Capítulo 1
¡Buenas tardes! Bueno debería decir buenas noches ya que si miro por la ventana veo un manto oscuro cubriendo el cielo, no hay ni una nube, aun la luna no salió a alegrar la noche, el aire es fresco y estoy sólo. Bueno … con perdón de “Arturo”, Arturo Di Cello. Su apellido es el mismo que el mío, pensé que era lo más adecuado puesto a que vivimos juntos y como él no tenía identidad reconocida, yo me tomé la libertad de darle una. Por cierto mi nombre es Mauricio Di Cello, mi apellido desciende de mis abuelos Italianos, como “obviamente” alguno se habrá imaginado.
Yo solamente y más o menos encaro el español y cazo algo del inglé, pero sólo poquito cómo; jelou, sorri y oquei. Es una vergüenza que no sepa Italiano, además de que me encanta, me gusta todo en él.
A propósito mi abuela es Siciliana y mi abuelo es de un pueblo de las afueras de la capital de Roma, como se podrán imaginar en aquella época la cosa estaba salada, lo digo por la familia de mi abuela. Una padre de familia Siciliana jamás permitiría que su hija se casara con un Romano y bueno … conociendo el panorama, mi abuelo huyó un día con ella de aquel lugar, no los voy a engañar … no fue sólo el gran amor apasionado que sentían, la guerra mundial los ayudó a decidirse en abandonar al país.
Mis viejos son Uruguayos. Mi madre es la hija que tuvieron mis tatas tanos y mi padre es hijo de un franchute y una alemana. Ya se podrán hacer una idea del choque de culturas que viven en mí desde que tengo uso de razón. Mis abuelos que eran los nativos de aquellos países se encargaron de hacerlos despertar, claro está que una de las características más fuertes de una cultura no me lo inculcaron; los idiomas. Porque como les dije antes sólo conozco el español, ni francés, ni alemán, ni italiano.
Al final no les conté nada de mis padres … mi padre es muy autoritario, tiene sus propias ideas de lo que es una vida correcta, yo para mí suerte si llegara a mirar por los lentes de mi padre, me inclinaría por el lado incorrecto, claro está. Él siempre trató de manejarme como un títere, quería que alcanzara todo lo que él no había podido controlando cada detalle de mi vida disque para cuidarme.
Una día trató de meterme en una Universidad y ese fue el día en que me fui de casa. Mi madre lloraba como una loca porque se le iba el nene, pero yo no estaba dispuesta a vivir mi vida como la quería otro. Salí de casa con las valijas dándole un beso a mi madre y mientras me alejaba de la casa miré hacia atrás y vi a mi padre arrodilla gritando melodramáticamente “¿Por qué a mí?”. El melodrama se lo contagió mi madre.
Ella es un pan de Dios, siempre me cubría con mi viejo al mandarme yo una. Por una razón que no entendía, no quería entender (mejor dicho) seguían casados. Fue como siempre sucede … la costumbre a la rutina se les instaló en los corazones.
Ella es mediana de estatura, tiene el pelo oscuro, ojos del mismo color, nariz típicamente italiana y una sonrisa tan franca que contagia hasta a un condenado a muerte, siempre está de buen humor y si se da cuenta que estás triste mueve cielo y tierra para sacarte de esa situación. Es la mujer más dulce y sensible que conocí, siempre dispuesta a dar una mano y para la cocina es una diosa. Cocina mejor que el cocinero mejor pagado del mundo. (¿Me pasé un cacho, no?) Sí, mi mamá es especial y en cuanto a mi padre … bue … él es todo lo contrario. Es un gruñón, siempre está de mal humor, es hipócrita, cuando hace bromas son de mal gusto, vive criticando cada paso que des, pero como bien dicen … “los polos opuestos se atraen”.
Bueno … ahora se estarán preguntando cómo soy yo y francamente quiero tratar de ser lo más neutral, transparente y sincero, así pueden hacerse ustedes mismos una idea de mí.
Mido 1.86m, tengo la nariz de mi madre (igual que la de mi vieja, no crean que le arranqué la nariz a ella, sólo es una expresión) y las manos grandes como mi padre, mi pelo es del color castaño oscuro y mis ojos … marrones. Tengo un lunar en la mejilla izquierda, soy más flaco que un esqueleto (diría mi madre), mmm. Soy un tipo muy velludo (Mi primo siempre me decía que tenga cuidado en el zoológico no vaya a ser cosa que me encierren por mono. Obvio que al ser tan joven y el único en la clase con vello me creó cierto complejo). Siempre ando con pantalones cortos, una camisa abierta y debajo una camisilla blanca. No aguanto estar dos días sin bañarme, me gusta ponerme colonia (pero sin exagerar), odio tener que afeitarme (pero me jode no sentir mis cachetes), se podría decir que soy sensible (no es que ande llorando por los rincones, simplemente me afectan ciertas cosas), soy muy abierto (no suelo callarme nada), tengo buen humor, creo ser cariñoso, amable, soy tímido (bastante cagón!), muy reservado. Me gusta dormir de costado, suelo dormir de short. Tengo un tick nervioso de lavarme los dientes a cada cinco horas (automáticamente me levanto del sueño y me voy al baño a lavarme los dientes, no es nada malo), vivo tomando agua y mastico lo que se me atraviese en el camino, soy culpable del asesinato continuo de mis uñas, si me falta el mate a la mañana seguramente el día va a ser un fracaso. Bueno y varias cosas más que les iré contando a lo largo de éste “mi” relato.
