despertó y al verlo sumergió sus dedos entre los cabellos de Andrés.
Al rato despertó el hombre y frotándose los ojos la miró mientras que ella le sonreía y apoyó su cabeza sobre el pecho del hombre.
-Che Andrés … - dijo casi susurrando.
-¿Sí? – preguntó mientras dibujaba con el dedo sobre la espalda de la mujer.
-¿Seguirá siendo todo tan perfecto como este momento? …

FIN.

No hay comentarios: