domingo, 29 de junio de 2008

Cataclísmo

Septiembre 2007

1
-Che me pasas la sal por favor – pidió una mujer con voz aguda y chillona.
-¡Toma! – respondió un hombre que se dio la vuelta hacia otro - ¿Viste el partido anoche, gordo? – preguntó masticando la carne.
-No, cuando llegué del laburo mi vieja me pidió acompañarla a la casa de una enfermera que la cuidó cuando estuvo internada porque sufrió un accidente – respondió.
-¿Tu madre? - preguntó extrañado y alarmado.
-¡No! La enfermera – contestó el gordo sonriendo.
-¿Cómo está tu señora madre, gordo? – preguntó la otra mujer.
-Bien, bien … se queja del reuma y la columna a veces, pero ahí la va tirando “Así es la vida ¿no” – afirmó el gordo.
-Nosotros con el gordo queremos renovar la cocina, ya estuvimos viendo catálogos ¿verdad, gordo? – dijo la voz aguda y chillona.
-¡Sí, Berta! – respondió-
-No sabes lo lindo que va a quedar … ¿Y ustedes dos qué? ¡Ay perdonen no quise parecer chusma! – agregó.
-No pasa nada, Berta, estamos entre amigos y para calmar a tu sed de novedades te diré que la Marta y yo no tenemos planes … Te quedó muy rica la cena, Berta – dijo el hombre.
-Ay gracias, Gerardo – se giró hacia la mujer - …¿Y vos nena cuando nos vas a dar la noticia de que estás embarazada? – antes de que pudiese contestar la mujer, Roberta agregó - … porque se te está pasando el arroz y vos viste el trabajo que lleva criar a un hijo y no es lo mismo acarear con uno siendo mayor – dijo sentenciando la charla.
-La Marta y yo no tenemos apuro y te agradecería dejar el tema – dijo el hombre agarrándole la mano por debajo de la mesa a Marta.
-Perdón … ¿Me metía en algo grave? – preguntó tras bajar la voz.
-¡Hablemos de otra cosa! ¿Sí? – insistió Gerardo.
-No lo pude ver … ¡al partido! ¿Cómo salió? – preguntó el gordo.
-Ah … 3-1 … unos goles lindísimos ¡Lindo partido! – contestó costándole un poco en centrarse en el tema.
-¡Qué lástima habérmelo perdido! Pero viste que como siempre jugamos pa tras, no le di importancia y … - dijo levantando los brazos.
-Por juzgar a los muchachos – reprochó Gerardo.
-El que sí vi fue el del Domingo ¡Qué gol que le metió El Petiso al Peludo booo! – estiró las piernas y puso los brazos tras la nuca.
-¡Viste! Pinta a convertirse en un gran jugar El Petiso – dijo sonriendo Gerardo.
-Sí, la verdad que podríamos mandar el resto del plantel a casa y jugar sólo con El Petiso – dijo el gordo bebiendo un sorbo de cerveza.
-Epa tampoco así che … - protestó Gerardo.
-Bueno, bueno voy a recoger la mesa ¿Quién quiere té o café? – dijo Berta.
-Te ayudo, mujer – dijo Marta.
-No, nena, vos sos mi invitada ¿qué te traigo un té o un cafecito? – dijo con tono peculiar.
-Café por favor – dijo volviendo a tomar asiento.
-Bien ¿Y ustedes dos qué quieren? ¡Ta! … gordo ¡no empieces a fumar! – dijo rezongando.
-¡Pucha con ésta mujer! – protestó el gordo terminando el contenido del vaso se levantó y se fue a sentar a los sillones del living - … ¡Vengan, chicos!
Estaban charlando en el living cuando de repente entra Berta con una bandeja y cuatro tasas.
-¿Vos no tomas café, Berta? – preguntó la muchacha alegremente.
-¡Ay no, nena, eso te deja alterada y a mí me cae mal! – dijo ella.
-Ah … y … - antes de que pudiera decir algo la mujer agregó …
-Además la cafeína no es buena, si tomo tiene que ser descafeinado.
La chica asintió con la cabeza y tomo un sorbo quedándose en silencio.
-¿Cómo te va en la construcción, gordo? – preguntó el otro.
-Bien … ba, nada va bien. Las horas que laburo no me las pagan casi y encima laburo poco y nada. No hay guita, la gente no cumple y entre una cosa y otra eso te caga el laburo.
-Entiendo, ¡qué macana che! – dijo bebiendo el café.
-Y sí, la verdad es que vivimos con la guita que gana Berta – dijo el gordo avergonzado.
-Ay sí y yo no sé cuanto más podré seguir porque la columna no me da más y para la limpieza te mata … Ay ya me siento como tu madre, gordo – dijo agarrándose la cintura y pegando un alarido que los dejo a todos sordos.
-Sí, está grave la cosa … ¿Y vos cómo te va en el laburo? – preguntó el gordo.
-No me puedo quejar, hay días en los que no entra nadie al bar y otros con los que nos da para llegar a fin de mes. Además la Marta gana un sueldo fijo y en ese sentido estamos tranquilos la verdad – contestó.
-Ah ¡qué bueno! … ¿En qué trabajabas vos, Martita? – preguntó Berta.
-En una clínica privada – respondió ella.
-Bueno, pero haciendo ¿qué? es la pregunta – dijo sonriendo con falsedad.
-Soy doctora, neuróloga … te lo dije a …
-Ah cierto – dijo interrumpiéndola - … ¿Y vos Gerardo como te sentís con respecto a que ella gana más constante y más cantidad que vos? – preguntó maliciosamente.
-Bien, me alegro por ella de que pueda trabajar en algo que le guste y además que se le reconozca su trabajo – respondió sin inmutarse ante la pregunta.
-Aha, me alegro también – contestó evasiva.
-¿Cómo está tu viejo, Gerardo? – preguntó el gordo.
-Bien, por suerte bien. Está contento que es lo más importante, mi hermana me cuenta siempre que temprano agarra su caña de pescar y se va todos los días con el nieto al río.
-¡Qué bueno che! Me acuerdo de cuando nosotros éramos chiquilines e íbamos con él a pescar ¿Se acordará él, Gerardo? – dijo el gordo sumergido en recuerdos.
-No lo creo, pero … - dijo siendo interrumpido.
-¿Cómo se va a acordar, gordo, es que se te olvidó que el pobre hombre tiene Alzheimer? – chilló Berta - … igual que tu padre.
-Claro que no, pero … - dijo el gordo.
-No importa, no sé, gordo … a lo mejor sí – respondió Gerardo.
Berta miró a Marta y le empezó a hablar … - Gerardo y el gordo se conocen desde chicos, no sé si ya te lo dijeron y él es como un hermano para mí, por eso nos interesa tanto Don Francisco ¿sabes? Es como un padre – dijo insistente.
-Mi padre la quiere más a ella que a mí, Berta – respondió el hombre mirando a Marta.
-Ah … ¡qué bueno! – dijo desilusionada - … Es importante llevarse bien con los suegros, el respeto es muy importante. Mismo los hijos con sus padres –contestó Berta.
El café se acabó y repitieron. El gordo propuso jugar una partidita de truco, ya eran las tres de la mañana y en medio del jolgorio se abrió la puerta de calle, quién asomaba su cabecita por la puerta era una morocha de veinte años, ropa entallada y un bolso marrón.
-¡Aaa …! ¿Qué haces a éstas horas viniendo de la calle? Yo te hacía dormida en tu cuarto hace horas ya – gritó Berta al verla.
-Te dije lo de ésta noche y estuviste de acuerdo, mamá – dijo la chica.
-No me vengas con esas, Catalina, en la vida podría “YO” dejarte salir a éstas horas … ¿Vos estabas enterado, gordo? – chilló la mujer mirando al marido.
-No eh … - respondió con cara de lástima - … pero bueno lo importante es que está bien, vieja!
-¡Qué bien ni ocho cuartos! Vos felicítala nomás por su cordura – dijo enfurecida.
-Nosotros mejor nos vamos, muchachos – dijo Gerardo poniéndose de pie.
-Sí, muchas gracias por todo, chicos – agregó Marta agarrando su abrigo.
-¡Ay qué macana esto, bueno disculpen … nos veremos otro día entonces. ¡Los acompaño … y vos señorita te vas inmediatamente a la cocina que tenemos que hablar! – dijo en un tono elevado - … Muchas gracias por haber venido y llamen para repetirlo algún día – dijo Berta sonriendo.