Ahora tengo veinticinco años y vivo con mi novia. Hace seis meses que nos conocemos y hace dos atrás me dio un ultimátum, desde entonces vive acá. Hace y deshace todo.
Si trato de hablar sin pelos en la lengua … tengo que reconocer que me domina, soy lo que se dice un “pollerudo” y no encuentro el valor de decir “¡Basta!”, soy otro a su lado.
Todo empezó en una biblioteca yo estaba sentado en el piso junto a la pared cuando la vi entrar (se me dio vuelta el mundo), me levanté y fui hacia ella, le dije –“¿Qué haces ésta noche, hermosa?”- Me miró y se me tiró encima apretando sus labios contra los míos y entonces … . Entonces la oí decir –“Permiso”. Al parecer mis piernas estaban obstruyéndole el camino y tratando de hacerme el gracioso (cosa que se me da pal cuerno cuando estoy nervioso) fui ganando un poco de terreno (cosa que me sorprendió a mí mismo). No seguimos viendo los Lunes y Jueves. Tardé tres Jueves para decidirme a invitarla a salir.
La primera vez que la vi soñé con que me quisiera, ahora me tomo más en serio los sueños, porque aprendí que se pueden volver realidad.
A propósito de todo esto soy escritor y también ahí es ella la que tiene la última palabra. Mi editor sabe bien cuáles son los hilos de los que hay que tirar, no había día en que él no llamara y se quedara horas hablando con Andrea (mi pareja), a raíz de eso ella era quién trataba de sacarme las palabras al papel.
Estaba tan harto, hasta me sentía más preso que antes y esto es lo que “amo”, quizás debería decir amaba. ¡Pucha! Como cambian las cosas … ahora el continuo agobio me estaba asfixiando. Tal vez lo único que necesite realmente sea distancia de todo y todos y concentrarme únicamente en lo que quiero …
¡Dicho y hecho! … mentira … No podía abrir mi boca, no sé por qué, pero ya no era amor lo que me unía a ella y sin embargo amanecía cada mañana junto a ella.
Ya ni escribir me llenaba de alegría cuando siempre fue lo que más me gustaba hacer, ahora apenas escribo dos líneas por semana, ¡eso sí! tengo que estar sólo y como nunca es el caso siguen pasando los días y lo sigo posponiendo.
No les hablé de cómo es Andrea; siempre está apurada aunque no tenga ningún lugar al que ir, es muy inquieta, pero no es nerviosa o tímida, es muy segura de sí misma. Cuando voy con ella a casa de mis viejos, mi padre jamás olvida decirme “Si sólo fueras como Andreita no te volarían tantos pájaros en la cabeza”) Bue … . Volviendo a su carácter … es muy celosa, egoísta, de pocas palabras. No está dispuesta a escuchar otro punto de vista que no sea el suyo, es muy cabeza dura, responde constantemente lo contrario a lo que siente. A veces parece estar asustada, pero ¡guarda con querer consolarla … te come vivo! Sabe manejar la dulzura como nadie y sabe cuándo es suficiente para hacerla desaparecer … ¿Cómo decirlo? ¡Es una verdadera víbora! No sé … bueno sí lo sé, pero me da vergüenza reconocerlo … Empecé a salir con ella porque su exterior me atrajo, como bien dicen “Un par de piernas lo desequilibran todo”. No fueron sólo sus piernas, era la manera en que se movía, tiene un buen culo y sus pechos no son muy grandes, pero era el paquete completo el que me hacía babear, cosa que ella aprovechó, haciéndome caer como lo que más tarde me sentí: un estúpido.
No es verdad que al hombre lo conquistan a través del estómago, porque es una pésima cocinera.
La verdadera primera vez que la vi fue en un día de lluvia, yo estaba dentro de mi auto y la observé salir de su casa, abrió el paraguas y yo encendí el motor (del auto, no se vayan a creer ahora que soy un tigre) despacio la fui siguiendo, cuando llegó a destino subió a un edificio y me quedé esperándola, a la media hora la veo en el umbral. Lentamente saco el freno de mano (estábamos en una calle cuesta abajo) Baja a la vereda y empieza a caminar de repente frenó y giró mirándome fijamente a los ojos.
-Ya que me espías saliendo de mí casa y venís hasta acá, al menos llévame devuelta.
(Primero me dejo idiota (más de lo que lo soy) porque creí tener la habilidad de un felino al acercarse a su presa, cosa que más tarde me quedo claro no ser el caso).
Me estiré hasta abrirle la puerta (copiloto) ella la abrió más sentándose en el asiento, el mismo segundo en que cerró el paraguas bastó para humedecerle la blusa blanca y el pelo, tenía puesto una minifalda roja que al sentarse quedó más corta aún. ¡Pónganse en mi lugar! No podía arrancar el auto, hasta que ella con un toque de gracia (y sólo entonces) dijo: ”¡Arranca! La llevé a su casa, pero ese día no pasó nada, se bajó del auto sin siquiera darme las gracias. Lo cual la hacía aun más atractiva. Esa arrogancia terminó por enredarme.
Bueno … no quiero hablar ahora claramente de esa primera vez con ella. Me acuerdo de haberles dicho que la conocía hace seis meses, bue … no sé porque dije eso, tal vez sea porque realmente recién hace seis meses se sacó las máscara del todo. El encuentro del cual les hablé (el día de lluvia) sucedió hace un año ya. Ya ven soy bastante lerdo.
