Parte 1
Bárbara llevaba cinco años de casada con Javier y ya el último año vivían peleando. Sus conocidos le repetían que era parte de un matrimonio.
-“Siempre llega un momento en la vida de mayor crisis”- decían unos.
-“A través de las discusiones se comprueba el amor” – decían otros.
Y muchas más taradeces les han contado.
Ellos sólo se iban sintiendo cada vez más vacíos, lamentándose de haber dejado al tiempo tomar partido. Ya nada era como antes, aquel beso de buenos días era un cuento, las palabras de apoyo moral sólo se quedaron en un recuerdo, las miradas llenas de confianza habían desaparecido.
Tenían dos hijos y otro más venía en camino. Los chicos eran Alejandra de cuatro años y Martín de seis.
Se casaron cuando Bárbara estaba embarazada de seis meses con Martín, al igual que lo está ahora con su tercer hijo.
Katarina y José son amigos de ambos del liceo. Y le ofrecieron cuidar de los chicos para que pasaran una noche solos y de esa manera poder hablar tranquilamente de todo, pero la situación fue a peor.
Discutieron como nunca antes lo habían hecho y esa misma noche Javier se fue de la casa y recién regresó a la mañana siguiente, a las 6am.
Bárbara se quedó llorando en el piso del baño y esa noche no logró cerrar un ojo. Recién al sentir a Javier acostado junto a ella se durmió.
A las dos horas más tarde la mujer se levantó y se fue a la cocina a preparar café. Mientras que la máquina cocinaba el café aprovecho en darse una ducha. Al terminar se puso la bata y se puso a leer el diario tomando el café.
-Buen día … ni me di cuenta de que te había levantado, cuando lle … hace un momento estabas profundamente dormida, te hable pero no me respondiste … ¿Barby? – llamó.
-¿Qué pasa, Javier? ¡Buen día! ¿eso queres oír de mí? – dijo enojada.
-Nada, sólo quería … no deja. No te molesto más, me voy al trabajo – dijo él.
-¡Bien! – respondió dándole la espalda.
-¿Te acordás de pasar a buscar a los chicos a la escuela, no? – preguntó.
-Claro que sí, o ¿te crees que …? Sí, siempre lo hago – respondió.
-Bueno, hasta la noche, trataré de volver temprano – dijo agarrando la campera.
-Como quieras – contestó Bárbara dejando la taza en la pileta.
A las diez de la mañana cerró la puerta con llave y empezó a caminar hacia la casa de Katarina y José. Al llegar entró y tomó una taza de café con la amiga y charlaron sobre el trabajo en la escuela.
Bárbara le contó el problema que había en la fábrica con uno de los pedidos y que los jefes ya estaban tirando la onda de que la cosa esta brava, que no hay plata para pagar a todo el personal y bla bla bla … .
Katarina le contó que los chicos se portaban bárbaro, que jugaron un rato y a las nueve quedaron fritos de tanto bochinche y Bárbara agregó …
-Bue … al menos ellos la pasaron bien.
-¿Por qué decís eso … no anduvo bien la cena? … dale Barby si siempre nos contamos todo, no me tengas en ascuas – insistió la amiga.
-Tenes razón … es que … es difícil de reconocer para uno mismo que se terminó, Kata.
-¿Qué se terminó el qué? – preguntó frunciendo el entrecejo.
-Lo mío con Javier, Kata – contestó tristemente.
-¿Qué pasó, Barby? – preguntó agarrándole la mano.
-Tuvimos una pelea horrible, nunca nos habíamos hablado así … él se fue de casa y volvió a las seis de la mañana recién … se terminó, Kata.
-Pero eso no quiere decir nada, Barby. Si ya tuvieron otras peleas en las que se iba y al rato volvía, vos misma me lo contaste, Barby – insistió Katarina.
-Eso mismo, Kata, yo te conté “al rato volvía”, no a las seis am. Se fue a las once de la noche de casa, Kata.
-Me acabas de contar que fue una pelea horrible a lo mejor necesitaba tiempo para despejarse nada más, no te inventes pájaros, Barby, tiene que tener una explicación .¡Pregúntale! …
-Y le digo ¿el qué…? “Ay mi amor ¿qué hiciste anoche que volviste a las seis de la mañana?”
-Bueno no tenes que ser sarcástica, sólo trato de ayudar – dijo ofendida.
-Lo sé, Kata y lo siento, sé que sólo me queres ayudar, pero ya no doy más … hace un año que venimos peleándonos como perro y gato, día y noche. Ya ni siquiera tratamos de ocultarle los gritos a los chicos y no quiero ésta vida para ellos. Nos estamos tratando como el culo, Kata y ellos lo amamantan todo. No quiero que se eduquen en un entorno donde se acepta ser infeliz … tengo el deber de cuidar de ellos, Kata y así no puedo. Estoy más concentrada en cómo defenderme de los insultos de un hombre con el que comparto mi vida que pensar solamente en ellos que realmente son mi vida. Todo éste año los abandoné, Kata, ellos pedían mi atención y yo los esquivaba con pensamientos que ahora me dan vergüenza nombrar. Ahora que por fin logré aclarar mi cabeza, sé quiénes están en primera fila para mí y Javier no es uno de ellos. Ya no puedo seguir viviendo con él, Kata.
-Te entiendo, Barby ¿ni siquiera seguís sintiendo amor por él? Sé que es estúpida mi pregunta, pero … - dijo disculpándose tras la pregunta.
-No es estúpida … pero no se trata de querer o no, a veces el amor no lo es todo, Kata. Probablemente lo voy a amar hasta el día de mi muerte.
-Pero entonces …- insistió nuevamente.
-Lo amo y así y todo no podemos seguir juntos, sólo nos lastimamos. Él ya no es el mismo, Kata, te va a decir lo mismo de mí si le preguntas …
-No le voy a preguntar nada, Barby, lo siento pero para mí estás primero vos y te apoyaré en lo que decidas – dijo mirándola a los ojos.
-Gracias, Kata – dijo sonriéndole.
-¿Cuándo se lo vas a decir, Barby? – preguntó tras un silencio.
-Pensaba en hablar con él cuando regresara del trabajo – dijo mirando un cuadro de la pared.
-Hoy mismo eh … - dijo con la mirada perdida.
-Sí ¿por qué? – preguntó mirándola de repente.
-No, nada. Sólo que anda a saber cómo se lo tome …
-¡Kata! – dijo llamándole la atención.
-Sí, si, ya sé. Perdón. Es que me da lástima, es un buen tipo.
-Sí, lo es y por eso prefiero cortar por lo sano … ¿es que no entendes que lo quiero? Y no quiero terminar del todo con la comunicación, de ser posible me encantaría que volviéramos a ser amigos …
-Bueno … tampoco te auto engañes, Barby , esas cosas nunca funcionan.
-Prefiero auto engañarme, sólo de esa manera puedo decírselo.
-¿Y si … si mejor lo pensas otra vez? – insistió nuevamente Katarina.
-No hay nada que pensar, Kata. ¡Se acabó! – determinó.
La amiga se dio por vencida frente a la decisión de Bárbara y llamó a los chicos al comedor.
Se despidieron y Bárbara agarró en brazos a Alejandra que dormía y a Martín lo tomó de la mano y caminando regresaron a la casa.
-Mamá ¡quiero helado! – dijo el niño tironeándola de la mano.
-Bueno, tenemos que ir al súper – contestó la mujer.
-¡No! Quiero ir ahí – dijo señalando la heladería de Claudia.
-No, chiquito, primero vamos al súper y volvemos a casa.
-Quiero ir – dijo llorisqueando - … nunca haces nada con nosotros.
-Martín … te prometo que venimos en la tarde ¿sí? – dijo frenada en la calle mirándolo.
-No, ya no quiero, quiero ir a casa – dijo enojado.
-Pero venimos en la tarde, chiquito – insistió.
-¡No!... – gritó -… ¡Quiero ir a casa!
-Martín, basta de caprichos! … vamos al súper y se acabó.
En el súper la mujer compró las cosas para la cena y se fue con dos bolsas a la casa. La nena seguía dormida y el nene quería soltarse de la mano de la madre durante todo el camino. Al llegar se encontraron con Javier en la puerta que los esperaba, el niño se soltó y corrió a los brazos del padre y en ese momento despertaba Alejandra.
-¿Pero qué haces cargando a la nena en tu estado, amor? – dijo sujetando a Alejandra.
-No pasa nada, estoy bien, un poco cansada nada más – contestó confusa.
-Anda a recostarte, Barby, yo me encargo de la comida con Martín, ¿no Martín? – preguntó.
-Sí, papá – contestó el chico sacándose los zapatos.
-Bueno me recuesto unos minutos … ¿van a poder solos? – preguntó al dejar las bolsas.
-Sí, mujer, no te preocupes – insistió el marido.
La mujer se fue al cuarto y se sacó los zapatos, se puso un vestido suelto y se recostó en la cama quedándose dormida. Al paso de cuatro horas la despertó el olor de la comida y se levantó.
-¿Qué hora es? – preguntó agarrándose la panza.
-Las seis y media de la tarde …
-¡Mierda! Dormí cuatro horas ¿por qué no me despertaron?
-Lo votamos, hubo un colapso de democracia. Los chicos ganaron y fueron a despertarte, pero no reaccionabas y ahí conseguí lo que quería yo que era dejarte dormir un rato más, te veías tan cansada … bueno, pero tampoco dormiste mucho.
-Gracias, pero ahora perdí todo el día – dijo quejándose.
-Vivís por dos, Barby, es obvio que estés cansada. Si te preocupa la cena, tranquila … hice un puchero que te vas a chupar los dedos – dijo Javier sonriendo.
-Sí, lo veo, en parte fue eso lo que me despertó ¿desde cuándo sabes cocinar?
-Bueno … saber saber, no sé. Sólo recuerdo esta receta que hacía mi abuela.
-Aha … me voy a poner otra cosa – dijo yéndose al cuarto.
Cuando pasaron veinte minutos Javier se acercó al cuarto para ver si estaba todo bien, por la demora y la encontró dormida en el sofá individual y encima tenía fotos de ambos cuando eran más jóvenes. Apartó la caja con las fotos y la dejó sobre la mesita de luz. Agarró una frazada de la cama y la tapo. Se arrodilló, le apartó el pelo de la cara y se quedó mirándola largo rato.
-¡Papá …! – gritaron los chicos.
-¿Cuándo comemos? – preguntó Martín.
-Tengo hambre, papá – se quejó Alejandra.
-Sh sh – dijo haciendo señas de que la mujer dormía – … que mamá duerme, dejémosla dormir, vamos al comedor, chicos.
-Mamá siempre está durmiendo, papá – dijo el nene al ir los tres hacía adelante.
-Claro, porque tu hermanito la cansa mucho – dijo el padre.
-Ah … - dijo el niño.
Empezaron a comer el puchero y al terminar pidieron ver una película. Se durmieron viendo “El rey León”. Javier los llevó en brazos a sus camas y volvió a la cocina a lavar los platos.
Se prendió la radio mientras se quedó levantado, se dio un baño y al terminar apagó todas las luces y la radio y con una toalla en la cintura se acostó junto a Bárbara y en seguida quedó dormido.
A la mañana siguiente Bárbara lo vio abrazado a su panza, con la cola al aire y decidió despertarlo.
-Javier … Javier – dijo sacudiéndolo.
-¿Sí? – preguntó viéndola borrosa aun.
-Tengo que levantarme – dijo señalando su brazo.
-Ah, sí, perdón … ¿Sabes que soné? – dijo apartándose y sonriendo.
-¿Me lo preguntas en serio? … perdón, no quise decir eso – dijo arrepintiéndose.
-Deja, tenes razón … fue una estupidez – dijo poniéndose los vaqueros yéndose.
-No, Javier … - dijo llamándolo cuando ya se había ido.
Bárbara se arregló y fue al trabajo, dejando a los chicos con Katarina. Al volver a casa se encontró con la amiga que la sorprendió ahí.
-Hola ¿queres mate o café o mejor un te? – preguntó sacándole el abrigo.
-Ho … hola, Kata. Un te estaría bien, gracias. Mientras que lo haces me voy a dar una ducha ¿todo bien con los chicos?
-Si, están en su cuarto y juegan – contestó sonriendo.
Katarina es la maestra de Martín y al terminar la clase pasa a la guardería a buscar a la nena y se los lleva a la casa.
-Che flaca ¿no va siendo hora de que dejes de laburar?
-No, voy dos meses más, como lo hice con el embarazo de los otros.
-Está bien, si te sentís capaz, pero a la menor … ta. Che otra cosa ¿qué tal anoche con Javier … cómo se lo tomó, fue para bien o para mal? ¡Barby! – dijo llamándole la atención.
-Me voy al baño y después te contestó, sólo te adelanto que no le dije nada.