-Bueno, hasta luego entonces ¡cuídense! – dijeron los dos a la vez.
-Chau chau – saludó el gordo.
2
La chusma, histérica, víbora y chillona es mi madre y el gordo … mi padre, al menos es lo que dice mi madre, yo lo dudo porque no me parezco en nada a ninguno de ellos. Aunque por el único que siento cariño de hija es por el gordo.
Él estuvo toda mi vida a mi lado, es un poco boludo ¡el pobre! porque nunca tuvo los huevos de mandar a cagar a mi vieja ( lo contrario a mí) y a raíz de eso se convirtió en un calzonudo. Bueno como ninguno, pero pollerudo al fin.
Soy hija única, por lo tanto doble castigo. Todas las frustraciones de mi vieja recaían sobre mi persona y eran una cantidad.
Los dos que se fueron al llegar yo a la casa eran unos amigos de mi padre de su infancia, no sabría decir cuál de los dos es más piola. Gerardo fue a la escuela con papá (El gordo) y se arregló hace poco con Marta (que es una divina total).
La pobre está pasando por un momento fulero, siempre quiso tener hijos y hace cuestión de un mes se hizo unos estudios tras varios intentos fallidos para quedar embarazada y los resultados fueron desastrosos, tenía un problema en el útero que la imposibilitaba para tener hijos. Eso la derrumbó psíquicamente porque para ella era tan importante el hecho de traer vida al mundo que la traumó en varios aspectos de su vida.
Yo tal vez no sea la más indicada para dar consejos, porque no comparto la misma idea … no tengo esa necesidad que ella siente. Tampoco me puedo imaginar traer a un bebé al mundo, onda “madre de alquiler” para después dárselo a otro como sucede en las películas. Siempre nace un vínculo entre madre e hijo/a y es una crueldad quebrarlo, pero no quería hablar del tema, ahora a lo mejor me fichan de poco entendedora e insensible. No sé … ¿no les parece más cruel buscar locamente a una mujer que esté dispuesta cargar con un embarazo para después extirparle a su hijo a recoger sencillamente a un niño que no tenga padres? … yo le plantee el adoptar, pero ella aun no está muy bien para hablar sobre el tema y lo de madre de alquiler es sólo charlatanería mía, a ella nunca se le pasó por la cabeza tal cosa.
Dejemos ese tema y vayamos al “CASTIGO”.
Tengo veinte años, carné de conducir (que nunca usé) y unas ganas terribles de mudarme y evitarme el sermón de cada día de Sor Beta, pero (como siempre) estoy terminando los estudios para recibirme y conseguir un trabajo para tomármelas. El que tengo ahora a penas me alcanza para comprarme los libros que necesito y algo de cosas personales, pero “en la vida …” me alcanzaría para alquilar una casa, pagar la luz, agua y gas, así que cierro el osico y acato órdenes del Ogro de mi vieja.
Harta de oír que mientras viva bajo su techo se hace lo que ella decide (cosa que me lleva a otro punto “A los hijos se los tiene para sacarse las frustraciones con ellos” y nadie me saca eso de la cabeza, habrá padres que realmente quieran a sus hijos, pero inconscientemente siempre algo por más chico e invisible que sea se transmite y después ya es tarde.) si supiera que soy yo la que quiere irse … Es más triste que no te quieran al ver cómo te rechazan, pero ella no es mujer entendedora de palabras.
Su castigo consiste en mantener la casa limpia durante dos semanas, cosa en la que se refleja nuevamente su hipocresía. Ella se cree que durante la noche se mete un duende en la casa y la lava de arriba abajo, ordena y además hace la comida. Y a todo eso ni se da cuenta que la duenda ¡soy yo! Desde que tengo uso de razón.
Entre los gritos que pegaba en la cocina (los cuáles despertaron al vecindario completo, porque la señora no se sabe medir) se le dio por hablarme del respeto, palabra que no combino con mi vieja.
Si hubieran visto al gordo ¡pobre y triste de ver! Junto a ella en la cocina se pondrían a llorar. Con los ojos me pedía perdón por su mujer y a mí me dio una lástima … por él, a ella que la parta un rayo, ¡es una reventada! Sé que la hipocresía de la gente siente que está mal que lo digo, pero no puedo evitar decir la verdad, costumbre que tengo.

Tengo una amiga … (Hoy en día es muy difícil tener amistades, prácticamente los amigos “conocidos” que haces en un día se pierden después tras dos semanas) … como decía tengo una amiga “Rafaela” (es su nombre, no muy lindo lo reconozco, pero ella es muy linda) nos conocimos en un club de natación, hace tres o cuatro años, ella nadaba como un pececito y yo en ese entonces sólo sabía lograr mantenerme para no ahogarme. De ahí comenzó una conversación que se convirtió en amistad.
Rafa tiene dos años más que yo, es rubia transparente (motivo por el cual siempre la jodo), ojos claros como el cielo y es muy dulce.
Ahora está saliendo con un muchacho que le presenté en una fiesta (un ex novio mío). Es bárbara el gurí, nos separamos porque yo entonces estaba en otra (como ahora y siempre) y ta, pero nunca pierdo la oportunidad de decirle a Rafa que quiero volver con el botija y ella tiembla porque según me chismeo le rompí el corazón, yo para ese entonces no era consciente de poseer uno (como ahora tampoco). La cosa es que siempre la jodo y ella tiene un aguante que ¡dios mío! (para bancarme a mí digo).
Una vez tuve un accidente horrible con una moto. Tanto hoy como ayer las aborrezco.
Yo venía en mi bici por el cordón (teniendo preferencia y cuidado) me mandé por dónde siempre y un alcornoque me agarra por detrás, o sea yo ya había cruzado, pero él de la moto se me mete en la rueda de atrás y bue … ahí caí y me maté.
Quedé tres meses en coma y la primer cara que vi fue la del responsable de mi coma. Yo ignorándolo reaccioné confusa y con un dolor de cabeza que debido al tiempo que llevaba en coma debería haber sido historia ya.
Quién me atropelló era (por esas “casualidades” que tiene la vida) mi vecino, el típico tipo creído, soberbio y pedante, pero parecía otro desde nuestro último “encontronazo”. Ahora siempre me saluda, se pasa de educación, me pide que le pida favores . No … si siempre es la misma vieja historia, tienen que romperle la cabeza a uno para convertirse en “gente educada”.
Me contaron que estuvo los tres meses junto a mi cama.
Otra noticia re triste para mí es la muerte de mi perra, murió hace una semana y media.
Me la regalaron al cumplir los ocho años, compartió sus aullidos, sus ladridos, los momentos en que parecía que nada lograría parar su cola de lo contenta que estaba, sus travesuras, su compañía. Ella fue mi confidente en todo y me oía (no tenía otra ¡pobre!, pero a mí nadie me puede decir que no me entendía porque lo veía en sus ojos).
Ahí terminó mi lista de amigos; Rafa, “Daniel” (extrañamente) y mi Sidney (que ya no está). Con Marta también tengo buena relación y como para que no, con eso tan doloroso que me confió me ayudó a ganarle confianza.
Cómo es la gente eh … de tan desconfiados que somos sólo confiamos cuando comparten tragedias con nosotros.
A vos si te lo cuento, el real motivo por el cual llegué a las tres de la mañana anoche. Fue porque tonteando con un amigo nos quedamos hablando y hablando y entre trago y trago perdimos la noción y cuando volví en mí, miré el reloj y me apuré para llegar a casa, pero ya era tarde.
Debí haberme metido por la ventana, pero ta … . Ni te imagines ahora que pasó algo con el pibe, porque sólo hablamos y nos dormimos por los efectos del alcohol.
A vos no te quería mentir, a mi madre le dije que me fui a bailar con Rafa y que se nos fue el tiempo. (Cuando digo “a vos” me refiero a vos “lector”) – dije guiñando un ojo jajaja.

De repente sintió un grito agudo y chillón; la madre.
-Catalina …
-¿Sí? – dijo la chica bajando por la escalera.
