Octubre 2006
¡Miren! Les voy a contar un poco sobre mi (no sé quiénes son ustedes, pero el Doc dice que es necesario, asique ahí vamos …). Pueden cerrar el libro ahora mismo si no quieren acercarse un poco más a como soy realmente. ¿A qué esperan? Sé perfectamente que no les gusta bancarle la cabeza a nadie, no se sientan en la necesidad de demostrar hipocresía. No hace falta. Bueno … si insisten …
A ver cómo cuento esto … .
Bueno, me llamo Abril y vivo con mi madre en un apartamento del centro. Hace más de un año que voy a lo del Doc. El Doc es mi psicólogo, todo el mundo me dijo que no estaba loca o cosa por el estilo por ir a ver un médico de “esos”, que sólo era para hablar. A mí no me importaba estar loca o no. Me gustaba charlar con Orlando (porque así es su nombre Orlando), bue … charlar o callar, la verdad es que nunca le di mucho tema en los meses que me atendió. No le permití lucirse con mi madre diciendo que “la nena progresaba día a día”.
Bue … cómo dije al principio la idea de contar mi vida es del Doc, a propósito se llama Orlando Short, no sé si es por “corto” u otra cosa.
Él dice que ayuda si estás atrapada en el pasado, no sé si estoy atrapada, pero si es posible quiero liberarme de el. Quiero deshacerme de ésa enorme mezcla de melancolía, odio y furia. Pero no es fácil, él me dice que nunca dijo que fuera fácil sino necesario. Bue … sus palabras fueron más cursis, cito textualmente; “Nunca es sencillo abrir el corazón herido, pero hace falta hacerlo sangrar para que se vaya todo el veneno.” Replique diciendo que me quedaría sin sangre para vivir y él agregó; “No! te digo que hay que expulsar solamente la sangre envenenada, nada más y nada menos. Y tu alma necesita confidencia por tu parte, la necesita más que cualquier otra cosa ¿entendes?.” ¿Qué si entendía? Claro que lo hacía, pero hay una línea bestial que separa querer de poder. Para hacerlo callar (porque ya me dolía la cabeza y no soportaba más estar en un cuarto con él) le dije que me quería ir.
Recuerdo que llamo a Sonia (su secretaria; Una morocha delgada de pelo corto y sonrisa franca) y le dijo que le avisara a mi madre que me pasara a buscar. Al llegar ella a la clínica el Doc me despidió como siempre con un beso en la cabeza (los primeros días trató de besarme la frente, pero yo siempre bajaba la cabeza).
No se crean (aún no sé a quién le hablo …) que fue el Doc el primer psicólogo con el que “hable”. Bueno metiéndose en el significado de hablar sí fue el primero, tiene ese merito. Fue el único que consiguió que volviera a hablar. Porque antes que él intentaron de psicoanalizarme otros cinco o seis tipos. Uno gordo y terriblemente hueco, otro pecoso y re nervioso, uno se la re creía y otros eran una mezcla de lo anterior. Orlando en cambio espera, no interroga.
Así estuvimos los primeros siete meses. Las sesiones duraban dos horas, tres veces a la semana. Yo me sentaba en su oficina y no decía nada, él igual. Sólo que en vez de mirar la nada como yo lo hacía miraba documentos, no sé si realmente los miraba o tenía tantas ganas como yo de que se acabaran las horas y poder volver a casa.
No sé si fue su indiferencia que me atrajo y un buen día le dije que odiaba lo que hacía --- -------¿Perdón? - me dijo.
-Eso de mirar documentos mientras estoy acá – le contesté.
-Pero como no queres hablar adelanto trabajo – me dijo muy seguro de sí mismo.
-Pero pago para que me atienda estas dos horas y no es que me importe que mi vieja pague sus atenciones, pero paga por algo que usted no ofrece – le dije desafiándolo.
-¿Qué me aconsejas? – me preguntó haciéndose el gracioso.
-Es usted el psicólogo – contesté a su intento.
- Mmm … no puedo obligarte a hablar, sólo escucharte y después tratar de ayudarte – dijo reclinándose con una sonrisa apacible.
-¿Y entonces? – pregunté sin saber cómo contestar.
-Mira … ya pasó la hora, nos vemos mañana ¿ta? – dijo levantándose del sillón.
Asentí asombrada de su reacción, ni se asombró de mis primeras palabras en todo el tiempo que llevo de ir a verlo, en mi casa tampoco hablaba y sin embargo me dejo hablar hasta donde él quería.
Al día siguiente recuerdo que me saludó sin esperar mis palabras, se dio vuelta me hizo pasar y Sonia me trajo un jugo y un café para él.
-Gracias, Sonia – le dije al tener el vaso en frente.
Yo siempre me los imaginé a los dos abrazados entre sábanas y eso. Ella estaba casada, pero su marido era un cerdo. Ella siempre estaba triste y me contaba como él la trataba mientras que yo esperaba en la sala de espera a que el Doc despachara al paciente anterior a mí.
No sé si tienen alguna historia Orlando y Sonia, pero de tenerla la comprendería y me alegraría por ella, por ambos, porque Sonia es una divina y el Doc … está bien.
Lo mire a los ojos y le dije …
-No se crea que no me doy cuenta que es esto exactamente lo que busca … espera para que hable, no sé ¿qué es lo que quiere oír de mí? Asique pregunte de una vez – y así comenzó un “dialogo”.
-Contame de tus padres – dijo cruzándose de brazos.
-Sabía que me iba a preguntar eso – contesté altiva.
-¿Por qué? – me preguntó rompiendo mi altivez.
-Porque es lo que me pregunta todo el mundo – dije recuperándome.
-Aha – respondió tranquilamente esperando que le contestara a su pregunta.
-Me crié con mis viejos que vivían peleando todo el Santo día. Vivíamos en Malvín, era una casa modesta. Los gritos de mis viejos eran suficientemente fuertes para que todo el barrio se enterara. Mi viejo era arquitecto y mi vieja ama de casa. Se caso con él para salir de pobre nada más. Al menos eso era una de las lindas cosas que se decían entre grito y grito.
Hubo una época en la que mi viejo no conseguía laburo y los gritos de mi vieja aumentaban en el barrio, siempre le reclamaba su juventud perdida y mi viejo cada vez se encerraba más en si mismo.
Ella se la pasaba siempre en el bar que quedaba a tres cuadras de casa. Los vecinos la traían siempre a casa.
Al principio ocultaban más cuando discutían por mí, bueno … mi viejo. El viejo siempre fue un pan de Dios conmigo, yo lo adoraba y lo sigo haciendo más que nadie. Y ella cuando volvía borracha en manos de los vecinos porque no podía encontrar sola el camino le gritaba el desprecio que sentís por “lo” que los unió en matrimonio.