-Ah … cambiaste de opinión, qué bueno yo sé cómo lo queres, sé que te morirías sin él, si su relación es como sacada de un cuento …
-De un cuento de terror … me quedé dormida al llegar, sólo por eso.
-Qué metida de pata che – dijo tapándose la cara.
El te ya estaba sobre la mesa y a los tres minutos Bárbara salió del baño con un vestido blanco y se sentó junto a su amiga.
-Bueno, ahora contame todo – dijo Katarina.
-No hay mucho que contar. Me dormí y no pude decírselo ... ¡puta! Me olvidé de llevar ayer de tarde al nene a la heladería, se lo prometí – dijo agarrándose la cara - ...bueno, encima de todo al irse Javier …
-¿Qué pasó … qué pasó antes de irse? – preguntó intrigada.
-Me desperté y él estaba dormido abrazándome la panza …
-¿Y …? – insistió.
-Que cuando desperté me dijo “¿sabes que soñé?” Y le respondí “¿me lo preguntas en serio?” … tenías que haber visto su cara, Kata.
-Y también, Barby – dijo resoplando.
-Ahora entendes lo que digo … vivo a la defensiva, yo también sufrí varias veces la cara que él puso ayer, Kata.
-¿Entonces? – preguntó Katarina.
-Que trataré de no quedarme dormida esta vez.
-¿Entonces … no hay vuelta atrás?
-No, Kata. No me lo hagas más difícil por favor.
-Entiendo, perdóname, no trato de persuadirte.
-Lo sé, Kata y te agradezco todo lo que haces por mí y los chicos.
-Che nena, sos mi amiga y eso es lo que hacen los amigos.
Mientras que las amigas seguían charlando aparecieron los chicos agitados por correr como locos.
-¡Mamá! ¿jugas a los legos? – preguntó Martín.
-Eh … - Katarina le tocó sutilmente el codo – … Sí, mi amor.
El niño se fue a su cuarto a buscar la caja con los legos y al volver al living tiró las piezas sobre la alfombra. Katarina y Bárbara se sentaron en el piso a jugar con los niños, se quedaron horas jugando.
Más tarde se despidió Katarina diciendo que tenía que volver a casa a preparar la cena, Barby la acompañó a la puerta y después se fue ella a la cocina a empezar a cocinar.
-¡Mamá, veni a jugar! – dijo Martín.
-Tengo que preparar la comida, mi amor ¿por qué no llamas a tu hermana y me ayudan?
-Bueno … ¡Ale! – gritó - … veni a la cocina a ayudar a mamá.
Javier llegó justo a tiempo, la mesa estaba tendida y la comida servida.
-Hola – dijeron saludándolo los chicos.
-Hola, chiquitos – dijo evitando mirar a Bárbara.
-Hola, Javier ¿cómo te fue? – preguntó la mujer.
-Bien – respondió mirando a los chicos.
-¿Qué estuviste haciendo hasta ahora? – preguntó nuevamente.
-¡Nada! Estaba con unos amigos o es que ya no puedo – respondió agresivamente.
-Martín ¿llevarías por favor a tu hermanita al cuarto, mientras que papá y yo hablamos?
-¿Van a pelear otra vez? – preguntó el niño.
-No, chiquito, tranquilo! … ¡anda, dale! – insistió la madre.
-Sí, mamá – respondió Martín.
-No, no creo que tengan que irse … ¡hagámoslos partidarios de todo! – dijo Javier.
-¡No! Javier. Ésta vez no … sé cómo duele oír pelear a tus padres y no quiero que pasen por eso
-Bueno, después los llamó … ¡anda Martín! – dijo el padre.
Bárbara volvió a sentarse quejándose del dolor de espalda (típico para una embarazo) y tomo un poco de agua.
-¿Estás bien? – preguntó el hombre.
-Ya pasa … por lo que te dije anoche, Javier – dijo dejando el vaso sobre la mesa.
-Ya fue – respondió mirando el plato.
-No quiero lastimarte – dijo tocándole la mano.
-Tampoco es para tanto, Bárbara, ya pasó – afirmó.
-Todo pasó … - dijo ella levantando la vista.
-No te entiendo, Bárbara – dijo entrecerrando los ojos.
-Sí que lo haces y ésta vez no estoy peleando, Javier. Sé que también sentís que todo terminó.
-¿Qué intentas decir? – preguntó angustiado.
-Que se terminó, Javier – contestó ella.
-¿Qué? – los ojos se le volvieron cristalinos.
-La pelea de la semana pasada fue la que me hizo tomar la decisión que debía haber tomado hacía mucho tiempo ya – respondió aguantando las lágrimas.
-Pero ¿por qué?
-Por nuestros hijos, Javier, por ellos … para tratar de dejar vivo algo del gran amor que siento por vos … nuestras peleas me matan, Javier – dijo ella con los ojos rojos.
-Te juro que cambiaré – respondió besándole la mano.
-No quiero que lo hagas, yo soy quien lo necesita y no lo consigo junto a vos.
-No me digas eso, Barby
-Si supieras cuántas veces me tragué éstas palabras que quería gritarte cuando cruzabas a medianoche la puerta – dijo sin poder evitar que cayera una lágrima.
-Perdóname por favor. Te juro que no me voy a ir más – dijo acongojado.
-No te tengo que perdonar nada, Javier – contestó con una sonrisa.
-Pedime lo que quieras – suplicó de rodillas.
-Déjame ir – dijo sin mostrar ningún sentimiento en la cara.
-Pero si yo te amo – dijo él.
-Lo sé y yo antes te amaba solamente a vos, fuiste la única persona a la que amé, pero ahora mi amor le pertenece a nuestros hijos, Javier.
-Hacelo por ellos ¿cómo los vas a enfrentar con un divorcio?
-Gracias por el chantaje …
-No era mi intensión, Barby lo juro …
-Realmente creí que nada podía destruir el amor que una vez sentimos.
-Perdóname, olvida lo que te dije, es que no quiero perderte, Barby.
-Y no lo vas a hacer a menos que no quieras volver a ver a los nenes y a éste que está por llegar – dijo ella agarrándose la panza.
-No, claro que quiero seguir viéndolos y a vos también, Barby.
-Viste … y así será – afirmó ella.
-¿En serio se terminó todo … no hay nada que hacer? – preguntó mordiéndose el labio inferior.
-En serio, Javier.
El hombre no paraba de llorar y Bárbara se levantó de la silla agachándose junto a él y lo abrazó fuerte y tiernamente. Ambos terminaron llorando.
-Perdóname por todo, Barby
-Y vos a mí, Javier.
-Te amo, amor – dijo mirándola a los ojos.
-Y yo a vos – contestó devolviéndole la mirada.
Parte 2
Pasaron dos semanas.
Javier vivía en casa de un compañero del trabajo y veía a los chicos todas las tardes, había noches en que se llevaba a Martín a pasar la noche con él.
Bárbara dejó el trabajo un mes antes de lo planeado por repentina orden de reposo absoluto de su médico. En ese tiempo se hizo cargo de los chicos Katarina.
La casa había adquirido una rutina normal. Katarina al llevar a los chicos de vuelta a casa tras la escuela se quedaba a esperar a que llegara Javier por la tarde y la revelara del cuidado a Bárbara (para que ella no estuviera tanto tiempo sola) y ya todos se habían acostumbrado a la nueva situación.
-¡Buenas tardes! – gritó Javier al abrir la puerta.
-Ah … - gritaron los niños - … papá papá papá – dijo Martín saltando sobre él.
-Midá papá, ete so vo, eta mamá con panza gorda …. Ete e Martín y yo – dijo mostrando un dibujo que acababa de hacer con muchos colores.
-¡Qué lindo dibujo, tesorito! ¿lo hiciste solita?
-Sí … te lo regado – dijo la nena dándoselo.
-Gracias, mi amor … ¿cómo les fue? – preguntó mirando al resto.
-Bien – dijeron juntos.
-Bueno Javier yo me voy ya que llegaste, mira que Barby está dormida. Fijate si logras hacer que coma algo de caldo de pollo con verduras que preparé. Todavía no comió nada en todo el día, sólo unos mates – dijo Katarina preocupada.
-Está bien, Kata, no te preocupes y gracias.
-De nada, si lo hago con gusto … ¡Javier, cambia esa cara!, ella te adora a pesar de todo lo que pasó te sigue queriendo como el día en que se conocieron – dijo ella poniéndose la campera.
-¿Por qué fui tan idiota, Kata? – preguntó el hombre viendo a los chicos pelear por los copitos.
-Porque sos hombre, amor … na … Chiquitos ¿nos dejan solos un momento por favor? – dijo la mujer mirando a los chicos a los ojos.
-Sí, tía … Ale veni, vamos al cuarto – dijo el chico agarrando de la mano a la hermana.
-Sentate Javier … Barby me mata como se entere de que te lo dije – dijo tomando asiento.
-No voy a abrir la boca, Kata – prometió él.
-Ella me dijo que peleaban siempre, pero entre estar acostumbrada a esa rara relación y de la manera en que te ama no le importó. Pero hace un mes (creo) se me acercó y me contó de una pelea que tuvieron que te hizo huir y volver a las seis de la mañana …
-Pero ¿cómo sabía ella que …? – preguntó sorprendido.
-No te estoy diciendo que me mata si se entera.
-Entiendo – dijo él callando.
-No lo haces, Javier ¿por qué no le dijiste dónde estuviste? – recriminó la mujer.
-Me temo que tengo que irme …
-Pero si acabas de llegar … ¿tan grande es la cagada que te mandaste? Tendré cara de buenita, pero no soy estúpida, Javier … y la que se va soy yo, ella no se puede quedar sola con los chicos – dijo abriendo la puerta y se despidió de los chicos - …No te estoy juzgando, tonto, es una cuestión de ustedes, fuiste vos quién me estiró la lengua. En fin … la perdiste ése día, Javier.
-Si pudiera hacer algo para que el tiempo retrocediera …
-Bueno Javier, se realista. No se puede, acéptalo y chau. Ahora si me voy, dale un beso a Barby.
-Chau tía …! – gritaron los niños.
El hombre calentó la sopa y al estar lista llamó a los chicos a comer, antes de acostarse miraron un poco de televisión. Alejandra se quedó dormida al primer corte comercial que hubo en la película ( que duró más que la película entera) Javier la levantó del suelo y la acostó en su cama.
El chico terminó de verla junto al padre y después se quedaron jugando a las cartas. Ahí se le empezaron a cerrar los ojos, pero sólo llego a su cama y se durmió.
Javier se quedó levantando la mesa y lavó los platos. Agarró el diario y se dirigió al cuarto donde dormía Bárbara.
Ella abrió los ojos al sentir su presencia y él se disculpó diciendo que volvería en seguida. Traía un plato hondo con sopa calentita, en la bandeja también traía un vaso de jugo, algo de pan y un repasador.
-Ay Javier, gracias, pero no tengo hambre – dijo moviendo la cabeza.
-Ay Barby de nada, pero tu hijo si la tiene, Kata me dijo que no comiste nada – contestó.
-Bueno … - dijo agarrando el plato y empezó a tomar hasta la última gota.
-Bien che … creí que ibas a dejar media sopa, pero te portaste bien.
-¿Me tomas el pelo? – preguntó limpiándose la boca.
-Sólo un poquito – dijo sonriendo - ¿cómo te sentís, Barby?
-¡Embarazada! – dijo cerrando los ojos.
-¿Queres que te traiga algo? – preguntó.
-No, gracias. Mañana voy a ir al médico – comentó abriendo los ojos mirando el calendario.
-¿Puedo acompañarte? – preguntó animado.
-Sí, claro ¿podes quedarte hoy acá, Javier? – preguntó inesperadamente.
-¿A pasar toda la noche? –preguntó sorprendido.
-Sí, pero como amigo, Javier, es que no me quiero quedar sola.
-Claro que si, tranquila ¿me pasas una almohada? – dijo desde el sofá.
-No seas ridículo … ¡acóstate a mi lado! … Contame algo … - pidió cuando estaba junto a ella.
-¿Qué? – preguntó dubitativo.
-Cualquier cosa, hablame de cualquier cosa – dijo cerrando los ojos.
-Bueno , a ver …- y le habló de la primera vez que fueron juntos a la playa con Martincito que tenía recién un añito cumplido. Ella se quedó dormida y se giró hacia él. Él sólo la observaba, veía como su pecho aumentaba y disminuía, le tocó la panza para ver si sentía algo.
A la mañana siguiente despertó y no la vio junto a él. Se levantó rápidamente, agarro sus lentes y se fue a la cocina.
-¿Qué haces, Barby? – preguntó sorprendido.
-El desayuno – respondió ella.
-¿Te sentís bien? – preguntó.
-Sí, me siento bárbara ¿despertas a los chicos por favor?
-Sí ¿a qué hora tenes cita con el médico? – preguntó antes de irse a buscar a los chicos.
-A las cuatro de la tarde.
-Aha, ta … - se fue a despertar a los chicos.