-Mira nena … estuve hablando con tu padre y decidimos que lo mejor para vos es irte a vivir con tu tía Mabel. El hecho de estar lejos de la seguridad y el confort de tu hogar y tomar la responsabilidad de cuidar de tu abuelo te hará ver que la vida no es un juego. ¡No lo tomes como un castigo, sólo es para que aprendas! – dijo dando clases de moral.
-Está bien – respondió Catalina sin vacilar.
-¿Bien? – reaccionó confusa la madre. El gordo bajo tristemente la cabeza.
-Sí, voy a preparar las valijas – dijo subiendo nuevamente las escaleras.
Berta se quedó con la palabra en la boca, el gordo se sentó de golpe con los ojos hinchados de lágrimas y en menos de quince minutos vieron bajar nuevamente a Catalina con dos bolsos deportivos un una cartera-mochila.
-¡Ya está! … acabo de llamar a la tía, pero me dijo que ya lo habían arreglado todo, así que …
-¡Sí! hablamos ayer con ella y lo acordamos … ¿Te llamo un taxi, nena?
-¡No! gracias, ya lo llamé desde mi cuarto … Chau, papá – dijo abrazándolo.
-Perdón, nena – susurró cuando ella lo abrazó – … perdóname, mi amor.
-Te quiero – dijo dándole un beso en la mejilla - … Bueno Berta … ¡chau!
Le dio un beso frío y distante y así abandonó la casa.
El gordo soltó las lágrimas cuando la vio cruzar el umbral y Berta se fue a su habitación.
3
Era una noche increíblemente oscura, en el cielo brillaban muchas estrellas y la luna estaba llena. Algunos grillos cantaban.
Frente a una casa frenó un auto y de él bajó Catalina, agarró sus bolsos y caminó hasta la puerta.
-¡Va …! – gritó la voz de una mujer desde el interior - … ¿Quién es?
-Yo, tía … ¡Catalina! – respondió la chica.
-Ah … - abrió la puerta y saludándola la hizo pasar - … ¿Cómo estuvo el viaje?
-Bien, gracias – contestó.
-Pero déjame ayudarte con eso, gurisa … Pasa, pasa – dijo agarrándole un bolso.
Entraron a la casa, mientras que Mabel la condujo a la habitación que ya le había preparado. Catalina entró al cuarto y ya se quedó instalándose, se disculpo con la tía diciéndole que estaba cansada y quería dormir.
A la mañana siguiente la chica se despertó con el cantar de los pájaros y en el mismo momento saltó de la cama. Se dirigió a la ventana y se quedó un rato observando a una pareja.
Bajó a la cocina (era una casa de dos pisos, como la suya propia) y preparó el desayuno después de haber lavado casi todo.
-Buen día, Cata ¿Qué haces despierta tan temprano? – preguntó la tía al entrar a la cocina.
-Buenos días, tía- Siempre me despierto a las siete ¿Querés desayunar? Ya está todo preparado – dijo sonriendo.
-No … si ya veo lo veo y además lavaste la cocina como para venderla hasta me siento un poco mugrienta y con eso de que la lavaste parece como que te sentías incómoda antes …
-Para nada, tía. Estaba todo limpio, pero me quería sentir un poco útil y hacer algo, sólo le pasé un trapito a las cosas … Y ahora preparé el desayuno ¿seguro que no queres?
-Bueno … voy a despertar a tu abuelo y lo traigo así comemos los tres junto.
Catalina ya estaba sentada a la mesa con todo servido esperando a la tía y al abuelo. Al rato vio al abuelo Don Francisco bajo el umbral que traía una mirada ausente, Mabel lo acompañó a sentarse y luego se sentó ella.
-Mira papá … ¿Te acordas de ella? – dijo señalando a Catalina con la mirada - … Ya no recuerda nada, Cata – dijo mirando el pan calentito.
-¡Ca- ta- li- na tas her-mo-sa! – dijo costándole mucho hablar.
Mabel se quedó de una pieza y Catalina sonreía agradeciéndole.
-Papá ¿te acordas de mí, del gordo, de mamá? – preguntó ilusionada.
Él no la miró, ni le contestó, su mirada sólo iba dirigida a Catalina.
Mabel volvió a sentarse y comenzaron a desayunar. A lo largo de la comida Don Francisco contaba anécdotas de la infancia de la chica y Mabel no dejaba de sorprenderse, pero por otro lado observaba que su padre no recordaba otra cosa. Lo veía feliz como hacía mucho tiempo no lo hacía.
Sonó el teléfono y la mujer se levantó para ir a atender.
-¡Ya vuelo! … Hola, sí, hola ¿Cómo te va a vos? … Sí, bien. La nena también, sí … Tranquilo, gordo, está conmigo … No sabes lo que pasó hoy, cuando papá vio a tu hija recordó su nombre y durante el desayuno nos contaba cosas de su infancia, traté de ver si recordaba algo más, pero no … en su memoria sólo hay lugar para ella al parecer … Puede ser, la verdad que tu hija se parece mucho a mamá, pero ¿Cómo te explicas lo de que la haya llamado por su nombre? No dijo Rocío sino que Catalina … Sí, bueno te espero a la tarde, Chau – y colgó.
La tarde llegó y con ella una noticia nefasta.
Mabel estaba al teléfono llorando con la ayuda de Catalina colgó el tubo y se abrazó a ella.
-No puedo creerlo, Cata. Tan sólo ayer estuve hablando con ella – dijo temblando.
-¡Tranquila, tía! – dijo la chica acariciándole el pelo.
-Tu padre dice que vaya a ayudarlo con unos papeles y cosas. No te lo pediría, pero … ¿podés quedarte …?
-¡Anda, tía! Yo me quedo cuidando del abuelo – dijo ella segura.
-¡Ay no! … ¿Cómo se lo digo? – dijo desesperada de repente.
-Yo me ocupo, vos anda tranquila y no te preocupes por él, yo lo cuido, tía.
-Gracias, nena. Me voy a cambiar y salgo enseguida para allá - dijo tanteando con su mano su pecho.
-Bueno – dijo la chica agarrando la campera de la tía y ayudándola.
La muchacha estaba barriendo la casa, hasta que oyó gritar su nombre, dejó la escoba apoyada contra la pared y fue al cuarto del abuelo.
-¿Vos me llamaste, abuelo? ¿Qué pasa … por qué no me hablas? – preguntó agachándose frente al sillón.
-Lo sé, ne-na – dijo mirándola a los ojos.
-¿Qué cosa sabes, abuelo? – preguntó dubitativa.
-Lo sé … - los ojos se le llenaron de lágrimas - … Fue la mu-jer más lin-da que vi en mi vi-da. Te ní as que … ha-ver-la vis-to … el día que nos ca-sa-mo , yo es-ta-ba tan con-ten-to … - decía respirando agitadamente y frenando cada palabra.
-¡Tranquilo, abuelo, te va a hacer mal ponerte tan nervioso! – dijo ella tratando de calmarlo.
-No de-jes que me lle-ven a ca-sa de Ber-ta – dijo aún más inquieto.
-Pero tranquilo, abuelo, nadie te va a querer apartar de acá – dijo sonriéndole.
-Pro-me-te-me-lo … a-yu-da-me … - dijo impaciente.
-Ta, tranquilo, te prometo que nadie te va a llevar allá, pero tranquilízate por favor.
-Gra-cias, ne-na. E-lla te que-rí-a mu-cho – dijo el hombre mirando hacia la ventana.
-Y yo a ella. ¡Era una gran mujer!
-Pero era su-mi-sa co-mo tu pa-pá. Sé que no es tás se-gu-ra de ser su hi-ja, pe-ro lo sos, ne-na. Bas –ta con ver-te … sos i-gual a Ro-cí-o de jo-ven.
-¿Qué queres decir con que era como papá? – preguntó la muchacha.
-An-tes me a-cor-da-ba más, no re-cuer-do bien … mi-ra lee – dijo sacando una carta que había doblado varias veces del bolsillo.
-“Querido Fran:” 21.11.1987
No creas que me aparto de tu lado por quererlo. Cómo bien sabes soy débil y siempre lo fui. Fuiste vos el único que me hizo sentir la libertad.
Si ahora nos separamos es porque los chicos creen que es lo mejor y no tengo el valor de contradecirles ¡perdóname! … No quiero encontrarles una disculpa porque hacernos esto no lo tiene, pero intuyo que atrás de todo esto está Berta.
Espero que me recuerdes, amor mío.