Vivo en un barrio rodeado de problemas sociales, sentimentales, económicos, etc. Bueno viniendo al caso el mundo entero es un barrio.
Tengo un vecino que se llama Raúl (le dicen Raulito) es un pibe bárbaro su problema es vivir en un mundo retrógrada que no lo acepta como es, pero él los elude y yo lo aplaudo. La gente lo critica por amar ¡sí, oyeron bien … Por amar! ¿Qué importa a quién? Si está regalando amor y no otra cosa, a eso me refería con que la gente lo critica y no acepta ver al mundo a través de sus ojos.
Podes verter sangre porque nadie te dirá nada, pero no vayas a cometer el error de enamorarte de alguien de tu mismo sexo porque pondremos el grito en el cielo.
Muchos de los vecinos se hacen los distraídos con él pasea con su novio por el barrio. Le encanta escandalizarlos si puede y cuando nota las miradas horrorizadas mete la mano en el bolsillo trasero del novio y yo me parto de risa con los gestos de espanto de mis vecinos. Raulito siempre me saluda porque pasa a menudo por casa a tomarse unos mates conmigo. A Andrea no le gusta, pero se debe a su gran amplitud de intolerancia. Es el único que tiene algo en la cabeza del barrio. Puedo discutir con él sobre cualquier cosa.
Después está la familia Schneider. El marido sale con una menor que su mujer, pero mucho mucho menor, la chica tiene dieciséis años (creo) yo la conocí y no se puede decir que sea abuso porque no la note para nada temerosa o nerviosa estando junto a él, por otro lado no puedo creer que alguien quiera estar con ése tipo, pero ta … la chica lo quería.
La esposa ignorando que el marido le metía los cuernos venía a mi pidiéndome consejo para despertar nuevamente la pasión del marido. Tenían cuatro guríces … ¡unos quilomberos!.
Hay otra familia que se la pasa en una clínica de rehabilitación. Gustavo (hijo de Daniel y Raquel) tenía graves problemas que silenciaba con un “jeringazo”. Una vez me contó lo que sentía al inyectarse la droga; lograba separar su mente del cuerpo.
Pero la droga es un buen material para dar de qué hablar a las cotillas y así lo hacían “Que la droga es mala, que habría que frenar a los camellos, que habría que encerrar a los chicos que están adictos a ella y sacarles el vicio de una, etc.” Y una sarta más de estupideces. ¡Por favor! Ni que la droga se presentara frente a vos con una pistola y te amenace de muerte si no la consumís.
Este chico estaba re golpeado por la vida, su hermana menor murió de cáncer hace tres años, se llevaban como gemelos y fue un golpe muy duro para él de asimilar, después de eso su padre padece tres meses en un hospital tras un ataque al corazón fuertísimo. Su madre se hizo cargo de todo, cuando la cosa parecía encarar bien él conoció a una mujer, la hizo su mujer y tuvieron un nenita hermosa (que conocí) su nombre es Jaquelín, pero la madre (o sea su esposa) cayó enferma a los ocho meses después del parto (una infección en el hígado). Fue ahí donde terminó por perder la brújula con la muerte de su esposa sintió tocar fondo.
El pobre vive en rehabilitación, pero cuando sale vuelve a caer. De la hija se encarga la abuela (su madre).
Otra vecina que tengo se llama Clotilde, es una anciana muy simpática, pero la pobre no tiene a nadie. Yo a veces le hago la gamba y la llevo a pasear, no es justo que alguien como ella viva encerrada. Le brillan los ojos cuando me habla de su difunto marido y de sus hijos que están viviendo en Europa.
Cuando se dan las charlas de los porques y los problemas ella se levanta de su silla y me dice …
-Yo … el único que tengo es existencial y la pregunta ¿Volveré a ver a mi marido? – con los ojos llenos de lágrimas. Yo concluyo sus palabras abrazándola.
Otro que se llama Juan Ignacio que vive a tres cuadras de mi casa y a veces se me aparece en el porsch diciendo …
-¡Amigo!... <<(¿quién le dijo a éste que yo era su amigo?)>>… me volví a pelear con mi novia ¿Qué puedo hacer?
Yo no sé cara de qué me vieron a mí, ni que fuera consejero sentimental yo. Él sólo es un vecino, conocido pero vecino al fin y está en cualquiera.
La lista de mis vecinos sigue, pero me quedaría hasta mañana para mencionar a cada uno. Están los que no me dejan de joder por poner la música alta, están los que se quejan por el olor (según ellos mi casa huele como el comino que ellos llevan veinticuatro horas encima) y están los que se quejan por cualquier cosa por estar aburridos.
Capítulo 2
Un día ocurrió algo que no esperaba. Que sencillamente pensé haber enterrado por la mala experiencia que adquirí. Una muchacha se me acercó estando en la playa y al mirarla vi como se agachaba para sentarse en la toalla, me quedé mudo observándola y ella me sonrió.
-¿En qué pensabas? – preguntó con voz cristalina.
-En que sii … ¿nos conocemos? – pregunté estúpidamente rompiendo todo encanto.
-Sh sh … - dijo tapándose la boca con un dedo - … ¡respira hondo el olor del mar! – dijo cerrando los ojos y echando la cabeza hacia atrás.