El “lo” soy yo.
Ahora ella me dice que no era ella la que hablaba sino el alcohol. Díganme ustedes ¿desde cuándo ahora habla el alcohol?.
El alcohol no cambia a la gente, puede que nos ayude a decir cosas que sobrios no nos atrevemos, pero no cambia el carácter de alguien. Si sos un santo y tomas alcohol no te vas a convertir en un asesino si eso sucede es porque ya tenes de antes la mierda dentro.
-Wow … estoy de acuerdo. Pero a lo mejor lo de tu madre es una rama de arrepentimiento ¿no lo pensaste? – me pregunto de repente.
-No me llevo con ella, ni quiero hacerlo – afirmé.
-¿Y si …? – insistió él.
-¡No! Si lo aburro me lo dice y chau, pero no me haga hablar con ella sino me voy –dije levantándome de la silla.
-Tranquila, no te voy a obligar a hacer nada que no quieras hacer por vos misma … siempre estás a la defensiva y lo único que quiero es ayudarte, ayudarte para que me ayudes a comprenderte – dijo él tratando de conseguir que tomara asiento.
-¿Es que nadie puede comprender que no quiero que me entiendan? Sólo quiero que me dejen tranquila … Estoy harta de miradas de soslayo, del puto arrepentimiento que simula mi vieja, de la gente hipócrita que dice estar si los necesitas, harta de que me tratan como a una minusválida – dije en un discurso que desconocía traer en mí.
-Es bueno sacar todo para afuera, ¿Verdad? – dijo el sonriendo.
Mientras él hablaba yo me preguntaba ¿en qué planeta habrá nacido éste? Si a nadie le importa cómo se siente otra persona. La gente sólo va por la calle fingiendo sonrisas y cuando hacen como que te están escuchando sólo ansían oírte terminar de hablar, pero no antes de mostrarte su fingida piedad por tu amargura.
Cuando el Doc me dijo ese “¿verdad?” le contesté …
-Diga que es bueno gritar o hablarle a las paredes, que es algo independiente y no hace falta gente falsa estoy segura que ayuda mucho más.
El Doc se creía especialista en dar consejos, no es un mal tipo ¿cómo decirlo …? Es una rata capitalista (que me cae bien) que cobra un dineral por “ayudar” a los desequilibrados (como yo). Como decía … es un buen tipo, un poco ingenuo para tratarse de un tipo que habla todo el día con “gente con problemas” (queda mejor decir “locos”).
Se los describo … es un tipo bajo, no petiso sino que bajo, un poco panzón, le brilla la cabeza (Un día se le volaron unos papeles del escritorio y al agacharse a recogerlos se le cayó el peluquín. Si lo hubieran visto … pobre, se puso colorado y tartamudeaba. No sé por qué tanto estrés (como siempre decía mi tía). Comprendía su nerviosismo y me dio lástima, creo que fue a partir de ese día en el que fui más transparente con él, aquel percance produjo confianza como que en el ridículo sentía estar bajo protección … es una locura verdad, pero bue así fue.
Siempre le iba contando más de mi vida, un día me preguntó si tenía amigos.
-Lucía – le respondí.
-Qué bueno ¿y hablas mucho con ella o es amiga de juego? – me pregunto gracioso.
-Es amiga exiliada, se fue con sus viejos a Europa hace dos años.
-¿Le escribís? – insisto.
-Sí, pero no es lo mismo. Bueno … ni bien se fue le escribía todas las semanas y después cada mes – contesté ciegamente.
-¿Y eso por qué? – me preguntó queriendo averiguar algo más.
No respondí y me quede mirando por la ventana.
Paso una semana y me preguntó por mi viejo.
-¿Y tu padre, Abril?
-Está lindo el día verdad …No hace ni frío ni calor … incluso en la radio dijeron que iba a llover y mire … no cae gota alguna y … .
-¡Abril! – dijo llamándome la atención - … ¿qué es de tu padre, no lo ves porque estás lejos de él o te llevas mal con él también? – preguntó incrédulo.
-¿No se lo contó mi madre? – pregunté asombrada.
-No, contarme el ¿qué?.
-Que ella lo mandó al hospital y ahora está en coma, no se mueve, no habla, no llora, no sonríe, ni sé si me oye … ¿sabe lo que es verle a los ojos y ver que sólo mira la nada?.
El Doc quedó mudo, parecía que por primera vez en ocho meses de verlo todos los días no sabía qué decir.
-¿Y por qué decía que fue culpa de tu madre? – preguntó .
-No lo pienso … lo sé. Yo estaba en el comedor viendo una cosa en la tele y los oi discutir a pesar de estar ellos en el piso de arriba, sus voces eran tan fuertes y los insultos que pude oírlos claramente desde abajo.
-¿Y qué pasó ese día, Abril … qué pasó? – insistió.
-Sus gritos aumentaban cada vez más y era porque se acercaban a la escalera (peleaban por plata) – el Doc me miro esperando que siguiera hablando - … ¿podemos seguirla otro día, Doc?
No me siento bien – contesté en seguida ante mi petición.
-¿Queres un vaso de agua?
-No, gracias. Sólo quiero irme.
-Está bien … ¡Sonia, llame a la Sra. Rosales y dígale que pase a buscar a su hija por favor! … gracias ... . Bueno en seguida viene, tranquila. ¡Recostate en el sillón, Abril y trata de descansar hasta que llegue!.
-Ta – contesté temblando, él se alejó y yo me tranquilice.
Y así fue que me quede dormida, pero seguía temblando un poco. Al rato llegó mi vieja y ni recuerdo cómo regresamos. Sólo me sorprendí al día siguiente al verme acostada en mi cama con el pijama puesto.
Vi a mi vieja parada en la puerta y cuando abrí los ojos se me acerco.
-¿Estás mejor hoy, amor? – preguntó con voz hipócrita.
-Como si a vos te importara – le contesté sin mirarla.
-¿Por qué siempre me hablas así? – preguntó otra vez hipócrita.
-Porque no olvido, vieja! – contesté dándome la vuelta en la cama.
-Te dije mil veces que estaba borracha … - dijo subiendo de tono.
-Sólo lo dijiste una o dos veces y no es por nada, pero lo único que remueve el alcohol es la verdad que hay dentro de uno – dije mirándola de frente.
-¿No me lo vas a hacer fácil nunca, verdad? – dijo en plan reproche.
-Siento serte una carga, pero vos … ¿nunca pensas en la carga que sos para mí, verdad? El verte todos los días como si nada mientras que mi padre se pudre en una cama a la cuál vos lo mandaste – dije saltando de la cama.