Desayunaron los cuatro juntos y al rato se apareció la tía Kata para llevarse a los niños a la escuela.
Bárbara volvió a recostarse y Javier se quedó junto a ella. La mujer se despertó exaltada y al verlo buscó su mano y la apretó junto a su pecho.
-Todo va a salir bien, mi cielo, no te preocupes – le dijo Javier al verle la cara angustiada.
-Siento que algo va a ir mal, no me lo preguntes es un presentimiento – dijo nerviosa.
-Tranquila, Barby. Trata de dormir un poco, yo te despierto cuando nos tengamos que ir – dijo acariciándole el pelo y ella aunque intranquila se durmió.
Pasaron tres horas y el hombre se giró hacía Bárbara.
-¡Barby! Ya es la hora, tenemos que irnos al médico – dijo acariciándole el hombro.
-Ay no, ahora no … ¡anda vos! Dijo dándose la vuelta.
-Pero vos tenés el bebé dentro y no yo – dijo él insistiendo en despertarla.
-Eh … a cierto, perdón es que soñé algo rarísimo – dijo abriendo los ojos.
-¿Y qué soñaste? – preguntó interesado.
-No te olvidaste eh … - dijo recordando aquel día.
-¿De qué? – preguntó confuso.
-Aquella mañana en que me querías contar un sueño que tuviste y yo te re corté como una soreta – respondió.
-Epa no digas eso, ya fue … Contame que soñaste – insistió.
-Bueno … estaba rodeada de pájaros … ¡águilas! Que me hablaban en Ruso, pero los entendía perfectamente, Javier. Había uno que estaba herido profundamente, se iba a morir, pero yo tenía un gran vínculo con él y al morir sentía cómo me moría con él y ahí me despertaste … me quedó una angustia enorme – dijo con la mano en la cara.
-Uh … un sueño triste.
-Sí … bue, me voy a dar una ducha y vamos.
-Está bien, de mientras voy a prender la tele – dijo Javier yéndose al comedor.
Tras la ducha se arregló y en quince minutos esperaba a Javier preparada. Se acercó al living y se sentó junto a él, Javier apagó la tele y ella empezó a llorar.
-Barby ¿qué pasa, te duele algo? – preguntó asustado - …ya tranquila – dijo abrazándola.
-Intuyo algo malo, Javier, hay una sensación que no me deja respirar – dijo agarrándose el pecho y secándose las lágrimas con la manga de la campera.
-No … Barby, tranquila, yo estoy contigo, no llores, corazón – dijo abrazándola más fuerte.
-¿Y si le pasa algo? – dijo de repente.
-¿A quién? – preguntó él.
-Al bebé, si hay algún problema con el embarazo. En los anteriores fue todo bien y hasta ahora con éste también, pero ahora de repente tengo que hacer reposo y encima éste presentimiento que no me deja y … y …
-Ya … si hubiese algún problema, estoy seguro que nos lo dirían, Barby, no te preocupes más
-No puedo evitarlo, Javier.
-Bueno, preocúpate entonces, pero vamos yendo, así te sacan las dudas ¿si?
Salieron de la casa y se fueron en el auto de Javier hasta el hospital.
Eran las tres y media de la tarde y al llegar encontraron lugar para aparcar. A las cuatro menos veinte ya estaban sentados en la sala de espera. La mujer no dejaba de temblar y Javier le agarró la mano.
A cada minuto ella miraba el reloj. El tiempo parecía no querer pasar.
Parte 3
A las cuatro menos cinco la secretaria la llamó y la hizo pasar.
Saludo al médico y se sento frente al escritorio. El doctor le ordeno que se acostara en la camilla y ella dejándole la campera y la cartera a la silla se fue a recostar.
-¿Cómo se siente hoy, señora Carbayo? – preguntó simpáticamente el médico.
-Estoy nerviosa, doctor – dijo notándosele el nerviosismo.
-¿Por qué … a causa de molestias del embarazo? – preguntó frunciendo el ceño.
-No, bueno estoy intranquila ¿cómo me encuentra? – preguntó apresurada.
-Todo parece estar bien, señora – dijo tranquilizándola.
-¿En serio … no me miente, no? – preguntó poniéndose la campera.
-No tengo motivos para mentirle, señora, es en serio se encuentra usted perfectamente.
-Qué bueno … - dijo acariciándose la panza.
-Le recomendé reposo porque se estaba usted excediendo de ejercicio, nada más. No crea que fue por presentar un cuadro crítico, señora, se lo digo en serio.
-Gracias, doctor – dijo aliviada.
-¿Vino sola, señora Carbayo? – preguntó mirando los estudios que le hizo hace una semana.
-No, mi … el padre de mis hijos me acompañó, está afuera esperándome.
-Está bien ¿cómo están los chicos? – preguntó apuntando algo en una libreta.
-Bien … Ale está ya en jardinera y Martín en primero.
-Qué rápido que pasa el tiempo che – dijo él agarrándose la cabeza.
-Usted lo dice – afirmó Bárbara.
Mientras charlaban golpearon la puerta y al abrirla vieron que el Javier que pidiendo permiso, preguntó por la salud de Bárbara.
-Es que me asuste por el rato que lleva acá … ¿está todo bien, doctor?
-Sí, señor, yo únicamente le decía … - en ese momento Javier cayó desmayado.
Llamaron a una enfermera y en seguida lo trasladaron a un cuarto, ya estaba reaccionando. Le había dado un pico de presión por no haber comido nada y tras darle algo dulce en seguida le cambió el semblante, ya se sentía mejor y ésta vez fue Bárbara la que se acercó a su cama.
-Hola Javier ¿Cómo estás? – preguntó tocándole el brazo.
-Hola, sí, sí … perdona el susto que te hice pasar … no sé qué me pasó, de repente lo ví todo borroso – dijo inclinándose.
-No me importa el susto, lo que importa es que estés bien – dijo preocupada.
-Me dijeron que sólo fue presión baja, Barby, tranquila.
-Sí, pero ¿no comiste nada en todo el día?
-No, ayer me acosté sin hambre … los bizcochos de recién son lo primero que como desde ayer de mañana.
-Ay Javier sos peor que un chico – protestó la mujer.
-Je … perdón – dijo sonriendo.
-¿Por qué te sacaron sangre? – preguntó alarmada tras ver un algodón en su brazo.
-¿Qué? – preguntó confundido - ... ah eso … Es que no me sentí bien últimamente y le pedí un estudio de sangre al médico, aprovechando el viaje – dijo riendo.
-Pero ¿por qué no me dijiste nada? – preguntó confundida.
-No quería preocuparte y además no lo creía necesario como ya no vivimos juntos …
-¿Y eso que tiene que ver? Me seguís interesando, Javier.
-Bueno … el estudio ya lo hice, me llaman en tres días para darme una cita.
-Bueno … ¿vamos? – preguntó ayudándolo a bajar de la camilla.
-Sí, sí, gracias … puedo sólo, Barby – dijo parándose por su propio pie.
Fueron hasta el auto y volvieron a casa. Javier la acompaño a entrar y la ayudó a acostarse. Se despidió y se fue al departamento del amigo.
Parte 4
Abrió los ojos y Bárbara se acercó a él, lo besó y le dijo <
-¡Javier! … ¡Javier, despertate! Eu hermano … - dijo el amigo sacudiéndolo.
-¿Qué pasó … dónde está Barby? – preguntó exaltado.
-Sólo soñaste, flaco … Tu ex debe estar en su casa – respondió.
-¿Un sueño? – preguntó recordando.
-Tal parece, a menos que se haya proyectado astralmente mientras me fui al baño … dale
primero …
El hombre entró al baño y prendió la luz mirándose en el espejo, se lavo la cara con agua congelada y ahogó un grito.
-<
-Acá en la cocina – dijo gritándole a Javier.
-Buen día, loco – dijo Javier al llegar a la mesa.
-¿Mejor? – preguntó señalándole el desayuno.
-Sí – respondió sentándose.
-¿Qué soñaste, hermano?.
-Nada – dijo queriendo olvidarlo.
-Ta, si no queres no me lo cuentes …
-No es eso, es que … - respondió Javier al ver la mirada insistente de Sergio - … esto no sale de acá ¿ta?.
-Hermano … ¿Cuándo buchoneé algo yo? – dijo ofendido.
-Bueno … yo estaba en un sillón azul de repente apareció Barby y me besó, me pidió volver, se sentó en mis piernas y siguió diciendo que todo volvería a ser como antes. Yo la abracé y me di cuenta de que estaba flaca, sin rastros del embarazo, me puse nervioso y le pedí perdón una y otra vez …
-Sí, esa parte la presencie.
-¿Qué querrá decir, Sergio? – preguntó preocupado.
-A veces los sueños son sólo eso, Javier. No te comas el coco, ayer me contaste que estaba todo bien con el embarazo, no te quemes la cabeza, hermano.
-Es que ella me habló de un sueño que tuvo, donde alguien querido moría …
-Ahí lo tenes, tu subconsciente se dejo influenciar, cualquiera se pone más sensible al tener un hijo, es comprensible, Javier.
-Puede que tengas razón … - dijo pensativo.
-Claro que la tengo – dijo con risa burlona - … ahora empezá de una vez a comer
Al llegar la tarde Javier se fue a llevar a los chicos al parque de diversiones y al llevarlos de vuelta a casa los traía fundidos.
-Están muertos de cansancio – dijo Javier al ver a Bárbara.
-Sí, estuvimos toda la tarde caminando, mamá y encima las sacudidas de los juegos – dijo Martín entre cerrando los ojos.
-Está bien asique la pasaron bien … me alegro – contestó sacándole la campera a los dos.
-Sí – contestaron juntos.
-¿Queres pasar a tomar algo, Javier? – preguntó ella sonriendo.
-No, no gracias – respondió él.
-¿Cuándo te llaman por el estudio? – preguntó de repente.
-Ayer me dijeron tres días, o sea que pasado mañana, pero tranquila eh … que debe ser sólo anemia – respondió sonriendo.
-Claro, seguro … ¿querés que te acompañe? – propuso con una sonrisa.
-No, no hace falta, pero gracias. Estoy seguro que no se trata de nada preocupante.
-Bueno, pero me avisas ¿sí? – dijo levantando las cejas.
-Quédate tranquila, Barby, yo te aviso ¿vos cómo seguís? – preguntó cambiando de tema.
-Bien, bien. Hoy dormí perfectamente y éste no pateó mucho, lo cual me dejo descansar – dijo señalándose la panza.
-Me alegró … ¿en qué mes estás ya? – preguntó dudoso.
-¡Siete meses y medio! – dijo orgullosa.
-Asique ya se viene – dijo sonriendo.
-Sí … cuídate, Javier – dijo ella tiernamente.
-Y vos también, Barby … ah ¿sabes qué soñé? – dijo de pronto.
-¿Qué? – preguntó tapándose del viento.
-Que volvíamos … - respondió con una sonrisa.
-Javier … - dijo con voz de lamento.
-No digas nada, fue mi culpa, Barby, sólo quería compartir un sueño que tuve … te quiero, chiquita – dijo besándole la frente.
Se subió a su auto y ella siguió el trayecto de su partido con la mirada, paso junto a la casa tocando la bocina y ella saludo con la mano.
Parte 5
Ya habían transcurrido tres días tras la visita al médico y hacerse los estudios.
Javier hizo horas extras en el trabajo.
En casa de Bárbara, se despertó Martín y se fue al cuarto de la madre, sacudiéndola logró hacer que se levantara para que preparara el desayuno.
Una vez que la mesa estaba preparada la mujer fue a despertar a la niña.
-¡Buenos días, cielito! – dijo dulcemente junto a su oído.
-Aaa… hola, mamá – contestó con una sonrisa amplia y soñolienta.
-¿Te levantas para desayunar, chiquita? – dijo besándole la nariz.
-¡Sí! – dijo bajando de la cama.
Cuando los tres terminaron de comer sonó el timbre.
-Hola tía – gritaron los chicos al ver asomar la cabeza de Katarina.
-Hola Kata ¿cómo estás? …¡pasa por favor! – dijo Bárbara levantándose.
-Quédate sentada, mujer … - se sentó a la mesa - … estoy bien y por acá veo que también.
-No te creas a mí me duele un poco la espalda, pero bue nada serio – contestó sonriendo.
-Ah bueno pero es típico en tu estado … Ahora me llevo a los chicos a la escuela y vos anda a recostarte – ordenó la amiga.
-Pero si me acabo de levantar che … - protestó.
-Por lo menos hace lo que quieras hacer sentada ¿sí? – insistió Katarina.
-Te lo prometo, “mamá” – contestó sonriendo.
-Ta, te creo … bueno chicos, ¡vayan a buscar las mochiles que nos vamos … denle un beso a mamá! – ordenó la mujer.
-Chau, mamá – dijo besándola Martín.
-Chau, mami – adjuntó Alejandra.