-Pero … - me sostuvo la mano y cerré los ojos como me dijo.
-Yo siempre cuando vengo a la playa y me enfrento cara a cara con el mar respiro hondo y me siento más viva que nunca, sólo él lo logra … - antes de que pudiera hacerle alguna pregunta me sorprende diciendo - … ¿Y a vos qué te llena de alegría? – siempre sonriendo.
-¿El mar te llena? – pregunté eludiendo sus palabras y abarcando su amor por el mar.
-Sí, sé que pensas que estoy loca, pero no se puede explicar …
-No me pareces ninguna loca, sólo me sorprende tu frescura – dije sin darme cuenta de lo que decía, de repente sentí cómo los pelitos de mi espalda se erizaban en el momento en que ella me rozó el brazo diciendo “¿Te parece?”. ¡Ahí supe que la había quedado! Fue como una flecha invisible que me atravesó.
-¿Venís seguido a la playa? – me preguntó dibujando con el dedo en la arena, dándome la espalda.
-Si si – respondí como hipnotizado.
-Yo prefiero Tata – dijo dándose la vuelta y mirándome de frente.
-¿Cómo? – dije desorientado.
-Lo decía por la tienda de medias “sisi” y el supermercado ”tata” , era joda … - dijo rascándose la frente.
-Ah … - dije forzando una sonrisa.
-¡Perdón! No quise molestarte, es que te vi cuando caminaba por la orilla y … - dijo parándose.
-¿Y qué? – dije poniéndome de pie.
-Quería hablarte y ver cómo eras – respondió sin vacilar.
-¿Te decepcioné? – pregunté.
-Es que sentí que no tenías ganas de hablar, por eso es mejor que me vaya … - dijo girando.
-Perdón – dije sosteniéndola del brazo - … No fue mi intensión, es que me quedé pensando en otra cosa … No, no, ¡pará! Siempre meto la pata. Te estaba oyendo en serio, pero … tengo novia – dije soltándola.
-¿Te arma quilombo si charlas con alguien? – preguntó tranquilamente.
-No, claro que no … es sólo que yo … - dije sin poder cerrar el pico.
-¿Vos? – preguntó asombrada.
No sé qué me impulsó a agarrarle el rostro y besarla, sentí cómo sus labios correspondieron a mi beso.
La playa era sólo nuestra, era Otoño. Nos acostamos sobre la toalla y entre besos y el olvido hicimos el amor.
No sé cómo explicarlo, pero lo sentí tan verdadero y hermoso como nunca antes me había pasado. Parezco un idiota lo sé, pero a veces es la única manera en que tiene la felicidad de expresarse.
Aun recostados ella se inclinó sobre mí y con el dedo dibujaba sobre mis labios y ojos. Confesó haberme seguido varias veces y yo le confesé nunca haberme dado cuenta (lo cual no es una gran novedad sabiendo lo despistado que soy).
De sus labios no salieron las palabras que supuse oír y fui yo quién las pronunció …
-No quiero perderte, Camila, no sé qué decirle a Andrea, pero no quiero volver con ella.
Me volvió a besar y créanlo o no, pero empecé a llorar y no podía parar. Fue la primer vez en que lloré frente a alguien sin ser mis viejos.
Camila era hermosa, tenía el pelo castaño oscuro y ondeado, lo llevaba por encima de los hombros, su mirada era cristalina de ojos celestes, nariz delgada y chiquita, tenía muchos lunares en la espalda y a la altura del escote. Y sin compararla a Andrea es completamente diferente a ella física y mentalmente.
Pasaron dos o tres semanas y la seguía viendo. Ya no pasaba nada entre Andrea y yo, cosa que no parecía molestarla demasiado, Sólo había “intercambio (tampoco la pavada … hablaba sólo ella) verbal”.
Dejando mi vida a juicio de la gente dirán que le estoy metiendo los cuernos a Andrea, que mantengo una vida doble y no es así. Yo no considero tener “una vida doble”, la única vida que tengo es con Camila, nunca le fui infiel. Si bien la lastimé por no tener los huevos de hablar claro y dejarme de tantas vueltas, quiero dejar claro que nunca la engañé ni sexual ni mentalmente, en mi pensamiento sólo hay lugar para ella.
Estaba terminando mi próximo libro (el segundo) al anterior ya olvidado “El deshielo de un corazón” . Le iba a entregar el manuscrito a mi editor cuando Andrea entró a la habitación pegando un grito que hizo que Arturo Di Cello quedara agarrado de la cortina, yo lo bajé y lo acaricié hasta que volvió a tranquilizarse. Le pregunté a Andrea qué había sucedido para ese grito, pero ella siguió gritando (con una copia del manuscrito en la mano) que yo no podía publicarlo, que estaba relacionado con ella y que se excedía en la imaginación (siempre se cuidaba con las palabras, pero aprendí a conocerlas y entre líneas me llamó mentiroso, aún sabiendo bien que todo era verdad), calmado le dije …
-¿Qué parte crees que inventé?
-Sólo te estoy diciendo que hay material que no quiero que se publique en tu “libro” y que si no estoy de acuerdo no podes hacerlo – dijo sin perder la arrogancia con una sonrisa de víbora que se siente saciada por haber derramado su veneno.
Primero me vine abajo, pero después recordé una conversación que mantuve con Camila y me sorprendí a mi mismo al oírme decir …
-Legalmente no sos nadie para decirme qué y qué no puedo publicar.