Entonces me dio la cara vuelta de un sopapo, pero no lloré una lágrima. La mire fijo, estoy segura de que en mi mirada había un profundo odio.
-Es la única manera que sabes tratar con una hija verdad … Emborracharte y golpear.
La dejé arrodillada en el piso llorando lágrimas de cocodrilo ¿qué digo? Los cocodrilos no son falsos como ella.
El otro día me llegó una carta de Lucía, en la que me reclamaba noticias. ¿Qué le voy a contar? … Que mi vida está arruinada, mi padre en coma, mi madre es una bruja y que a pesar de todo eso escribirle fingiendo estar bien.
Guarde su carta junto al otro montón de cartas suyas que no respondí.
Una prima me invitó a salir (la hija de la hermana de mi viejo).
-Dale Abril. Hace como un año que no salís ¡venite! – me dijo con pucherito.
-No, Nani, gracias pero no tengo ganas – le respondí.
-Pero flaca, te va a hacer mal no salir. Sabes que lo re quiero a Germán (mi padre) y aunque te parezca mal disfrutar cuando él no puede ¡Hoy te venís conmigo! – ordenó finalmente.
-Pero … pero … - balbucee.
-Nada de peros, Abril ¿o es que tenés miedo de salir? … te agarras de mi brazo y chau. No te voy a dejar ni un minuto sola, hasta te metes al baño conmigo – me dijo mirándome a los ojos.
Y nos reímos … cómo nos reíamos.
Finalmente fuimos a un boliche del centro. Yo temblaba, pero Nani se dio cuenta o eso me pareció porque me miro y sonrió sujetándome fuertemente el brazo. Yo se lo agradecí, pero creo que tengo que pedirle perdón por el apretón que le deje en el brazo, ella ni se inmutó.
En la pista bailamos y yo sentía el miedo correr por mi espalda.
Después de estar dos horas mi prima me pidió esperarla un segundo que iba a buscar al novio (que también había ido) , me dijo de acompañarla, pero le dije que la esperaría en la barra charlando con la chica de los tragos. Ella se fue a buscar a Alejandro y yo me quedé tomando el jugo que encargué.
-¿Cuál es tu nombre? – me preguntó gritando.
-Abril – contesté del mismo modo.
-Qué lindo nombre, yo soy Marta ¿te gusta el boliche? – preguntó.
-¿Perdón? – dije al no entenderla.
-¿Qué si te gusta el boliche? – volvió a gritar.
-Eh … ah sí, pasable – contesté bajito lo último.
-Me alegro ¿querés que te sirva algo? – preguntó haciendo señas
-Ah … no gracias – contesté sonriendo.
-Bueno .. discúlpame que tengo que ir a atender … - dijo yéndose.
Asentí y me di la vuelta hacia donde estaban todos bailando. No vi a Nani, ni a Ale, pero me quedé tranquila porque en cualquier momento aparecerían. En vez de ellos apareció un pibe de unos veinte años que me empezó a hablar.
-Hola ¿cómo estás? – preguntó.
-Bien – contesté fría.
-¿Cuál es tu nombre? – dijo casi inaudito, pero leí sus labios.
-A … Ana María – contesté repentinamente.
-Mucho gusto, me llamo Leonardo ¿qué edad tenes? – preguntó sonriendo.
Tenía demasiado miedo para entenderle y ni siquiera le pregunté si me lo podía repetir y sólo me quedé como petrificada.
-No hace falta que contestes … ¿te sentís bien, Ana María? – preguntó.
En eso llegaron Nani, Ale y sus amigos. Ale me vio la cara pálida, blanca como el papel y se le fue encima al tipo que tenía delante.
-¿Te estaba molestando éste tipo, Abril? – dijo agarrando al chico del buzo.
-No flaco sólo hablábamos – dijo él sorprendido al oír mi verdadero nombre.
-¿Estás bien, nena? No debí dejarte sola … veni mi amor – me dijo mi prima.
-Está bien, Nani – Nada estaba bien, quería correr de aquel miedo que sentía.
-Bueno, vámonos ¡Ale lleva a Abril y no la sueltes!
-Si, jefa – contestó saludando a la usanza marinera.
-Voy por el auto y nos encontramos en la puerta, ¿ta?
El tal Leonardo me miro y dijo –“Perdón Abril si te asuste, espero verte algún día, chau.
Sus palabras se me quedaron clavadas y el novio de mi prima lo noto.
-Abril … mira que sólo Nani me agarra tan fuerte del brazo y se va a poner celosa la flaca si te ve – dijo sonriendo.
-¡Perdón! – dije soltándolo de una y confieso que se me escaparon unas lágrimas.
-Eh … nena, era joda, Abril. No chiquita, no llores por favor – dijo abrazándome.
Yo sabía que era joda, pero no podía olvidar las palabras del chico del boliche y estaba muy asustada. Me segué las lágrimas y le pedí que no le dijera nada a Nani.
El lunes volvía a ver al Doc. Ya me había repuesto del susto.
-Hola Abril ¿contenta y triste de volverme a ver? – me dijo sonriendo.
-¿Cómo? – pregunté sin entender.
-Lo digo por las mini vacaciones … el fin de semana.
-Ah, igual – contesté levantando los hombros.
-Bien … sentate! – dijo señalando la silla.
En ese momento entro Sonia con el jugo de siempre y el café con tres cucharaditas de azúcar.
Me sonrió y se retiro dejándome sola con el Doc.
-Bien … ¿me queres seguir contando lo del otro día? – me pregunto.
-No, pero usted quiere que lo haga para psicoanalizarme – contesté.
-Si no queres no tenes que decir …
-Los gritos eran cada vez más claros porque se acercaban a la escalera y al oírlos tan cerca me di vuelta y vi como ella lo empujó. Ahora dice que fue un accidente, pero eso fue planificado ¡Dios! Ni que se haya tropezado y por eso lo empujo. Todos la ven como una víctima y a ella le encanta dar lástima, ser el ombligo del mundo siempre le gustó.
-¿Y si lo dice en serio? – me pregunto remangándose.
-Allá ella y un cura de esos estúpidos que se lo creen todo – respondí.
-¿Cómo es eso?
-¿Lo del cura? … ella es devota y va todos los Domingos a misa y siempre me dice que Dios perdona el arrepentimiento, acepta el perdón y bla bla bla. Claro que todo esto se lo dice un cura de cuarta y con él se lava las culpas.
-¿No sos un poco dura con tu madre?
-No, usted no la conoce, asique no se deje llevar por lo que ve por fuera … Ante mí no vuelva a pedirme clemencia en nombre de esa – contesté fría como un templo.