-Chau, mis amores, ¡cuídense! Y pásenla bien – dijo ella saludándolos.
Al irse los chicos la mujer se dispuso a arreglar los cajones de la cómoda.
A las tres y media se quedó dormida en el sofá. La puerta de la calle se abrió y Javier asomó la cabeza preguntando si había alguien en casa, entró y al verla dejó de llamar. Se acercó a ella y le sacó todos los papeles que tenía encima y los dejo sobre la mesa, después agarró una manta y la cubrió con ella. Él se sentó junto a ella leyendo una vieja agenda que le pertenecía a él (la encontró en uno de los cajones).
Pasó media hora y Javier estaba mirando unas fotos (en las que estaba él con Bárbara, antes de casarse). La mujer se despertó y se quedó mirándolo.
-¿Estoy soñando? – preguntó en voz alta.
-De pende – contestó sorprendido pensando que seguía dormida.
-¿De qué …? – preguntó frotándose los ojos.
-Nada, estaba jodiendo. Entré con la llave que me diste, como no me respondiste … al entrar vi que dormías y …
-No me tenes que explicar nada, Javier … estoy durmiendo demasiado – dijo quejándose.
-Tenés ese derecho en tu condición, Barby, ¡aprovéchala! … si queres te devuelvo la llave, para que estés más tranquila … - dijo repentinamente.
-No ¿por qué? – preguntó enderezándose.
-No sé, tal vez te moleste …
-No digas pavadas. Sé que sólo lo decís para oírlo, porque sabes que no me molesta.
-Puede ser … - contestó riendo.
-¿Qué mirabas? – preguntó observando las fotos en sus manos.
-Fotos de nosotros dos – contestó mostrándoselas.
-A ver … pa! Mira mis pelos – dijo tapándose la cara.
-Mira … en ésta casi me agarra la ola de espaldas y vos sólo me decías “ un paso más atrás” – dijo sonriendo.
-¿Yo? – dijo haciéndose la víctima.
-Sí … estábamos solos en esa salida. Yo salí en la foto, así que vos la sacaste ¿no te acordás?
-Sí, me acuerdo de que la ola te tragó al final y tiré la cámara sobre la toalla al ver que no salías de agua … no sabes la desesperación que me agarró por esa estupidez que yo deje que pasara … lo hice como una broma para que te mojaras, pero en el momento en que la ola apareció y vos habías desaparecido… - se agarró el pecho como si el sólo recuerdo volviera a lastimarla.
-Cierto … sentí un terrible golpe en la nuca que me noqueó, pero cuando volví en mí te vi inclinada sobre mí y pensé estar en un sueño … al darme cuenta que las estrellitas que veía fueron producto de un golpe y no de la imaginación de los sueños te veía nerviosa y tus ojos parecían un mar de lágrimas, tus rulos mojados me tocaban la cara, te temblaban los labios … y bueno, cuando reaccioné te dije que estaba bien y me abrazaste con tal fuerza que creí no poder respirar más, no por apretarme sino porque fue ése día en que … me enamoraste.
-… Javier … - él le puso el dedo sobre sus labios.
-No digas nada, Barby, te entiendo y no te estoy reprochando nada.
-Pero yo sí – contestó angustiada.
-¿Por qué? … fuiste más fuerte que yo como siempre. Reconozco que nuestras peleas fueron horribles y ninguno se las merecía … pero vos lo reconociste primero. Yo te sigo amando, pero a veces el amor no basta … ahora lo entiendo – dijo recordándole lo que ella una vez dijo.
Bárbara recostó su cabeza sobre el hombro de Javier y siguieron viendo fotos.
A las cinco de la tarde volvieron Alejandra y Martín con Katarina de la escuela, que tras dejarlos en la casa se fue a la suya a preparar la comida.
-¿Qué quieren hacer, chicos? – preguntó el padre.
-No sé – contestó el varón.
-Jugar con las muñecas, papá – dijo Alejandra sonriendo.
-¡No! – gritó el nene.
-Bueno bueno ¿quieren jugar al parchis? – propuso Bárbara para evitar una pelea.
-¿Qué e eso, mami? – preguntó la nena saltando.
-Un juego de mesa, tonta – dijo Martín mirándola.
-Che … sin insultos … ¡vení, chiquita! – dijo la madre subiéndola a sus piernas.
Se sentaron alrededor de la mesa y empezaron a jugar tras explicarle las reglas a la niña, que una vez lo aprendió no quería dejar de hacerlo.
A las ocho de la noche Javier se levantó de la mesa despidiéndose de todos y se marchó al departamento. A pesar de haberle rogado los chicos de que se quedara un rato más, él insistió en tener que irse por el trabajo y para calmar a Bárbara le dijo que comería con Sergio al llegar al departamento.
Parte 6
Otra mañana llegó y la rutina no frenó.
Bárbara despertó a los niños, desayunaron y Katarina pasó por la casa para llevarlos a la escuela. Ella se quedó en el living mirando una película y cuando terminó se fue a su cuarto a seguir con un tejido que le estaba haciendo al bebé.
Como siempre quedó dormida y al despertar se encontró con Katarina que lavaba los platos y los chicos veían la tele.
-Hola, son las seis y Javier todavía no llamó ¿no, Kata? – preguntó la mujer.
-Hola, Barby … no, no llamó. Llevo dos horas acá ¿por? – preguntó secándose las manos.
-Como te conté el otro día … hoy le entregan los resultados del análisis de sangre – dijo bajito para que los hijos no se enteraran y preocuparlos, aunque seguramente no hubieran sospechado gran cosa, pero Bárbara quería evitar cualquier nerviosismo.
-Ah cierto – dijo la amiga apoyándose en la lavadora.
-Bueno … eso! Esperaba la llamada para ver cómo le fue – dijo Bárbara.
-Seguro que bien y se olvidó de llamarte, pero llamalo vos y salí de dudas, Barby.
La mujer siguió el consejo y se fue a su cuarto a hacer la llamada. Se sentó sobre la cama con la agenda y el tubo y buscó el número de Sergio. Esperó un rato y cuando iba a colgar sintió una voz agitada.
-Hola – era la voz de un hombre.
-Hola ¿Sergio? Habla Bárbara, perdón si te molesto …
-¿Qué? no! … vengo del supermercado y la puta puerta no abría, sentía el teléfono y desesperado se me hacía más difícil abrir y cuando lo logré tuve que buscar el tubo porque no estaba en su lugar como es inalámbrico…- respiró - … bueno pero seguro que no llamaste para saber cómo estaba yo ¿buscas a Javier, no? – preguntó sentándose en la silla.
-Sí, es que quería preguntarle algo – respondió la mujer.
-Para que me fijo si está en casa … aguántame un cacho – dijo levantándose. Lo busco en toda la casa y no lo encontró - … ¿Bárbara?
-Sí, acá estoy – respondió.
-Acá no está che, pero si bien recuerdo me dijo que hoy tenía una cita con el médico …
-Sí, por eso llamaba, Sergio … ¿vos no sabes nada? – preguntó.
-No, sólo me dijo que le darían unos resultados, pero no te preocupes, seguro que sigue allá o está resolviendo otra cosa antes de volver.
-Puede ser, gracias igual – dijo ella.
-De nada, Bárbara … hasta luego, yo cualquier cosa si lo veo antes de que se comunique contigo le digo que te llame – dijo él notando la preocupación en su voz.
-Muchas gracias, Sergio … chau. Que pases lindo
Colgó el tubo y se sentó jugando con una lapicera. Katarina se le acercó al ver que terminó la llamada y se sentó junto a ella, mientras que los niños seguían viendo la televisión.
-¿Qué te dijo Sergio? –preguntó dejando el tubo en su lugar.
-Que Javier no estaba en la casa – contestó.
-Debe estar con el médico todavía.
-Puede ser, pero si la cita era a las cuatro y lo atendieron a esa hora seguro que no.
-Bueno ¡veni! Voy a preparar mate – dijo levantándose y agarrándola del brazo.
Estaban tomando mate y seguían charlando. Los niños se peleaban para ducharse.
-Mamá yo dije primero que me iba a bañar y ahora ésta que ni se sabe bañar me quiere sacar el baño – protestó Martín.
-Mi amor ¿no dejas que se bañe él primero y yo después te ayudo a vos? – dijo Bárbara.
-¡No, yo me quiedo bañar sola! – protestó la nena.
-Bueno … hacemos una cosa … Martín, se un caballero y deja a tu hermana primero, de mientras anda a jugar con la play station – dijo Katarina.
-Pero mamá nunca me dejo antes de bañarme, porque dice que después no me baño más.
-Mamá ¿se lo permitís? – dijo Katarina mirando a Bárbara.
-Sí, anda, mi amor – dijo ella asintiendo.
El chico se sentó frente a la tele y conectó el juego y Alejandra se fue a bañar sola por primera vez. Katarina tomó asiento otra vez.
-¿Cómo te sentís, Barby?
-Más o menos, pero …
-¿Qué? – insistió la amiga.
-Me acuerdo perfectamente de que Javier tenía la cita a las cuatro y cuarto, Kata y ya son las seis y cuarentaicinco – dijo angustiada.
-Hay mil explicaciones, Barby, no te vuelvas loca, puede ser que esté en un bar y se le haya pasado el tiempo sin darse cuenta – dijo calmándola.
-Sí ¿no? – dijo pasándose la mano por el pelo.
-Claro, mujer. No hay que quemarse el bocho por cualquier desinformación, ya verás que en cualquier momento te llama.
Eran las ocho de la noche. Los niños se habían duchado y ya tenían el pijama puesto. Katarina se despidió de ellos y de Bárbara.
Bárbara estaba preparando la cena; fideos con salsa de tomate. Comieron todo y se fueron a dormir, menos la mujer que se quedó levantando la mesa y lavando los platos.
Al terminar se fue a recostar en el sofá del comedor, junto al teléfono. Aguantó hasta las nueve y media, pero ni señales de Javier. A las diez se quedó dormida.
A las doce menos cuarto sonó el teléfono y Bárbara saltó del sofá, corrió a atender y al hacerlo miró la hora.
-¿Sí … quién habla? ¿hola … Javier sos vos? Decime algo – dijo desesperada.
-Sí, soy yo, tranquila Barby – contestó.
-¿Tranquila … Te parece que me pueda quedar tranquila cuando en todo el día no diste señales de vida … dónde te había metido? Te llamé a lo de Sergio y no me supo decir nada.
-Estoy bien … se pasó la hora sin darme cuenta, recién ahora me avivé de que seguro estabas nerviosa, perdóname, Barby … - dijo disculpándose.
-¿Qué te dijo el médico, Javier? – preguntó fría.
-Lo que te dije … anemia – afirmó el hombre.
-¿No me estás mintiendo, no? – preguntó Bárbara.
-No, podes estar tranquila. Estoy haciendo horas extras y por eso no pude llamar antes.
-Más te vale que sea cierto … ¿venís mañana? – preguntó calmándose.
-Por eso mismo llamaba, internaron a un amigo – dijo Javier.
-¿A quién? – preguntó preocupada.
-Tranquila, no es nadie que conozcas, él está bien. Es “El Negro”, un problema de úlcera y me pidió que no bancara – contestó.
-Ay pobre! Mandale saludos y espero que se mejore.
-Si, le mando, yo voy a pasar unos días cuidando de él, por eso quería avisarte…
-Está bien … ¿seguro que estás bien, Javier?
-Sí, Barby, tranquila – agregó él con ternura.
-Ta … llama cuando vuelvas ¿sí?
-Así lo haré, mandale besos a los chicos y cuídate por favor, besos chau
-Bueno, besos y saludos al “Negro” – dijo la mujer.
-¿Eh? Ah! Si, si, le mando … Chau, Barby – y así concluyó la conversación.
Parte 7
Eran las diez de la mañana y Bárbara se estaba bañando, oía música con los ojos cerrados y movía los labios interpretando la canción.
De repente sintió una manito sobre la panza y ahogó un grito abriendo los ojos.
-Ay Ale, eras vos ¿qué pasó, chiquita? – dijo tranquilizándose.
-Nada, oí la música y me gustó como hacías que cantabas – contestó riendo.
-Bueno, ya salgo y hacemos el desayuno, ¿si? – propuso la madre.
-¡Sí! – dijo yéndose del cuarto de baño.
La nena se fue corriendo y Bárbara salió de la bañera secándose se puso un vestido. Arregló el baño y fue a la cocina.
La nena ya había metido el pan al horno, sacó la leche de la heladera y puso tres platos sobre la mesa.
-¡Ya está todo, mamá! – grito orgullosa.
-¿Todo? – preguntó Bárbara.
-Sí, sólo tenes que prender el horno, hacer la cocoa y poner los cuchillos (que yo no llego al cajón) – dijo sonriendo.
-Muchas gracias, mi amor – dijo dándole un beso en la nariz.