Siempre que voy a verte tu mirada está tan ausente que me parte el corazón, yo ya no tengo fuerzas, Fran
Si pudieras ver a nuestros nietos jugar te derretirías, son tan chiquitos; Cata (la mayor) tiene casi un año y medio ya, le están saliendo los dientes ¡es una traviesa! … y Agustín … Agus (el nene de Mabel) tiene medio año, se la pasa llorando ¡el pobre … es re gracioso!
A lo mejor nunca entiendas éstas líneas que te escribo, pero a mí me sirven para seguir y así lo haré siempre. Hasta el día en que pueda volver a tu lado
Te amo más que nada en la vida
Tu cascara de nuez … Rocío
Pasaron unos instantes en silencio, el anciano tenía los ojos rojos mientras se agarraba de los posa brazos y Catalina con la carta en la mano de repente alzó la mirada hacia él.
-No tenía ni idea.
-No es al-go que se … di-ga … - dijo él.
-Sí, pero ¿por qué tomaron esa decisión tan cruel? – preguntó confusa.
-Pa-ra ellos fue lo me-jor – contestó.
-¿Y vos qué crees? – preguntó sorprendiéndolo.
-Nun-ca me lo pre-gun-ta-ron … no quie-ro o-pi-nar … - dijo cerrando los ojos.
-¿Por qué? es tu vida, abuelo … La abuela dice que mi madre está atrás de todo ¿crees lo mismo, verdad? – preguntó insistente.
-Mmm… –dio vuelta la cara negándose a hablar.
-No te persigas porque sea mi madre … ¡yo no la paso, abuelo!
-Pe-ro no de-ja … de ser tu ma-má … - dijo volviendo a mirarla.
-Nunca te había oído hablar tanto, siempre que venía acá vos nunca me dirigías la palabra …
-Pe-ro si la mi-ra-da, siem-pre te mi-ra-ba ... Me re-cor-da-bas tan-to a mi Ro-cí-o.
-Me alegro, aunque no creas que no me di cuenta de que me estás eludiendo la pregunta que te hice, pero no te voy a obligar a decir nada que no me quieras decir – dijo ella acariciándole las manos.
-¡Gra-cias, ne-na! – dijo el hombre secándose las lágrimas.
-Bueno, te dejo descansar un poco, abuelo, al rato vuelvo para ver si se te antoja algo ¿ta?
-“Ta” – dijo guiñándole un ojo y cerrándolos para dormir.
4
Una semana después.
Catalina llegaba de sus estudios y al entrar a la casa se encontró a Agustín con unos amigos reunidos en el living.
-Hola, primita – dijo al verla.
-Hola, Agustín . ¡Buenas tardes! - dijo mirando a sus amigos - …¿Está tu madre, Agus?
-No, se fue al laburo – respondió el chico.
-Bueno … nos vemos –dijo saludando y subiendo las escaleras.
-Hermano … está como un tren tu prima – dijo uno.
-¿Tren …? Dirás avión ¿Hay onda entre ustedes dos? ¡Dale que vi tus miradas – dijo el otro.
-¿Qué? nada de miradas, ni onda, loco ¡es mi prima!
-¿Y … sabes la cantidad de “primos” que tienen onda? – dijo el primero.
-Sácame de tu lista, no me van ésas y no me atrae ella – respondió Agustín.
-Ta bien, chabón. Tampoco es para calentarse – dijo el segundo.
-¡Tenés razón! … Bueno, mejor se van, nos vemos mañana ¿ta? – dijo despachándolos.
-¿Para estar a solas? – bromeó el primero.
-Veni, Mario – dijo el segundo tirando de la manga del primero - … ¡No le des bola, Agustín! Nos vemos ...
-Sí, si ¡váyanse! – dijo el chico cerrando la puerta.
La chica bajaba por las escaleras con una toalla y un muda de ropa, llevó las cosas al baño. Fue a la cocina y le preparó un té al abuelo.
Dejando el agua hirviendo volvió a subir las escaleras y fue al cuarto de Agustín.
-Che Agus … ¿Queres un té? – el chico se quedó mirándola sin decir palabras - … Agus ¿Todo bien?
-Sí, sí – dijo tartamudeando tras volver en sí.
-Te pregunté si querías un té y si te sentías bien – dijo ella sonriendo.
-To … todo bien bien <> - pensaba el chico.
-Bueno ¿te hago o no un té? – preguntó impaciente mordiéndose el labio inferior.
-No, gracias – dijo dándose la vuelta agarrándose la frente.
-Bue … me voy a la ducha entonces ¿no tenes que ir? – preguntó.
-No, no ¡anda nomás! – dijo tratando de pensar en otra cosa.
Al darse vuelta la chica, el primo soltó la respiración contenida y maldijo al amigo que lo llevo a pensar diferente de su prima.
Catalina estaba en medio de la ducha con el chabón de pelo recién puesto y de repente sintió golpear a alguien en la puerta.
-¡Adelante! – gritó mientras el ruido de la lluvia era constante.
-Perdóname, estoy re apurado … ¿Te queda mucho? – dijo impaciente Agustín.
-¿Aguantas a que me enjuague el pelo? Es lo único que me queda – dijo la chica.
-No – dijo con cara de situación.
-Pasa, no me molesta si no te jode a vos.
-Gracias <> pensaba el chico.
Mientras que Catalina se enjuagaba el pelo, Agustín hacía pis. Terminó más rápido de lo que se sentó en el wáter, agradeció a la prima y salió como si tuviese un cuete en el culo.
Al cerrar la puerta salió la chica de la ducha y se secó bien.
Ya arreglada agarró el canasto de ropa sucia y la metió en el lava ropa y lo puso a funcionar. Caminó hacia la cocina y llenando un tacho con agua caliente empezó a lavar los platos. Finalizando pasó por el cuarto del abuelo.
-¿Terminaste con el té? – el anciano asintió con la cabeza - … Bueno, entonces me llevo la tasa … Abuelo … ¿No queres ir a dar una vuelta? – preguntó sonriendo.
-¿En se … en se-rio? –preguntó emocionado.
-¡Claro que sí! ¿O crees que invito a la gente para dejarla plantada? … Además no te hace bien no salir al aire libre – concluyó con una sonrisa que parecía que jamás se borraría.
-Za-patos … necesi-to za … - dijo moviendo con ansia una mano.
-Sí, ¡pará! … - buscó debajo de la cama y junto al armario, hasta que los encontró - … ¡Acá están! … a ver – le puso uno y luego el otro - … ¡Listo! ¡Te voy a comprar zapatos nuevos! ¡Vení, abuelo parate … agárrate de mí!
-Ay ay ay … ay nena no sé si pod-ré, hace mu-cho que no sal-go … mejor no … - dijo angustiado.
Ella en cambio sonreía de oreja a oreja sin darse por vencida.
-Nada de eso y menos ahora que te oí … ¿No te diste cuenta, no, de que estás hablando más fluido? ¡La rehabilitación recién empieza, abuelo! Haceme caso y ¡agarrate de mí!, pero si seguís creyendo que no podes y sólo en el caso que lo vea necesario usarás una silla de ruedas ¿ta? – respondió firme.
Agarrado del brazo de Catalina el hombre caminaba lento, pero seguía adelante. De repente se frenó.
-¿Queres que te traiga la silla, abuelo? – preguntó ella con paciencia.
-¡No! te quie-ro a vos – dijo el hombre abrazándola.
-Y yo a vos … ¡Agus … me voy con el abuelo a caminar en media hora volvemos! – dijo mirando al primo.
-¡Ta! Que lo pasen bien – contestó sentado a la mesa.
Ya eran las ocho de la noche y no había señales de Cata y su abuelo.
Mabel estaba nerviosa y no paraba de ir a la ventana y sentarse otra vez junto al teléfono.
-Mamá ¡cálmate! No les pasó nada – dijo Agustín leyendo un libro de estudios.
-¿Me queres decir cómo lo sabes? – dijo histérica comiéndose las uñas.
-Bueno … - dijo guardando silencio.
Pasaron varios minutos más y de repente al volver la mujer hacia el teléfono se abre la puerta de calle.
-Hola – dijo Catalina al entrar.
-Ah … papá ¿Cómo estás? – dijo agarrándolo.
-Está bien, tía – dijo al ver que él no le respondía - … ¿Por qué estás tan nerviosa, tía? – preguntó.