Me quede en silencio observando su oficina, la cual jamás había observado realmente, mientras yo la miraba él hacia como que leía unos papeles que había en su escritorio.
Era una sala amplia, dos armarios altos llenos de libros se encontraban en el fondo, el escritorio grande frente a él, el sofá típico de los psicólogos, un sillón de cuero color bordo (en el que estoy sentada), hay tres ventanas grandes en la habitación que dan a una plaza, también había una pecera con un millón de peces de diferentes colores, tenía una alfombra que sólo cubría la mitad exacta de la habitación.
De repente lo vi alzar la mirada de entre de sus papeles.
-¿Hiciste algo en el fin de semana o no te quedaste sola en casa como siempre?
-Salí con mi prima y unos amigos – noté su sorpresa al decirlo.
-Ah que bien ¿la pasaste bien? – me pregunto amablemente.
-Sí – contesté fingiendo una sonrisa
-Me alegro.
No sé porque le mentí, bueno en verdad sí lo sé. No quería que me preguntara el por qué. Preferí olvidar el tema, pero él como buen psicólogo insistió.
-¿Y qué hicieron?
-Fuimos a bailar – dije secamente.
-Aha ¿y no te fue difícil salir de casa? Después de estar tanto tiempo metida en ella – pregunto hábilmente.
-¿Por qué le da tanto placer remover el dolor y el miedo? – pregunté con los ojos rojos.
-¿Qué pasa, Abril? Veni, tranquila … contame … - dijo posando las manos en el escritorio.
-Estábamos en el boliche y mi prima se fue a buscar a su novio …
-¿Y …? – insistió él.
-Y un tipo se me acercó y empezó a hablarme. No … me da vergüenza seguir contándole, ahora suena re estúpido, pero le juro que me asusté mucho – dije justificando el temblor de mis manos.
-¿Por la conversación que te dio … que te dijo, Abril? – me pregunto.
-Sí … no, no sé. No lo entendía bien, no sé bien lo que me dijo.
-¿Y entonces qué fue lo que te asustó … se paso de la raya? – pregunto como un padre poniéndose de pie.
-¿Qué? …¡no! Ya le dije que no sé lo que me dijo – dije nerviosa.
-Bueno, está bien. Tranquila! Cambiemos de tema mejor … Hace nueve meses ya que venís a mis sesiones ¿notas algún cambio, te hace bien o mal, te gusta venir o no queres hacerlo más?
-No lo sé – respondí encogiéndome de brazos.
-No me esquives por favor, Abril. Trata de contestártelo a vos misma y hace un esfuerzo para decirme la verdad ... Te domina una inseguridad enorme, Abril , podes confiar en mí ¡inténtalo!
Los minutos pasaron mi vieja ya me estaba esperando (según el comunicado de Sonia) y entonces el Doc se levantó y vino hacia mí.
-No pasa nada, Abril, sólo quería saber si te servía venir a verme, pero bueno quizás tu madre tenga razón – dijo como recordando algo.
-¿En qué … que le dijo? – pregunté
-En que es inútil que vengas si no prosperas de ninguna manera, es evidente que no puedo ayudarte y lo siento, pero me temo que no te veré más.
-¡No! – dije con desesperada resolución.
-¿Cómo no? – preguntó arrodillándose a mis pies.
-No me siento mejor, pero me gusta venir – dije.
-Y a mí me gusta que vengas, Abril, pero ¿qué le digo a tu madre?
-Dígale que estoy mejor, no sé cualquier cosa.
-No puedo mentirle, Abril.
-No me deje, por favor no me deje – dije abrazándolo como hacía tiempo no abrazaba a nadie.
Después me dijo que esperara en la sala de espera e hizo pasar a mi vieja. No sé qué le dijo.
A la mañana siguiente me dejo mi vieja con el auto frente a la puerta del consultorio, me tiró un beso mientras yo subía las escaleras. Toqué el timbre y la voz de Sonia preguntó; “-¿Quién?” le respondí que era yo y me dejo pasar. Empecé a subir las escaleras del edificio (porque el ascensor demoraba demasiado) hasta llegar frente a la puerta. Sonia me abrió y me saludó , pase y en seguida me hizo entrar al consultorio del psicólogo.
-Hola Doc – dije con una sonrisa.
-Buen día Abril. Sentate por favor … mira tu madre me dijo que me daba una semana más para tratarte y que si ella no notaba cambio en ese plazo no vendrías más. Ya le aclare que así no funciona una terapia, pero no quiso escuchar razón.
Me quedé sin habla y note un nudo en la garganta.
-¿Es que soy tan anormal … cuánto demora usted tratando a los demás pacientes? –pregunté.
-De pende de la persona, pero suelen ser plazos largos, incluso algunos mucho más largos que éste tiempo contigo.
-¿No le digo que es una víbora? – le dije llena de rabia.
-Decime … ayer me dijiste que te gustaba venir, ¿sólo para estar o estás dispuesta a hablar conmigo? No lo tomes a mal, no suelo tratar con ésta presión , pero de otra manera tu madre no te traerá más y ya no podría ayudarte, Abril.
-¡Vengo sola y chau! – dije determinante.
-Ay Abril … si fuera tan fácil como decís … no, sos menor de edad, Abril.
-Entonces le digo lo que quiera. Desde que mi viejo no está, usted Doc de alguna manera ocupo su lugar sin ocuparlo realmente ¿entiende?
-Sí lo hago y no voy a ocultarte que me honra esa comparación, más sabiendo cuanto afecto le tenes a tu padre.
-Bueno … como le conté me crié en Malvín, antes de que mi padre” cayera” por las escaleras discutían para separarse. Después del coma, mi madre empezó a tomar “todas las noches”, había días en las que la veía en pleno mediodía con una botella en la mano.
Y uno de esos días en que estaba hasta atrás me dijo que no sentía “nada” lo que había dicho, eso de odiar “lo” que hizo que se casara con mi viejo. Me lo dijo varias veces y me insultaba, sentí nauseas cuando se me vino encima con ese asqueroso olor a alcohol, me escape a mi cuarto y cerré la puerta. Pude sentir sus gritos y sus golpes . Fui hasta el grabador y puse música a todo trapo, no quería oírla más ¿entiende, Doc? Mi viejo no estaba más y sólo quedaba ésta vieja.
-Tranquila ¡tomá un poco de jugo! – dijo alcanzándome un vaso.
-Usted es el único que realmente se presta atención cuando hablo. Sé que la pagan para que lo haga, pero a mí me gusta creer que me oye por ser mi amigo.