-Yo despierto a Martín – dijo yéndose corriendo.
Al mediodía ya estaba Katarina en la casa preparada para llevarse a los chicos.
-Hola – dijo dándole un beso a Bárbara.
-Hola, Kata … ¡pasa por favor!
-Gracias … ¿supiste algo de Javier? – preguntó rascándose el codo.
-Bien y sí, es cómo lo dijiste, no llamó porque estaba trabajando, ahora se va a cuidar unos días a un amigo que está internado por una úlcera – contestó.
-¿Quién? – preguntó.
-El Negro dice que le dicen (valga la redundancia), pero no lo conozco.
-Mmm ni a mí, pero me suena a excusa, ése tiene otra – afirmó.
-Te digo que cuida de un amigo – repitió Bárbara.
-Y yo … que tiene otra – volvió a afirmar.
-¿Qué sentido tiene decirme otra cosa? – preguntó ya que ella insistía.
-Vergüenza, mujer.
-¿Estás buscando que me ponga celosa?
-No sé, ¿funciona? – preguntó
- … Estás loca, Kata – respondió Bárbara tras hacer un silencio.
-Si es así ¿por qué te costó tanto decirme que estaba loca?
-Por nada – dijo mirando a otra parte.
-Si vos lo decís … - contestó Katarina.
-No hay nada, Kata y si tanto queres saberlo sí.
-¿Qué cosa si? – preguntó confusa.
-Que me comen los celos – contestó agarrándose la cara.
-Ay ¡lo sabía! Pero ¿por qué crees que está con otra?
-Porque lo conozco más que a mi misma, Kata y nunca dije de saber de otra, sólo sé que me mintió, no hay ningún Negro.
-¿Entonces? – preguntó sentándose y haciendo que la amiga se sentara.
-Ni idea – dijo cerrando los ojos.
-Perdóname, Barby, soy una tarada.
-No importa.
-Bueno me llevo a los chicos antes de seguir metiendo la pata – dijo levantándose - ¡Vamos!
-¡Pónganse la túnica, chiquitos! – ordenó la madre - ... que tengan un lindo día, los tres, chau.
Tras despedirlos la mujer se fue al comedor y empezó a leer un libro.
Se hicieron las cinco de la tarde sin que ella se diera cuenta. Se paró y caminó hasta el armario, agarró una olla y de la heladera sacó la leche, también sacó el pastel de carne que sobró de anoche y lo calentó.
Puso la mesa y los esperó. De repente se sintió el motor de un auto y al acercarse a la ventana los vio bajar y correr a la puerta.
-Hola, mamá – gritaron juntos.
-Hola, amores ¡vayan a lavarse las manos! Que hay pastel de carne de ayer.
-Hola y chau, me tengo que ir, así que cualquier cosa ¡llámame!
-Ta bien … gracias, cuídate, Kata.
Parte 8
Nueve días pasaron y todo seguía igual, salvo la ausencia de Javier.
-Mamá ¿dónde está papá? – preguntó el chico acercándose a la madre.
-Está cuidando a un amigo que está enfermo – respondió.
-¿Y por qué no llama … mamá? – insistió.
-No podrá comunicarse, chiquito – respondió de repente.
-Pero hace mucho que no viene – dijo Martín.
-Lo sé, chiquito – dijo acariciándole la cabeza. La nena se acercó …
-Yo tamben extraio a papá – dijo llorando.
-Ya lo sé, chiquita. Miren ¿Qué les parece ir al Zoológico?
-Pero hay que ir a la escuela – recordó Martín.
-No van, yo le aviso a la tía Kata.
Los niños se cambiaron de ropa mientras que Bárbara llamó por teléfono a Katarina y le contó lo que había decidido.
Y de esa manera transcurrió el día. A la vuelta pasaron por la heladería y Martín pidió ir y Bárbara al recordar cómo se olvido de la promesa que le hizo accedió a tomar un helado a pesar de estar fundida.
Ya en casa se recostó un rato a descansar mientras que los chicos se pusieron a dibujar en su cuarto. Media hora después se levantó la mujer y preparó la cena.
-¡A comer! – gritó al poner la mesa y arrimar la comida a ella.
Se sentaron alrededor de la mesa del comedor, prendieron la tele y hablaban encima de ella.
-¿Mamá … ya viene el bebé, no? – preguntó Martín mirándole la panza.
-Está cerca, si … sólo me queda un mes con ésta panza – contestó.
-¿Qué me dijiste que era … nena o nene?
-Va a ser una nena, mi amor – respondió sonriendo.
-¿Cómo se va a llamar? – preguntó el nene.
-No sé, pienso y pienso, pero no se me ocurre ninguno.
-Si se me llega a ocurrir uno te aviso, mamá, ¡tranquila! – dijo dándole un beso.
-Gracias, mi amor – dijo acariciándole la mano.
-¡Silencio! Que no oigo – protestó la nena pegada a la tele.
-Perdón, señorita … Aléjate un poco de la pantalla, chiquita, ¡vení a la mesa que vamos a comer! – dijo llamándola.
-Déjala, mamá … es una exagerada.
La noche transcurrió como siempre, con discusiones y diminutos intentos de silencios. Al llegar la hora de dormir la nena le pidió a Bárbara que le leyera un cuento y así ella agarró un libro y se acostó junto a ella en la cama y le empezó a leer, recién estaba en la tercer hoja cuando la nena ya cabeceaba.
La mujer se levantó y la tapó, apagó la luz y se fue al cuarto de Martín a ver si ya estaba durmiendo. Dormido estaba, pero se había acostado con la ropa de calle y los zapatos puestos, se los sacó y también le sacó los pantalones. Lo cubrió con la frazada y se quedó mirándolo.
-<
-¿Dijiste algo, mamá? – preguntó abriendo un ojo.
-Que te quiero, mi amor … que cada vez te pareces más a papá. Ahora ¡dormí! – ordenó.
-Yo también te quiero, mamá … buenas noches – dijo volviendo a cerrar los ojos.
-Que duermas bien, mi amor – dijo cerrando la puerta.
Antes de acostarse pasó al baño, se miró al espejo y empezó a llorar, al recordar las palabras que una vez le había dicho Javier “-Siempre que sientas ganas de llorar por más que estemos bien o mal, pensá en mí y en todo lo que te quiero. Puede que te sientas sola, que no quieras ni verme o pienses que nadie notará tu ausencia, pero yo no quiero que te sientas así y yo me daría cuenta, amor, así que deja de llorar, Barby>> las lágrimas se hicieron más copiosas, se arrodilló frente al wáter por sentirse mal, pero sólo fue falsa alarma.
Regresó a su cuarto y se acostó. Se durmió mirando el techo.
Parte 9
Pasó una semana más y Javier no daba ninguna señal de vida
Una mañana sonó el timbre, los niños ya se habían ido con Katarina (se fueron más temprano porque iban a un Museo). La mujer se levantó a atender y al abrir la puerta dejo escapar un grito.
-Hola, Barby – dijo sonriendo.
-¡Apareciste! – dijo abrazándolo.
-Sí, se podría decir así – contestó correspondiendo al abrazo.
-¿Dónde te habías metido? Tus hijos no dejan de preguntar por vos y yo no sabía qué decirle … - decía nerviosa con los ojos rojos.
-Que estaba en el hospital como te dije con “El Ne …
-¿“El Negro”? Javier, no te conozco de ayer, sé que no existe ningún Negro, ni me importa con quien estuviste, pero tus hijos te necesitaban – respondió.
-Estaba …- intentó decir.
-No me importa saberlo, no lo quiero oír – respondió.
-Pero Barby … - insistió.
-¿Qué? … pará! Sólo decime UNA COSA … ¿ésta desaparición tiene ALGO que ver con aquella vez que te fuiste de casa y volviste de madrugada?
-Sí, pero … - dijo sorprendido.
-No, tus hijos van a estar contentos al verte – dijo dándose la vuelta para irse.
-Pará, Barby … déjame hablar por favor – dijo con los ojos llorosos.
-¿Qué queres? – respondió nerviosa.
-Déjanos sentarnos para hablar – dijo él.
-Puedo oír lo que quieras decir acá parada – contestó evitando su mirada.
-Barby …
-¡Decimelo de una vez! – dijo casi gritando la mujer.
-Está bien – él se sentó en el piso con la espalda apoyada en la pared - …¿Te acordás de esa pelea que mencionaste? … Me fui a un bar esa noche y una mina se me acercó … - los ojos de Bárbara se llenaron de lágrimas - … Me tomé varias copas con ella y esa noche … cuando desperté vi en el reloj que eran las cinco de la mañana y estaba en la cama de esa mina … - las lágrimas corrían por las mejillas de la mujer - … me vestí y me fui, por eso llegué a esa hora a casa - dijo bajando la cabeza.
-¿Por qué no me dijiste que había otra? – preguntó sollozando.
-Te juro que no la hay, sólo la vi una vez en mi vida a esa mujer.
-¿Entonces por qué me respondiste hace un segundo que la volviste a ver?
-No dije eso, me preguntaste si tenía ALGO que ver y sí lo tiene ... El análisis sanguíneo no reveló una anemia … sino SIDA – dijo resignado.
La mujer sintió que se le debilitaban las piernas y Javier se paró en seguida, la ayudo a sentarse en una silla.
-Por eso mi ausencia, Barby, estuve buscando otras opiniones y a ver si había algún tratamiento que pudiera hacer …
-¿Y …? – preguntó paralizada por el horror y el dolor.
-Me mandé la peor cagada de mi vida …
-¿Qué te dijeron, Javier? – dijo secándose las lágrimas.
-El virus está actuando con rapidez, no hay tratamiento capaz de ralentizarlo.
-¿Me estás diciendo que …? – dijo con los ojos cristalinos.
-Sí, Barby.
-¡No! – grito desmayándose.
El hombre llamó a una ambulancia que apareció después de quince minutos. La subieron a la camioneta y volvieron al hospital.
Lo primero que hicieron fue instalarla en un cuarto porque aun no estaba de parto, pero cerca de el. Javier se quedó junto a ella y estando solos se sentó en una silla junto a la cama y mientras ella tenía los ojos cerrados él le acariciaba el pelo.
-Perdóname, Barby, fui un idiota, no quería que pasara esto … - dijo angustiado con la cabeza gacha.
-Estoy bien – dijo muy bajito - … no me digas que vos sos el águila.
-Barby … - ella empezó a llorar frente a su silencio y él la apretó contra su pecho - …¡tranquila! Todo va a volver a la normalidad, vas a ver que esto sólo es un mal sueño del que despertarás, amor , ahora dormí, dormí! – le dijo al oído.
Mientras que Bárbara dormía, Javier se fue a la cafetería a tomar un café y se quedó un rato mirando por la ventana.
Al paso de medio hora …
<<-Ah … ahí estás – dijo sonriendo con alivio.
-Sí, mi cielo, se acerca el momento de ver a nuestra princesita – dijo ilusionado.
-Sí, soñé algo horrible, Javier – dijo turbándosele los ojos.
-¿Qué cosa, amor? – preguntó agarrándole la mano.
-Que tenías SIDA y no se podía hacer nada.
-Bueno … menos mal que sólo fue un sueño – dijo riendo.
-Sí, menos mal – dijo besándolo.
-Tranquila, amor – dijo correspondiéndole al beso.>>
-¡Barby! … estás soñando ¡Barby! Soy Javier – dijo moviéndole el hombro con dulzura.
-No era un sueño … me vas a dejar – dijo con un nudo en la garganta.
-Siempre estaré acá y hoy más que nunca. El doctor dice que estás entrando en la recta final.
Esas palabras soltaron nuevamente las lágrimas en ella.
-No voy a poder, Javier.
-Claro que sí, yo estaré contigo.
Después de cuatro horas de trabajo de parto se vio la cabecita del bebé. La enfermera al tenerla en brazos la baño y se la entregó a Bárbara. Javier que había presenciado todo las miraba embobado y la muchacha los dejo un rato solos.
-¿Queres sostenerla, Javier? – preguntó la mujer agotada.
-No creo que sea conveniente, Barby - respondió.
-Es tu hija ¿queres? – insistió.
-Bueno … - Bárbara se la entregó mientras que a él las lágrimas le acariciaban las mejillas.
-Tiene tu nariz, Javier – dijo mirándolo.
-Pero tu mirada … Viste que no me fui – dijo levantando la mirada.
-¿Por qué no me lo dijiste antes? – preguntó olvidando la conversación.
-Tenía miedo de reconocerlo, de tu reacción, de todo, Barby … perdóname – dijo bajando la cabeza.
-No seas tonto, no te tengo que perdonar nada …
-La vida solita ya me está haciendo pagar, no? … no sé qué hacer … - se arrodilló frente a ella entregándole a la niña - … ayúdame por favor, Barby, ayúdame …
-No me iré de tu lado, Javier. Shsh amor, tranquilo! Vamos a salir de ésta – dijo acariciándole el rostro.