-Es que él nunca salió de casa y la hora que es … - respondió la mujer.
-Sí, lo sé … le compré zapatos y en cuanto a la hora le avise a Agus que en hora y media volvíamos … - dijo justificando la hora.
-Perdón, Cata … te entendí media hora y por eso se puso tan nerviosa – dijo intermediando el muchacho.
-¡Da igual! Él no puede … - dijo siendo interrumpida.
-¡No!, él puede, yo sé que me estás bancando porque mi madre metió pata y te lo agradezco … Soy completamente capaz de mantener mi palabra … dije hora y media y a al cumplirse la hora (hasta antes) volví. Si estás en contra de que acompañe al abuelo a caminar me lo decís y chau, entonces me vas a acompañar a llevarlo a caminar y bajo tu mirada y cuidado lo haremos, porque no lo voy a hacer pagar a él por tu desconfianza en mí. Será tu padre, tía, pero es Mí abuelo – Mabel cayó sobre la silla como desplomada.
-Perdóname, Cata ¡Tenes razón! – dijo llorando.
-¡No llores por favor! <<¡Pobre! Es igual al gordo, me parece que heredaron el carácter de la madre> - dijo y pensó la chica.
-Perdonen que interrumpa la reconciliación ¿Me podría llevar a Cata, mamá? – dijo Agustín.
-Sí, vayan nomás – contestó la mujer secándose la cara.
Los chicos se encontraban en el cuarto de Agustín.
Su habitación era un gran despelote, era oscuro, pero el aire era puro y no estaba sucio.
-Wow … no se ve nada acá ¿Puedo levantar la persiana? – preguntó tropezándose.
-Si tiene que ser … - dijo levantando los hombros y ayudándola a levantarse.
La chica tiró de la cuerda de la persiana y la luz que entro era tenue, pero bastó para reflejar aquel caos.
-Sentate por favor – dijo el muchacho un poco avergonzado desocupando a una silla de mil cosas.
-Gracias … - se quedaron en silencio - … ¿De qué me querías hablar, Agus?
-<>-pensó el chico - … ¡Qué quilombo que se armó! Perdón por equivocarme con la hora – dijo bajando la mirada.
-No pasa nada … igual ya dije lo que pensaba – dijo ella.
-¡Estuviste increíble! – dijo sin poder cerrar la boca.
Ella sonrió - … ¡Gracias! ¿Por qué el abuelo dice que hace años no sale a la calle? – preguntó repentinamente.
-Porque es la verdad, mi vieja nunca está en casa, mi viejo … ¡ya ves, no existe! Y yo … yo soy un pelotudo egoísta.
-¿Por qué? – preguntó mirándolo de una manera que lo incomodo.
-Pregúntame algo más fácil. Supongo que tengo el carácter débil de mi madre … Vos en cambio sos igual a él – dijo sonriendo.
-¿A quién? – preguntó extrañada.
-Al abuelo … en sus momentos de lucidez (por llamarlo de alguna manera) tenes su comportamiento, su porte, sus mismas palabras … parecía él. Al principio él hablaba conmigo después dejo de hacerlo … - dijo Agustín jugando con el cordón del zapato.
-Me hablo de situaciones que tuvo que enfrentar dónde pude apreciar un fuerte temperamento – respondió.
-¿Hablo contigo? – preguntó sorprendido.
-¡Claro! … tiene Alzheimer, no pérdida del habla – contestó con una sonrisa.
-Pero nunca habla con nosotros.
-Ah … por eso se asombraron todos … - dijo quedándose colgada en el recuerdo.
-Y si … era como un milagro para todos – dijo sin encontrar otras palabras.
-Entiendo … ¿Queres que te ayude a acomodar? – preguntó mirando alrededor.
-Eh … no no yo lo ordeno, no te preocupes, gracias – dijo avergonzado.
-Bueno, mira que no tengo drama, si queres te doy una mano … Che te estás poniendo colorado, Agus, no era mi intención que te sientas avergonzado … si no lo tenes sucio, lo tenes un poco despelotado nada más che … Bueno otra cosa para hacerte olvidar de esto … ¿No me querías decir algo? – preguntó ella girando en la silla (giratoria).
-Ya lo olvidé – respondió nervioso.
-Bueno, no importa, perdona … - dijo ella mirándolo con piedad.
-No es nada … Igual ahora me voy a acostar para dormir si no te molesta.
-Bárbaro, me voy contigo – dijo Catalina.
-<> - pensó - … ¿Cómo? – dijo abriendo los ojos de par en par.
-¡Tranquilo che! Te estaba jodiendo, sólo quería romper la tensión que se había formado al decirte lo del cuarto – dijo sonriendo.
-Ah … ta, ta – se saludaron y ella cerró la puerta. Agustín se tiró de cara a la cama y así quedó.
No crean que yo no me di cuenta de cada una de las reacciones de Agustín frente a mí, desde hace un par de días que note que me mira diferente, no me molesta, pero me da lástima porque yo no lo veo igual, ni por curiosidad y tengo miedo por él que se ilusione en vano. Igual no pasó nada ni por mí parte va a pasar.
5
Meses después.
Agustín estaba tirado sobre el sofá mirando televisión. El día estaba horrible y el muchacho se encontraba sólo despierto en la casa.
Todos dormían (o eso creía él al menos) Catalina se le acercó a ciegas.
-Aaa … - bostezó - … ¿Vos tampoco podes dormir? – preguntó al verlo.
-No, por eso baje a ver tele – dijo el chico tapado con una frazada.
-¿La de tu cuarto no funciona? – preguntó sentándose junto a él.
-Sí queres que me vaya diciéndomelo de una manera sutil – dijo bromeando.
-No, boludo … Me alegro que te haya vuelto el humor che, estabas tan raro conmigo últimamente – dijo sonriendo.
-No me di cuenta, perdón … y mi tele si funciona, pero bajé acá para no molestar con el volumen, aunque por lo que veo no sirvió de nada – dijo mirándola.
-¿Lo decís por mí? No te hagas drama, estaba estudiando y cuando quise intentar dormir éste tiempo no ayudó en nada.
-¿Te dan miedo los relámpagos? – preguntó con picardía.
-Sólo si me cae uno cerca – dijo sin dar vueltas - … Lo que sí ¡tengo frío … dame un poco de la frazada por favor!
Al principio todo iba bien, ambos estaban sentados en el sofá tapados y mirando la tele; una película de detectives. Catalina se durmió y su cabeza cayó sobre el hombro de Agustín, el cual empezó a transpirar como un quine añero hasta que poco a poco se fue calmando y en uno fue sorprendido por Morfeo que lo obligo a cerrar los ojos haciendo que se perdiera del final de la película.
El sol brillaba intensamente y despertó a la chica iluminándole los ojos y al sentir el calor los abrió, miró la hora y sintió una enorme inquietud. Tanto es así que se levantó enganchándose con la pierna de Agustín que cayó de bruces al suelo despertando al chico que la ayuda a pararse. Apresurada se fue arriba y volvió cambiada de ropa y con un peinado que espantaría a cualquier pájaro.
-¿Cuál es el motivo de tu apuro? … ¡Pará! – dijo mirando la claridad del día y el reloj después - … ¿Vos a ésta hora no estás en …? ¡Entiendo! – dijo cerrando los ojos.
-Perdóname, no puedo hablar, nos vemos después ¿Pero vos no tenes que irte también? – preguntó dubitativa.
-Como se nota que te olvidaste de los gritos de mi vieja diciéndome todos los días “lo tarde que llegaría”. No te hagas drama … si queres te llevo, sólo me cambio y vamos – dijo él.
-No no gracias, yo salgo ahora mismo. Tengo un examen a segunda hora y no me lo puedo perder – dijo abriendo la puerta.
-Entonces, nos vemos – dijo el chico subiendo las escaleras.
-Chau chau – dijo la chica.
Catalina estaba pedaleando lo más rápido que podía, pero al llegar a la tercer cuadra pincha la rueda de la bici y cayó raspándose la rodilla izquierda. Se le rompió el pantalón dejando la rodilla al descubierto.
Un auto freno junto a ella y de el bajó Agustín.
-Cata … por dios ¡te mataste! A ver ¡veni! – la sentó en el cordón y miro la pierna – Mira ésa pierna – dijo mordiéndose el labio inferior sacudiendo la cabeza.