-Es cierto que me pagan, pero creí que ya sabías que era tu amigo …
-Las cosas hay que decirla, Doc, uno no puede dejar pasar las cosas pensando que ya todo el mundo sabe lo que uno piensa. Fue usted el que me lo dijo, Doc – le dije sonriendo.
-Va terminar de resultar que me oís y todo, cuando “miras” la nada.
-Siempre lo oigo, Doc.
-Me alegro, bueno creo que por hoy es suficiente.
-Ah … con respecto a lo que dijo de que era menor de edad …
-¿Sí? – preguntó él rascándose la ceja.
-En dos años dejo de serlo, Doc – dije jugando con un hilito de mi campera.
-Sí, lo sé. Lo dice en tus papeles.
-Ah … ta bien. Bueno hasta mañana. – dije levantándome de la silla.
Estaba en mi casa comiendo unas sobras de la cena de anoche, mi llegar a mi vieja y me levanté para irme, pero me acordé de que si no notaba cambio en mí no me dejaría volver a ver al Doc.
Me acerqué a ella y le pregunté si quería comer algo. Le serví un plato de comida y antes de irme a mi cuarto le di un beso en la mejilla. No tenía ganas, pero lo hice igual.
Pasó una semana y el Doc me conto que mi vieja le había dicho que cambio de idea en cuanto a no enviarme más a su consulta. Asique mi actuación de hija remendada funcionó. Estaba condenada a actuar frente a mi madre, pero así al menos seguiría viendo al Doc.
De tan abierta que me vio (mi madre) me pidió algo que me temía … sino iba al almacén a hacer unas compras que había olvidado, le conteste que no había drama.
Salí a la calle y caminé por el borde de la vereda, al llegar vi la cara rechoncha y simpática de Don Tito que me dijo sonriendo …
-Hola Abril ¿cómo te va? Hace tanto tiempo que no te veía venir por acá.
-Es que … lo que pasó con mi padre … - respondí.
-Ay criaturita!, sí lo sabemos todos acá. Si llegaras a necesitar algo ¿ya sabes, no?
-Sí, gracias Don Tito.
Pase al fondo del almacén con un carrito e iba metiendo lo de la lista. Ya había terminado, tenía todo y me dirigí a la caja con las compras. Vi que la caja estaba vacía y empecé a buscar a Don Tito por el local, lo descubrí discutiendo afuera con una mujer por el precio de las verduras, me hizo señas de que en seguida estaría conmigo y volví adentro a esperarlo.
Estaba mirando unos macaquitos de porcelana (creo), eran ositos, adornos que había en un estante. Sentí que alguien me tocó la mano y me di la vuelta sonriendo creyendo encontrarme con Tito, de repente sentí paralizarme y el miedo volvió a clavarse en mi mirada.
-Al principio dudé, pero al verte acomodar tu pelo estaba seguro ¿No vendrá ahora tu amigo a pegarme, no? Ey … ¿qué te pasa? Parece que hayas visto a un fantasma. Soy Leonardo, el del boliche ¿no me recordás … Ana María? Ya sé que no te llamas así, Abril, pero ta … yo que sé a lo mejor yo tampoco se lo hubiera dado a alguien que no me inspiraba confianza, pero no pasa nada. Tenes un lindo nombre – dijo mirando los macaquitos que veía yo.
Yo me quedé muda al verlo, pero ésta vez sí había oído cada una de sus palabras. En eso llegó Tito y me empezó a cobrar.
-Mira que quejarse porque los tomates y la lechuga están caras, es que la gente está idiota. Tengo el precio más barato de la zona sino me cree puede ir a averiguar por ahí, vieja chocha, perdón Abrilita … son treinta pesos … ¿qué te pasa , nena? – preguntó Tito después de quejarse.
-Nada, nada, gracias. Acá tiene los treinta … estoy apurada, nada más – contesté evitando al chico.
Tito agarró la plata y metió la compra en bolsas, yo las agarré y al irme pude oír algo de lo que ése Leonardo le decía a Tito, pero me apuré a volver a casa.
Deje todo sobre la mesa y me fui a mi cuarto, me encerré y sentí como me iba calmando. Al rato agarre un libro y empecé a leer. Se me durmió la pierna, pero me levanté e hice que circulara la sangre aunque las cosquillas eran insoportables.
A mi vieja le encantaba el “progreso” que tenía de ir a las sesiones con el Doc. Si supiera que me sigo sintiendo para la mierda, que se me hace tan difícil despertarme y engañarme a mi misma diciendo que el día vale la pena, que no hay día en que no recuerde a mi padre caer de la escalera por “tropezarse”. Pero ella ya me había sacado tanto que no le iba a permitir que también ahuyentara al Doc.
La oi hablar con él por teléfono, le decía que yo estaba mucho más cariñosa, que no sabe cómo él logro ese cambio, que ya no tenía la tristeza en la cara. Eso es porque nunca me miró a los ojos sino la vería intacta.
-Bueno … ¿qué has hecho, Abril? – preguntó con voz ronca y grave.
-Ay, Doc … nada! Ayer vi una película. Estaba en el sofá, mi vieja laburando y encendí la tele … ¿Y qué cree que estaban dando? Otra de esas miles de mierdas con la que los Yankees nos suministran el cerebro. Mientras que la gente muere de hambre, ellos gastan millones de dólares para hacer una película que trata de un gil que aterriza en un asteroide (“que tiene pensado estrellarse en América del Norte y así acabar con el mundo”) y así resultar él el que nos haya salvado a todos. Y ellos “nuestros salvadores” hacen explotar la cosa a tiempo a tan sólo unos minutos de conseguir acabar con la vida ¿Se da cuenta, Doc? … Hasta de esa liberación nos libran – dije terminando mi análisis.
-¿Pero no es la vida un regalo? – preguntó inclinándose.
-Si quiere nos agarramos de las manos y empezamos a cantar sandeces al cielo y a la tierra …
-No hace falta el sarcasmo, pero no sabía que tenías tantas ganas de morir, siempre mostraste un alto interés en acabar con todo … ¿lo ves como una obsesión?
-Puede que lo sea, no sé, pero aunque hable mucho de la destrucción eso no cambia nada ni ayuda a sentirse mejor, ni peor. ¡No me mire así! Fue usted el que quiso que hablara.
-Si, claro … ¿no queres contarme más? – preguntó mirando como sólo lo hacen los psicólogos.
-No. Ah … y ojo que como le dije siempre caen en Estados Unidos que si cayera en Kenya o en Uganda ni se molestarían en convertirse en héroes de plástico.
-¿Qué? – preguntó abriendo los ojos de par en par.
-El asteroide, Doc ¿De qué estamos hablando?
-Ah … entonces ¿querés la destrucción mundial?