Parte 10
A la mañana siguiente le dieron el alta y volvió a su casa, el hombre la acompaño. Los niños estaban en la escuela y la casa estaba en silencio.
-Sergio se va por unas semanas al interior con su novia y me deja el departamento … - comentó Javier al entrar a la casa.
-¿Se lo dijiste? – preguntó Bárbara con la niña en brazos.
-No.
-¿Por qué?
-Por lo mismo que no te lo conté antes a vos … Barby … tengo un nombre para la nena, ¡ponele Esperanza! No me gusta como suena, pero su significado es hermoso, claro que si no te gusta…
-¡Así se llamará … Esperanza! – al hombre le brillaron los ojos.
-Gracias por ser cómo sos, Barby – dijo abrazándola.
-¡Águila! … el lazo que me une a vos es enorme. Te amo más que a nada en éste mundo … si éste es el final de mi felicidad no me arrepentiré de nada, Javi
-¿Volves a llamarme Javi? – dijo él.
-Nunca hubo un día en que te amé menos … quizás nuestro tonto orgullo nos distanció o el dejar de interesarnos el uno en el otro, pero siempre estaré contigo, Javi.
Los días pasaban y la Primavera ya había hecho acto de presencia. Todo el barrio estaba en flor y el aire era agradable y fresco.
Katarina estaba en casa de Bárbara tras un campamento que hizo con su clase y recién se enteró de la salud de Javier.
-¿SIDA? – dijo espantada tapándose la boca.
-Sí y fue mi culpa, yo lo empuje a ese bar, Kata – contestó.
-Epa ¡pará ahí! … no es tu culpa ¿cómo te ibas a imaginar que se iba a ir con otra y encima contagiarse? – le dijo la amiga.
-No sé … ¿Qué hago, Kata? – preguntó con los ojos rojos.
-Aguantar, amiga, yo estaré contigo – dijo abrazándola.
-Gracias – respondió.
-¿Cómo está tu muñeca? – preguntó volviendo en posición normal.
-Bien … como la ves está dormidita, pero goza de buena salud – dijo meciéndola en su cuna.
-Sí, por eso no te pedí que la despertaras – dijo mirando a Esperanza.
-Vamos a tomar unos mates y vas a ver que se despierta.
Las amigas estaban tomando mate en el comedor y de repente oyeron unos llantos. Bárbara se levantó y fue al cuarto la tomo en brazos y volvió al comedor. Se la entregó a Katarina y ella la meció haciendo que se quedara dormida.
-Es hermosa, Barby – dijo cantándole.
-Sí, lo es ¿verdad? … Tiene la nariz de Javier - adjuntó.
-Y mira … - dijo señalando - …tiene el mismo lunar que tenes vos en el labio inferior.
-¡Cierto! Me acuerdo que antes me trataban de lavar el lunar pensando que era mugre je je
-No lo hagas con ella eh … ya tenes la experiencia de haber sufrido esa injusticia.
-Sí - dijo riendo.
Al paso de otra media hora la mujer se despidió de madre e hija y se fue.
Parte 11
Ding dong … ding dong …
-Voy … voy … ¿quién es? – preguntó.
-Barby … Bárbara – respondió.
-Ah … pasa, me agarraste en el baño …
-¿Estás bien? – preguntó de súbito.
-Sí, si … ¿está todo bien? … Hola, bebita – dijo saludando a la nena.
-La traje en la sillita y sí, todo está bien … vine porque los chicos están en la escuela.
-Ah bueno … ¿queres sentarte y tomar algo? – propuso.
-¿Tenes agua mineral? – preguntó dejando las cosas sobre el sillón.
-Sí, claro, ya te traigo – dijo desapareciendo.
Estando de vuelta dejo una cerveza, un vaso con agua mineral y cigarrillos sobre la mesa.
-¿Queres un pucho? – ofreció Javier.
-No, gracias … vos antes tampoco fumabas, Javier – dijo extrañada.
-Sí, los vicios nunca avisan, viste – remarcó con una sonrisa.
-Es verdad, pero creo que no deberías fumar, Javi …
-¿Me va evitar la muerte no fumar … entonces? – dijo encendiéndolo.
-Sentate y contame cómo estás – dijo la mujer abriendo una ventana.
-Bien – respondió.
-¡Javier! – protestó Bárbara al sentarse frente a él.
-Me despierto con mareos, me duele la cabeza todo el día, durante el día me siento débil …
-¿Eso es “bien”? bueno … vengo a llevarte a casa – dijo determinante.
-¿Cómo? – respondió sorprendido al escucharla.
-Te estoy pidiendo que vuelvas a casa, Javi – dijo mirándolo llena de ternura.
-Pero si …
-Por favor decí que sí – dijo ella ante su duda.
-No me quiero convertir en una carga y lo haré, Barby – dijo desviando la mirada.
-Para mí nunca serás una carga, Javier – dijo arrodillándose frente a él.
-¿Estás segura de lo que me estás pidiendo? – preguntó sin animarse a mirarla.
-Completamente ¿qué me respondes?
-Que … no sé … esto recién es el principio, Barby … no sé si realmente es esto lo que queres
-Te quiero a vos y sé que va a ir a peor, pero sigo acá ¿no? ¡Veni! – ordenó.
-¿Pero no te importa que estoy así por haberte sido infiel? – dijo avergonzado.
-Traicionaste lo más sagrado que creí que había entre nosotros, el hecho de hablarnos de frente … me engañaste, pero entiendo la situación y por fin me puedo centrar en lo que me importa y ahora te quiero de vuelta en casa – contestó la mujer.
Javier empezó a llenar los dos bolsos con ropa suya, pero al levantarlos lo dejo caer.
-No puedo levantarlos … viste lo que te digo –dijo tapándose la cara.
-No te hagas drama, para eso estoy acá … Cuida de Esperancita, duerme pero vigilala … voy a meter los bolsos en el auto y vuelvo – la mujer salió con los bolsos hacia el auto.
Al entrar de nuevo al edificio subió hasta el piso en que se encontraba Javier y la nena y golpeó. Javier le abrió la puerta, ella pasó y agarró a Esperanza poniéndola sobre su pecho, agarró el brazo de Javier y se lo paso por los hombros.
-Vamos, Javi, sólo me tenes que ayudar un poco – dijo ella.
-Aun puedo caminar, lento, pero puedo.
-Bueno … - dijo saliendo y cerrando la puerta.
Subieron al auto poniéndose en marcha y al llegar, frenaron junto al kiosko (que estaba frente a su casa). Cuando bajaron del auto y abrieron la puerta de la casa se encontraron con Katarina y los chicos.
-Papá papá – dijeron saltando Alejandra y Martín.
-Hola, Javier – dijo Katarina sonriendo.
-Hola, Kata … Hola, renacuajos … ¿cómo están? – preguntó a los tres.
Pasaron al living y se quedaron charlando mientras que Bárbara amamantaba a la nena, los chicos jugaban cada uno en su cuarto.
El hombre se estaba quedando dormido y Bárbara se levantó ayudándolo a ir hasta el cuarto y lo acostó en su cama (la cama matrimonial).
Katarina se quedó con los niños que le enseñaban sus dibujos. Tras unos minutos apagó la televisión, las recostó en sus camas y ambos se durmieron en seguida. Agarró su bolso y se fue sin hacer ruido.
Parte 12
La bebita cumplía dos meses. Bárbara la tenía en brazos y la amamantaba.
Le tarareaba una canción, la nena tomaba con los ojos abiertos de par en par observando las cosas de alrededor y frenó sus ojitos al ver al padre.
-Te dije que todo iba a estar bien, viste Barby – dijo inclinándose en la cama.
-¿De dónde sacas las fuerzas, Javi, cómo podes decir que todo está bien cuando día a día te vas sintiendo peor? – preguntó mirándolo con piedad.
-Sólo mirala a los ojos … en los suyos, en los de Ale, los de Martín y en los tuyos. Ustedes son el mástil del que me aferro.
La mujer se levantó de la cama recostando a la bebé en la cuna y volvió junto a él.
-¡Estás hermosa! – le dijo el hombre.
-Te amo – dijo ella susurrando.
-Con que poquito lo conseguí – respondió riendo y tosiendo.
-¡Callate! – se acercó más y lo besó. Empezó a besarle el pecho, pero Javier la frenó apartándola suavemente - ... ¿no me queres más? – dijo con lágrimas en los ojos.
-Porque lo hago te ruego parar. Lo chicos te van a necesitar, Barby, ahora mismo te necesitan … ya los voy a abandonar yo, tenes que seguir por ellos, amor … yo me voy a morir, pero a vos te queda mucho por delante, Barby …
-No quiero que me dejes, pelea Javier, no te dejes matar …
-Shsh ya, tranquila Barby – dijo dándole un abrazo.
-No quiero … - dijo llorando.
-Lo sé, mi amor, ni yo …
La mañana transcurrió tranquila (dentro de las limitaciones).
Los niños se fueron a la escuela. Bárbara pidió en el trabajo llevarse material a la casa para trabajarlo desde ahí y aprovechaba las horas en que los chicos estaban en la escuela.
Esperanza generalmente dormía la siesta al igual que su padre.
Parte 13
Eran las siete de la tarde Javier se acercó a la cocina, dónde Bárbara amasaba la pasta para los rabioles.
-Barby … me acaba de llamar el médico, me cito para mañana a las cuatro.
-¿Hay algún problema? Creí que te sentías mejor, ésta última semana.
-No sé y sí, ésta semana me sentí mejor porque estoy probando otro tratamiento y creo que por eso me citó.
-Bueno … te acompaño, llamo a Kata para arreglar no más que mañana cuide de los chiquitos y que después de la cita los pasamos a buscar por su casa.
-Está bien, pero Barby …
-¿Qué? – preguntó
-Mandale saludos – respondió.
-¿Sólo eso me ibas a decir? – dijo ella notando algo raro en su voz.
-Que no te hicieras ilusiones por el día de mañana.
-Pedime lo que quieras menos eso, Javier. Esperanza ¿te acordás?
-Bien … me voy a recostar que estoy cansado.
-Bueno … después te voy a llevar un plato de rabioles.
Javier se fue al cuarto y Bárbara puso la mesa.
Tras cuarenta minutos ya hervía los rabioles y los servía en la mesa, dónde los chicos esperaban hambrientos. Estaban en mitad de la cena cuando de repente Martín la miró …
-Mamá … ¿por qué papá no come en la mesa, se pelearon otra vez?
-No, no nos peleamos. No se siente muy bien, por eso come en la cama.
-¿Mami? – dijo la nena con la cara enchastrada con salsa.
-¿Sí, mi amor? – dijo dándose la vuelta y mirándola.
-Hoy antes de ir a la escuela jugué a las peluqueras con papá y no sé poiqué cuando lo peinaba le arrancaba el pelo, me pidió no decirte nada … - se tapó la boca - … creo que acabo de hacelo.
-No pasa nada, mi amor. ¡Tranquila, seguí comiendo! – dijo sonriéndole.
-Mamá … ¿podemos tener un perro? – preguntó el nene.
-Por ahora no, Martín. Deja que pase un poco de tiempo y volvemos a hablar sobre el tema.
-Ufa ta bien – dijo haciendo pucheros.
-Bueno … a no lamentarnos che. Anda al cuarto y pregúntale a papá por favor si quiere comer más.
El nene se levantó de la mesa y fue al cuarto de sus padres.
-Hola, Martín – dijo Javier.
-Mamá pregunta si queres más – dijo con cara larga.
-No, gracias, decile que estaba buenísimo! … ¿no te queres sentar un rato junto a mí?
-Bueno … - dijo sentándose en la cama.
-¿En qué pensas? – preguntó mirándolo.
-En que mamá no quiere un perro – dijo enojado.
-¿Cómo? – preguntó desorientado.
-Quiero un perro, pero mamá dice que más tarde hablamos si sí o no …
-¿Y por qué decís que no quiere un perro? Te dijo que después hablaban, no que no quería uno
-Papá … eso quiere decir que no – respondió frustrado.
-Mira vos … bueno, mejor volvé a la mesa.
-Ta … chau – contestó.
-Chau, chiquito – dijo viéndole la espalda.
Terminaron de comer y se acostaron a dormir.
La bebé se despertó llorando a las cuatro de la mañana y Javier se levantó y fue hasta la cuna, le acarició la panza y logró que se volviera a dormir. Después volvió él a recostarse y se durmió mirando a la mujer.
Parte 14
Lunes 13 de Julio, diez de la mañana.
Bárbara se despertó y fue a ver a la bebita, la observó dormir. Volvió a la cama y se quedó mirando al marido (no estaban divorciados) que seguía durmiendo.
La mujer preparó el desayuno, lavó la casa y a las once despertó a Alejandra y a Martín. Les abrió las cortinas de sus ventanas y los sacudió jugueteando.