-Estoy bien, sólo es un rasguño – dijo intentando pararse.
-Eso contaselo al médico – dijo el muchacho ayudándola.
-No … no Agus, no puedo faltar a éste parcial por favor Agus – suplicó la chica.
-Pero te reventaste, Cata – dijo señalando la rodilla.
-Cuando llegue a la facultad me limpio y la vendo … por favor … ayúdame – dijo haciendo pucheritos.
-¿Sabes que mi madre me va a matar, no?
-Te adoro – dijo ella dándole un beso en la mejilla.
El chico la ayudo a subirse a su auto y metió atrás su bicicleta. Arranco y se dirigió a la facultad. A los tres minutos llegaron y la llevó a la enfermería, ahí una mujer le desinfectó la rodilla y se la vendó. Después la acompañó hasta la clase en dónde se haría el parcial y él se quedó afuera esperándola.
La segunda hora había finalizado, Catalina salió del aula y se dirigió hacia el primo.
-Gracias, Agus – dijo sentándose junto a él.
-No hay de qué … ¿En serio estás bien, Cata? – preguntó preocupado.
-Sí, todo bien, sólo un poco nerviosa por el parcial, al estar frente al papel sentí que lo había olvidado todo – dijo inquieta.
-Va a ver que te fue bien – dijo confiado.
-¡Ojalá opine lo mismo el que me pone la nota! – dijo ella sonriendo.
-Cata … sabes más que todo este edificio junto – dijo él mirándola.
-Agradezco la confianza exagerada – dijo ella más tranquila.
-¿Quién exagera? – dijo sonriéndole.
El mediodía ya había comenzado y con el termino el curso.
-¡Cata, acá … a tu derecha! – oyó la chica que le gritaban.
-Hola, Agus … pensé que ya te había ido, iba a buscar a mi bici … mi bici, me la olvidé tirada en la calle esta mañana – dijo nerviosa repentinamente.
-Tranquila, está en mi maletero … y después decís que no fue nada. Si te olvidaste de que la subí … - dijo el chico moviendo la cabeza.
-Bueno … - dijo ella mirando de costado.
-¡Dale subí! ¿O preferís que te baje la bici pinchada? – bromeó.
Catalina sonrió y abrió la puerta del auto subiéndose.
Estando a la vuelta de la casa se remango el pantalón para ver la herida, se sacó el vendaje y vio el raspón.
-¿Te duele? – preguntó Agustín manejando.
-No … bueno, un poco sí – confesó finalmente.
-¿Y cómo crees que te fue? – preguntó tratando de que se olvidara del dolor.
-Creer, la verdad que no sé, respondí rápido sin dudar. Si eso es un buen síntoma de que me fue bien lo espero – dijo apoyando la cabeza.
-Aha – dijo el chico estacionando en la entrada de la casa.
El chico corrió hacia la otra puerta del auto y ayudo a la prima a bajar, hizo que se apoyara en él (porque le costaba flexionar la rodilla). Al abrir la puerta la sentó en el sofá.
-Ahora esperame acá y no te muevas – dijo burlón.
-¡Qué gracioso! – dijo ella resoplando.
Agustín regresó con alcohol, gasas y un rollo de vendaje.
-¿A dónde vas con eso? – preguntó dubitativa la muchacha.
-No soy tan estúpido, vi a mi vieja varias veces hacerlo, ¡tranquila! – dijo él agachándose frente a ella.
-Sí, pero tu madre es enfermera y vos sólo su hijo – dijo burlona.
-Bueno … tampoco te creas que es una operación – dijo echando alcohol sobre una gasa.
-Está bien, sobreactué un cacho creo, no sé por qué – dijo respirando hondo al sentir el ardor.
-No pasa nada … no es tan grave, pero te voy a llevar al hospital, ¡no te asustes! Te lo desinfectaron bien, pero me parece que necesitas unos puntos.
Me vendó la rodilla otra vez con el vendaje que trajo del baño y me ayudó a subirme nuevamente a su auto, pero en eso apareció la tía …
-Hola ¿A dónde iban? … Ah … nena ¿Qué te pasó? – preguntó espantada mirándole el vendaje.
-Tranquila, mamá. Se cayó de la bici y tuvo … tuvieron que desinfectarle la herida, lo hicieron bien, pero ahora la llevo al hospital porque me parece que le hacen falta unos puntos …
-Dios mio … los acompaño – dijo la mujer.
-No, no, tía … Mejor voy con Agustín sola, me alteran los hospitales y no …
-Ta bien, tranquila yo me quedo y preparo la cena … ¿Qué quieren?
-Fideos con tuco – dijo el chico.
-¿Fideos? – pregunto la mujer viendo a su sobrina.
-Sí, tía, gracias.
El médico atendió la Catalina y le dio tres puntos en la rodilla, después la vendó y la mando a casa con dos días de descanso sin exigirse movimiento a la pierna.
Al salir a la sala de espera Agustín se levantó en seguida a ayudarla, haciendo que se apoyara en él, pero vio los ojos rojos de Catalina aunque ella trató de evitarlo y le preguntó que le pasaba.
-Es que … - dijo mirando fijo la pared.
-¿Qué … llamo al doctor? – preguntó preocupado mirándola a los ojos.
-No … - se agarró la cara tratando de evitar la mirada del primo - … Le tengo pánico a las agujas y cuando me … cosió creí desmayarme – dijo finalmente temblando.
-Bueno che, ¡tranquila! – la abrazó y notaba como temblaba - … ya pasó, Cata.
-Me siento como una estúpida … - dijo sonándose la nariz.
-¿Por qué? Yo le tengo pánico a las arañas, yo está … conoces mi debilidad, no hay motivo por el que te tengas que sentir mal – dijo él abrazándola mientras salían del hospital.
Llegaron a la casa y apoyándose en Agustín lo hizo frenar en seco ante la puerta y le señaló que se sentaran en el murito un rato antes de entrar.
-Agustín ¿por qué te pones nervioso? – preguntó tocándole la mano.
-¿Qué? – preguntó sin darse cuenta que se le ponían coloradas las orejas.
-No creas que no me di cuenta de tu cambio … antes ni me hablabas y hace cuestión de unos días volviste a soltarte y me das conversación, pero te noto nervioso y te reís tímidamente.
-No me di cuenta de haber sido tan sorete – dijo tratando de escapar de lo que intuía que vendría.
-Tampoco para tanto. No creas que te vas a escapar ésta vez … ¿Queres un beso? – antes de que el chico contestara ella se acercó besándolo - … ¡ya está! ¿Sigue habiendo entre nosotros esa tensión sexual? – preguntó sin vergüenza.
El chico se quedó mudo, mientras que la chica se levantó y entro a su cuarto subiendo por las escalera.
Agustín la siguió subiendo las escaleras y golpeo su puerta para avisar que entraba.
-¿Qué quiere decir? – preguntó agitado.
-¿Qué cosa? Ah … el beso, ¡nada! Parece que lo querías no dejabas de verme los labios y te besé, eso es todo – dijo apoyada en el ropero.
-¿No significa nada? – preguntó confuso.
-No … sólo fue un beso. No me digas que vos sentís otra cosa – dijo enderezándose.
-¿Quién yo? No … para nada, sólo quiero evitar malos entendidos y lo de que te miraba los …
-No pasa nada, Agus, hubo momentos en que yo también me hice la cabeza contigo. Con el beso de paso sacié una parte de la imaginación.
-¡Sí que sos sincera! – dijo el chico anonadado.
-A veces es más fácil – respondió sonriendo.
-Ya que estamos en esto de la sinceridad … creo que Mario está detrás de vos al menos fue él el que me llevó a pensar en vos de otra manera a la que lo solía hacer – dijo el chico agarrándose del marco de la puerta.
-¿Por qué tanta vuelta? – insistió la muchacha.
-La cosa es que creo que le gustas … parezco un chusma – dijo sentándose.
-No lo pareces … ¡lo sos! … – risas - … y tranquilo que Mario está loco por vos, no por mí.
-¿Cómo? – preguntó levantándose de una de la silla.
-¡Tranquilo! No hay motivo por el cual escandalizarse …
-¿Te parece poco? – preguntó nervioso.