- ¿Realmente cree que sólo me preocupo de mí misma? Ni me oye cuando le hablo – dije ofendida subiendo las piernas a la silla.
-No, Abril, si te oigo sólo trato de entenderte mejor ¡Tranquila!
-No me diga que me tranquilice ¿no se supone que uno viene acá a sacarse la frustración? Bueno yo me la saco a los gritos.
Parece mentira que diciendo 1980 en el diploma que tiene colgado en la pared eh … hace veintiséis años que viene ejerciendo licencia para ver, entender, oír, opinar y juzgar a la gente no se haya dado cuenta siquiera que lo único que quiero es morirme y bien sola ¡no toda la humanidad! – dije enfurecida entre lágrimas que no pude reprimir, pero había un odio aún más grande en mí que se resistía a flaquear ante mi declaración.
Al ver la cara del Doc volví en mí y bajando la mirada le pedí perdón.
-No importa, entiendo que te parezca un idiota que quiere ayudarte.
-No diga eso, perdóneme Doc – dije mientras la voz me temblaba conteniendo las lágrimas.
-Está bien, Abril. En cuanto a lo de los gritos tenés razón, si te sirve hacelo! … ¿no me querés contar nada más? –preguntó nuevamente con una sonrisa apacible.
-Ayer volví a ver al chico del boliche, cuando fui al almacén – dije de repente.
-Bien …¿ el mismo que te hizo llorar entonces, no?
-Sí - contesté avergonzada y callando después.
-Contame, Abril. Por favor confía en mí – me dijo suplicando mirándome a los ojos.
-Ese día en el boliche me pregunto mi nombre y le conteste “Ana María”, después no le entendí el resto, sentí miedo y en eso llegaron mi prima, su novio y los amigos de él. Vi como Ale (el novio de mi prima) se le fue encima al verme la cara pálida frente al chico y mientras se alejaba me dijo “espero verte algún día” no lo oí exactamente, pero lo leí en sus labios, Doc. Sentí que Ale me llevaba hacía afuera porque yo casi ni caminaba.
-¿Te hizo algo ese chico cuando lo viste en el almacén? – preguntó insistentemente.
-No, sólo lo que le conté – dije contestando a su pregunta.
-Pero eso no explica el miedo … ¿no serán nervios solamente?
-No sé, como le dije ayer lo vi otra vez.
-¿Y qué pasó, Abril?
-Dijo reconocerme, hizo un chiste de que no vendría Ale a pegarle, me pregunto si lo recordaba, me dio su nombre. Me llamo Ana María insinuando que no era mi verdadero nombre y dijo que no le importaba que le haya mentido, que hasta él hubiera hecho eso si no le tenía confianza a la otra persona. Yo me quedé muda, cuando Tito (el dueño del almacén) se acercó a cobrarme me apure y me fui – dije un poco aturdida.
-Puede que te hayas enamorado de ese muchacho, Abril y por eso es tu nerviosismo. No veo temor real en tu historia, más bien temor nervioso … tal vez te sientas atraída por el chico.
-Jamás … óigame bien, jamás me enamoraré de nadie – dije finalmente.
Pasaron dos años y yo seguía yendo a hablar con el Doc.
Hablé con mi vieja y le dije que me hacía bien y ella aceptó.
El Doc se casó con Sonia y vive con ella y los hijos de Sonia en el mismo edificio donde él tiene el consultorio.
Mi vieja tiene una nueva tinta en la cabeza y la cara más estirada, no se ve más joven, sólo más estirada. Y mi viejo … mi viejo sigue en coma, dicen los médicos que puede reaccionar en cualquier momento y también puede no hacerlo jamás. Yo me aferro a verlo cada vez que puedo y le leo el diario (cómo él lo hacía cada mañana antes de tomarse el café). Media visita le leo y otra media lloro agarrándole la mano.
Me anote a unas clases de pintura y voy de lunes a viernes. Ahora salgo más a la calle, ya no me quedó todo el día en casa, como hace dos años atrás. Ah ¿y a que no adivinan con quién me encontré hace un año y ocho meses? … Sí, Leonardo. Me lo encontré en la feria y se mandó una declaración de perdones entre risas y bromas, aflojé y lo saludé. Desde entonces hablamos, es re piola, nos hicimos buenos amigos y ahora cuando recordamos aquel día en el boliche sólo nos reímos.
Como diría mi tía “pegué el estirón”, mido 1,78cm.
Era sábado, sonó el timbre del teléfono y mi vieja atendió, ni bien sintió su voz me paso el tubo. No sé si Leonardo no le agrada o qué, como nunca me dijo nada y no es de esas víboras que guarden su veneno.
-¿Sí? Ah … Leo ¿cómo estás? – pregunté al oír su voz.
-Bien … ¿te venís a casa a ver una película? – sugirió.
-¿Cuál? – pregunté.
-No sé … ¡elegí vos! – insistió.
-Mmm ¿te parece … eh … Miedo y asco en Las Vegas, con Depp y Del Toro?
-¡Sí! te espero ¿ta? – dijo ansioso.
-Bueno … ¿a qué hora voy?
-A las ocho ¿si? – preguntó nervioso.
-Bueno allí estaré, Leo , bye – y corté.
Me di una ducha y me vestí con un jean y una remera naranja.
Ya eran las ocho menos cinco cuando golpee la puerta de su casa y en seguida me atendió.
-Hola, acá está la película – dije con una sonrisa levantando una bolsa.
-Bien, pasa … pasa por favor – me invitó con el brazo.
-¿Perfume nuevo? – pregunte al pasar junto a él.
-No, bueno sí … ¿no te gusta? – preguntó tartamudeando.
-Huele bien … ¿está todo bien, Leo?
-Sí. Bueno pasa al living voy a la cocina a buscar chips – dijo yéndose.
Al rato apareció en el living y apoyó un tacho con chips sobre la mesa. Puso play en el DVD y se inclinó en el sillón, a la media hora la situación era más relajada y nos cagábamos de risa con la película.
En mitad de la película me quedé dormida, pero algo húmedo en el cuello me despertó y cuando abrí los ojos vi a Leonardo inclinado un poco sobre mi, pegué un salto para atrás y el antiguo miedo regresó a mí.
-Perdón, Abril … no sabía cómo decírtelo y al verte dormida no pude resistirme …
-¿Dónde está mi campera? – pregunté sin mirarlo.
-Abril no te vayas, hagamos de cuenta que no paso nada por favor.
-Quiero irme, no me lo impidas por favor – dije poseída por un temor inexplicable.
-Perdóname por favor – dijo angustiado con los ojos llenos de lágrimas.
-¡Soltame la mano, Leonardo! – dije junto a la puerta.