-Ay no, no quiero. Estoy calentito acá, mamá – dijo Martín
-Dale nene, voy a despertar a tu hermana y cuando vuelva te quiero despierto y vestido ¿ta?
-Sí, sí – dijo tapándose la cabeza.
Bárbara salió del cuarto del chico y se metió en el de Alejandra.
-¡Buen día, mi cielo! – dijo susurrándole al oído.
-Hola … - se estiró - …¿te ayudo con el desayuno, mami? – preguntó sonriendo.
-Ay por qué no habrá sacado algo de vos tu hermano – risas - … no hace falta, chiquita, ya está todo listo, sólo levántate y arréglate para la escuela.
La nena se vistió con un poco de ayuda de la mamá y juntas fueron a sacar a Martín de entre las sábanas.
-¿Y Martín … estoy de vuelta y seguís en posición horizontal? – dijo la madre.
-Ya va … - respondió resoplando.
-Dale ¡dormilón! – dijo la nena.
-No jodas, nena, ya estoy acá – dijo parándose.
-Eh eh … no seas así con tu hermana, Martín ¿Cuántas veces te lo tendré que repetir? Dale mové los pies y a la cocina - ordenó.
Doce menos veinte. Alguien golpeó la puerta y Alejandra fue corriendo a atender, al ver a Katarina la hizo pasar. Bárbara le recordó lo de la cita de la tarde.
-No te hagas drama, después de clases se quedan con la tía Kata … - en silencio le preguntó - … ¿Imaginas algo de lo que te pueda decir el médico, Barby?
-A lo mejor se trata del nuevo tratamiento que empezó hace una semana y creo que va bien, ya no siente tanto dolor, creo que son buenas noticias, Kata – dijo alegre.
-Eso espero y a vos, Barby ¿cómo te va?
-Bien – respondió.
-Barby a mí no me tenes que engañar – dijo mirándola de una manera que lo decía todo.
La mujer agarró las llaves y fue hacía la puerta de calle.
-Che salgo un momento para hablar con la tía, preparen sus mochilas y traten de no olvidarse de nada – dijo cerrando la puerta tras salir.
-Bueno ahora estamos solas … - dijo Katarina.
-Es que no quiero hablar frente a ellos … no puedo más, Kata – dijo sollozando deslizándose por la pared hasta tocar el piso - … no te podes imaginar lo que es verlo retorcerse de dolor y saber que no podes hacer nada … se me está muriendo, Kata, se va apagando día a día, ésta última semana me ayudo a reponerme porque lo vi mejorar, perdóname que te largue todo esto…
-No importa, no te preocupes por mí, Barby, te hace falta llorar, sé que es necesario, ¡llorá, tranquila! Es cierto que no sé lo que se siente estar en tu pellejo, pero vas a poder, Barby, te conozco demasiado y sé que no sos de las que tiran la toalla antes de tiempo.
-Gracias, Kata, por todo, por lo que haces por mí, por los chicos, no tengo palabras para agradecerte.
-Lo hago con gusto, Barby. ¡Veni, déjame abrazarte! – dijo levantándola del suelo.
Se oyeron unos golpecitos del lado de adentro de la puerta.
-¿Nos podemos ir, mamá? – grito desde adentro Martín.
-Sí, mi amor … dale, pará que me lavo la cara antes – se pasó la manga por los ojos – hola, chicos … bueno pásenlo bien y nos vemos más tarde, los quiero – dijo besándolos.
-Chau, Javier – grito Katarina - … chau suerte en el médico, Barby.
La mujer volvió a entrar en casa y agarró el trabajo de ayer que dejo sin terminar.
A las dos de la tarde se despertó la nena llorando y amamantó. Le dio diez minutos la teta y volvió a dejarla en la cuna. Ella se recostó en la cama para descansar unos minutitos, pero después se convirtieron en media hora y al abrir los ojos vio a Javier observándola.
-¿Qué pasó? – preguntó.
-Nada, sólo te estuve mirando ésta media hora mientras dormías, todo está tranquilo.
-¿Media hora? Ay no, me quería duchar y vestir a la nena …
-¿Y que te impide hacerlo … faltan veinte minutos todavía? Te sobra el tiempo … lo podemos dejar también y voy otro día – dijo el hombre.
-No, tenemos que ir hoy … sólo veinte minutos – dijo agarrando ropa.
-La clínica está a tres cuadras, Barby.
-Bueno me voy a duchar ¿podrías vestir a Esperanza? – le preguntó.
-Claro que sí, encantado – dijo sonriendo.
Eran las cuatro menos diez cuando ya estaban en camino. Entraron a la sala de espera y la mujer ayudó al hombre a sentarse y le pidió de vuelta a Esperanza intuyendo que le pasaba.
-¿Te sentí bien, Javi? – preguntó viendo que él cerraba los ojos.
-Estoy nervioso y cansado – respondió frotándoselos.
-Estoy contigo, ¡tranquilo! – dijo agarrándole la mano.
Ya eran las cuatro y cuarto de la tarde.
-¡Por Dios! Cómo tarda ése tipo … - dijo quejándose Bárbara.
-¿Si, no … qué hora es? – preguntó.
-Las cuatro y cuarto pasadas – respondió mirando el reloj.
-Y vos creías que no íbamos a llegar a tiempo – dijo riéndose.
-¿Estás bien, Javier? – preguntó intranquila.
-Sí, deja de preocuparte, Barby . Cualquier cosa te aviso.
-Bueno – dijo relajándose un poco.
Cinco menos cuarto de la tarde. La mujer se levantó de la silla con la nena en brazos y fue a una ventanilla.
-Señorita … estoy esperando al médico hace cincuenta minutos ¿Cuánto más va a tardar?
-Tranquilícese, señora. El médico salió a atender una emergencia, llamó para avisar que atendería a partir de las cinco … si quiere esperarlo …
-¿Me está jodiendo? Así que llamó para retrasar la cita y usted no me aviso, pero ¿en qué luna vive?
-Señora, discúlpeme, es que estoy trabajando con muchos archivos y se me olvidó avisarle…
-Menos mal que la cabeza la lleva pegada al cuello ¿no? – dijo caliente.
Javier se levantó (como pudo) y con la nena en brazos trato de hacerla volver a sentarse. Ella en seguida respondió agarrando a la nena y regresaron al asiento.
-¿Es que tienen mierda en las cabezas esta minas? No se dan cuenta que uno no aguanta la espera … - dijo roja.
-Sos tan linda cuando te enojas – dijo él recostado en la silla.
-Pero es verdad ¿qué les cuesta? – dijo calmándose.
-Eu … mírame! Estoy bien, Barby – dijo animándola.
-Pero …
-Shsh … estás más nerviosa que yo, Barby, déjame esa parte a mí que soy el que se va a morir.
-No digas eso, no soporto cuando hablas así.
-Perdóname … no me doy cuenta de lo que digo, no llores, Barby – dijo secándole las lágrimas.
-Cuando nos vayamos de …
-Señor Rosas! Pase por favor – anunció la enfermera.
Javier le pidió a la mujer que lo acompañara dentro con la nena y los tres entraron en la consulta, al saludar al médico, éste vio a Esperanza.
-Qué linda nena … ¿Cuánto tiempo tiene? – preguntó.
-Dos meses y una semana – contestó la madre orgullosa.
-Aha, ésta es la bebita de la que me hablaste, ¿no, Javier? –dijo el doctor mirándolo.
-Sí, ella es Esperanza y ella mi … Bárbara … - decía el hombre.
-¡Su esposa! – dijo ella estrechando la mano del médico.
-Un gusto, señora.
-¿Por qué me citó, doctor? – preguntó Javier cortando el hilo de la conversación.
-Es por el último tratamiento que le aplicamos … - respondió.
-Ésta última semana al comenzarlo, se estuvo sintiendo mejor – dijo la mujer sonriendo.
-Era lo que esperábamos … -continuó diciendo.
-¿Entonces funciona? – preguntó el hombre.
-Lo esperábamos, porque éste tratamiento se basa en drogas muy fuertes para combatir el virus y era lógico notar una mejoría, pero – la mujer quedó paralizada - … los estudios revelan algo con lo que no contábamos, lo siento señor Rosas.
-¿Qué quiere decir, doctor? Sí ésta última semana mejoro …– preguntó Bárbara.
-Habrá notado una mejora, porque las drogas son muy fuertes y al principio funciona así casi con todos los tratamientos, pero después dejan de hacer el mismo efecto ¿comprende? … El virus que tiene, señor Rosas está avanzando a pasos agigantados, ni éste tratamiento logra hacerlo retroceder … le quedan semanas o tal vez meses de vida, señor, lo siento.
-Gracias – dijo levantándose - … ¿Vamos, Barby? – dijo dándole la mano.
-Sí – contestó bloqueada.
-Lo siento, señora … señor … - dijo el médico.
Salieron de la consulta y fueron hasta el auto. La mujer llevaba a la bebé en brazos, pero parecía un zombie. El hombre caminaba junto a ella y la ayudaba.
-Yo manejo, Barby – dijo Javier sacándole las llaves de la cartera.
-Pero si no podes, Javier …
-Entonces tomamos un taxi que no quiero morir antes de tiempo – dijo sonriendo.
La mujer se echó a llorar frente a él como nunca lo había hecho, no eran sólo lágrimas lloraba con todo el alma. Javier nunca la había visto así y optó por abrazarla.
-Creí que estabas mejorando, realmente lo creí, pero me engañé, lo sé, pero necesitaba ese engaño para seguir adelante y vos … estás como si nada y encima te da para bromear.
Parte 15
Lunes 27 de Julio, eran las dos de la tarde.
-Hola, Javi ¿estás despierto? – preguntó Bárbara inclinándose sobre la cama.
-Sí – contestó.
-Te traje sopa de zapallo – dijo sonriendo.
-Gracias, pero …
-Nada, te la tomas … ¿queres que te traiga algo más?
-No, gracias ¿te podes sentar junto a mí?
-Claro que sí – dijo ella acostándose junto a él y dejándose abrazar.
-¿Te acordás de lo que dijiste hace unos días atrás, amor?
-¿Lo de tus bromas? – preguntó adivinando.
-No, lo del perrito de Martín.
-¿Qué perrito? – preguntó confusa.
-¡Éste! – dijo sacando el cachorro de debajo de la cama - … se lo pedí a Sergio y me lo trajo.
-¿Y cómo…entro? – preguntó sorprendida.
-Cuando te fuiste al almacén. ¡No te enojes! Pero quiero regalárselo a Martín si te parece bien.
-Claro que si, ya me pusiste contra la espada y la pared y además es divino el perrito … ¿cómo se llama? – preguntó acariciándolo.
-Aun no tiene nombre, quiero que el nombre se lo ponga Martín mismo. Tiene tres meses.
-Me parece bien … ¿sabes si el perrito ya comió algo?
-No.
-Le voy a hacer arroz con carne que me sobro de ayer, a ver si quiere …
Bárbara preparó la comida y la puso dentro de un tupper, llamó al cachorro y él se lo comió todo. Después se echó a dormir.
-¿Cómo haces para seguir riendo y hacer bromas, Javi?
-Me muero del miedo, no pasa un día en el que no me machaque por todo lo que me voy a perder de la vida de los chicos, la tuya. Tengo miedo – dijo aguantando las lágrimas.
-Javier … ¿Por qué nunca me lo dijiste? – preguntó
-No me digas que tenes un antídoto para no sentir el miedo – respondió.
-Lo decía para que te desahogaras conmigo …
-Fui muy brusco, perdóname, sé que no te gustan éstas bromas … Creo que tengo metido en la cabeza tener que mostrarme fuerte ante vos …
-¿Por qué? – preguntó.
-No sé … por cómo me criaron, por conocerte, por querer engañarme buscando desesperadamente escapar de mi propia debilidad, por sentir que me estoy muriendo y no querer reconocerlo, por querer creer que sólo es una pesadilla de la que despertaré y abrazaré nuevamente a los chicos y a vos, por …
-¿Y por qué ahora sí me contás todo esto?
-Porque me dijiste que me desahogara … no llores, amor, si te lo digo es porque estoy más cerca de extender las alas como el águila de tus sueños … no sabes cómo me hiere saber que soy el responsable de tu dolor, te quiero, Barby. Lo hice desde aquel día en la playa y me llevo lo mejor de ésta vida. Disfruté de cada beso, cada caricia, cada abrazo, cada pelea, cada reconciliación, cada lágrima, cada alegría, cada vez que tus ojos me miraban, cada vez que lo chicos me decían papá, cada vez que me decían te quiero y no cambio eso por nada …
-¿Querés que llame a los chicos? – preguntó con los ojos húmedos, pero las lágrimas no caían, sólo estaban ahí, grabadas en su mirada.
-Estar más cerca no quiere decir que sea ya mismo, mi amor, pero me encantaría verlos.
-Ahora mismo lo voy a buscar – dijo levantándose.
