En una cárcel, en algún lugar del mundo encerraron a un joven de traje y corbata.
El policía empujaba a éste dentro de la celda, mientras que él se rehusaba entre quejas y gritos. Cayó de cara a la piedra desnuda del suelo junto a un hombre de color que lo miró con sus ojos amarillos y le sonrió mostrando sus únicos cuatro dientes.
Se enderezó en seguida y gateo de espaldas hasta tocar la pared, dónde se topo con una mujer alta y grande de quincho rubio que le habló con un tono peculiar lo cual le hizo ver que un hombre se ocultaba en su interior.
Se sintió acosado y miró a otra parte levantándose del piso y se dirigió junto a una chica de aspecto menudito de pelo corto, ropa ligera y en el cuello tenía la marca de dos dedos. Estaba sentada con las piernas recogidas y la cabeza apoyada sobre las rodillas. El joven se sentó a su lado y ésta lo noto, pero no movió la cabeza. Él empezó a hablar como consigo mismo haciendo un montón de preguntas, soltando un montón de prejuicios y quejándose de todo.
La chica seguía en la misma posición sin hacer un solo movimiento, pero con él le rozó el brazo queriendo saber por qué había ido a parar ese lugar de mala muerte. En seguida fue perforado por una mirada que era arrasada por un raro fulgor y con los ojos abiertos de par en par lo amenazó <<¡No vuelvas a tocarme!>> Se paró y se fue hasta la reja.
El chico que tenía apenas treinta años se sintió un poco desconcertado ante su reacción y dijo unas palabras que lo convirtieron en carroña <<”No se podía esperar otra cosa de éste tipo de gente”>>
En la celda se encontraban nueve personas, las tres mencionadas y los otros eran tres morenos, una prostituta, un pendejo blanco y una mujer de aspecto elegante.
La prostituta al oír las palabras del hombre de traje lo agarró del cogote llevándolo hasta el fondo de la pared (para que no la viera ningún milico) y junto a su oído le dijo <<>> Lo tiró al suelo y se sentó junto al otro blanco.
El hombre del traje se quedó sin palabras. Uno de los morenos lo miró fijamente y le preguntó que cagada se había mandado para que lo metieran, éste le respondió que por querer estafar al jefe y aprovechando la charla que abrió el moreno le preguntó qué por qué lo metieron a él y el moreno contestó <
A la madrugada se acercó un oficial a la celda, abrió la reja y miro de arriba abajo a cada uno de los encarcelados. En los ojos del milico se leía el desprecio y el creerse superior. En un momento su mirada se detuvo dijo algo y esperó respuesta impacientemente, el hombre del traje levantó la mano y se acercó al oficial, éste le dijo con una sonrisa entre abierta y voz desagradable <
Entre el alivio abrumador que despertó en él y la repentina vergüenza se agachó para agarrar el saco y la mujer de apariencia elegante sujetó el mismo suplicándole que se lo dejara, porque las noches eran muy frías, el hombre del traje le sonrió regalándosela y queriendo evitarse hacer preguntas que ya estaban acosando como por ejemplo eso de que las noches eran frías … ¿Cuántas noches llevará ahí y que habrá ocurrido para que terminase ahí, …? De repente oyó la voz cruda y agresiva del milico <<¡Vamos! Que no tengo todo el día>>. Se apuró y al pasar junto a la prostituta (del lado de afuera) la oyó decir <<¡Lástima! Que no todos tenemos a una mamá como la tuya eh>>.
FIN.

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