Me abrió la puerta y al pasar junto a él sentí su llanto pidiéndome una y otra vez perdón. Sus lágrimas eran sinceras al igual que mi pavor. Quise decirle que no importaba, pero mis piernas tenían otra voluntad.
Pasó una semana y atendía ninguna de sus llamadas. Le decía a mi madre que le dijera que no estaba en casa, me preguntó por qué no le quería hablar si me llevaba tan bien con él. <<¿Te hizo algo, Abril?>>. Le dije que no, pero no quería ver a nadie y lo acepto.
Deje que el tiempo pasara sin decir nada (como siempre lo hice), una vez más me comía todo el dolor, la angustia y la impotencia de no atreverme a hablar.
Sin saber porque agarré mi campera y tomé un taxi hacía la clínica. Entré a la habitación y vi todo igual a tres años atrás, había flores nuevas con una tarjeta en la que decía “Para el amor de mi vida, Rocío”. Rocío se llama mi vieja. No sé para qué esa falsedad sin necesidad si igualmente él no puede leerlo, pero esa bruja es una avivada, se manda la parte fingiendo ser una víctima que sufre para no levantar sospechas.
No me pregunten por qué, pero agarre las flores y se las regalé a una enfermera (no hace falta maltratar las flores tirándolas a la basura), a la tarjeta la hice pedazos y la tiré. Después me senté junto a él y observaba como parecía estar durmiendo y esperé desesperadamente a que despertara. Me quedé dormida, una enfermera me despertó. Ya habían pasado cuatro horas mientras dormía. Le di un beso a mi papá y deje el cuarto.
Empezó a llover y vi como todo el mundo huía a cubrirse de la lluvia, mientras que yo seguía caminando bajo ella. Eran las diez de la noche y no volví a casa, fui directo al consultorio.
-¿Sí? – preguntó Sonia con su peculiar voz aguda.
-Soy Abril, Sonia – dije ya sin fuerzas.
-Ay mihijta, pasa … pasa que con éste tiempo seguro que estas empapada.
Subí las escaleras y cuando llegué a la puerta, golpee y me dejaron pasar. Sonia me sacó la campera, me ordeno sacarme las botas, los pantalones, en fin casi todo.
-Dale mija, sacate esas cosas mojadas … no hay nadie, tranquila! Toma esta bata!... Abril, te traje también éste busito de lana para que te pongas sobre la bata ... ¿qué te dio por salir con éste tiempo, nena? … te pudiste haber agarrado una pulmonía.
Yo no contesté, sólo miraba hacia abajo mientras ella me frotaba la espalda para entrar en calor. En un momento se fue a la cocina a prepararme un té.
Un ruido de cerradura se oyó y al abrirse la puerta se lo vio al Doc.
-Uy Sonia … no sabes … llueve como podrido. ¡Hola Abril! No esperaba encontrarte acá, hoy no viniste a la consulta … - dijo con cara de sorprendido.
-Ay gordo, acaba de entrar de una vez y cerra la puerta, no la rezongues ¡pobrecita! Le iba a prestar ropa para llevarla a su casa. La pobre llegó empapada – decía Sonia.
-¿Qué pasó, por qué … qué pasó, Abril … está todo bien, te peleaste con tu madre ? - preguntó.
-Deja respirar a la criatura, la estás atosigando con tus preguntas – se dirigió a Abril – Vos mihijta te venís conmigo, vamos a ver si encontramos algo de entre mi ropa que te quede bien y después llamamos a tu mamá así no te preocupa, ¿sí? – dijo con un brazo sobre mi hombro.
Asentí con la cabeza y fui al cuarto de ambos con Sonia. Me dio un vaquero (que le quedaba chico) y una remera de mangas largas. Le pedí el abrigo de lana y con una sonrisa me dijo que me lo regalaba.
Volvimos al living y la mujer vio la mirada cómplice del Doc.
-Ya entendí, gordo. Entonces los dejo solos. Despedite antes de irte, mijita – dijo mirándome.
Asentí y volví a ver al Doc, mientras me frotaba los brazos. Orlando se sentó en el sillón y me observaba en silencio. Su inquietud y su silencio siempre lograban desesperarme y hablar.
-Tengo miedo, Doc – dijo respondiendo a su silencio.
-¿De qué, Abril? … ¡hey linda … Mírame! ¿de qué tenés miedo? – preguntó calmado.
-De de … que vuelva … que vuelva a pasar – continué con un hilo de voz.
-¿Qué cosa, Abril … a qué cosa le tenes tanto miedo? – preguntó mirándome a los ojos.
-De que vuelva a lastimarme – dije temblando.
-¿Quién … quién te lastimo, Abril … tu madre? – pregunto acercándose a mí.
-¡No! – dije retirándome de él.
Transcurrieron unos minutos en los que lloré sollozando y lo sentí a él queriendo abrazarme, pero yo me rehusaba a dejarlo.
-¿Quién te lastimo, Abril? – volvió a preguntarme.
-Estaba en el hospital con papá y mi madre … nos acababan de decir que papá entró en coma…
-¿Los médicos te hirieron eso queres decir? – preguntó intentando acariciarme la cabeza.
Sacudí la cabeza y agarre mis piernas hasta que éstas tocaron mi pecho. Las lágrimas caían y seguí diciendo …
-… Salí corriendo del hospital, sentí que me llamaban, pero eran ruidos distorsionados. Era un día horrible, Doc, como el de hoy, llovía, las calles estaban llenas de barro ¿entiende?
-¿Y …? – dijo asintiendo buscando que siguiera contándole.
-Era de noche, no sé dónde estaba, sé que era lejos de casa. Lloré mucho, Doc, me sentí perdida y entonces un … un …
-¡Tranquila, Abril! Estás a salvo acá … ¡pará que te voy a traer un vaso de agua!
-No – dije agarrándolo del buzo para que no se fuera.
-Bueno, me quedo entonces, tranquila – siguió diciéndome.
-Un tipo se me acercó y me empezó a hablar. Estaba asustada y me di la vuelta para irme, pero me agarró de un brazo, traté de huir, Doc, pero no pude … no pude – dije con un nudo en la garganta oyendo aquella historia salir de mis labios.
-¿Querés decir que …? – preguntó él.
-Sí, Doc, me violó … ese tipo me violó. No pude hacer nada para huir. Traté de escapar pero no pude, no pude – decía tartamudeando, llorando y temblando.
El Doc me agarro en sus brazos y al principio traté de soltarme asustada y después caí desesperada sin anteponer la resistencia.
-¡Tranquila, nena! Nadie más te va a lastimar ¿Cómo pudiste callar tanto tiempo, chiquita?