Al cerrar la puerta estaba sola en el pasillo y soltó las lágrimas, tras unos minutos se armó nuevamente de valor y fue a llamar a Alejandra y a Martín, la bebita estaba en la cuna al lado de la cama matrimonial.
Parte 16
Regresó con los chicos y éstos saltaron a la cama.
-Dice mamá que nos querías ver, papá – dijo Martín.
-Sí ¿cómo están? – preguntó.
-Bien – dijo el nene tapándose con la sábana.
-Yo tamben toy bien, papá – dijo Alejandra.
-¿Cómo se sienten? – preguntó mirándolos.
-Bien, papá, ya lo preguntaste – recalcó Martín.
-Cierto, perdonen … saben que los quiero ¿verdad?
-Sí, papá – dijo el nene.
-Yo tamben te quiedo, papi – dijo la nena.
-No olviden nunca que los quiero, mamá se los va a recordar ¿verdad, Barby?
-Javier … - dijo queriendo persuadirlo.
-Quiero contárselo, Barby, tienen el derecho – ella asintió con la cabeza.
-¿De qué hablan? – preguntó Martín.
-Tengo una enfermedad mortal – contestó.
-¿Qué quiere decir eso? – preguntó el nene.
-Que dentro de poco me voy …
-¿A dónde? – preguntó Alejandra. Javier la sentó en sus piernas.
-A un lugar donde está la abuelita.
-¿Queres ver a tu mamá verdad? – dijo sonriendo.
-Sí, tesorito.
-¿No vas a volver más, papá? – preguntó el chico.
-No, chiquito, pero mamá se queda con ustedes … no puedo volver, pero siempre estaré con ustedes … ¡Martín! – llamó al ver que éste salió corriendo.
-Yo me ocupo de él – dijo Bárbara yendo tras el niño.
-¿Por qué llora Martín, papi? – preguntó la nena pegando su cabeza al pecho del padre.
-Creo que porque no quiere que me vaya.
-Yo tampoco quiedo, pero …
-¿Qué pasa, pero qué …? – preguntó intrigado.
-Cuando no etoy con mamá quiedo ir con ella tamben.
-Lo sé, princesa – la nena lo abrazó fuertemente.
-¿No te voy a ver nunca más? – preguntó de repente.
-Sí, que lo harás. Cada vez que pienses en mí y me quieras hablar te oiré por más que no te responda, siempre estaré contigo, con Martín, con mamá y Esperanza.
-Te quiedo, papá.
-Y yo a vos, mi tesorito.
Al mismo tiempo en la habitación de Martín.
-Martín, ¿puedo pasar? – preguntó la madre.
-Sí – respondió.
-Chiquito … - dijo entrando.
-¿Por qué se va otra vez ahora que volvió?
-El se quiere quedar, mi amor, pero esa enfermedad que tiene lo está lastimando cada vez más ¿entendes? Papá va a ir a dormir al cielo …
-¿Por qué? – preguntó el chico.
-Pregúntame algo más fácil … La vida es así, muchas veces la gente deja de caminar mucho antes de lo que esperamos y no hay nada que pueda hacerse …
-Que se quede en cama entonces.
-Mi amor cuando alguien muere no respira más, ni ve, ni oye, ni huele, ni siente … no se sabe a dónde irán una vez que cierren los ojos, pero el espíritu de papá siempre se quedará acá, cada vez que lo recuerdes lo tendrás alrededor ¿entendes?
-Sí … ¿pero me seguirá queriendo?
-Claro que sí ¿Qué te hace dudarlo? – preguntó asustada.
-Porque me fui corriendo del cuarto.
-El te adora, chiquito, veni … vamos a decirle cuanto lo queremos ¿si?
-Aha – respondió.
Volvieron junto a Javier y el nene se soltó de la mano de la madre y corrió a la cama saltando sobre ella.
-Te quiero, papá, perdón por irme – dijo mirándole los ojos.
-No pasa nada, Martín. Yo también te quiero y más de lo que te puedas imaginar.
-Siempre voy a pensar en vos cuando dejes de caminar, papá.
Javier lo abrazó viendo a Bárbara guiñándole el ojo y sin poder contener las lágrimas lloró.
-No llores, papá. La abuela te va a cuidar – dijo la nena.
-Lo sé, mi princesita. Los adoro … Martín … ¡cuídamela bien , a las tres ¿si?! – dijo mirándolo.
-Sí, papá, yo las cuido.
La mujer se unió al abrazo con la bebé en brazos.
De repente el hombre tosió fuerte y se retiró de la familia, Bárbara fue corriendo y le trajo un vaso de agua y tras tomarlo se calmó.
-Estoy mejor, tranquila. Gracias – dijo el hombre.
-Recostate mejor – sugirió Bárbara.
-No, no, prefiero estar sentado, en serio ... ya está … Martín ¿me traes por favor del cuarto que va a ser de Esperanza una caja verde que hay bajo la ventana? – preguntó mirándolo.
-Sí, papá – dijo saliendo del cuarto y al volver tenía el cachorro bajo los brazos y una sonrisa de oreja a oreja - … ¿Es para mí? – preguntó.
-Sí – contestó el padre.
-Era una sorpresa, bue terminó siéndolo, no? ¿te gusta? – preguntó.
-Sí, es divino ¿cómo se llama? – preguntó ilusionado.
-No tiene nombre podes darle uno vos – le dijo Javier.
-¿En serio? Wow mm … ¡tiren nombres!
-Puppy – dijo Ale
-¡No! – contestó Martín.
-¿Tito? – dijo Bárbara.
-¡No! – siguió negando el chico.
¿Sol? – dijo Ale.
-¡No! – dijo.
-¿Cacho? – sugirió Bárbara.
-Es macho, pero no me gustan esos nombres – dijo el chico frustrado.
-¿Rex? – dijo Javier-
-Mejor, pero no – contestó.
-Estrella – gritó Alejandra.
-No, nena.
-Bueno che a no pelearse – interrumpió Bárbara.
-¿Vos qué decís, papá?
-Mmm no sé … ¿qué te parece “Lucas”? – preguntó.
-A vos te gusta y por eso se va a llamar así – determinó Martín.
Parte 17
Eran las siete de la tarde. Los chicos no habían ido a la escuela y estaban merendando en el cuarto, mirando la tele con Lucas a los pies de la cama.
A las ocho de la noche Bárbara empezó a hacer la cena. Martín y Alejandra se quedaron dormidos en los brazos de Javier y la bebé dormía en su cuna.
-Hola, con que todos duermen eh – dijo la madre quejándose.
-Sí, creo que fue un día movidito para los chicos – respondió Javier.
-Sí – agarró a la bebita - ¡toma! Agárrala que le voy a dar el pecho …
-Así está bien … hola, cielito, qué hermosa que es – dijo mirando a la nena.
-Lo es sí. En verdad venía a avisarles que la comida ya estaba lista.
-Entonces despertalos, Barby.
-Martín, mi amor ¡a comer! ¿Ale? La comida ya está.
Se despertaron al toque y ayudando a Javier fueron despacito al comedor. Hacía varios días que el hombre no comía a la mesa.
Parecía que no habían comido nada en cien años, hablaron de cosas del día a día; la nena de que Lucía (una compañerita) le había roto su muñeca, Martín hablaba de odiar a la profesora de gimnasia y Bárbara miraba en silencio a su alrededor. Lucas apareció y se echo junto a ella, La mujer se agachó y lo acarició.
Bárbara sacó la mesa, lavó los platos y se unió a los chicos que miraban la tele con Javier, recostado en el sofá.
-¿Qué miran? – preguntó asomándose.
-Un programa humorístico, los chicos se ríen hasta por los codos. – comentó Javier.
-A ver … - dijo sentándose.
Las risas inundaron la casa y pese a la tristeza que se había instalado durante el último tiempo la alegría había retornado, por más que sólo fuera por un corto tiempo.
La familia se quedó dormida. La mujer fue la primera en despertar y se vio abrazada a Javier y los niños acostados en los sillones individuales. Lo aupó y los llevó a sus cuartos. A Esperanza la acostó en la cuna. Levantó a Javier (que no pesaba nada) y con un poco de ayuda propia lo llevó al cuarto.
Eran las ocho de la mañana, arreglo la casa y trabajo un poco. Miró un poco de tele y cuando se quiso acordar ya eran las once del mediodía. Preparó el desayuno y despertó a los niños.
-Buenos días – dijo uno.
-Buenas – dijo la otra.
-Buenas, chicos, ¡siéntense a comer!
Sonó el timbre y pasó Katarina.
-Buenas ¿cómo amanecieron? – preguntó.
-Bien, acá los chicos están terminando el desayuno y ya están.
-Bien – dijo sentándose, mientras los esperaba.
-Papá… nos vamos a la escuela, pórtate bien! – dijo Martín.
-Bueno, vos también – contestó el hombre abriendo los ojos… Chau, princesita!
-Cuida a Lucas por favor, mamá
-Lo haré, dame un beso, chau chau … cuídense!
Besaron al padre y se fueron con la tía a la escuela.
Parte 18
Marte 28 de Julio, doce de la mañana.
Javier dormía, pero Bárbara segura de haberlo oído hablar con los chicos, se acercó asustada tocándole el hombro, él abrió los ojos y ella volvió a respirar.
-Pense que … - dijo angustiada.
-¿Me había muerto? No … tranquila. Me voy a ir de una manera más especial … - tosió - … ¿cómo yo “Javier Rosas” se va a quedar dormido nada más y eso es todo?
-Tenes razón ¿qué planeas? – preguntó animada.
-¡Sorprenderte!
-¿Cómo? – preguntó.
-¿Sabes lo que significa sorprender, no? – preguntó él riendo.
-No sé cómo voy a hacer sin vos, Javi.
-Como siempre, no me vas a decir que yo un inútil te fue útil en algo … - dijo sonriendo.
-Termina de hacerte el humilde si queres, pero me fuiste más que útil éstos años a mi lado y pensar que en el futuro no estarás más ahí …
-Miralo desde mi perspectiva … a peor no puede ir la situación – dijo sonriendo agarrándole la mano y colocándosela en el pecho.
-Gracias por hacer de cuenta que no notaste que al mojarse mi camisa blanca haya quedado transparente y se me haya visto todo … la primera vez que nos vimos.
-¿Todavía te acordás de eso? – preguntó.
-Como olvidarlo si para hacerte el disimulado te sacaste el buzo verde en el que decía ”I´m a wild guy” y me lo diste para que no me “resfriara”.
-Es que me habías puesto nervioso.
-¿Ah sí? no me di cuenta – dijo riendo.
La charla siguió durante horas.
-¿Te acordas de cuando Martín se comió el cartucho de tinta? – preguntó
-Ah … por dios, creí que me moría de un ataque al corazón.
-Pero no fue así y ahí lo tenes, fuerte y sano.
-Sí y cada día está más lindo – dijo la mujer.
-Claro, si se parece a mí – dijo Javier canchereando.
-¡Modesto!.
-Bueno, no te enojes, también tiene algo de vos … ¿los pies?
-Ja ja – contestó ella.
-Me acuerdo del día en que diste a luz a Alejandra … mira que a mi los bebes recién nacidos no me parecen muy lindos, pero con ella fue diferente, es la bebé más linda que vi en toda mi vida. También me acuerdo de lo celoso que estaba Martín cuando llegaste con la nena en los brazos.
-Si, me acuerdo ¿te parece que ahora pueda estar celosa Ale de Esperanza?
-No lo creo, al menos desde que yo la observe junto a la hermana no lo parece, es más madura en ese aspecto que Martín. … ¿Puedo pedirte un favor, Barby?
-Claro – dijo Bárbara.
-No dejes que los chicos me olviden.
-Claro que no – dijo besándolo.
Parte 19
Eran las seis y media, en media hora llegarían los niños de la escuela. La mujer despertaba y miro a Javier que miraba hacia la ventana.
-Hola, me quedé dormida ¿qué haces? … los nenes llegan en media hora si es que funciona bien éste reloj – dijo sonriendo.
-Me encanta cuando es de noche … - dijo sin oír sus palabras.
-Javier, pero si son las … - se le cortó la voz al caer en la cuenta.
-Sólo tengo un poco de frío - la mujer se levantó y agarró una frazada tapándolo.
-¿Así está mejor? – preguntó haciéndose la fuerte.
-Sí, gracias ¡abrázame, mi amor! – dijo estrechando los brazos.
-Todo estará bien, Javi … ya verás – dijo reprimiendo el llanto.
-Te quiero y siempre lo haré – dijo mirándola a los ojos.
-Lo sé, lo sé … no hables más. Voy a llamar al médico.
-No … quédate por favor, no me dejes solo. Tengo miedo
-Está bien, me quedo acá ¡tranquilo, amor!
Los minutos pasaron y con ellos se llevaron la vida de Javier que yacía muerto en los brazos de Bárbara.
FIN.

No hay comentarios:
Publicar un comentario