Andrea salió de la habitación como alguien que se lo lleva un huracán, tenía las mejillas encendidas de cólera y se fue dando un portazo.
Yo me senté en el sofá del comedor frente a Eduardo (mi editor) y Arturo Di Cello (que se subió en mi falda). Pasado dos minutos y reanudamos el tema sobre el libro. El gato se estiraba a cada tanto hasta tocar mi mano (porque hablo mucho levantando las manos), lo acariciaba, entonces volvía a acurrucarse y dormir.
Eduardo me preguntó qué título tiene por nombre mi libro y le respondí que aun no lo había encontrado, tenía algunas ideas, pero no terminaban de convencerme (¡una bosta!) y unos que me gustaban me vinieron a la cabeza cuando no tenía nada para apuntar y se me olvidaron.
Él no era sólo un editor, se transformó en un amigo para mí, él fue quién me ayudo al mudarme de la casa de mis padres. Me permitió vivir un tiempo con él.
Al mudarme a mi propio departamento adquirí a Arturo Di Cello a los dos meses después de vivir sólo (porque no me gustaba la soledad), pero no se crean que fui a comprarlo, no no. Nuestro encuentro fue más elaborado.
Tengo un jardín en el que paso las noches en silencio, la mitad del fondo está techada. Era verano y yo siempre me llevaba algo para picotear. La noche es algo hermoso, tiene una fragancia única y me agradaba pasar las horas bajo las estrellas, pero un día a la doce en punto sentí un ruido en el techo del fondo. Me llevé una silla y la puse junto a una de las columnas, me subí y con una linterna iluminaba el techo desde arriba buscando aquello que hacía tal ruido, pero no vi nada y me baje de la silla para irme a la cama. Ahí no termina la cosa porque todos los días a las doce en punto (nunca hubo retraso o adelanto) volvían los ruidos en el techo.
Yo empecé a hacerme la película que compartía la viviendo con “el fantasma del techo trasero” (buen título para un libro, pero da para burlarse del autor y eso es algo que no quiero arriesgar).
A la semana de los ruidos de repente sentí un maullido y cuando me decidí a mirar nuevamente con un poco de recelo porque temía que el gato se me echara encima, agarré una silla y me fijé si veía algo. El maullido fue más fuerte y de repente de la oscuridad me sorprendió un gatito atigrado que venía derecho hacia mí. Me asombré de lo confiado que era, después de un par de mimos cada uno se fue a su cama.
Yo pensando que a lo mejor tendría hambre le puse un tachito con pescado bajo el techo del fondo y desde entonces su confianza tocó el cielo y se metió de okupa hasta el día de hoy. Ya es oficialmente un Di Cello y no solamente porque viva conmigo, sino porque observé varias facetas iguales a mí en él.
Cuando me fui de casa tenía diecinueve años. Todos los domingos mi vieja me llevaba comida a dónde me había mudado, bueno … hasta el día de hoy lo sigue haciendo.
Mi viejo orgulloso como era no me perdonó nunca mandar sus expectativas para mí a la mierda y nunca hablamos. Mi madre siempre insistía en que lo llamara por teléfono y estoy seguro de que también se lo pide a mi padre, ¿qué voy a hacer …? Somos igual de orgullosos.
Estoy sentado en la cocina, son las nueve y media de la noche. Estoy mirando a Arturo tomar leche.
Siempre me impresionó la agilidad que tienen los gatos, por ej. Cuando caminan entre copas altas y no tiran ni hacen balancear a una sola. O cuando caminan sobre un murito muy angosto y no se caen. Arturo Di Cello era así y gracioso como no hay dos. Tenía terrible personalidad (perdonen que hable siempre en pasado Arturo está vivo y goza de mejor salud que yo, y debo pedir perdón nuevamente por pedir siempre perdón, perdón). Él siempre hace de las suyas, lo cual saca a Andrea y a mí eso me encanta.
Con Eduardo quedamos que en una semana lo llamaba para ver cómo andaba lo del libro. Ya estoy excitado con el asunto, espero que a la gente le guste … lo cual me dejo pensando en otra cosa que me dijo Camila <<”Tiene que gustarte a vos primero y después si sentís que vale la pena compartirlo ya cobrará valor por sí sólo”>> A veces consigue convencerme hasta a mí, la guacha.
Me había olvidado de contarles algo de lo que me enteré la quinta vez (creo) al verme con Camila. Su madre me lo dijo, cuando Camila me vio supo que yo lo sabía, llorando me pidió perdón (imagínense … ella lloraba por ocultarme algo y yo que no me decidía por mandar a cagara a Andrea … era yo él que tenía que pedir perdón).
A veces sufre trastornos mentales, se olvida de ciertas cosas (a mí también me pasa)y entrevera los hechos. A mí no me importó en lo más mínimo y abrazándola se lo dije. Ella creía que la dejaría por aquel motivo, pero por más que me aparezca su doble en perfectas condiciones no la quería porque no sería … Camila.
A la semana siguiente o sea “hoy” (después de que Eduardo se haya ido) fui hasta el living y la vi sentada (a Andrea) leyendo una revista (“para cultivar su mente”) indiferente a mí presencia siguió mirando la revista, le dije que tenía que hablar con ella, notó la extrañeza en mi voz y rápida como es quiso escaparse.
