Junio 2008
A lo largo de estos años aprendí que es la gente que tanto desprecio la que me hizo ser quién soy hoy en día. Déjenme explicarles …
Hay tanto ciudadano “perdido” (como me gusta llamarlos) a mi alrededor … Gente que está más interesada en entablar una conversación telefónica que una directa. Gente que se pierde si la computadora no le acepta los datos que ingresa y basa su vida en ella. Gente que prefiere decorar la fachada en vez de hacer renovaciones del interior. Gente que aprende día a día a desaprender. Gente que se cultiva en la ignorancia. Gente que cree que tener una “supuesta estabilidad” significa tener una vida equilibrada. Gente que cree que un beso entre hombres es igual a la homosexualidad y desarrollan lo que se llama homofobia, a pesar de que ellos no lo vean de la misma manera. Gente que cree que el secreto es la frialdad. Gente que juzga sin conocer. Gente que mira de reojo a quién no tiene la misma apariencia. Gente que se preocupa más en tener cada día más y más a su alrededor que almacenar riquezas en su interior. Gente que se olvida de ser gente.
Yo considero para mí misma que no soy así y jamás quiero llegar a serlo.
Para explicarles más o menos mi estado de ánimo les voy a contar una historia que me sucedió hace unos días atrás.
Yo fui a la “Consejería de empleo” para que me orientaran y el chabón que me atendió se pasó media hora ingresando mis datos a la máquina (computadora) y tras ese tiempo de espera me da un papel impreso y me dice que el día 10 tengo una cita para volver y hablar con quién me asesoraría. Agradecí y me volví a casa. El día 10 llegó y me dispuse a ir de nuevo a aquel lugar en el que había solicitado una cita. Al llegar tuve que esperar unos minutos, luego me atendió un hombre muy amable y tras otra media hora de ingresar mis datos a la máquina y responderme una serie de preguntas que le hice me respondió que me estaba rellenando un papel para darme una cita con quién me podría asesorar.
Así que nuevamente me encontraba ante un papel en el que me daban otra cita, bueno … respiré hondo y me lo tomé con calma. A todo esto la muchacha que me daría fecha y hora para la cita no se encontraba en su puesto por lo cual me volví a casa a esperar su llamado.
Y bueno … acá estoy desde entonces.
La incompetencia de la gente cada vez es peor. Eso es algo que tengo bien metido en la cabeza y me gusta ir por la vida creyendo firmemente en eso, porque es la única manera de no salir lastimado. Es bárbaro si una persona te demuestra lo contrario, pero uno ya va amortiguado y no salta directamente dentro de un abismo.
A todo esto hay varias cosas que hoy entiendo, pero me hubiera gustado enterarme de ellas como ficción y no como una realidad que se vive día a día. Es tremendamente hiriente (para mí) ver cómo nos destruimos al destruir al único hogar que tenemos, pero para el ser humano el egoísmo es su mejor amigo. ¿Qué importa que pase después? ¡A mí no me va a afectar! Y cosas similares dicen la “gente”.
¿Qué pasa con todos esos niños que se están muriendo de hambre, mientras que un país planea una invasión bélica por cuestiones de dinero? ¿Qué pasa con las miles de especias que exterminamos día a día a día por el mísero interés de la codicia? Es tan sencillo de explicar, pero tan dañino que nos estruje el corazón.
Hay gente que se derrumbe ante el menor roce y muchas veces se ignoran las ganas que esa gente tiene de morir sin sincerarse ante el enorme miedo que sienten de experimentar la vida simplemente por no conocerla. Hay tanto dolor sobre el planeta que parece que no nos basta con sentirlo solamente nosotros, NO tenemos que hacer que todo el mundo lo sienta por igual.
¿Cómo es posible que a un buen hombre se de la espalda y a un graduado se le brinde una sonrisa? ¿Cómo es posible que siendo seres “inteligentes” seamos tan calculadores? ¿Cómo es posible que la desgracia ajena nos cause placer? ¿Cómo es que llegamos a perdernos de ésta manera? ¿Tanto es el poder del billete? … ¡Sí, lo es!.
Éstas son tan sólo algunas de las diferencias que siento poseer en cuanto a ésta sociedad que se sumerge cada día más en un consumismo que parece no tener vuelta atrás.
Soy feliz de ser quién soy y me enorgullece haber podido extender mi cuello cual tortuga para sacar la cabeza de toda la mierda que invade al mundo.
FIN.
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