-Ay mijo pareces ser del tiempo de los cavernícolas … Si no te gusta se termino la discusión es lo mismo que no te guste una mina que anda atrás de vos, si a vos no te gusta chau. No te va a contagiar lo que siente por la cercanía nada más.
-Eso lo sé – dijo ofendido - … pero ¿cómo lo sabes? – preguntó intrigado.
-Porque lo miro cuando está acá y me habla y además porque él mismo me lo contó – dijo sonriendo.
-Ah … - dijo sin palabras.
-¡Viste que no está atrás de mí … no te pongas colorado, Agus!
-No me pongo nada … me voy a mi cuarto – dijo cerrándole la puerta.
No le hubiera dicho nada si hubiera sabido su reacción nerviosa, ¡pobre! Se puso re nervioso. Espero que no lo traté diferente ahora al amigo.
6
Alguien golpeó la puerta y Mabel se acerco para atender.
Era el gordo con Berta, entraron en la casa y sobre la mesa había preparación de picknick.
Entraban a la casa y salían a meter cosas dentro del auto; canastas, frazadas y más cosas.
Mabel sonreía y charlaba con su hermano, parados frente al auto.
-¿Es la primera vez que volves a ver al viejo, no, gordo? Digo … desde que Cata está acá no lo volviste a ver – dijo queriendo culparlo un poco.
-Sí, no tuve tiempo ¡viste! Y entre una cosa y otra lo fui aplazando … ¡fui un idiota! Desde que pasó lo de mamá … no sé … - dijo agarrándose la frente.
-Tu hija sale a pasear todos los días con él … papá la adora … - dijo ella mirándola mientras llevaba una canasta con las ensaladas al auto.
-¿Y él se acuerda de algo? – preguntó el gordo viendo a su padre sentado en una silla del jardín.
-No, a mí no me dice nada, pero con tu hija se queda horas hablando … ya ves hasta se sienta en el jardín y éstos últimos años ni eso hacía – dijo Mabel acomodando las cosas en la valija.
-Sí, es impresionante … pero qué raro que no hable con nosotros – dijo tristemente
Ya habían metido todo dentro del vehículo. Mabel ayudó a su padre a subir al asiento acompañante y lo ató. Berta y el gordo se subieron a su auto.
.¡Cata! – gritó Agustín.
-¿Sí … me volves a hablar? – dijo haciéndose la víctima.
-Si siempre lo hice che … bueno, lo del otro día fue …
-¡Olvídalo! Pero no pienso subirme en tu auto como hace todo el mundo, el día está precioso como para ir encerrado ahí adentro ¡Me voy a ir en mi bici hasta la plaza! Allá los encuentro …
-¿Pero qué vas a andar en bici si ni podes flexionar la rodilla …? Además yo no ten … ¡Pará! – bajo del auto y fue hacia ella, la ayudó a bajar de la bici y se subió él - ¡Subite atrás! Yo te llevo.
-¿En serio? – preguntó extrañada.
-¡Sí! de alguna manera tengo que demostrarte que está todo bien y pedirte perdón por mi reacción … Además quiero saber qué es lo que te atrae tanto de esto – dijo el chico.
-Bueno … - dijo agarrándose del hombro de Agustín y paso la pierna sobre la bici, sentándose sobre la parrilla y abrazando la cintura del primo.
Los autos aún no habían salido y los chiquilines ya estaban tirados sobre el pasto esperando a la parentela. Al pasar unos minutos los divisaron en el horizonte.
Berta cotorreaba de lo lindo cuando bajó del auto y el gordo sin tener remedio la oía. La chica se levantó para ir a ayudar al abuelo. El anciano no le respondía cuando ella le hablaba, cosa que la extraño.
Estaban comiendo y charlando al aire libre entre risas. Todos observaban a Don Francisco, pero el hombre estaba como ausente.
El gordo se giro al padre y sonriéndole le empezó a hablar.
-Papá … me contó Mabel que hablas con Cata y que recordas cosas con ella – dijo sin recibir respuesta.
-Don Francisco, soy Berta ¿Se acuerda de mí? – dijo con voz insistente.
-Papá … ¿No te gusta estar acá? – preguntó la Mabel sirviéndole ensalada.
-¡No lo atosigan con preguntas!, es la primera vez que lo sacan a pasear y encima esperan que les responda con una sonrisa … - argumentó Agustín.
-¡Tenes el carácter de tu abuelo, un poco escondido, pero está ahí! – le susurro la prima.
-Pero mocoso ¿Quién te crees ser con derecho de venir a decirme …? – protestó Berta.
-¡Su nieto! Y no te atrevas a volver a decirle mocoso. Además tiene con lo que dice ¡Vergüenza debería darnos comportarnos como una familia perfecta cuando no lo somos! – dijo Mabel parándose - … y vos Berta sos la menos indicada para hablar de respeto.
-Ah … - gritó Berta ofendida - … ¡No voy a permitir que me hables así! ¡Nos vamos … dale, gordo! – el hombre la siguió al auto - … Cata – dijo mirándola.
-¿Qué? – preguntó ella.
-¡Veni, nos vamos a casa! – dijo llegando a los decibelios de una cantante de Ópera.
-¡No! yo me quedó acá … y para tu información no vivo más en “tu”casa.
La mujer se subió furiosa al auto y le dio órdenes al gordo de arrancar. Éste bajó la cabeza y obedeció mirando de soslayo a la hija.
Pasó media hora y todos seguían sentados sobre el pasto. La mujer tenía cara de lástima y tristeza.
-Tía … tranquila que n me mudé eternamente a tu casa, el próximo mes me empiezo a buscar otra cosa – dijo la chica.
-Nooo … como pensas eso. En mi casa te podes quedar hasta lo que desees … Mira si te voy a dejar ir … Además haces tan feliz a papá con tu presencia que no podría permitirlo. Me siento mal por el gordo, anda a saber cuánto tiempo pase hasta que nos volvamos a ver … porque la bruja de tu madre “perdón” … siempre supo como separarnos – dijo con los ojos rojos.
-Lo sé … papá te quiere pila, tía. Es débil, lo sabes, ¡es un pollerudo! Pero te adora y está orgulloso de vos – dijo Cata agarrándole la mano a la mujer.
-Sos un tesoro, Cata – dijo abrazándola.
-Bueno, mamá … ¡no llores! – dijo el muchacho acariciándole la espalda.
Tras unos minutos se pusieron en camino para volver a la casa.
Ya estaba oscuro, ésta vez fue Mabel quién llegó primero a la casa y acompañó al padre a su cuarto. Unos minutos después llegaron los chicos en la bici.
-Ésta vez nos ganaron de mano ¡pucha! – protestó Agustín.
-Si te hubieras apurado … - peleó la chica.
-Si no pesaras tanto … - se burló el primo.
-Ah … te voy a dar a vos – dijo la muchacha llevando la bici al garaje.
-¡Agárrame! – desafió Agustín.
-Burlate nomás de una inválida, pero prepárate para cuando pueda caminar si ayuda – respondió.
-¡Ta ta! ¿Las pases? – propuso estrechándole la mano.
-Bueno – Agustín la agarró de la cintura y ella lo derribó al piso girando sobre el pasto de manera que ella quedó encima - … ¡ahora sí! – dijo riendo.
Entraron al living riendo como locos y de repente olfatearon verduras hirviendo, el olor los llevó a la cocina dónde se encontraba Mabel cocinando.
-Bue … llegaron – dijo sonriendo.
-Sí, fue culpa de tu hijo que no le daba la nafta para acelerar – dijo maliciosamente la chica.
-Me … voy a ser un caballero y guardarme la respuesta … ¡Me voy a lavar las manos! – dijo yéndose.
-Bueno, amor … - dijo la mujer sonriéndola.
Mabel agarrando a la sobrina de la mano con la intención de que se sentaran a la mesa, le preguntó ...
-¿De qué te habla papá?
-De muchas cosas, me habla de su adolescencia, de la abuela, de papá y de vos … de poesía, me pregunta cómo está el mundo … Si cambio algo a lo que él recuerda … de todo un poco.
-¡Fui una blanda, sabes! – dijo ella apoyándose en la mano.
-¿Por qué decís eso? – preguntó mirándola a los ojos.
-No debí haber permitido que separaran a mamá y a papá …
-¿No se habían divorciado? – preguntó hábilmente la chica.