-Lo dejamos para después … en media hora me tengo que encontrar con Mirtha, me voy a cambiar ¿Sí? – dijo excitada.
Me negué rotundamente respondiéndole – No se va a morir porque un día que no cotorreen.
Yo se quería hacer la ofendida cuando de repente agregué - ¡No te alteres, no te voy a joder más, Andrea, ya no te soporto y me dejas bien claro que sentís lo mismo. Quería terminar ésta historia para siempre! Te pido que juntes tus cosas y te vayas cuanto antes puedas, podes quedarte el tiempo que haga falta para conseguirte algún lugar al cual irte. ¡No quiero escenas, sólo quiero dejar ésta farsa! – dije sin mucho pensar y después me asombre de lo fácil que me había resultado decir aquello que por tanto tiempo me había torturado. Yo; Mauricio Di Cello había dicho una vez en la vida lo que quería (bue … se “podría” considerar que el alejamiento de mis padres también fue voluntario, pero lo sentí más como … no sé, fue diferente). Estaba orgulloso de mí, pero mi alegría quedó suspendida por un momento tras un zapato que me golpeó la cabeza.
-¡Tenes a otra, hijo de puta! – gritó ella.
No me importaron sus palabras, me fui al baño y me miré la cabeza (porque el zapato era de taco y no fue a darme “justo” la punta en la frente …) El espejo me devolvió un moretón violeta oscuro, lo tomé como una herida (momentánea) de guerra, la cual había ganado y la alegría retornó de nuevo a mí.
Eran las ocho y medias pasadas. Estaba sentado a la mesa cuando la veo parada bajo el umbral del living con dos valijas y un bolso de mano, me esquivó la mirada.
-Espero que ardas en el infierno, Mauricio – dijo levantando las valijas.
Ese día comprendí que el infierno sabía a miel y se sentía como entre algodón. No podía creer que se estaba yendo para siempre y menos podía creer que sucedería tan pronto.
A ésta hora del partido ya son las diez y treintaiséis minutos. Acabo de hablar por teléfono con Camila, sorprendida de que la haya citado en mi casa quiso saber el motivo y yo obviamente queriendo prolongar mi sorpresa le respondí que eso ya se lo diría en casa. Ella nunca antes había estado acá por motivos obvios.
Sonó el timbre y fui a atender con Arturo Di Cello (que me acompañó hasta la puerta, nunca lo hizo con Andrea ¿será algo instintivo? Yo qué sé …)
-Hola, Cami – dije abriendo la puerta con una sonrisa - … ¡pasa!
-Hola, Mauri ¿Qué pasó … no está? – preguntó temerosa.
-No, no está. Sólo está mi novia – dije sonriendo.
-¿Cómo? – preguntó dubitativa.
-Que la única novia oficial que tengo sos vos. Andrea se fue hace unas horas, se terminó todo.
Se quedó de piedra y riendo la abracé, la invité a quedarse y así hizo.
Cenamos pasta con tuco hecho por mí. Sí, no se rían … al ser tan perra Andrea en la cocina me deje dar unas clases culinarias de mi vieja y no es por nada, pero se me da bastante bien.
Nos quedamos hablando toda la noche.
A la mañana la acompañé a la casa. El día estaba hermoso y hacía calor.
Hablé con sus padres porque quería que Camila se viniera a vivir conmigo y como ella también lo deseaba, pero decía que sus padres no lo iban a permitir, me ofrecí a ser yo quien se los pidiera. Al principio se rehusaron poniendo de excusa la salud de Camila y que tenía que seguir una rutina con los medicamentos que yo no iba a poder controlar. Pero si algo de bueno tienen los testarudos es que cuando se les mete algo en la cabeza no paran hasta conseguirlo, por lo tanto logré convencerlos y ese mismo día Camila empezó a juntar sus cosas.
A la noche mudamos sus cosas a mi casa. Su madre (mi suegra jeje) me confesó que hace tiempo no la veía tan feliz y era verdad parecía que Camila había resucitado, como que cambió de piel, no sabría explicarlo. Fue una transformación, reconozco tener parte de aquel cambio porque lo de Andrea (por más que ella no dijera nada) le afectaba, al igual o peor que a mí.
Ya cuando estaban todas sus cosas en el departamento me pidió cambiar algunos muebles de lugar y le dije que era SU casa y que podría hacer en ella lo que quisiera.
La observaba acomodar las cosas y cuando quería cambiar algo pesado la ayudaba. Después empezó a guardar su ropa en el ropero lo cual me llenó de alegría “como símbolo”.
Arturo Di Cello se le metía constantemente entre los brazos y le despelotaba todo, pero ella reaccionó como menos me lo imaginaba, saltó sobre la cama y se tapo con la sábana jugando con él. Yo los miraba jugar con una sonrisa y un vaso de agua en la mano.
Capítulo 3
Otro día amanecía y yo estaba acostado en la cama con Camila entre los brazos. Arturo Di Cello estaba acurrucadito sobre los pies de Camila.
Cuando ella duerme se podría decir que calma, porque respira suavemente. A lo largo de toda la noche es muy tranquila, apenas se mueve, parece una muñequito. Yo en cambio soy un rompe bolas … (no sé cómo no la despierto), me levanto una o dos veces (por lo de los dientes), giro constantemente, me despierta cualquier cosita y soy muy inquieto.