-Tenía miedo, Doc, de que no me creyeran, de que deje que sucediera, de todo … No deje que vuelvan a lastimarme, Doc por favor ayúdeme. Los sueños no me dejan en paz – dije sollozando.
-Tranquila ¿lo sabe tu madre? – preguntó.
-No, pero no le diga nada, no sé lo diga, Doc por favor – respondí histérica.
-Está bien, no se lo voy a decir, pero quédate tranquila … Decime Abril …¿viste a un médico después?
-No, usted es el primero que lo sabe, ni a mi papá se lo dije.
Me quedé dormida en sus brazos, pero amanecí en una cama ajena y al mirar unas fotos en la pared vi que me encontraba en casa de Orlando y Sonia.
Desayuné con Sonia en la cocina.
-Buen día, dormilona! Anoche los vi hablar hasta muy tarde y me fui a acostar ¿De qué hablaban … algo divertido? … Upps me metí en algo privado ¿no? Tranqui, Abril que ésta bocona se calla en éste mismo momento – dijo Sonia tapándose la boca.
-No pasa nada, sólo hablamos de lo divertida que es mi vida – contesté sonriéndole.
-Vamos, vamos, Abril … todo el mundo se echa abajo, pero la cosa nunca es tan mala como creemos, yo siempre digo “Respira mi aire, pero no lo contamines” De alguna manera siempre se sale adelante, por más negras que parezcan las situaciones. Bueno no sé si hablé con propiedad ante lo desconocido, pero sólo una última cosa y callo … podes salir de cualquier situación con una mano y ¡vos señorita! Tenes la de Orlando y la mía.
-Lo sé, Sonia y gracias. Justo ayer acepté la mano del Doc.
-Mira que es un hombre casado – dijo bromeando - …¡tomate la sopa ahora, mihija!
-Sí, gracias – dije sonriéndole.
Pasaron dos semanas más y no sentía tanto miedo como antes, puede que realmente haya ayudado (como dijo Sonia lo de la mano). Necesité tres años para confiar, pero ahora temo que ésta mano no alcance, aunque trato de poner todo mi empeño.
Leonardo sigue llamándome, las últimas dos semanas le colgaba yo personalmente. Hasta un día en que lo atendí sin saber que era él y al darme cuenta me plante a enfrentar el miedo (como me aconsejo el Doc).
-¿Sí? – pregunté.
-¿Abril? – sentí su voz cariñosa y amable como siempre.
-Si ¿Qué pasa, qué queres? – pregunté haciéndome la fuerte.
-Hablarte nada más, no me cuelgues por favor – dijo como si supiera lo que iba a hacer.
-¿Qué queres decir, Leonardo, no te basto este tiempo que estuve sin hablarte para darte cuenta de que no te quiero ver más? – dije mintiéndole a él y a mí.
-Sé que estás enojada por lo de esa tarde y te pedí perdón, Abril, te lo pido ahora otra vez, perdóname por favor – dijo dejando que también oyera un poco su llanto.
-Si sólo queres eso, lo tenes, te perdono – dije cortante.
-Abril quiero que lo hagas porque lo queres no por mí.
-¿Por qué insistís, Leonardo? – pregunté confundida.
-Porque quiero seguir siendo tu amigo, porque te quiero, Abril … ¿seguís ahí?
-Sí … te perdono, Leonardo, te perdono – dije colgando el tubo.
Me fui a la cocina a tomar un vaso de agua y me lleve el vaso y la jarra al living. Encendí la tele y estaban dando una de cowboys, cuando sonó el timbre de la puerta y me levanté a atender.
-¿Quién? – pregunté al llegar.
-Leonardo – oí decir y quedé paralizada.
-Hola ¿qué queres? – pregunté armándome de valor.
-¿Me dejas pasar? – preguntó insistente.
-¡Pasa! – Dije abriendo la puerta.
-Estás viendo una peli Western eh … - dijo sonriéndome.
-En verdad ni sé de qué va – contesté encogiéndome de hombros.
-De un yankee bueno a caballo que persigue al yankee malo ¿de qué va a tratar sino? – dijo sonriendo - … te extrañé, Abril.
Él y el Doc son los únicos hombres en los que confío y yo sentía lo mismo que me decía Leonardo, tenía tantas ganas de que todo fuera como antes. Poder hablarle sin dar tantas vueltas. De repente él me agarró la mano y mirándome a los ojos sin yo sentir miedo dijo …
-Quiero que todo vuelva a ser como antes, Abril ¿crees que sea posible?
No sé ni como me pegué junto a su pecho y le contesté que yo también lo quería a él.
Nos sentamos en el sofá y terminamos de ver la película que no sabíamos de que iba, pero disfrutando de estar juntos otra vez.
Los días pasaban y nuestra amistad estaba intacta.
Mi papá seguía en coma. Mi madre seguía despilfarrando la guita.
El Doc y Sonia esperan un hijo para dentro de seis o siete meses. Ah … y Don Tito tuvo un accidente en el auto, pero está fuera de peligro, salió ileso. Sólo una herida externa.
Ahora a Leonardo se la había hecho costumbre pasar a buscarme al centro (al terminar mis clases de pintura) para no volver sola.
-Hola señorita ¿cómo estuvo su clase? – preguntó sofisticadamente.
-Hola, Leo … estuvo bueno ¿vamos? – dije agarrándolo del brazo.
-Sí, claro – dijo sacándome el bolso para llevarlo él.
-¡Pará! – dije sujetándolo.
-¿Sí … o es que queres … - no lo deje terminar de hablar al apretar mis labios junto a los suyos, él se quedó duro y en el momento en que retrocedí al notar que no respondía a mi beso, me sujetó la cintura y me beso él.
-¿Qué me estabas diciendo? – dije finalmente.
-¿Es broma, verdad? … yo que sé que dije ¿esto quiere decir …? – insistió él.
-Que te quiero y se lo podes contar a todos tus amigos – dije bromeando – … pero tengo miedo, Leo.
-Y yo … estoy re cagado, pero sé que te quiero …
Y bue … desde entonces que estamos juntos. Me acuerdo de cómo le dije lo que me hizo huir de su beso tiempo atrás. Le conté todo y en sus ojos vi todo lo que había sentido yo en aquel tiempo de aislamiento, todo el miedo y el dolor .
Me besó la frente y me estrechó en sus brazos al finalizar la historia.
-Ahora entiendo ese brillo de tristeza en tus ojos, amor. No sé qué decirte … te quiero, Abril, te quiero.
Pueden creerme cuando les digo que fue lo más lindo que me dijeron jamás.
Bueno y ahora …”¿pueden (anda a saber a quién le hablo) cerrar el libro?
FIN.
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