Marzo 2007
La brisa de la noche envolvía la silueta de Florencia; una joven de pelo largo y castaño, labios gruesos, ojos oscuros, medias caladas, minifalda gris, blusa bordo y tacones altos.
Ella caminaba sola por una calle desierta llamando la atención de más de un vagabundo. Empezó a apretar el paso cuando sintió unos pasos a su espalda, un momento después ya no los oyó más y cuando quiso arrancar otra vez la marcha se tropezó con un muchacho y abrió los ojos de par en par.
El chico era pobre de vestiduras, tenía una cicatriz de lado a lado en la garganta, una extraña mirada, el pelo negro azabache y muy alto.
La muchacha controlada por el pánico se empezó a poner histérica.
-Si queres llegar sanita y viva a casa más vale que te quedes tranquila – dijo el hombre con voz ronca y pitando un pucho.
-¿Por por por qué … qué quiere? – dijo ella tartamudeando.
-¿Yo? … ¡Nada! Pero ¿ves a esos tres de la vereda de enfrente? Se mueren por ponerte la mano encima, bombón … ¡Disimula che!
-Si, los veo ¿qué quieren? – preguntó inocentemente.
-¿Qué qué quieren … qué van a querer? … Esos te meten la pesada mal, en la zona se habla y esos tres tienen un historial que te dejarían los pelos de punta, bombón
-¿A qué se refiere? – dijo ella secándose las lágrimas.
-A que si te agarran sos boleta, bombón – dijo soltando el humo del cigarro.
-¿Y usted? – preguntó aterrada mientras las lágrimas le lamían el cuello.
-¡Epa! Se podrá decir cualquier cosa de Ernesto Rivero … mi nombre a propósito, bombón, pero NO que es un violador ¡ta! – dijo levantando un poco la voz.
-Sí, sí, perdón – contestó con los ojos fríos y muertos a la vez.
-Bueno che, tampoco es para ponerse así, es que me vuelvo loco cuando me acusan injustamente, pero ta todo bien. Si yo hubiera querido actuar de alguna manera ni te hubieras enterado, bombón … Sólo soy un chorro honrado, para servirte, bombón – dijo haciendo una reverencia - … te vi caminando sola como por el patio privado de tu mansión cuando estás realmente caminando dentro de la jaula del león – dijo sonriendo socarronamente.
-Es que tuve que hacer horas extras en mi trabajo … - respondió.
-Ta bien, no soy tu mamá, a mí no me tenes que dar cuentas, pero no podes ir por éste barrio así – dijo señalando su vestimenta - … la cosa está salada acá ¡viste! Y no podes ir ofreciendo carne a los carnívoros – dijo en un tono más bajito.
La muchacha temblaba y las lágrimas seguían corriendo por sus mejillas.
-Dale, bombón, sécate esas lágrimas y quédate tranquila que el tío Tacha está acá y no va a dejar que se te acerquen – dijo seriamente.
-¿Por … - ahogó las palabras que iba a decir.
-¿Qué? no te voy a comer ¿qué querías decir? … ¡háblame! Así se nota más que vas conmigo, bombón, no estoy jodiendo, si no les das a entender que venís conmigo te van a venir a molestar – dijo él.
-¿Por qué me ayuda? – logró preguntar tras lo que él le había dicho.
-Ya te lo dije … porque no soy ningún violador y ¡los detesto! – dijo poniendo el brazo sobre su espalda.
-¿Y qué pueden querer de mí? – volvió a preguntar.
-¿Sos de familia bien, verdad? Y por lo que veo nunca saliste de casa …
-Sí, no salgo mucho, pero eso qué tiene que ver – preguntó desorientada.
-Mucho y todo – respondió firme y hasta un poco enojado.
Las lágrimas que habían frenado volvieron a brotar. Él se le acercó abrazándola y la hamaco en un abrazo.
-Tranquila, tranquila, bombón – dijo susurrándole al oído.
Los tres tipos de negro y gris pasaron junto a ellos y al ver los ojos de El Tacha esquivaron la mirada y siguieron de largo.
FIN.
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