Me levanté moviéndome bien despacio para no despertarla y me fui a lavar los dientes y de ahí a la cocina. Arturo Di Cello se dio cuenta al toque y me siguió bajando de la cama.
Cuando mis pies entraron en contacto con el piso frío del baño me terminé por despertar.
Al llegar a la cocina puse agua a calentar, con la ayuda de una cuchara puse yerba en el mate. Tosté pan y al tener el desayuno preparado fui con todo hacia el jardín, dejé todo sobre la mesa y entre nuevamente a la casa yendo al cuarto a despertar a Camila.
La sábana cubría su cadera únicamente, tenía puesto un camisón celeste y el hombro desnudo. Me senté en la cama y pasé mi mano sobre su piel, me agaché a besarle el hombro y despertó. Salimos al jardín y nos sentamos a la mesa.
Las tostadas estaban dentro de una canastita y había mermelada y margarina. Le cebé un mate y se lo alcancé. Ella me lo aceptó, estaba sentada con las piernas recogidas sobre la silla de plástico, sobre el camisón celeste tenía un salto de cama azul mío (aunque hacía calor, ella decía que estaba bien con él), estaba descalza y el pelo un poco revuelto, sus parpados aun se quejaban de la luz del sol.
Arturo Di Cello maullaba por su platito de leche fresca de todas las mañanas. Camila se levantó y fue a servírsela.
De repente sonó el teléfono y atendí.
-Hola … sí ¿cómo estás? Me alegro … Bien, bien … Sí, ya sé, bueno … El Lunes que viene … No, ya está acá, aha … se fue ayer, sí, ¡eso mismo! … Sí, está acá conmigo … ta, ¡hasta el Lunes! Chau, hermano, ¡cuídate! – dije colgando el tubo.
-¿Quién era? – preguntó sin querer terminar de preguntar, me dio la sensación.
-Era Eduardo, llamaba por lo del libro y le conté que te viniste a vivir conmigo, el Lunes nos vemos para seguir hablando y te manda saludos – dije notando que le decía más de lo que me había preguntado. Con Andrea era muy diferente, cuando averiguaba que me había llamado Eduardo trataba de hacerme caer una y otra vez en el tema del libro y escribir, lo cual me vivía presionando y ahora sentía estar como liberado.
-¿Él sabía lo nuestro? – preguntó colorada - … ¿por qué reís? – preguntó apoyando la cabeza sobre las rodillas.
-Porque cambiaste mi estado de ánimo – respondí sin pensar en decir algo menos cursi.
-¡Anda … cargarme puedo hacerlo sola! – dijo haciendo pucheros.
-Sabes que es la verdad – dije parándome frente a ella y besándola. Nunca aceptó un halago o una frase positiva , era muy tímida y se escondía bastante tras ese velo. A veces tenía la sensación de que era más tímida que yo, cosa que no creí que pudiera ser real.
Su compañía, su tranquilidad y buena energía automáticamente obraron en mí, volví a agarrar la lapicera y estoy escribiendo nuevamente, disfrutando a pleno de cada cosa.
-Mauricio … no sé … ¿El Lunes viene Eduardo? Mejor me voy – dijo secreteando.
-Camila … yo sí sé … No te vas a ir a ningún lado, él sabía todo porque es como un hermano para mí – dije secreteando también.
-Eso lo sé, pero … ¿cómo hago para verlo a los ojos? – preguntó seriamente.
-Te paras frente a él y levantas un poco la cabeza, porque es alto, viste! – dije sonriendo.
-¡Mauricio! Te estoy hablando en serio – dijo enojada y se veía tan linda.
-Tranquila, Cami ¿qué te preocupa? – dije dejando de sonreír al notarla nerviosa, le agarré la mano y se la acaricié.
-Recién ayer me dijiste que Andrea era su prima y ahora me decís que viene el Lunes …
-“Es su prima” … ¿Eso es todo? – pregunté sorprendido.
-¡Sí! – afirmó.
-No te preocupes que ni él la banca, es más él y mi madre siempre me dijeron que era una bruja, pero viste que cuando tu madre está en contra, más peleas … por idiota nada más porque ahora sé que hay que hacerle caso a mamá – dije sonriendo para soltar un poco su seriedad.
Su preocupación parecía esfumarse mientras tomaba el mate.
Una de las tiritas del camisón de repente se le resbaló por el hombro (Vieron que me olvido de todo … Para ese entonces ya se había sacado el salto de cama azul dejándolo sobre la mesa). Sus hombros desnudos invitaban al olvido, pero antes de que yo pudiese reaccionar ella se me sentó en la falda y apoyó su cabeza sobre mi pecho. Yo ya me hacía otra película cuando ella sólo buscaba cariño en un abrazo. Mentalmente me puteaba diciendo que era un cerdo, que sólo pensaba en eso (para los que se dan por no enterados, “eso” es SEXO), que en la vida hay más cosas, etc.
Pero fue ella quién me empezó a besar y después la cosa fue a más.
Pasaron tres semanas. Camila y yo parecíamos estar de luna de miel (ya entienden a lo que me refiero, no hace falta ahora ponerse explícito). ¡Y sí! el tiempo pasó sin darme cuenta. A Eduardo le dije que me diera un par de semanas más para entregárselo (el libro) y me dijo que me tomara el tempo que necesitara.
Estuvo varias veces en casa comiendo asado.