-¡No! ellos estaban casados y no sabes cómo se querían … por culpa de sus hijos vivieron separados los últimos años de su vida. Mi papá no estaba (lo que se dice) “encantado” con Roberta, siempre la juzgó mejor que nadie y ella lo notaba. Al enfermarse mi padre movió cielo y tierra “con mentiras” para lograr que papá se quedase conmigo y mamá quedase al cuidado de ella, porque según decía ella le podría hacer mal a mi mamá ver tan mal al marido … más allá de las mentiras fuimos nosotros los pelotudos (o a los que nos parecía lo más fácil) en creérnosla y cuando quisimos reaccionar ya era tarde … Quería que supieras porque le hable cómo le hablé a tu madre. Recién ahora pude enfrentarla, no sé porqué, tal ve< fue porque se metió con Agustín, no sé …
-Lo que sea, lo que cuenta es que lo hiciste … Perdona que haya mentido al respecto de no saber que los abuelos seguían juntos … ¡Pará que quiero mostrarte algo si el abuelo me lo permite! – dijo yendo al cuarto del anciano.
Al rato volvió trayendo al hombre y lo ayudó a sentarse en el sillón. Cata se sentó junto a él llamando a la tía que se acercó y se sentó. Agustín hizo lo mismo.
-Me quedé enganchado con un partido de futbol ¿De qué me perdí? – preguntó el chico.
-De parte de nuestra historia nada más – sonrió la muchacha.
-¿Qué … cómo es eso? ¡Cuenten! – insistió.
-Después te cuento todo, Agus, ahora otra cosa … Abuelo – dijo mirándolo.
El anciano no respondió, sólo contemplaba los ojos de Catalina.
-Abuelo … ¿Viste cómo le habló la tía a Berta en el parque, no te recuerda a alguien? – preguntó sosteniéndole las manos- … ¿Por qué no me hablas, abuelo? … ¿Me dejas leerles la carta? – el hombre se puso nervioso - … No lo haré si vos no me lo permitís – y aceptó.
Cuando empecé a leerles la carta vi como la tía lloraba a mares arrodillada frente al abuelo y a Agus le había cambiado la cara. El abuelo estaba sumergido en otro mundo al oír nuevamente aquellas frases de la abuela.
-Perdóname, papá … ¡fui una cobarde y por mi culpa tuvieron que pagar ustedes dos! … nunca podré perdonármelo … Perdóname por favor perdóname, lo siento – llorisqueaba la mujer.
-Ya te per-doné – la mujer levantó la cabeza con asombro - ... Sos como ma-má … por tu pro-pia fe-licida no haces nada, pero te to-ca-ro al ca-chorro y sal-tas-te. No te en-tie-rres, ne-na. Por fa-vor, no seas en to-do como ma-má. Te quie-ro, chiqui-ta – dijo acariciándole la mejilla a la hija y ésta no salía de su asombro al oír hablar al padre.
-Y yo a vos, papá – dijo abrazada a él como una niña.
Catalina y Agustín se levantaron de la mesa para dejarlos solos y no molestar.
7
Por fin llegó el día. Hoy de mañana fui al hospital en el que me retirarían los puntos, uno de ellos se cayó sólo, pero la rodilla había cicatrizado bien.
Al volver a la casa preparé el desayuno y cuando estaba listo desperté al resto de la familia.
Estaban en medio del desayuno cuando se oyó el timbre de la calle.
-¡Voy! – gritó Agustín corriendo hacia la puerta - …¿Quién es?
-Daniel, vengo por … - la puerta se abrió.
-Hola ¿a quién buscas? – preguntó mirándolo de arriba abajo.
-Hola Daniel … me pareció haber oído tu voz … Dani, él es mi primo y Agustín él es quién me atropello aquella vez cuando quedé en coma … ¡Flor de presentación la mía! – dijo riendo Catalina que se había acercado a la puerta.
-Muy linda sí – dijo el primo.
-Pero me la merezco ... un gusto, Agustín – dijo el muchacho.
-Bueno, lo mismo digo ¡entra! – dijo Agustín.
-Si no molesto me gustaría llevarme unos minutos a Catalina para hablar – respondió a su invitación.
-¡Ya vuelo, Agus! No se coman todo – dijo dándole un beso en la mejilla al primo.
Cerraron la puerta y dieron unos pasos acercándose a la calle.
-¿Qué pasa, Daniel, me querías decir algo, no? – preguntó ella apoyándose en un árbol.
-Es que … hace meses que no vas por allá y te … - la chica lo miró insistente preguntando “¿qué?” con la mirada - … te extraño, sí no me mires así. Sabes bien que estoy muerto con vos, te lo quería decir antes, pero nunca más volviste. Pensé que te encontraría acá, no sabes lo que me costó encontrarte, porque tu madre no me quería largar la dirección y … Esto parece una mala novela, lo reconozco, un imposible, un disparate el hecho de que alguien como vos salga con alguien como yo …
-De disparates está lleno el mundo, pero ¿cuál es la pregunta? – dijo ella gozando cada segundo de su nerviosismo.
-¿Queres … salir conmigo? – preguntó costándole un ojo de la cara.
-¡Sí! – afirmó sin parpadear.
-¿Cómo que sí, estás segura? Porque mira que entiendo si decís que no, sé que no soy la clase de gente que te gusta y comprendería si esto te parece una locura. Por otro lado ya que estoy quedando como un ridículo … no puedo dormir desde que no te veo y … - dijo rojo.
-¡Ta! – lo agarró del cuello de la camisa agachándolo hasta que lo besó - … ¡No cuestiones más mis afirmaciones!
-Bueno, no lo haré – contestó con una sonrisa grabada en los labios.
-¿Queres pasar? Estamos desayunando … - dijo ella agarrándole la mano.
-No sé – respondió nervioso.
-Dale, no te van a comer ¡pasá! – dijo abriendo la puerta.
Se sentaron a la mesa y Daniel se paró detrás de Agustín.
Mabel repartía las tostadas con margarina y mermelada que había untado. Mientras que Catalina sirvió el café.
-¿Daniel, verdad? – preguntó Mabel al darle dos tostadas.
-Sí, señora … hola – respondió.
-Decime Mabel nomás, pero sentate o es que queres seguir creciendo … - rió la mujer.
-Gracias … Mabel – dijo sentándose en la silla vacía junto al muchacho.
Al terminar de desayunar Catalina y Daniel se fueron a dar una vuelta y volvieron recién a las once de la noche.
La muchacha metió las llaves en la cerradura de la puerta y entró sin querer hacer ruido, pero la sorprendió el primo que leía un libro muy concentrado, pero al verla levantó la mirada.
-¿Todo bien? – preguntó en un tono suave.
-¡Sí! ¿La tía duerme, verdad? – preguntó preocupada.
-No, pero ni te asustes … estaba revisando unas cosas de la clínica y a lo mejor ya se durmió.
-¿Y sabes si sigue despierto el abuelo? – preguntó la chica sacándose la campera.
-Ah … ese no se duerme hasta que no le des el beso de las buenas noches, acabo de pasar por su cuarto y tiene los ojos abiertos de par en par – dijo el muchacho dejando el libro a casi terminar.
-Bueno, entonces dejo esto en el cuarto y lo voy a ver – dijo subiendo las escaleras.
8
Ahora dejo de contarles la historia, así tiene un final felíz.
Cómo habrán observado la historia de mi vida no tiene nada de extraordinario ¿No transmite un mensaje, ni deja una enseñanza? … Sólo son palabras que entrelazadas se convirtieron en el pasado que viví.
También les hablé de las cosas irrisorias que me ocurrieron, como caerme de la bici y romperme la rodilla perdiéndome casi un parcial que era importantísimo, hasta engancharme con el pibe creído de al lado que me dejó en coma (y no la versión cursi sino la verídica).
Sé que son pocos los que quedarán satisfechos con lo leído, pero si se fijan bien yo no les pedí que lo hicieran.
Ya tengo veintidós años, me mudé a un piso compartido; una habitación con baño. En Abril empiezo de aprendiz en un hospital y tal vez me encuentre con Marta (que trabaja en el mismo).
Y ya no les cuento más … mi futuro aún es incierto como el de todos y como no puedo adivinarlo … me despido y espero que en vez de pensar tanto en el pasado, se pongan las pilas en vivir el presente, porque si no sí que están cagados.

FIN.

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