Fui con Camila a la playa y al llegar estiré mi toalla recostándome. Ella se metió al mar ni bien llegamos. Mientras la observaba nadar escribía algo en mi libreta.
El sol brillaba fuertemente y el cielo estaba despejado, de repente veo a Camila caminar hacia mí y al llegar le doy una toalla, sonriéndome negó mi oferta y se recostó junto a mí.
Al haberme acostumbrado al calor del sol el contacto con su piel me parecía helado. Ella rió con dulzura sin dejarme contemplarle me cerró la boca con un beso que sabía a sal, aprovechó mi debilidad (que era ella) y sacó a la luz algo que no quedaba bien que vieron los niños, se dio cuenta de mi infortunio y se empezó a cagar de risa.
Claro … ellas (mujeres)no tenían estos problemitas, bueno aguantan el dolor menstrual y el parto sólo con eso ya hay que sacarse el sombrero, en verdad no las envidio para nada ahora que lo pienso.
Solucioné el “tema” dándome la vuelta sobre la toalla y a la muy graciosa no le da por bromear … no sé cómo hice.
-Pero, Mauri … vas a hacer un agujero en la arena así y después van a acercarse lo chicos para hacer un castillo alrededor del “lago” – dijo riendo.
-No me ayudes, Cami – dije tapándome la cara.
Ella se subió sobre mi espalda y me empezó a hacer un masaje en los hombros (cosa que no ayudaba para nada en moderar la situación).
La playa ya estaba desierta y en ese entonces se dio vuelta el juego y del pasado trajimos la escena de la primera vez en que nos vimos.
A la media hora veíamos las estrellas (¡las verdaderas!), los corazones de ambos galopaban aumentando y disminuyendo nuestros pechos. Camila tenía el busto descubierto y “empanado de arena” (por así decirlo), interrumpiendo el silencio posó su cabeza sobre mi pecho.
-¿Cómo le vas a poner a tu libro, Mauri?
-No sé, tenía dos que me gustaban, pero los olvidé – respondí frustrado.
-¡Qué raro! – respondió sarcásticamente - … deberías llamarlo “Memorias de un desmemoriado” – dijo riendo.
Ya es Lunes. Ayer fui con Camila a comer a lo de mis padres, mi vieja estuvo toda la noche diciendo que era una divina y mi viejo como era obvio siguió su melodrama <
Dentro de una hora quedé en verme con Eduardo. Estoy tomando mate en el fondo con Camila, Arturo di Cello hace de las suyas sobre el techo. Estamos oyendo folclore, mientras que Camila está agachada plantando flores y yo leo un libro relajado con las piernas sobre la mesa.
Escuché el timbre de la puerta y marcando el libro fui a ver quién era.
-Hola, Eduardo – dije abrazándolo.
-Hola, loco ¿Todo bien?
-Sí, pero entra por favor, Camila está en el fondo … - dije invitándolo. Lo deje en el comedor yéndome al cuarto y volví con el manuscrito.
-A ver, a ver … ¿puedo no? – dijo ansioso agarrándolo.
-¡Adelante! – contesté sonriendo con la típica duda de ver si le va a gustar o no.
-Me encanta el título … – dijo mientras salíamos al jardín - … ¿Viste el título que le puso al libro, Cami? – dijo al verla con las flores. Se agachó y la saludó.
-Hola, Eduardo … no me lo mostró todavía el título, a ver … - se sacó los guantes de jardín y agarró el manuscrito - … ¡No! no lo puedo creer, era joda lo de la playa … – dijo mirándome a mí tapándose la boca.
-Memorias de un desmemoriado-
-Lo sé, pero me encantó tu sugerencia y de la manera en que nació el nombre, me pareció adecuado para cerrar el círculo … Te deje una copia del libro sobre tu mesita de luz por si querías leerlo, Cami – dije.
-¿Qué si quiero? ¡Claro que sí!, en seguida me voy a empezarlo así los dejo hablar tranquilos – respondió ya yéndose.
Eduardo se llevó una copia para editarlo Había leído el primer capítulo y con una confianza ciega se levantó diciendo que lo publicaría.
Yo volví al fondo a terminar de leer el libro; trataba de un tipo perseguido por alguna fuerza espiritual muy fuerte. Bueno … estaba bien escrito y había logrado atraparme che (no es que me esté justificando, bue … tal vez de alguna manera sí lo estaba haciendo).
Pasaron cuatro días y me encontraba en la cama junto a Camila, me estaba quedando dormido, mientras que ella tenía la lucesita encendida devorando las páginas del libro que había escrito. De repente siento que me mueve el brazo.
-Amor … ¿dormís? – preguntó susurrando.
-Como que ya no ¿no te parece? – dije girándome hacia ella.
-¡Perdón! – me dio un beso en la nariz - … pero el final me lo tenes que leer vos mismo, Mauri, por favor – dijo poniendo una carita a la que ni con los parpados pegados podía no verla, ni el tipo más duro del mundo podía resistirse.
Me senté y agarré los lentes de leer, antes de comenzar me tapé la boca porque bostecé.
-(…) Llegando hasta éste punto de mi vida donde viví tantas cosas y vi muchas más de las que sufrí me llevo sólo una frase de éste aprendizaje y es uno que dice así; “No hay camino fácil a través de la vida sino atravesarlo con corazón y coraje” – cerré el libro y la besé. Después me fui al baño a lavarme los dientes (Todo el mundo tiene sus vicios).
FIN.

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